La igualdad es máxima. Si mañana se celebrasen unas nuevas elecciones generales se produciría un práctico empate entre el PP y el PSOE con una mínima ventaja —que entra dentro de los límites del margen de error del sondeo— de este último: los socialistas obtendrían el 32 % de los votos válidos frente al 31.5 % de los populares. La participación estimada se sigue situando, como en oleadas anteriores, en torno al 65 %.

Este resultado supondría para el PP un descenso de 13.1 puntos con respecto al logrado en  2011 (obtuvo entonces el 44.6 % de los votos emitidos) y para el PSOE un aumento de 3.3 puntos (superando así su actual 28.7%). Pero al mismo tiempo, supone para ambos una leve mejoría respecto a la estimación de febrero. Es probable que el debate sobre el estado de la nación celebrado a finales del mes pasado haya activado a parte de sus votantes que permanecían desatentos o desmovilizados. De hecho, la fidelidad de voto de populares y socialistas aumenta ahora levemente con respecto la registrada en febrero. En todo caso —tal y como lleva ocurriendo desde hace más de un año— ni siquiera la mitad de ambos electorados se muestra, en estos momentos, fiel a las siglas: solo un 46 % de los votantes del PP y un 43 % de los socialistas dice que repetiría su voto de 2011 en el caso de que tuvieran lugar de manera inmediata unas elecciones generales. No obstante, desde hace dos meses los socialistas parecen lograr atraer algunos más votantes procedentes de electorados ajenos que los populares —de ahí la mínima ventaja de los primeros sobre los segundos en la estimación de resultado electoral—.

IU y UPyD mejorarían claramente sus resultados de 2011 si bien los porcentajes estimados en esta ocasión para ambos son inferiores a los de las dos primeras oleadas de este año, lo que quizá podría sugerir un posible, incipiente, desinflamiento de su potencial atractivo electoral a medida, precisamente, que tienden a reactivarse, aunque sea mínimamente, los electorados popular y socialista. Cabe resaltar que la fidelidad de los votantes de uno y otro difiere sustancialmente: mientras que dos de cada tres votantes (64 %) de la coalición rojiverde repetirían ahora su voto, solo un 48 % de los votantes de UPyD dice que volvería a votar al partido magenta. Desde el pasado enero, la fidelidad de los votantes de UPyD se viene situando por debajo del 50 %,  si bien pese a ello el partido presidido por Rosa Díez podría aumentar su resultado con respecto a 2011 porque está logrando atraer a sus filas a una parte de los votantes socialistas y también, en mayor medida, de los populares.

Por otro lado, en el momento actual un tercio del electorado español (34 %) está desmovilizado, esto es, dice que si se celebrasen ahora unos nuevos comicios generales no acudiría a votar (15 %) o no sabe que haría: si abstenerse o votar o a qué partido hacerlo (20 %). El perfil de los desmovilizados ha ido variando con el tiempo: a lo largo de todo el 2012 y la primera mitad de 2013 han prevalecido claramente los abstencionistas sobre los indecisos, pero desde septiembre del año pasado y, sobre todo, desde el comienzo del presente año, los que se declaran indecisos han pasado a superar  a los que se inclina por la abstención, —quizá un síntoma indirecto de incipiente movilización del electorado.

La imagen ciudadana del Presidente y de su Gabinete apenas ha variado en el último año. Rajoy sigue manteniendo ahora prácticamente el mismo porcentaje de desaprobación que en marzo de 2013 tanto entre el conjunto de la ciudadanía (76 % ahora y 73 % hace un año) como entre sus propios votantes (42 % y 37 %). Y lo mismo ocurre con los ministros de su Gabinete: la evaluación ciudadana de la gestión todos ellos presenta prácticamente el mismo saldo negativo que hace un año —son más quienes les desaprueban que quienes les aprueban—.

Sin embargo,  se detecta ahora una clara y significativa variación entre los votantes del PP: entre este electorado prácticamente todos los Ministros pasan a tener peor saldo evaluativo que hace tan solo un mes. O dicho de otro modo: los votantes populares se muestran ahora más descontentos con el gobierno que hace solo un mes. Incluso dos de los miembros del gabinete pasan de tener en febrero un saldo positivo a tener ahora un saldo negativo: es el caso de la ministra de Sanidad, Ana Mato (de +3 a -11 puntos) y del ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz (de +10 a -1).

Estimación Marzo 2014Ministros y ficha técnica Marzo 2014

SITUACIÓN ECONÓMICA Y SOCIAL

La pretensión del Gobierno de Rajoy de transmitir a los ciudadanos la idea de que la recuperación en términos macroeconómicos se va a trasladar a sus bolsillos todavía no ha calado. Para el ciudadano medio, la capacidad de seducción de los principales datos macro-económicos (por positivos que, como empieza ahora ser el caso, resulten) es muy reducida, por no decir nula. Se aparecen más como buenos deseos abstractos o virtuales que como realidades concretas y ya tangibles. Ni consuelan ni emocionan a quienes agobia el inmediato presente. Y explica así que, por un lado, siga siendo masivo el porcentaje de españoles que evalúa negativamente la situación económica de nuestro país: 91 % (solo seis puntos menos que hace un año).

Por otro lado, aunque siguen prevaleciendo los ciudadanos que evalúan positivamente su situación económica familiar sobre quienes la definen en términos negativos —algo que viene ocurriendo desde comienzo de la crisis— el porcentaje de los primeros ha disminuido nueve puntos con respecto al mes de enero (de un 49 % se ha pasado a un 40 %) y ha aumentado 10 puntos el de los segundos (de 24 % a 34 %). Es decir, empeora la percepción de la situación económica de la propia familia. Y si bien siguen siendo mayoría quienes consideran que aunque la recuperación va a ser lenta, la crisis económica ya ha tocado fondo, esta opinión no solo no tiende a extenderse, sino más bien a disminuir: ahora la expresa un 58 %, porcentaje inferior en seis puntos al del pasado enero. Además, la amplia mayoría ciudadana (73 %, ocho puntos más que hace dos meses) sigue pensando que el paro va a seguir igual de elevado que hasta ahora, o incluso más, durante mucho tiempo todavía.

En todo caso, resulta llamativo que la mayoría de los ciudadanos no considere atribuible a la gestión del Gobierno de Rajoy cualquier posible mejora que esté pudiendo experimentar la economía española. En solo un mes ha aumentado en 11 puntos (pasando del 57 % al 68 %) el porcentaje de quienes piensan que las medidas que ha ido adoptado el gobierno español a lo largo de estos dos últimos años para hacer frente a la crisis económica han sido medidas dictadas desde fuera y no basadas en criterios y planteamientos propios. Y se mantiene incambiado respecto del pasado mes de febrero el porcentaje (62 %) que piensa que la posible mejoría de la economía no guarda, en todo caso, relación con esas medidas (con independencia de a quien corresponda realmente su autoría) pues se considera que también ha mejorado la situación en países que han adoptado políticas diferentes a las aquí aplicadas. En otras palabras, el recelo ciudadano respecto de la capacidad de gestión efectiva del gobierno (del actual o del anterior) sobre la vida económica se mantiene incólume: ahora como hace cuatro años, la amplia mayoría ciudadana cree que la economía tiene una vida propia, ajena a la acción de los gobiernos y a la de posibles controles políticos, dependiente exclusivamente de unos mercados sobre los que el español medio no acaba de tener una imagen clara y concreta.

Si esta es la idea predominante en nuestra sociedad, no puede extrañar que un abrumador 73 % (porcentaje superior incluso en tres puntos al registrado hace ahora justamente un año) concluya que, en el terreno económico, el Gobierno va improvisando sobre la marcha. Algo, por cierto,  que piensa incluso la mayoría (52%) de los votantes del PP. La incapacidad de nuestros responsables públicos de llevar a cabo una —por otra parte imprescindible—pedagogía económica, y su aparente renuncia a explicar la situación, y las políticas adoptadas para hacerle frente, en términos y conceptos entendibles por el ciudadano medio (y no ya solo por analistas de mercados y economistas expertos) resultan así clamorosas.

¿Cómo calificaría la situación económica...Mejoría de la economía españolaSituación económica española 3Situación económica 4

INTENCIÓN DIRECTA DE VOTO

La intención directa de voto equivale a la voz de la calle. Es lo que los españoles responden de forma directa y espontánea cuando se les pregunta por su comportamiento electoral más probable. Es un dato clave para captar el estado de opinión predominante, pero debe ser interpretado con cautela pues no siempre refleja todo lo que los electores piensan, sino sólo lo que deciden revelar al ser preguntados. Distintos factores de coacción ambiental hacen que la verbalización de las distintas opciones ideológicas (su probabilidad de ser expresadas de forma espontánea y natural) no sea siempre la misma. La intención directa de voto (IDV) es, así, sometida a una serie de procesos de ajuste (a partir, fundamentalmente, del recuerdo de voto, de la fidelidad de voto, de la tasa de participación estimada, de la valoración  por cada grupo de votantes de la gestión de cada partido y de sus líderes y de otros datos complementarios proporcionados por el sondeo sobre el estado de ánimo general de las personas entrevistadas) que permitan estimar cuál es, en esas circunstancias, el resultado más probablemente esperable. Obviamente, a partir de una misma IDV sería posible, utilizando otros criterios analíticos e interpretativos, obtener estimaciones de resultado electoral no necesariamente coincidentes con la que aquí se ofrece. La estimación de voto probable, por tanto, no es ya un dato directamente conseguido de la ciudadanía, sino una interpretación de sus declaraciones realizada a partir de unos supuestos determinados (lo que se conoce como “cocina electoral”). Aunque con frecuencia, por un uso descuidado, se confunda intención directa de voto y voto probable estimado, en realidad son cosas distintas. Una intención directa de voto muy elevada puede terminar, tras ser procesada, en una estimación de voto probable más reducida, o a la inversa. La IDV se compara con el resultado real que cada partido obtuvo sobre el Censo de españoles residentes (CER). Por su parte, los datos de voto estimado se comparan con el resultado real de cada partido sobre el total de votos válidos.

En esta oleada del Clima Social correspondiente al mes de Marzo de 2014 la intención directa de voto es la siguiente:

IDV Marzo 2014

En twitter @JPFerrandiz

*Fotografía: Election night crowd, Wellington, 1931. William Hall Raine. Photographic Archive, Alexander Turnbull Library

El País