PRÁCTICO EMPATE, A LA BAJA

En el hipotético caso de que ahora se celebrasen de manera inmediata unas elecciones generales el PSOE las ganaría con una ventaja sobre el PP de tan solo nueve décimas: 31.7 % frente a 30.8 %. Los socialistas lograrían ahora un mejor resultado que en 2011 (entonces consiguieron un 28.7 % de los votos válidos) y el PP uno sustancialmente inferior (casi 14 puntos menos que el 44.6% que logró en aquella ocasión). Los otros dos partidos de ámbito nacional obtendrían ahora sus mejores resultados históricos: IU un 13.5 % y UPyD un 8.5 %.

Estos datos confirmarían el desgaste del bipartidismo que el Barómetro de Clima Social de Metroscopia viene detectando desde hace más de un año: el PSOE y el PP sumarían ahora el 62.5 % de los votos válidos, que sería el porcentaje más bajo logrado, en conjunto, por los dos principales partidos en todos las elecciones generales celebradas hasta la fecha. La fidelidad de voto de socialistas y populares sigue bajo mínimos: 43 % y 40 % respectivamente.

La abstención también alcanzaría, en este momento, un porcentaje inédito: la participación estimada no pasaría del 65 %, lo que supondría el porcentaje histórico más bajo (el suelo de participación en este tipo de elecciones corresponde al 68 % registrado en las generales de 1979). El porcentaje de electores que finalmente acabe votando constituye un dato de importancia decisiva pues la abstención no se reparte de forma proporcionalmente igual entre todos los partidos. En el momento actual PP y PSOE son los partidos que tienen un electorado más propenso al desentendimiento en el supuesto de una inminente elección: son, por tanto, los partidos que resultan más castigados a la hora de estimar el resultado que, en las actuales circunstancias, lograrían obtener. Los votantes socialistas siguen enfadados con su partido al que no terminan de perdonar el modo en que gestionó el último gobierno de Rodríguez Zapatero la entonces incipiente crisis. Por su parte, los votantes del PP se muestran crecientemente descontentos con su partido, al que además no terminan de reconocer de forma clara el mérito que este se atribuye en la gestión de la situación económica.

En esta situación, los votos tienden a mostrar un grado máximo de dispersión que, de mantenerse efectivamente en unas elecciones, generarían una situación hasta ahora inédita: ninguno de los principales partidos estaría en condiciones no ya de poder gobernar en solitario sino, incluso, de poder hacerlo con las fuerzas minoritarias en principio más afines. Con esta estimación de reparto de votos, la situación en cuanto al reparto de escaños, sería muy similar a la del barómetro de Diciembre (sobre la base de 12.000 entrevistas): PP y PSOE se situarían en una banda de entre 130 y 140 escaños.

LA IMAGEN DEL GOBIERNO

La amplia mayoría de los ciudadanos y una sustancial proporción de votantes del PP siguen mostrándose críticos con el Presidente Rajoy y con su Gobierno. Un 78 % de los españoles (42 % entre los votantes del PP) desaprueba la gestión de Rajoy al frente del Ejecutivo y la  evaluación de la gestión de todos los ministros del actual Gabinete sigue  registrando un elevado saldo negativo (es decir, son claramente más numerosos los españoles que desaprueban su actuación que quienes la aprueban). Entre los votantes del PP,  son cuatro los ministros cuya evaluación presenta un saldo negativo: el de Educación, José Ignacio Wert (—18 puntos), el de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón (—10), la de Empleo, Fátima Báñez (—5) y el de Hacienda, Cristobal Montoro (—2).

CONVENCIÓN NACIONAL DEL PP

Dos de cada tres españoles (66 %) y la mitad de los votantes populares (48 %) creen que en la convención nacional del PP celebrada el pasado fin de semana en Valladolid no se trataron los temas que realmente preocupan a los ciudadanos.

El mensaje de unión que el PP pretendía transmitir con la convención no ha calado entre la ciudadanía: cuatro de cada diez españoles (39 %) piensan que el partido ha salido de ella más débil y desunido de como entró. De hecho, en el momento actual, un 69% de los españoles percibe al PP como un partido desunido. Incluso la mitad de los votantes populares (50 %) cree que su partido transmite una imagen de desunión si bien en su caso la convención ha servido al menos para que un 42% (porcentaje que, con todo, no supone una mayoría absoluta) piense que ha salido de ella más fuerte de lo que entró.

SITUACIÓN ECONÓMICA Y SOCIAL

El paisaje que los españoles esperan encontrar cuando la actual crisis amaine o quede superada dista mucho de ser halagüeño:

•    El 88% cree que llevará mucho tiempo volver a conseguir todas las prestaciones y ayudas antes existentes para los más desfavorecidos;
•    el 83% piensa que, en conjunto, habrá más pobreza y desigualdad en España;
•    el 76% da por sentado que las cosas no volverán a estar como antes; y
•    el 67% no cree que los jóvenes tenga ya la oportunidad de desarrollar su vida profesional y personal del mismo modo en que pudieron hacerlo sus padres.

Las heridas que dejará la crisis en nuestra sociedad serán así —según la opinión generalizada— profundas y duraderas.

En cuanto a las medidas que el gobierno ha ido adoptando para enderezar la situación económica nacional y que parecerían estar empezando a dar resultado, el veredicto ciudadano es severo: el 57% no le concede, al respecto, mérito alguno pues considera que han sido medidas dictadas desde fuera y no basadas en criterios y planteamientos propios; además, y en todo caso, el 62% cree que la posible mejoría de la economía no guarda relación con esas medidas (con independencia de a quien corresponda realmente su autoría) pues la misma también se percibe en países que han adoptado políticas diferentes a las aquí seguidas.  Así, tres de cada cuatro españoles siguen pensando que el actual Gobierno no está sabiendo afrontar adecuadamente la  crisis económica y, asimismo, tres de  cada cuatro siguen juzgando negativamente la reforma laboral, una de las medidas estrella.

Ahora son ya mayoría absoluta (56%) los españoles que creen que en nuestro país la crisis ha tocado ya fondo pero que a partir de ahí la recuperación va a ser lenta. Por ello, un masivo 73% sigue pensando que el paro va aseguir siendo igual de alto que ahora es durante bastante tiempo todavía. En suma, queda aún por delante un largo camino de espinas antes de alcanzar, finalmente, el desolador estadio post-crisis que se da por seguro. Ese es, en síntesis, en el momento actual, el estado de ánimo de la ciudadanía. La autocomplacencia autista parece haber predominado, claramente, sobre la capacidad explicativa y pedagógica de los responsables públicos a la hora de presentar y hacer creíbles a la ciudadanía su gestión.

Estimación y ficha técnica

Ministros febrero 2014

INTENCIÓN DIRECTA DE VOTO

La intención directa de voto equivale a la voz de la calle. Es lo que los españoles responden de forma directa y espontánea cuando se les pregunta por su comportamiento electoral más probable. Es un dato clave para captar el estado de opinión predominante, pero debe ser interpretado con cautela pues no siempre refleja todo lo que los electores piensan, sino sólo lo que deciden revelar al ser preguntados. Distintos factores de coacción ambiental hacen que la verbalización de las distintas opciones ideológicas (su probabilidad de ser expresadas de forma espontánea y natural) no sea siempre la misma. La intención directa de voto (IDV) es, así, sometida a una serie de procesos de ajuste (a partir, fundamentalmente, del recuerdo de voto, de la fidelidad de voto, de la tasa de participación estimada, de la valoración  por cada grupo de votantes de la gestión de cada partido y de sus líderes y de otros datos complementarios proporcionados por el sondeo sobre el estado de ánimo general de las personas entrevistadas) que permitan estimar cuál es, en esas circunstancias, el resultado más probablemente esperable. Obviamente, a partir de una misma IDV sería posible, utilizando otros criterios analíticos e interpretativos, obtener estimaciones de resultado electoral no necesariamente coincidentes con la que aquí se ofrece. La estimación de voto probable, por tanto, no es ya un dato directamente conseguido de la ciudadanía, sino una interpretación de sus declaraciones realizada a partir de unos supuestos determinados (lo que se conoce como “cocina electoral”). Aunque con frecuencia, por un uso descuidado, se confunda intención directa de voto y voto probable estimado, en realidad son cosas distintas. Una intención directa de voto muy elevada puede terminar, tras ser procesada, en una estimación de voto probable más reducida, o a la inversa. La IDV se compara con el resultado real que cada partido obtuvo sobre el Censo de españoles residentes (CER). Por su parte, los datos de voto estimado se comparan con el resultado real de cada partido sobre el total de votos válidos.

En esta oleada del Clima Social correspondiente al mes de octubre de 2013 la intención directa de voto es la siguiente:

IDV febrerero 2014

En twitter @JPFerrandiz

El País