El desinfle electoral de los dos grandes partidos de ámbito nacional, PP y PSOE, es vertiginoso cuando apenas ha transcurrido un año desde la celebración de las últimas elecciones generales. Los populares han perdido en este tiempo casi 13 puntos: obtendrían ahora, en el caso de unas hipotéticas nuevas elecciones, un 31.8 % de los votos (frente al 44.6 % logrado el pasado 20 de noviembre). El PSOE, por su parte, perdería casi 6 puntos (22.9 % frente al 28.7 % de 2011), un resultado que, llegado el caso, supondría un nuevo suelo electoral para los socialistas. En estos momentos, solo un 49 % de quienes votaron al PP hace un año y un 45 % de quines lo hicieron al PSOE dicen que volverían a hacerlo ahora. En otras palabras, hoy por hoy, la mitad de ambos electorados no se encuentra cómodo con el partido al que votó hace tan solo un año. Los datos del Barómetro de este mes arrojan, con todo, una diferencia en la evolución de ambos partidos: mientras que el PP —y el Gobierno en general— mejora con respecto a la oleada del pasado mes de octubre, el PSOE —y su líder, Alfredo Pérez Rubalcaba— sigue condenado al ostracismo. La razón se encuentra en sus respectivos electorados: entre los votantes del PP han aumentado las evaluaciones positivas de la gestión del Gobierno y del Presidente y entre los votantes del PSOE han aumentado las opiniones críticas hacia la labor opositora desarrollada por su partido y su secretario general.

La amplia mayoría de los ciudadanos sigue desaprobando tanto la gestión del Gobierno, en general, como la del Presidente Rajoy y los miembros de su Gabinete, en particular. Con respecto al Ejecutivo, un 76 % de los españoles tiene una negativa impresión de conjunto; un 71 % piensa que no está sabiendo hacer frente a la crisis de manera adecuada y un 70 % que va improvisando sobre la marcha. Entre los votantes populares, por el contrario, predominan —y en mayor medida que hace un mes— quienes tienen una opinión positiva del Gobierno (53 %), quienes piensan que se está enfrentando a esta crisis de la forma idónea (51 %) y quienes creen que tiene un plan claro (48 %).

En lo que respecta a Rajoy, un 70 % de los españoles desaprueba su gestión como Presidente del Gobierno (la aprueba, sin embargo, el 60 % de sus votantes, siete puntos más que en octubre) y un 84 % dice tener poca o ninguna confianza en él. La falta de capacidad para transmitir confianza es el talón de Aquiles del Presidente, ya que incluso una amplia mayoría entre sus votantes —59 %— dice confiar poco o nada en él.

Por otro lado, en la evaluación ciudadana a su gestión, todos los Ministros siguen manteniendo un saldo negativo, es decir, son más los españoles que la desaprueban que quienes la aprueban. Con todo, la mitad de los ministro del actual Gabinete mejora su balance con respecto a la oleada de octubre: el ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, el de Defensa, Pedro Morenés, el de Interior, Jorge Fernández Díaz, el de Agricultura, Miguel Arias Cañete, el de Industria, José Manuel Soria, y la de Fomento, Ana Pastor. Ahora bien, la otra mitad lo empeora: la vicepresidenta, Soraya Saénz de Santamaría, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoso, el de Economía, Luis de Guindos, la de Trabajo, Fátima Báñez, la de Sanidad, Ana Mato, y el de Cultura, José Ignacio Wert, que sigue siendo el Ministro con el peor saldo. El ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón se mantiene con el mismo balance que hace un mes. Cabe señalar, en todo caso, que todos los ministros logran un saldo positivo entre los votantes populares, con mención especial para la vicepresidenta del Gobierno (+ 45 puntos), la ministra de Fomento (+ 37) y el ministro de Defensa (+ 37).

El porcentaje de voto estimado para UPyD en esta oleada (8.5 %) es casi el doble del que obtuvo en las elecciones de 2011 (4.7 %), pero inferior al estimado hace un mes. Después de los últimos comicios, la formación magenta ha pasado a constituirse, cada vez más, como el refugio de los votantes populares que no se encuentran cómodos con la gestión gubernamental. De ahí que aumenten sus expectativas electorales cuando se extienden las críticas hacia el Ejecutivo entre el electorado del PP y, a la inversa, se contraigan cuando aumenta la sintonía entre el Gobierno y sus votantes, como es el caso en esta oleada. PP y UPyD estarían así constituyendo un sistema de vasos comunicantes de centro derechasimilar al que forman el PSOE e IU en el centro izquierda. La coalición rojiverde se beneficia del letargo que empieza a caracterizar al PSOE —cuyo líder continúa sin convencer ni a una abrumadora mayoría de los españoles ni a una amplia masa de sus votantes— y aumenta tres décimas con respecto a octubre su porcentaje de voto estimado: se sitúa en un 12.9 % (seis puntos más que el que logró en las elecciones de hace un año)

INTENCIÓN DIRECTA DE VOTO

La intención directa de voto equivale a la voz de la calle. Es lo que los españoles responden de forma directa y espontánea cuando se les pregunta por su comportamiento electoral más probable. Es un dato clave para captar el estado de opinión predominante, pero debe ser interpretado con cautela pues no siempre refleja todo lo que los electores piensan, sino sólo lo que deciden revelar al ser preguntados. Distintos factores de coacción ambiental hacen que la verbalización de las distintas opciones ideológicas (su probabilidad de ser expresadas de forma espontánea y natural) no sea siempre la misma. La intención directa de voto (UDV) es, así, sometida a una serie de procesos de ajuste (a partir, fundamentalmente, del recuerdo de voto, de la fidelidad de voto, de la tasa de participación estimada, de la valoración  por cada grupo de votantes de la gestión de cada partido y de sus líderes y de otros datos complementarios proporcionados por el sondeo sobre el estado de ánimo general de las personas entrevistadas) que permitan estimar cuál es, en esas circunstancias, el resultado más probablemente esperable. Obviamente, a partir de una misma IDV sería posible, utilizando otros criterios analíticos e interpretativos, obtener estimaciones de resultado electoral no necesariamente coincidentes con la que aquí se ofrece. La estimación de voto probable, por tanto, no es ya un dato directamente conseguido de la ciudadanía, sino una interpretación de sus declaraciones realizada a partir de unos supuestos determinados (lo que se conoce como “cocina electoral”). Aunque con frecuencia, por un uso descuidado, se confunda intención directa de voto y voto probable estimado, en realidad son cosas distintas. Una intención directa de voto muy elevada puede terminar, tras ser procesada, en una estimación de voto probable más reducida, o a la inversa. La IDV se compara con el resultado real que cada partido obtuvo sobre el Censo de españoles residentes (CER). Por su parte, los datos de voto estimado se comparan con el resultado real de cada partido sobre el total de votos válidos.

El País