La mejora de la economía española que últimamente vienen proclamando el Gobierno y algunos empresarios apoyándose para ello en datos macroeconómicos no es percibida, sin embargo, por la mayoría de los ciudadanos. Por un lado, el porcentaje de españoles que califica negativamente la situación económica de España sigue siendo abrumador (90 %). Por otro lado, en estos dos últimos años las familias españolas no han percibido cambio alguno en su economía familiar ni para bien ni para mal: un 42 % califica su economía doméstica positivamente y un 32 % negativamente, prácticamente los mismos porcentajes que en abril de 2012 (39 % y 33 % respectivamente). De hecho, el porcentaje de españoles que afirma que le cuesta llegar a fin de mes permanece invariable: 42 % ahora frente al 41 % de hace dos años.

Lo que sí ha cambiado en este período de tiempo son las expectativas de los ciudadanos con respecto a la evolución de la economía nacional: aunque la mayoría (50 %) cree que esta no va a variar, quienes consideran que mejorará en los próximos meses superan ahora a quienes creen que empeorará —29 % frente a 19 %— cuando hace dos años la mayoría se mostraba pesimista a este respecto (el 44 % creía entonces que la situación iba a empeorar y solo un 17 % que mejoraría). Y aunque sigue siendo minoritario, el porcentaje de ciudadanos que piensa que está ya próximo el momento en que el paro dejará de crecer para empezar a bajar de forma continuada ha aumentado 10 puntos a lo largo del último año: supone un 27 % ahora frente al 17 % de abril de 2013. No obstante, los españoles no parecen relacionar estas expectativas de leve, pero ya perceptible, mejoría con la gestión gubernamental: hace un año, cuando el diagnóstico del español medio sobre la economía era más pesimista, un 74 % pensaba que el Gobierno no estaba sabiendo hacer frente de forma adecuada a la crisis; ahora, cuando empieza a percibirse que las cosas están mejorando, lo sigue pensando un 76 %.

Por otro lado, las perspectivas de los ciudadanos sobre la evolución de su economía doméstica no son tan optimistas como las referidas al ámbito nacional y solo un 12 % piensa que su situación económica familiar va a mejorar en los próximos meses frente a un 16 % que cree que empeorará (la mayoría, 69 %, cree que no va a experimentar cambios).

Situación económica: abril 2014

Los ciudadanos corresponsabilizan por igual al anterior Gobierno socialista de Zapatero y al actual de Rajoy de la situación económica en la que ahora se encuentra nuestro país. En el momento actual, el mensaje de la mejoría de la economía nacional parece estar calando entre la ciudadanía, pero esta sigue sin percibir todavía que ello le suponga beneficio alguno personal y tampoco lo atisba en un futuro cercano. Si esta situación se mantuviera en el tiempo, puede acabar generando un sentimiento de frustración entre los ciudadanos (que concluirían que esa mejoría global que perciben no acaba de alcanzarles también a ellos), lo que más pronto que tarde afectaría negativamente a la imagen del Gobierno y a los apoyos electorales al PP.

Si se celebrasen ahora unas elecciones generales, el resultado más probable, a la luz de los datos de este sondeo, es que las ganaría el PSOE por una diferencia mínima sobre el PP: tan solo medio punto (32.3 % frente a 31. 8%). Es decir, se produciría realmente un práctico empate —esta diferencia de medio punto entra dentro de los límites del margen de error estimado del sondeo y cabe por tanto interpretarla solo como una tendencia latente— ; pero un resultado así supondría para los populares la pérdida de casi 13 puntos con respecto al resultado logrado en 2011 (consiguieron entonces el 44.6 % de los votos) mientras que para los socialistas representaría un aumento de más de tres puntos y medio (obtuvieron el 28. 7 %). El resultado estimado para IU y UPyD mejora los obtenidos por estos partidos en las elecciones de 2011 pero tienden a decrecer con respecto a los de oleadas anteriores del Barómetro de Clima Social. Aun es pronto para interpretar este leve descenso como inicio de una posible tendencia a la contracción del voto por estas dos formaciones a medida que se percibe más cercana la próxima cita electoral. La estimación de participación sigue estabilizada en el entorno del 65 %,  unos seis puntos inferior a la de 2011.

Un abrumador 84 % de los españoles evalúa negativamente la situación política de nuestro país si bien, con todo, este porcentaje es 12 puntos inferior al de abril de 2013. Una tenue mejora que no influye en la imagen ciudadana del Presidente Rajoy: tres de cada cuatro españoles desaprueba su gestión al frente del Gobierno (75 %; y casi uno de cada dos votantes del PP: el 45%), la misma proporción que en abril del año pasado. Por su parte, todos los ministros del Gobierno siguen obteniendo un saldo negativo a su gestión entre los ciudadanos—son más quienes les desaprueban que quienes les aprueban—, pero con respecto a hace exactamente un año destacan dos ministros por haber mejorado su imagen tanto entre el conjunto de la ciudadanía como entre los votantes del PP (el de Defensa, Pedro Morenés, y el de Economía, Luis de Guindos) y cinco por haberla empeorado (el de Industria, José Manuel Soria; el de Hacienda, Cristobal Montoro; el de Interior, Jorge Fernández Díaz; el de Educación José Ignacio Wert; y el de Justicia Alberto Ruiz Gallardón).

Estimación de voto: abril 2014

Ministros abril 2014

 INTENCIÓN DIRECTA DE VOTO

La intención directa de voto equivale a la voz de la calle. Es lo que los españoles responden de forma directa y espontánea cuando se les pregunta por su comportamiento electoral más probable. Es un dato clave para captar el estado de opinión predominante, pero debe ser interpretado con cautela pues no siempre refleja todo lo que los electores piensan, sino sólo lo que deciden revelar al ser preguntados. Distintos factores de coacción ambiental hacen que la verbalización de las distintas opciones ideológicas (su probabilidad de ser expresadas de forma espontánea y natural) no sea siempre la misma. La intención directa de voto (IDV) es, así, sometida a una serie de procesos de ajuste (a partir, fundamentalmente, del recuerdo de voto, de la fidelidad de voto, de la tasa de participación estimada, de la valoración  por cada grupo de votantes de la gestión de cada partido y de sus líderes y de otros datos complementarios proporcionados por el sondeo sobre el estado de ánimo general de las personas entrevistadas) que permitan estimar cuál es, en esas circunstancias, el resultado más probablemente esperable. Obviamente, a partir de una misma IDV sería posible, utilizando otros criterios analíticos e interpretativos, obtener estimaciones de resultado electoral no necesariamente coincidentes con la que aquí se ofrece. La estimación de voto probable, por tanto, no es ya un dato directamente conseguido de la ciudadanía, sino una interpretación de sus declaraciones realizada a partir de unos supuestos determinados (lo que se conoce como “cocina electoral”). Aunque con frecuencia, por un uso descuidado, se confunda intención directa de voto y voto probable estimado, en realidad son cosas distintas. Una intención directa de voto muy elevada puede terminar, tras ser procesada, en una estimación de voto probable más reducida, o a la inversa. La IDV se compara con el resultado real que cada partido obtuvo sobre el Censo de españoles residentes (CER). Por su parte, los datos de voto estimado se comparan con el resultado real de cada partido sobre el total de votos válidos.

En esta oleada del Clima Social correspondiente al mes de Abril de 2014 la intención directa de voto es la siguiente:

IDV Abril 2014 Generales

*Fotografía: Election night crowd, Wellington, 1931. William Hall Raine. Photographic Archive, Alexander Turnbull Library

El País