02/06/2014

Metroscopia - Bosques de alimentos

Imaginas un parque urbano que produce frutas y verduras, que es cuidado por los vecinos y cuya cosecha pertenece a quien quiera disfrutarla? Conocidos como bosques de alimentos (edible food forests), estos espacios comienzan a proliferar en diversos lugares del mundo, en ocasiones, también en espacios públicos urbanos. Este es el caso del proyecto del Beacon Food Forest de la ciudad de Seattle (Washington), que, con una extensión de casi 3 hectáreas, está siendo construido y gestionado por grupos de voluntarios y sus frutos son gratuitos para aquel que los recoja. En la actualidad, se imparten talleres de trabajo comunitario para aprender a sembrar y mantener este parque comestible, y se prevé la realización de cursos sobre alimentación sana y tecnologías alternativas. En nuestro país, existen también experiencias incipientes en ciudades como Barcelona, Valencia o Avilés.

Bajo los principios de la permacultura, los bosques de alimentos se diseñan como ecosistemas autosuficientes y perennes, donde plantas y árboles cooperan entre sí. Unas especies dan fruta, hojas o raíces comestibles o medicinales, otras suministran leña, atraen fauna beneficiosa y aumentan la biodiversidad de la zona, otras fijan nitrógeno o enriquecen el suelo. Se genera así un sistema sostenible de producción de alimentos que supone un esfuerzo de mantenimiento mínimo. Estos espacios, además de favorecer el acceso a alimentos de calidad y cercanía y fortalecer las relaciones humanas en las ciudades en que se establecen, combaten el efecto invernadero de la atmósfera y contribuyen a frenar el cambio climático.

La Asociación de Colaboración en materia de Bosques (ACB), de la que es miembro la FAO, declara que los bosques deberían “desempeñar un papel aún mayor en la alimentación del mundo y en la ayuda a los agricultores para hacer frente al cambio climático”. Sin embargo, la superficie de bosques primarios del planeta ha disminuido, desde el año 2000, en más de 40 millones de hectáreas (una extensión similar a la de Alemania y Dinamarca juntas), según la ONU; esta organización advierte de que sería necesario poner fin a la deforestación mundial antes de 2020 para luchar contra el cambio climático. Y parece que la población española lo respalda: el 88 % opina que la pérdida y extinción de especies, flora y fauna, en España, es un problema serio. Considera, además, que las causas principales son la explotación intensiva de las tierras, la deforestación, la caza ilegal y la sobrepesca (opina así el 25 %), seguido por la contaminación del aire y del agua (22%).

Ante esto, los bosques de alimentos son una propuesta más para el diseño de lugares más sostenibles, tanto en su dimensión social (más alimentos saludables, educación ambiental, emprendedores sociales, convivencia vecinal) como en la económica (favorecen la productividad sostenible, el aprovechamiento de recursos locales) y medioambiental (filtran el aire, absorben ruidos, moderan el clima, regeneran el suelo, etc.). Unos espacios verdes, públicos y comestibles que comienzan a introducirse en las ciudades para hacerlas más habitables.

Texto e Ilustración: Mar Toharia Terán, geógrafa y analista de Metroscopia