La estimación electoral en el caso de unas hipotéticas elecciones generales de manera inminente apenas ha variado en este último mes: el PP sigue más de diez puntos por delante del PSOE— aunque ambos obtendrían un peor resultado que en los comicios de 2011— e IU y UPyD siguen contando con un apoyo mayor que el logrado en pasado 20 de noviembre. La participación rondaría solo el 65% y el voto en blanco acabaría con toda probabilidad muy por debajo del 5% ahora estimado. No obstante, esta aparente estabilidad electoral no refleja fielmente el convulso clima de opinión presente entre la ciudadanía. De hecho, los datos ponen de manifiesto el generalizado desgaste que sufren nuestros representantes políticos: los del Gobierno y, también, los del principal partido de la oposición.

Por un lado, la imagen de Mariano Rajoy sigue su lento pero continuo deterioro entre los ciudadanos: un 63%—dos puntos más que en mayo— desaprueba su gestión como presidente del Gobierno y a un 78%— cinco puntos más— le inspira poca o ninguna confianza. También, y por primera vez desde que se celebraron las elecciones, todos los ministros del Gabinete obtienen un balance negativo en la evaluación ciudadana a su gestión— es decir, son más quienes les desaprueban que quienes les aprueban: un descenso, en promedio de 15 puntos si se dejan fuera de este cálculo los dos saldos más extremos: el de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, que es la que sufre un menor castigo (su balance empeora solo tres puntos), y el del ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, que aumenta en 20 puntos su saldo negativo (de menos 26 pasa a menos 48). Es, por tanto, la imagen del Gobierno, en su conjunto, la que se ve dañada y la que parece ir cuesta abajo (aunque la pendiente, de momento, no es muy inclinada): un 66%—tres puntos más que en la anterior oleada— tiene una negativa impresión de conjunto del Ejecutivo; un 66%— siete puntos más— cree que improvisa sobre la marcha; un 64%— cuatro puntos más— cree que no está sabiendo hacer frente de forma adecuada a la actual situación del país; y un 79%— cuatro puntos más— cree que no está sabiendo comunicar adecuadamente a los ciudadanos las medidas que está adoptando.

Por otro lado, el desgaste de la imagen del Gobierno y del Presidente, no va acompañado de una paralela mejor evaluación de la figura del principal líder de la oposición, más bien al contrario: la labor opositora que está realizando Alfredo Pérez Rubalcaba es desaprobada por un 69% de los ciudadanos— cinco puntos más que en mayo—, y un 85%— seis puntos más— manifiesta poca o ninguna confianza en él.
Este mayor —y ascendente— descrédito de Rubalcaba es consecuencia de su imagen negativa entre la práctica totalidad de los votantes populares—algo que, en principio, se da por descontado— pero, lo que es más importante, del cambio de imagen del líder socialista entre sus propios votantes: si hace solo un mes la mayoría del electorado del PSOE aprobaba su gestión y mostraba confianza en él, ahora uno de cada dos votantes socialistas— 53%— desaprueba su labor opositora, y un 67% de sus votantes dice tener poca o ninguna confianza en él. Rajoy, por el contrario y como viene siendo habitual desde que ganó las elecciones, sigue contando con la aprobación— 73%— y la confianza— 58%— de la amplia mayoría de los suyos.

La fidelidad de voto de los partidos es similar a la registrada en mayo: la del PP de un 72%— que coincide prácticamente con el porcentaje de votantes populares que aprueban a Rajoy— y la del PSOE del 60%— 20 puntos más del porcentaje de votantes socialistas que aprueban a su líder. Se podría decir, en este sentido, que mientras que el electorado popular se muestra fiel no solo a sus siglas sino también a su líder, entre los votantes socialistas ahora parece estar pesando más, electoralmente, las siglas que quien se encuentra en el puesto de mando.

El hecho de que los ciudadanos atribuyan la responsabilidad de la actual situación que vive España al último gobierno de Rodríguez Zapatero parece estar siendo, a la vez, el mejor soporte para el PP (al impedirle un mayor desgaste en un momento en el que Rajoy está teniendo que tomar una serie de medidas poco amables y mal evaluadas por la ciudadanía y que en otras circunstancias le hubieran supuesto un mayor coste político) y la peor losa para el PSOE que le impide capitalizar el deterioro del Ejecutivo. Y es que uno de cada dos españoles— 49%— considera más responsable de la actual situación al anterior gobierno socialista frente a solo un 9% que cree que el mayor culpable es el actual Gobierno de Rajoy. En otras palabras, son cinco veces más los españoles que atribuye más responsabilidad al PSOE que al PP por la actual situación en la que se encuentra España. Un 34% atribuye a ambos partidos la misma responsabilidad. Y mientras que los votantes del PP ven un único y exclusivo culpable (el anterior Gobierno de Zapatero: 91%) entre el electorado socialista la idea predominante es que la responsabilidad es compartida: un 22% se la atribuye en exclusiva al Gobierno de Zapatero, un 20% solo al actual Ejecutivo y un 46% a ambos por igual.

Metroscopia - Gráfico clima electoral jun-2012

Metroscopia - Clima electoral

 twitter @JPFerrandiz

El País