Barómetro electoral Marzo 2014

1. PRIMARIAS EN EL PSOE Y RELANZAMIENTO DEL PARTIDO

Elegido ya por los militantes (pero pendiente aún de su proclamación oficial como nuevo Secretario General del PSOE: el sondeo se completó el 24 de julio), Pedro Sánchez había logrado consolidar de forma clara su liderazgo no solo entre el conjunto de la población sino, muy especialmente, entre quienes se definen como futuros votantes socialistas: entre estos, un masivo 81% considera positiva su elección, un 65% le concede su confianza y un 49% cree que ahora el partido está más unido que antes (solo un 19% lo percibe en cambio más desunido)

Pedro Sánchez

2. EL FENÓMENO ‘PODEMOS’ Y SU POSIBLE EFECTO SOBRE LOS ALINEAMIENTOS ELECTORALES:

2.1 Cambios en las intenciones de voto declaradas (IDV)

  • Tras las elecciones europeas del pasado 25 de mayo (marcadas por la irrupción de PODEMOS, que con tan solo el 3.4% del voto sobre censo logró monopolizar prácticamente la atención mediática e, incluso, aparecer como “vencedor moral”), el PSOE pareció entrar en caída libre en cuanto a las intenciones de voto futuro declaradas por los españoles. En el sondeo efectuado el siguiente día (26 de mayo) por Metroscopia, la IDV[1] a favor del PSOE era el 9.2% (el día anterior había logrado un 9.9%, siempre sobre censo[2]). En las semanas siguientes este porcentaje bajó al 8.9% y al 7.7%.
  • Ahora bien, las elecciones primarias socialistas supusieron un claro punto de inflexión, al alza, del atractivo electoral del PSOE. Así, desde mediados de junio, PP, PSOE y PODEMOS aparecen —de manera estable— prácticamente empatados, fluctuando levemente (y, por tanto, intercambiando permanentemente sus posiciones relativas) dentro siempre de una misma banda básica de intención declarada de voto (entre el 13% y el 15%).
  • Junto a este protagonismo en lo que cabe definir como “la voz de la calle” compartido por igual por PP, PSOE y PODEMOS, resulta destacable la clara reactivación del interés político del electorado. Es decir, el desinterés por la política y la apatía electoral predominantes en meses pasados parece tender a reducirse tan pronto como el electorado percibe señales de cambios en el tablero político.

2.2  ¿Posible cambio en los alineamientos electorales reales?

  • La entrada en escena de PODEMOS parece estar dando lugar a una reorganización de las preferencias electorales que declaran los españoles a partir de la —por ahora generalizada e intacta— capacidad que muestra esta nueva formación de atraerse el voto de los desencantados o enfadados con nuestra actual vida política (y no necesariamente solo de izquierda). Su bandera regeneracionista —por ambigua e imprecisa que pueda quizá ser—,  su apelación permanente a la ciudadanía de a pie y su autoproclamada capacidad de representarla (en contraposición con una clase política a la que define, sin matices ni distinciones, como una “casta” anquilosada, ajena y autista) le dota —por ahora al menos— de un atractivo transversal (territorial, generacional e, incluso ideológicamente) y que resulta perceptible en todos los electorados (véase Cuadro 1): entre los anteriores votantes de IU, un 18% dice que “con seguridad” votará a PODEMOS en la primera elección que tenga lugar. Y contesta lo mismo un 13% de los anteriores votantes de UPyD, un 12% de los del PSOE e, incluso, un 3% de los del PP. Lo que de forma generalizada resulta más atractivo en PODEMOS para muchos españoles es la impresión que les transmite de ser un partido que, en contraste con los demás, ofrece un verdadero cambio: lo indica así el 54% de los potenciales votantes del PSOE y de UPyD, el 80% de los de IU y hasta un no desdeñable 21% de los del PP (véase Cuadro 2). Eso sí, al mismo tiempo, la idea claramente predominante en todos electorados es que la formación que dirige Pablo Iglesias no tiene un programa realista. Tan solo los potenciales votantes de IU propenden mayoritariamente a pensar que constituye una alternativa real de gobierno y que sabría cómo superar la actual crisis económica. En otras palabras, PODEMOS parece tener, claramente, más probabilidades de acabar logrando consolidar apoyos tangibles especialmente entre quienes se consideran posibles votantes de IU.
  • Por otro lado, incluso entre quienes se definen ahora como potenciales votantes de PODEMOS, casi la mitad (el 42%) indica que ello se debe a decepción y desencanto con los demás partidos y no a una identificación clara con lo que esta formación propone y significa (véase Cuadro 3).
  • Sin minimizar en modo alguno el obvio impacto mediático que PODEMOS está consiguiendo, no parece infundado —al menos a la luz de estos datos— suponer que su actual atractivo (que es tan generalizado que no puede sino acabar suscitando dudas sobre su efectivo anclaje en tantos sectores tan dispares) puede mermar fuertemente cuando los electores no se enfrenten a un hipotético evento electoral sino que se encuentren ya inmersos en uno real e inminente.

2.3   ¿Es posible estimar la distribución más probable de votos en unas elecciones que tuviesen  lugar ahora?

  • Realmente, no. Tratar de avizorar tras las simpatías electorales que en este momento expresan los españoles —sin mayor compromiso ni implicación, sino básicamente hablando por hablar— cual podría ser el resultado más probable en unas elecciones que tuviesen lugar ahora es algo que solo cabe hacer como un ejercicio de simulación: es decir, como un mero intento —casi a modo de juego—.
  • Desde esta básica e insoslayable advertencia es como deben, por tanto, interpretarse los datos de Cuadro 4bis, calculados a partir del precitado total de 5.400 entrevistadas efectuadas, a modo de estudio tracking , a lo largo de junio y julio.  En un supuesto de participación[3] del 67.2% (que según los datos obtenidos parecería el más probable en estos momentos) el resultado de este ejercicio de simulación apunta a un práctico empate entre PP y PSOE (32.3% y 31.7% del voto sobre voto válido, respectivamente. PODEMOS (10.7%) quedaría en tercer lugar e IU y UPyD experimentarían un claro retroceso. Cabe subrayar que en 2011, la suma de los votos (siempre sobre censo) de PP y PSOE representaron el 73.3%: ahora, en conjunto, podrían quedar en el 64%, casi diez puntos menos.

No sin cierta paradoja, la entrada en escena de PODEMOS parecería así ir acompañada no tanto de un desplome del PSOE cuanto del PP. Evidentemente, no porque le detraiga votos, pues PODEMOS se nutriría, fundamentalmente, del apoyo de exvotantes de IU, de exabstencionistas y, en menor medida, de exvotantes del PSOE y de UPyD. Lo que este ejercicio de simulación sugiere es que con una participación como la estimada, el descenso electoral del PP tendría, en esencia, tres causas: una sustancial abstención de parte de quienes le votaron en 2011 (presumiblemente parte de los votantes que entonces atrajo del PSOE y que se muestran ahora muy enfadados y decepcionados); la pérdida, a favor del PSOE, de parte de los votos que arrancó a este en 2011 (con lo que este partido vendría a compensar sus pérdidas de voto en dirección a PODEMOS); y a la dispersión hacia otros partidos menores de un número más reducido pero significativo de anteriores votantes[4].

Cuadro 1

Cuadro 2

Cuadro 3

Cuadro 4

Cuadro 5

[1] Estas intenciones declaradas de voto son las respuestas espontáneas dadas por las personas entrevistadas al preguntarles por el posible sentido de su voto en unas nuevas e inminentes elecciones. Es decir, reflejan las inclinaciones y alineamientos ideológicos que, en este concreto momento, la ciudadanía propende a declarar y no debe dárseles el sentido de decisiones de voto firmes y plenamente cristalizadas. Son datos que no han sido sometidos a ninguna de las técnicas usuales de refinamiento y depuración (lo que popularmente se conoce como “cocina electoral”) para tratar de percibir a qué podría realmente equivaler, en términos de comportamiento electoral efectivo, esta inmediatamente más audible “voz de la calle”

[2] Los sondeos se llevan a cabo sobre muestras representativas del conjunto de la población con edad de votar; es decir, sobre quienes integran el censo electoral. De ahí que la comparación más apropiada de las respuestas obtenidas sea con los datos electorales referidos al conjunto de electores, no al total de votos emitidos.

[3] La participación, sobre censo CER, en 2011, fue el 71.7%, es decir, 4.5 más elevada que en este ejercicio de estimación. En este tipo de ejercicio es de suma importancia tener presente la participación estimada pues la abstención no se reparte, por regla general, de forma proporcional entre todos los partidos.

[4] Y no debe ignorarse el factor demográfico: a lo largo de 2012, 2013 y  lo que va de 2014, el PP es el partido que mayor merma ha sufrido en su caudal electoral por fallecimiento de votantes. En base a los datos disponibles, el voto a favor del PP fue claramente predominante en 2011 entre las personas de mayor edad, es decir, las que con amplia mayor probabilidad predominan entre quienes han fallecido desde entonces. Paralelamente, los datos disponibles indican que entre los nuevos votantes (los que han alcanzado desde noviembre de 2011 la edad de votar) hay más potenciales votantes socialistas (y de PODEMOS) que populares.

 

Fotografía: Election night crowd, Wellington, 1931. William Hall Raine. Photographic Archive, Alexander Turnbull Library.