La situación política y económica: evoluciones dispares

Comparar los datos sobre las percepciones de los españoles relativas a la situación política y económica tras la formación del gobierno en 2011 y 2016 explica de forma esclarecedora los cambios operados en el estado de ánimo de la ciudadanía: en los últimos cinco años ha crecido significativamente el malestar político y ha disminuido en parecida proporción el malestar económico. En diciembre de 2011, tras la rotunda victoria del Partido Popular, el 65% de los españoles calificaba como muy mala o mala la situación política en España, según el sondeo de Metroscopia para el Clima Social de El País. Cinco años después, noviembre de 2016, el porcentaje sube hasta el 82%, 16 puntos más. El incremento de las percepciones negativas sobre la situación política es generalizado entre el conjunto del electorado, a excepción del PP entre cuyos votantes se mantiene invariable: 48% en 2011 y 49% en 2016. El crecimiento del malestar se produce básicamente por la consolidación del multipartidismo y, desde ella, de las demandas no atendidas de cambios políticos sustanciales en el sistema. Dos datos resultan a este respecto reveladores: el 87 % de los actuales votantes de Ciudadanos califica como mala o muy mala la situación política española y en el caso de los votantes del PSOE la percepción negativa pasa del 67% de hace cinco años al actual 95%.

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La tendencia de la situación económica entre el conjunto de la ciudadanía es la opuesta. En diciembre de 2011 la cifra de españoles que calificaba como mala o muy mala la situación económica del país ascendía a un casi unánime porcentaje del 96%. Cinco años después desciende hasta el 74%, esto es 22 puntos porcentuales menos. Los datos en torno a la economía familiar confirman a las claras la tendencia: del 55% de españoles que calificaba como mala o muy mala la situación de su economía familiar en diciembre de 2011 se ha pasado al 34% en noviembre del 2016, un descenso significativo de 21 puntos. Resulta a este respecto esclarecedor el dato relativo a las diferencias entre los diferentes segmentos de edad: son los jóvenes de 18 a 34 años los que hoy perciben en mayor medida de forma positiva la situación actual de su economía familiar, a la que casi dos de cada tres, el 65%, califica como buena o muy buena.

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El estado de ánimo al comienzo de la legislatura, comparado con el existente cinco años atrás cuando Mariano Rajoy formó su primer gobierno, ofrece una expresiva doble evolución: relativa disminución del malestar económico, notable incremento del malestar político.

Evaluación del nuevo gobierno y de los principales líderes políticos

La primera impresión que el recién nombrado equipo de gobierno de Rajoy produce en la mayoría de la ciudadanía es negativa. El 60% de la población española evalúa desfavorablemente su composición, frente a un 32% que lo hace de forma positiva.

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La diferencia hasta 100 en la suma vertical de porcentajes corresponde a No sabe / No contesta. * Respuesta espontánea; esta alternativa no se ofrecía en la entrevista.

La percepción del nuevo gobierno está claramente condicionada por la orientación ideológica de quienes lo evalúan: el 74% de los españoles que se sitúan en la derecha del espectro político (es decir, entre los puntos 6 y 10 de la escala ideológica de once puntos, en que el 0 equivale a un posicionamiento de extrema izquierda y el 10 a otro de extrema derecha) dice tener una impresión positiva del ejecutivo, mientras que solo da esa respuesta el 5% entre quienes se sitúan a la izquierda (es decir, entre los puntos 0 y 4 de la escala). De ahí que la buena acogida al nuevo gabinete de los ministros sea muy alta entre el electorado del PP (83%) y apreciable, aunque minoritaria, entre el de Ciudadanos (39%). Por el contrario, los votantes del PSOE y de Unidos Podemos expresan de forma casi unánime una evaluación negativa (84% y 95%).

Las expectativas que tiene la mayoría de españoles sobre lo que el gobierno será capaz de acordar con otros partidos a lo largo de esta legislatura son bajas. De las cinco cuestiones sometidas a evaluación, solo la referida a la aprobación de unos nuevos presupuestos es percibida con optimismo entre la ciudadanía: el 64% cree se logrará un acuerdo.

En el resto, predomina —con intensidad variable— el pesimismo: un pacto para reformar el sistema de pensiones es considerado probable por el 47% (frente al 49%); un acuerdo para luchar eficazmente contra el paro, por el 41% (frente al 58%); la reforma del sistema electoral, por el 37% (frente al 59%); y donde menos optimismo se registra es en la hipotética reforma de la constitución, que solo la considera probable el 36% (frente al 60%).

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La diferencia hasta 100 en la suma vertical de porcentajes corresponde a No sabe / No contesta. El cuadro está ordenado de mayor a menor porcentaje de respuesta afirmativa. En las entrevistas fueron mencionados de forma rotatoria.

Con todo, la imagen de Rajoy mejora en esta oleada. La mayoría (58 %) sigue desaprobando la labor política del Presidente y su saldo evaluativo (la diferencia entre el porcentaje de españoles que aprueban su gestión y el de quienes la desaprueban) sigue siendo negativo (-20 puntos), pero estos datos son los mejores logrados por Rajoy desde hace casi cinco años. Hay que remontarse al primer cuatrimestre de 2012 —los meses inmediatamente posteriores a la formación del primer Gobierno de Rajoy tras la mayoría absoluta lograda por el PP en las elecciones generales del 20 de noviembre de 2011— para encontrar un dato tan favorable (o mejor dicho, tan poco desfavorable) para el presidente del Gobierno. Esta mejora de imagen del líder popular tiene que ver con el incremento de aprobaciones que obtiene entre los votantes de Ciudadanos (ahora le aprueba el 50 % frente al 38 % que lo hacía hace solo un mes) y del PSOE (20 % frente al 11 % de la oleada de octubre). El abrumador porcentaje de aprobación que logra Rajoy entre sus votantes es idéntico al de hace un mes: 89 %.

Esta mejor evaluación de Rajoy coincide con el sustancial descenso del rechazo ciudadano al PP: del 50 % de españoles que el pasado septiembre decía que en ningún caso votaría a los populares en unas nuevas elecciones generales, se pasó al 33% en la oleada de octubre y de ahí al actual 28%.

En estos momentos, Unidos Podemos es el partido que genera mayor rechazo: un 47% no le votaría en ningún caso. Su líder, Pablo Iglesias, obtiene un peor saldo evaluativo que Rajoy entre el conjunto de la ciudadanía: -36 puntos (un 30 % aprueba su labor política frente a un 66 % que la desaprueba). No obstante, dos de cada tres votantes de la formación morada —la misma proporción que hace un mes— aprueba la gestión política de Iglesias.

Por su parte, el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, sigue siendo el único que logra un saldo evaluativo positivo: + 14 puntos (el doble que hace un mes). Su labor política obtiene la aprobación de la masiva mayoría de sus votantes (85 %), y de los votantes del PP (81 %), y hasta consigue el aprobado entre el 50% de los del PSOE. Rivera sigue siendo, por tanto, el líder que cuenta con una imagen positiva más transversal. Algo que, en todo caso, no termina de traducir —o no completamente— en apoyo electoral.

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Los líderes sometidos a evaluación aparecen ordenados de mayor a menor saldo aprobatorio ciudadano; en las entrevistas fueron mencionados de forma rotatoria. *No se incluye al PSOE porque en estos momentos el partido carece formalmente de líder. **Saldo evaluativo: la diferencia entre los porcentajes de los ciudadanos que aprueban y desaprueban la gestión de cada líder sometido a evaluación.

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La diferencia hasta 100 en la suma vertical de porcentajes corresponde a Otros partidos, No sabe / No contesta.

Alineamientos ideológicos

Una vez cerrada la investidura de un nuevo presidente y la formación de un nuevo gobierno, la movilización ideológica y electoral ha pasado, lógicamente, a perder intensidad en la sociedad española. En las actuales circunstancias, la hipótesis —obviamente inverosímil— de unas inmediatas nuevas elecciones solo lograría atraer a las urnas a un 65% del electorado, un porcentaje inferior en casi cinco puntos al 69.8% (sobre el voto de españoles residentes) del pasado mes de junio —que, a su vez, fue uno de los más reducidos de la actual democracia—.

La normalización de la vida política, tan largamente demorada, propicia así en la ciudadanía una fase de relativa descompresión política. Las hipotéticas intenciones de voto que el sondeo recoge en la línea de salida de la duodécima legislatura deben por tanto ser entendidas como la expresión de los alineamientos ideológicos que los españoles declaran sentir ahora y no como predisposiciones de voto realmente cristalizadas y decididas.

Lo que los datos indican es, en primer lugar, que el PP sigue siendo el partido con el que una mayor proporción de españoles se identifica. Su estimado 35.7% actual queda 2.1 puntos por debajo del 37.8% de hace un mes, lo que probablemente cabe atribuir a una cierta decepción entre los sectores más reformistas del electorado de centro-derecha ante el perfil del nuevo de gobierno (lo que, a su vez, podría explicar, el repunte de Ciudadanos que el sondeo detecta). Por otro lado, en un momento que no parece especialmente brillante para las formaciones de izquierda, el PP solo logra situarse 2.6 puntos por encima de su resultado del pasado mes de junio, lo que parece sugerir que su actual techo electoral seguiría estando claramente por debajo del 40% (cifra esta que simboliza el umbral de una posible mayoría absoluta en escaños).

Algo no muy diferente cabría decir del conglomerado de formaciones agrupadas bajo las siglas de Unidos Podemos: en un momento de máxima debilidad del PSOE, definido como el más inmediato rival a batir, solo parece capaz de incrementar en dos puntos su actual porcentaje de voto, que estaría ahora en el 23.1%. Inmersa en un complejo proceso de reorganización interna (institucional y quizá en parte también ideológica) que, probablemente, de algún modo emborrona su perfil para parte del electorado, la formación que dirige Pablo Iglesias parece tener también un techo electoral, que se situaría en el entorno del 20% de los votos.

El PSOE parece no haber experimentado, tras el proceso de investidura del nuevo gobierno, ninguna merma apreciable en sus posibles apoyos: su 17.9% ahora estimado es solo una décima inferior al 18% de hace un mes. Debe resaltarse, en todo caso, que este partido es el que, con diferencia, presenta en estos momentos, un mayor porcentaje de votantes que no sabrían qué hacer en el caso de unas nuevas elecciones: en torno al 30%. Esta cifra admite dos lecturas: por un lado, esos votantes por ahora desafectos, no parecen inclinados a traspasar su apoyo a otra formación y serían, por tanto, en principio, recuperables; por otro, esta recuperación de los mismos, que no parece imposible, sí puede resultar lenta y trabajosa. Que el PSOE se estanque en torno al 20% de los votos (o incluso por debajo), o que inicie una gradual recuperación del voto ahora indeciso —e, incluso, del perdido en estos dos años— dependerá del modo en que quede finalmente resuelta su profunda crisis interna actual, organizativa y programática.

En cuanto a Ciudadanos, parece seguir contando con un apoyo electoral que rondaría los tres millones de votos, y que en este momento (y con la participación indicada del 65%) equivaldría al 13%: la misma cifra lograda en junio (13.1%). El partido de Albert Rivera parece haber conseguido salir indemne de este prolongado período de silencio, que es precisamente el hábitat político que menos propicio le resulta. La entrada en funcionamiento regular de la vida parlamentaria puede propiciar la consolidación, y aun el crecimiento, de los apoyos a una formación que tiene en el debate político su mejor baza para atraer la atención pública, y que además sigue siendo el mejor evaluado por el conjunto de la ciudadanía.

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NOTA IMPORTANTE: El presente Cuadro es resultado de un ejercicio de simulación efectuado por METROSCOPIA. La intención directa de voto obtenida en el sondeo (recogida en la cuarta columna) ha sido sometida a los procesos de refinamiento y depuración usualmente utilizados para la mejor interpretación de los mismos. Conviene, con todo, recordar que se trata tan solo de un ejercicio de estimación y que su objetivo no es en modo alguno predecir un resultado electoral, sino tratar de traducir —en términos de votos emitidos— el estado de opinión actualmente existente entre el electorado. La Intención Directa de Voto es la respuesta espontánea dada por cada persona entrevistada al preguntarle por el posible sentido de su voto en las próximas elecciones. *Unidos Podemos incluye además las menciones a: Podemos, Unidad Popular/ Izquierda Unida (UP/IU), En Comú Podem, Compromís-Podemos, En Marea y EQUO.

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Ficha Técnica: El sondeo se ha efectuado mediante entrevistas telefónicas a una muestra nacional de personas residentes en España, mayores de 18 años y con derecho a votar en elecciones generales. Se han completado 2.200 entrevistas a través de llamadas a teléfonos móviles seleccionados de forma aleatoria a partir de un generador automático de números telefónicos. Posteriormente se han calibrado los datos a partir de una ponderación múltiple por las variables sexo, edad, hábitat y región (Comunidad Autónoma). La eficiencia de la ponderación es del 59%, de modo que la muestra efectiva es de 1.302 entrevistas. El error de muestreo, para un nivel de confianza del 95.5% (que es el habitualmente adoptado) y asumiendo los principios del muestreo aleatorio simple, en la hipótesis más desfavorable de máxima indeterminación (p=q=50%), es de ± 2.1 puntos (tras la ponderación es de ±2.8 puntos). La recogida de información y el tratamiento de la misma han sido llevados a cabo íntegramente en Metroscopia.  Fecha de realización del trabajo de campo: entre los días 7 y 10 de noviembre de 2016.