Y si se celebrasen ahora elecciones generales en España y los electores votasen en Andalucía exactamente como lo han hecho en las autonómicas del pasado 25 de marzo, ¿qué pasaría? Se trata evidentemente de un supuesto artificioso que solo cabe aceptar como juego de simulación sin mayor trascendencia. La experiencia enseña que cada consulta electoral constituye un mundo en sí misma  y, en todo caso, que los resultados de las elecciones generales no son extrapolables, sin más, de forma automática a las autonómicas o municipales —y viceversa—. Pero aceptemos la hipótesis que abre estas líneas y traslademos a unas imaginarias e inmediatas elecciones generales los resultados de la consulta electoral andaluza de hace tres semanas. El resultado que se obtendría queda recogido en el cuadro siguiente:

Metroscopia cuadro elecciones Andalucía

En relación con noviembre de 2011 el PP perdería en Andalucía tres de los escaños que logró y el PSOE alcanzaría uno más. Por su parte IU pasaría de dos a cuatro. Pero la Comunidad andaluza habría dejado igualmente de ser el principal granero electoral socialista: los once escaños (36 a 25) de distancia que en las elecciones generales de 2008 el PSOE sacó aquí al PP habría quedado reducida a una diferencia de cuatro… pero ahora a favor de este último.

Que la que se preveía derrota estrepitosa del PSOE en estas autonómicas andaluzas haya quedado en derrota moderada, puede ser interpretado, si así se desea, como resultado de un naciente impulso hacia arriba en vez de como ralentización del impulso hacia abajo hasta ahora generalizadamente detectado. Es lo bueno que tienen los datos: que admiten casi cualquier interpretación. Lo que tienen, en cambio, de malo es que son tozudos y que al final entre todas las cábalas que sobre ellos puedan hacerse solo una prevalece. Por lo general, la más razonable. Por aquello de la navaja de Ockham.