Los datos de la encuesta de Metroscopia para la Fundación porCausa ofrecen una foto clara sobre cuál es la percepción que los españoles tienen de la inmigración que llega y reside en nuestro país. Una foto que refleja una imagen positiva de la inmigración pero debe tenerse en cuenta que no es una foto fija.

El movimiento de personas de unos países a otros, las migraciones —sean por motivos económicos o humanitarios— es uno de esos temas cuyo anclaje en el imaginario social está sumamente expuesto a los vaivenes de la opinión mediática, del juego político y de los grupos xenófobos propios de cada territorio. En el caso de España (con matizaciones en el caso de Ceuta y Melilla) ninguno de esos factores se ha aliado entre sí para atacar, de forma sistemática, la llegada y presencia de los flujos migratorios. Este es, sin duda, un factor que explica el importante porcentaje de población española (85%) al que le parece bien que haya inmigrantes viviendo en nuestro país.

Al analizar las creencias que sostienen la afabilidad de los españoles hacia la inmigración, se detecta cierta ambivalencia. Así ocurre cuando, por ejemplo, se pregunta qué piensan sobre las aportaciones que hacen los inmigrantes a España. De forma genérica, el 54% cree que reciben más de lo que aportan y de forma más específica, un porcentaje significativo de población cae en los estereotipos populares que hay frente al empleo, al pago de impuestos o al uso del sistema público:

  • El 71% de los españoles no cree que los inmigrantes amenacen nuestros empleos, algo extremadamente positivo. Sin embargo, tampoco creen (64%) que la inmigración contribuya a crear empleo. De esta forma, la mayoría de la sociedad española obvia una de las ‘ventajas’ de la globalización: que buena parte del crecimiento de las economías se debe a la contribución directa de la inmigración (legal o ilegal), tal y como señala Economistas frente a la crisis.
  • Los españoles tampoco tienen claro si los inmigrantes pagan impuestos o no. El 48% piensa que contribuyen poco y el 44% que mucho. La realidad, sirve de ejemplo el País Vasco, es que los extranjeros empadronados aportan más ingresos a las arcas públicas que el gasto que suponen para el sistema de bienestar social.
  • Hay total división de opiniones en el hecho de si los inmigrantes sobrecargan nuestro sistema público. Para el 48% sí se da ese efecto y para el 51% no existe ese posible abuso. La información objetiva se aleja de nuevo de la percepción subjetiva de la ciudadanía española: la población inmigrante consulta un 7 % menos al médico de cabecera que la española y solo el 8,6% de las prestaciones por desempleo son otorgadas a personas inmigrantes frente al 91,4% de la población española.

Pero es en los asuntos que miden las raíces de la convivencia donde se observa con más claridad que a los españoles la presencia de la inmigración no les representa problema alguno. Dos de cada tres españoles no la vincula con delincuencia y, en cambio, sí lo hace con la diversidad cultural. Más de la mitad califica a los inmigrantes como vecinos tranquilos, y prácticamente tres de cada cuatro no les perciben como una amenaza a nuestros valores y cultura. Otro dato -aparentemente tranquilizador para los responsables de la política migratoria- es que los españoles no tienen la impresión de que los inmigrantes (que en la actualidad representan aproximadamente un 10% de la población total que vive en España) nos estén invadiendo. Solo el 17% de la sociedad tiene una imagen distorsionada de su verdadera presencia cuando afirma que la cifra de inmigrantes supera el 20% en la total. Sin embargo, resulta paradójico que, a pesar de que “la política de inmigración española sigue las directrices europeas de blindaje de fronteras” (tal y como sostiene porCausa), los españoles apoyan mayoritariamente que se abran nuevas oportunidades para la llegada de inmigración legal (61%) y que los controles en las fronteras no se endurezcan (50%).

En la foto que ha sacado Metroscopia, la opinión pública española, además, de desmarcarse de la apuesta de Europa de blindarse, no comulga con las máximas xenófobas que la recorren. Una imagen de tolerancia que puede llegar a ser toda una declaración de intenciones en los tiempos que corren. Si España se moviera en este tema, los españoles no desean que sea en la misma dirección que Europa. Ahora queda la duda de quién es capaz, en el actual escenario político, de rentabilizar esta buena predisposición de la sociedad, que más allá de la amabilidad puede llegar a representar una seña de identidad.