Las intenciones de voto que en el sondeo correspondiente al Clima Social de marzo de 2017 declaran los españoles expresan exclusivamente su estado de ánimo en este concreto momento, y no pueden ser tomadas como expresión de opciones electorales ya plenamente cristalizadas.  A partir de las mismas,  cabe intentar —como hace Metroscopia— una estimación de lo que, con mayor probabilidad, podría ser el resultado de unas súbitas nuevas elecciones. Pero una estimación, conviene recordarlo, es sólo una interpretación (que trata de ser lo más razonable y mejor fundada posible, pero nunca indiscutible) de los datos disponibles. Debe pues, ser entendida como un juego de simulación, más o menos afinado, al que en todo caso no procede conceder, fuera de períodos electorales, mayor relevancia o trascendencia. Y esto se aplica especialmente a circunstancias como las actuales, cuando no sólo no hay a la vista cita electoral  alguna de ámbito nacional sino que, además, uno de sus hipotéticos cuatro principales protagonistas está todavía en el taller de reparaciones, terminando de definir un nuevo programa y de elegir un nuevo líder. Dado el fuerte componente de presidencialismo que, en la práctica, tiñe nuestro sistema electoral, se entiende la especial dificultad que supone estimar el voto probable por un partido cuando se encuentra descabezado.

Lo que en la estimación que aquí se ofrece resulta quizá más destacable es precisamente el hecho de que pese a hallarse en situación de sede vacante y de administración interina, el PSOE estaría logrando sobrellevar una situación tan poco estimulante (de cara a su electorado) sin especial merma adicional de sus posibles apoyos. Su electorado se encuentra ciertamente en stand by: es el partido que cuenta con un claro mayor porcentaje de anteriores votantes que, por el momento, se conceden un compás de espera a la hora de orientar su posible voto: el 25%.  En similar situación de duda o despegue emocional respecto de su partido se encuentra, en cambio, el 13% de los anteriores votantes del PP, el 15% de los de Ciudadanos y el 17% de los de Unidos Podemos. Por ello también el PSOE es el partido que registra una clara menor fidelidad declarada de voto: 54% (frente a 74% el PP, 71% Unidos Podemos y 76% Ciudadanos). No resulta excesivamente aventurado pensar que en la eventualidad de unas elecciones reales (y no hipotéticas), y una vez cerrado el actual paréntesis de recomposición, esta formación podría reactivar, a su favor, al menos una parte de ese electorado anterior suyo que ahora se le muestra distraído o remiso.

En todo caso, el mapa de alineamientos ideológicos que los datos permiten estimar en este momento seguiría dominado por el PP, que con un 31.2% de los votos (en un supuesto de participación del 68%) seguiría siendo el partido más votado. Este porcentaje es inferior en dos puntos tanto respecto de su voto real en junio de 2016 (33.0%) como respecto del estimado en el sondeo del pasado mes de enero (33.2%). La reactivación del problema de la corrupción en la agenda informativa (el CIS ha detectado recientemente que es uno de los problemas que más vuelven a preocupar a los españoles) puede estar en la raíz de esta mella aparente de su atractivo electoral. A fin de cuentas, ni más ni menos que el 73% de quienes en 2016 le dieron su voto consideran que no está sabiendo gestionar adecuadamente los casos de corrupción.

En cuanto a Unidos Podemos, su sonado Congreso Vistalegre II no parece traducirse, por ahora, en ninguna variación perceptible del voto que cabe estimarle: 21.5%. Seguiría así estando por encima del PSOE en la misma medida que en el sondeo del pasado enero (2.5 puntos). En su caso conviene apuntar que la estimación resulta adicionalmente compleja por el conglomerado de formaciones que se agrupan bajo sus siglas, lo que hace prácticamente imposible saber con total certeza cual pueda ser, realmente, el apoyo electoral que cada una de ellas, por separado, aporta.

En este contexto, Ciudadanos sería la única formación que experimentaría una mejora de su rédito electoral: su 16.5% ahora estimado supera en 3.4 puntos al resultado obtenido en 2016. La formación que lidera Albert Rivera es la que, en términos relativos, mejor saldo evaluativo registra entre la ciudadanía por su labor en el Parlamento (-12 puntos, frente al -38 del PP, el -46 de Unidos Podemos y el -52 del PSOE). Además es el partido cuya actividad parlamentaria recibe un mayor apoyo transversal, siendo aprobada por el 19%, o más, de los votantes de las otras tres principales formaciones (por el 19% de los votantes de Unidos Podemos, por el 37% de los del PSOE y por el 58% de los del PP. Y, como cabría esperar, por el 83% de sus propios votantes). Además, Rivera es el único líder político que logra entre el conjunto de la ciudadanía una evaluación más positiva que negativa (su saldo evaluativo es + 1, frente al -49 de Iglesias  y el  -38 de Rajoy).

 

FICHA TÉCNICA.– El sondeo se ha efectuado mediante entrevistas telefónicas a una muestra nacional de personas residentes en España, mayores de 18 años y con derecho a votar en elecciones generales. Se han completado 1.860 entrevistas a través de llamadas a teléfonos móviles seleccionados de forma aleatoria a partir de un generador automático de números telefónicos. Posteriormente se han calibrado los datos a partir de una ponderación múltiple por sexo, edad, hábitat y región (Comunidad Autónoma). La eficiencia de la ponderación es del 66,2%, de modo que la muestra efectiva equivale a 1.230 entrevistas. El error de muestreo, para un nivel de confianza del 95.5% (que es el habitualmente adoptado) y asumiendo los principios del muestreo aleatorio simple, en la hipótesis más desfavorable de máxima indeterminación (p=q=50%), es de ±2.3 puntos (tras la ponderación, ±2.9 puntos). La recogida de información y el tratamiento de la misma han sido llevados a cabo íntegramente en Metroscopia. Fecha de realización del trabajo de campo: entre los días 6 y 9 de marzo de 2017.