El paquete de medidas anticrisis propuesto por el Gobierno y aprobado por el Congreso el pasado 19 de julio —con los únicos votos a favor del PP— pasa factura al Ejecutivo y al apoyo electoral de los populares. En esta oleada del Barómetro de Clima Social se reduce a más de la mitad la distancia en estimación de voto entre PP y PSOE con respecto a hace un mes. Si ahora se celebrasen unas nuevas elecciones generales, el PP volvería a ganar, pero, en esta ocasión, por mayoría simple: obtendría un 30.0% de los votos (siete puntos menos que lo estimado en la oleada anterior) frente al 24.7% del PSOE (1.6 puntos más). IU lograría un 12.3% de los votos y UPyD el 9.9%.

El estrechamiento de la distancia entre populares y socialistas no es consecuencia de una recuperación del PSOE: los socialistas se ven beneficiados, por un lado, del descenso de apoyo electoral que sufren los populares y, por otro lado, de la fuerte caída de la participación que se produciría en el caso de unas hipotéticas nuevas elecciones. La fidelidad de voto del PP baja 16 puntos y se sitúa —por primera desde octubre de 2006, hace casi seis años— por debajo de la de los socialistas: en estos momentos, solo un 51% (16 puntos menos que hace un mes) de quienes votaron al PP el pasado 20 de noviembre volvería hacerlo ahora. En el caso del PSOE, su porcentaje no es sustancialmente diferente al promedio de los últimos meses: un 55% (seis puntos más que en el anterior Barómetro). El actual malestar con el Gobierno de una parte importante del electorado popular se manifiesta, así, en una huida no tanto hacia otras opciones partidistas como, sobre todo, hacia la abstención y también hacia el voto en blanco. De hecho, la participación estimada en el caso de que se celebrasen ahora unas nuevas elecciones generales sería de un 59% —casi 13 puntos inferior a la de los últimos comicios— y los votos en blanco supondrían un 6.9% del total de votos válidos (frente al 1.4% del pasado 20N). Es cierto que fuera de los períodos estrictamente preelectorales, como es el caso ahora, la menor tensión electoral de la ciudadanía facilita este tipo de respuestas —la abstención o el voto en blanco— como expresión del enfado con el partido al que se votó. Pero, sin duda, es un claro indicativo de un estado de ánimo de los votantes que puede ser momentáneo y fugaz o, por el contrario, perdurar en el tiempo. Esto último es lo que le ocurrió al PSOE de Zapatero después de aprobar su paquete de medidas anticrisis en mayo de 2010: la confianza de los ciudadanos y de sus propios votantes descendió en aquellos momentos de manera drástica y así se mantuvo hasta las elecciones de noviembre del año pasado. También ahora como entonces, el partido en la oposición no logra capitalizar, por lo menos de manera inmediata, la caída de imagen del Ejecutivo.

EL PRESIDENTE  Y SU GABINETE

El deterioro de la imagen del Gobierno y del Presidente se agudiza en esta oleada debido, principalmente, a que una parte importante del electorado popular empieza a mostrarse crítico. En lo que respecta a la imagen del Presidente, por un lado, los votantes populares que en esta oleada confían poco o nada en Mariano Rajoy superan a quienes confían mucho o bastante (52% frente a 47%), algo que no ocurría desde hace un año (en agosto de 2011 cuando era líder de la oposición). Por otro lado, aunque el saldo entre los votantes del PP que aprueban y desaprueban la gestión de Rajoy al frente del Ejecutivo sigue siendo positivo, se ha reducido en más de 30 puntos (pasa de +53 a +20). Con respecto al Gobierno, entre los votantes del PP, se ha reducido:

En algo más de 50 puntos el balance entre quienes tienen una impresión positiva del actual Gobierno y quienes la tienen negativa: de +62 a primeros de julio pasa ahora a +10.
– En algo más de 40 puntos el balance entre quienes piensan que el Ejecutivo está sabiendo hacer frente de forma adecuada a la situación que atraviesa España y quienes creen que no lo está sabiendo hacer: de +45 a +2.

Y además, ahora son más los votantes populares que tienen la impresión de que el Gobierno va improvisando sobre la marcha (53%) que quienes piensan que sabe lo que hace (41%).

Entre el conjunto de la ciudadanía, los porcentajes de desaprobación y desconfianza hacia Rajoy y de crítica hacia el actual Gobierno son abrumadores. Y es mayoritario el porcentaje que desaprueba la actuación de los 13 Ministros que componen el actual Gabinete del Presidente: al igual que en la oleada anterior, todos obtienen un saldo negativo, ahora acentuado, en la evaluación ciudadana a su gestión. La mayor caída la sufre el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, que pasa de un saldo negativo de menos 10 (que le posicionaba como el ministro mejor —o menos mal— evaluado) a otro de menos 36, que le sitúa como el quinto peor evaluado. En este descenso han tenido que ver, sin duda, sus declaraciones sobre la intención de que en la futura nueva Ley del aborto la malformación del feto no sea una causa legal para poder abortar. Una modificación que es rechazada por todos: por la abrumadora mayoría del conjunto de ciudadanos (81%); por dos de cada tres votantes del PP (65%) e incluso por dos de cada tres católicos practicantes (64%).

LA OPOSICIÓN

La crítica al Gobierno y al Presidente no se traduce en una mejora de la imagen del principal partido y líder de la oposición. Alfredo Pérez Rubalcaba concita mayores porcentajes de desaprobación a su gestión y de falta de confianza que Rajoy. Y no solo entre el conjunto de la ciudadanía, sino también entre sus propios votantes. La labor opositora de Rubalcaba es desaprobada por un 76% de los españoles (con un saldo aprueba-desaprueba de menos 57) y un 52% de su electorado (menos 10). Además, inspira poca o ninguna confianza al 86% del conjunto de los españoles y al 65% de los votantes socialistas.

En cierta medida, la situación de hoy día se asemeja mucho a la que se produjo en junio de 2010 tras la aprobación en el Congreso de las medidas anticrisis del Gobierno socialista presidido por Zapatero. Por un lado, un 64% de los españoles piensa ahora que el Gobierno ha perdido por completo la capacidad de dar solución a la actual situación del país. Hace dos años pensaba lo mismo del, aquel entonces, Gobierno socialista, un 69%. Por otro lado, un 76% cree que aunque el actual Gobierno lo esté haciendo mal, no significa que un Gobierno del PSOE lo fuera a hacer mejor. Lo mismo pensaba en 2010 —con los actores intercambiados— un 73% de los ciudadanos. Y tanto ahora (66%) como hace dos años (77%) la mayoría de los ciudadanos sigue pensando que lo que España necesita es que otros políticos se sitúen al frente de los principales partidos políticos.

La crisis parece haber puesto de manifiesto no solo la falta de capacidad de liderazgo de la clase política, sino también la forma en qué está organizado el Estado. El buen crédito que el sistema autonómico se había ganado entre la ciudadanía tras casi tres decenios de un funcionamiento que, hasta ahora y en conjunto, solía ser evaluado de forma inequívocamente positiva, ha pasado a ser fuertemente puesto en cuestión. Un 81% (88% entre los votantes populares y 82% entre los socialistas) cree que la petición de ayuda financiera del Estado que, según han anunciado, van a hacer algunas Comunidades Autónomas (Cataluña, Murcia y Valencia) es una señal de que estas han ido demasiado lejos y que es preciso reorganizar su funcionamiento y sus competencias.

Metroscopia Gráfico barómetro verano 2012

En twitter @JPFerrandiz

Fotografía: Election night crowd, Wellington, 1931. William Hall Raine. Photographic Archive, Alexander Turnbull Library.

El País