Metroscopia ha preguntado a los españoles cómo evalúan sus actuales condiciones de vida: las suyas personales y la del conjunto de la sociedad. Pero además de ese diagnóstico de situación les ha propuesto un ejercicio de memoria y un intento de prospectiva: cómo recuerdan que eran las condiciones de vida (las personales y las colectivas) hace cinco años y como creen que serán dentro de otros cinco. Los resultados obtenidos sugieren, de entrada, que la sensación generalizada es que, en estos años pasados, hemos ido a peor pero que, en los venideros, iremos claramente a mejor. Pero hay más: la ciudadanía parece propensa a dulcificar su recuerdo del pasado, al compararlo con el presente, a la vez que resulta sorprendentemente atinada en las estimaciones de futuro que expresó hace un quinquenio.

Los datos se han obtenido utilizando una escala de once puntos (de 0 a 10), en la que el 10 se corresponde con las mejores condiciones de vida posibles (personales y colectivas) y el cero con las peores posibles. Pues bien, en este comienzo de 2017 nuestra ciudadanía puntúa sus actuales condiciones de vida personales con un 5.9 y las del conjunto de la sociedad con un 5.2. Es decir, percibe una situación, personal y colectiva de conjunto, que cabe considerar claramente como más bien buena —siempre en términos globales— que mala.

Estas dos puntuaciones suponen un diagnóstico de la situación actual (personal y colectiva) que resulta ser llamativamente más favorable que el que la ciudadanía efectuaba hace tan solo un año (o, incluso, hace cinco años). En efecto, en febrero de 2015, las condiciones de vida personales eran calificadas con un 5.1 (ocho décimas menos que ahora) y las de la sociedad española en su conjunto con un inequívocamente negativo 3.8 (1.4 puntos menos que ahora). Lo que invita a una primera conclusión: los españoles perciben, por un lado, que con la crisis económica la situación general del país se ha deteriorado mucho más que la suya personal y, por otro, que en este momento ambas (pero sobre todo la más dañada: la situación general) estarían mejorando de forma clara.


Una segunda conclusión que cabe extraer de los datos obtenidos es que el diagnóstico retrospectivo sobre cómo era hace cinco años la situación personal y la del país en su conjunto resulta claramente sesgado: el tiempo transcurrido parece haber sobre-embellecido lo que quedó atrás. Así, la situación personal de hace cinco años es ahora recordada como merecedora, en promedio, de un llamativo 6.3; no era así como se la consideraba en 2011, cuando solo se le otorgó un 5.6. Más llamativa aún es la diferencia entre el recuerdo de las condiciones generales de vida en España hace cinco años (que ahora son recordadas/descritas con un 5.3), y la calificación que entonces —en septiembre de 2011— realmente merecieron: un 4.0. El innegable daño personal y social causado por la crisis resulta así potenciado, en la conciencia ciudadana, por la comparación con una situación anterior de la que ahora se perciben más luces de las que en su momento se le concedían. Estaríamos contemplando así el pasado —personal y colectivo— a través de una lente favorecedoramente deformante.


En cambio, cuando se trata de pronosticar el futuro, los españoles expresan percepciones llamativamente afinadas. Así, en septiembre de 2011, consideraban que dentro de cinco años (es decir, ahora, a comienzos de 2017) las condiciones generales de vida del país merecerían ser calificadas con un 5.3: y esa es precisamente la calificación que ahora le otorgan (5.2). En cuanto a las condiciones de vida personales, estimaban que podrían alcanzar una puntuación de 6.1, y esa es, prácticamente la que ahora le otorgan (5.9).

Si realmente nuestra capacidad colectiva de avizorar el futuro es realmente tan ajustada como estos datos sugieren, cabría extraer una conclusión claramente optimista de las respuestas ahora obtenidas, pues indican que dentro de cinco años las condiciones de vida generales y las personales habrán experimentado otra llamativa mejora: las primeras pasarían del 5.2 con que son actualmente evaluadas a un 6.0, y las segundas del 5.9 actual a un realmente sustancial 6.6. El acierto o el error de esta estimación se verá… en 2022.