El PSOE sería el ganador de unas hipotéticas elecciones generales que se celebrasen ahora de manera inmediata. Con un 27.7 % de los votos se situaría por delante de Podemos —segundo, con un 25 %— y del PP —20 %—. En el caso de los socialistas, este resultado mejoraría en 1.5 puntos el estimado en el Barómetro de Metroscopia del pasado noviembre como consecuencia, sobre todo, de haber logrado recuperar a parte de sus votantes que el mes pasado optaban bien por la abstención, bien por votar a otro partido (y, en particular, a Podemos). El PSOE cuenta, en estos momentos, con una fidelidad de voto del 49 % —frente al 35 % del mes pasado—; un 4 % de sus votantes dice que no acudiría a votar —frente al 10 % de la oleada precedente—;  y un 23 % —frente al 31 % de noviembre— afirma que votaría a Podemos.

No obstante, el resultado estimado para los socialistas en esta oleada queda un punto por debajo del porcentaje de voto  que obtuvieron en las elecciones generales de 2011, lo que vendría a suponer un nuevo suelo histórico del PSOE (si bien hay que tener en cuenta que el panorama político nacional es ahora muy diferente al de hace tres años debido, sobre todo, a la irrupción de Podemos).

En esta oleada se quiebra la tendencia ascendente que desde el pasado mes de mayo había venido manteniendo la formación liderada por Pablo Iglesias. Podemos —que se vio encumbrado a la primera posición en noviembre (tras un mes en que Pablo Iglesias fue elegido secretario general y en que se hicieron públicos varios casos de corrupción que afectaron al PSOE y, sobre todo, al PP) perdería ahora 2.7 puntos, pasando del 27.7 % estimado entonces al 25 % actual. De hecho, es el único de los cinco principales partidos nacionales cuya intención directa de voto —las respuestas espontáneas dadas por las personas entrevistadas al preguntarles por el posible sentido de su voto en unas nuevas e inminentes elecciones— desciende con respecto a la del mes de noviembre (es 4.1 puntos inferior). Hay que tener en cuenta que la mayoría de quienes manifiestan ahora la intención de votar a Podemos o simpatizan con esta formación, lo hacen movidos más por el enfado hacia el resto de partidos (44 %) que por cercanía ideológica a Podemos (29 %). Es decir, es un electorado que todavía no ha roto total y definitivamente los lazos que le unen a los partidos a los que anteriormente votaron y con los que parece existir todavía la posibilidad de pueden reconciliarse, —siempre y cuando perciban en ellos voluntad real de cambio (que es, según parece, el caso, de parte de los votantes socialistas que el mes pasado se inclinaban por votar a Podemos).

Por otro lado, Iglesias sigue siendo el líder político menos negativamente evaluado por el conjunto de los españoles, si bien experimenta a lo largo del mes transcurrido un significativo y sustancial desgaste de imagen: de un saldo evaluativo positivo en noviembre (+1 punto: un 44 % aprobaba su actuación política y un 43 % la desaprobaba) ha pasado  en estos momentos a uno negativo de -17 puntos (34 % de aprobación frente a 51 % de desaprobación).

El PP, por su parte, parece en caída libre. El tema de la corrupción sigue lastrando su recuperación electoral y, hoy por hoy, menos de la mitad (43 %) de quienes le votaron en 2011 manifiesta su intención de volver a hacerlo en el inmediato futuro. La actuación política del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, obtiene un saldo  evaluativo fuertemente negativo (-60 puntos: ocho de cada diez españoles —79 %— la desaprueban y solo un 19 % la aprueba). Un saldo evaluativo similar  obtiene la número dos del PP, María Dolores de Cospedal (-61 puntos: un 78 % la desaprueba y un 17 % la aprueba). Y, aunque algo mejor, también es globalmente negativa la evaluación de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría (-34 puntos: 57 % de aprobación y 22 % de desaprobación). El recién nombrado ministro de Sanidad, y anterior portavoz del PP en las Cortes, Alfonso Alonso, tiene un saldo evaluativo similar al de la vicepresidenta: -35 puntos.

El detectado descenso de Podemos beneficia a IU, que obtendría hoy por hoy un 5.6 % de los votos válidos: su mejor resultado estimado desde el pasado mes de agosto, aunque todavía por debajo del porcentaje que obtuvo en las elecciones de 2011 (6.9 %). El diputado Alberto Garzón es, tras Iglesias, el político con saldo evaluativo menos fuertemente negativo: -21 puntos (un 31 % aprueba su actuación política y un 52 % la desaprueba).

La caída del PP beneficia también a UPyD, partido que ahora incluso mejoraría en una décima su resultado logrado en 2011 (de un 4.7 % pasaría a un 4.8 %), en gran parte porque lograría atraer a un 5 % de anteriores votantes populares.

La participación estimada para una elección que tuviese lugar ahora es superior a la de meses anteriores y superaría a la que de las elecciones de 2011: si entonces votó el 71.7 % del Censo de españoles residentes (CER), hoy lo haría en torno al 73 %. Sin duda, la aparición de un partido político como Podemos ha movilizado a parte del electorado tradicionalmente abstencionista compensando la posible salida hacia la abstención que, hoy por hoy, tienta a una parte importante del electorado popular (en torno al 12 %).

Por otro lado, la amplia mayoría de los españoles cree que ninguno de los tres partidos —PSOE, PP y Podemos— que ahora aparecen en cabeza de las preferencias electorales está realizando propuestas realistas y con posibilidades de llevarse a cabo, ni tiene ideas claras sobre lo que hay que hacer para superar la crisis económica. Ninguno de los tres logra generar sensación de esperanza y confianza más allá de sus, en este momento, reducidos potenciales electorados.

Metroscopia - Estimación diciembre 2014

Metroscopia - Gráficos diciembre 2014

Metroscopia - Gráficos y ficha técnica diciembre 2014

Intención directa de voto y voto probable declarado

La Intención directa de voto (IDV) es la respuesta más inmediata y espontánea expresada por los entrevistados al preguntarles a quien votarían en unas elecciones generales que tuviesen lugar mañana. A quienes no mencionan partido alguno se les pregunta por el partido con el que sienten más afinidad o con el que identifican en mayor medida: estas respuestas constituye la “Simpatía” que, en la segunda columna, aparece sumada a la IDV.

Por voto probable declarado se entiende aquí la suma de dos conjuntos de respuesta: por un lado, las intenciones directas de voto que, en este sondeo manifiesta, en total, el 63.3% de los españoles; y, por otro, la mayor preferencia, simpatía o cercanía por algún partido que declara un 9.7% adicional  de electores que dicen estar dispuestos a votar en una elección que fuese inminente, pero no tienen totalmente decidido si, finalmente, acabarían haciéndolo y, en ese caso, por quién. Se trata, por tanto, de un dato que combina intenciones e identificaciones partidarias de muy distinta intensidad, lo que hace que su solidez como predictor del posible comportamiento final sea solo aproximada. Debe además tenerse presente que no se trata en todo caso de un voto estimado, pues los datos no han sido sometidos a tratamiento de depuración y refinamiento alguno. Es decir, no estamos ante una estimación de los alineamientos electorales en que, en el supuesto real —y no meramente hipotético— de una elección inminente, podrían finalmente cristalizar las intenciones ahora declaradas. Los datos de este Cuadro reflejan, sencillamente, lo que cabe considerar como “la voz de la calle”, es decir,  el estado de ánimo, en el terreno electoral, que parece predominar, y que con más facilidad y prontitud aflora, en este concreto momento. Los datos de esta oleada del Clima Social de Noviembre corresponden al 78.1.6% de la ciudadanía (porcentaje, por cierto, superior al de votantes —sobre censo— en 2011: 71.7%).

Metroscopia - IDV Diciembre 2014

Transferencia de voto

En el cuadro de transferencia de voto se puede observar el grado de fidelidad de los votantes de cada partido. La fidelidad de voto se refiere al porcentaje de electores que votaron por un partido en unas elecciones y vuelven a hacerlo en las siguientes. Es un dato que alude, por tanto, a la capacidad que tienen los partidos para retener a sus votantes de una elección a otra y estudia, en definitiva, el cambio neto en los apoyos electorales de los distintos partidos en las sucesivas elecciones.

Metroscopia - Transferencia de voto diciembre 2014

El País