El anhelo de regeneración de la vida política que reclama la sociedad parece llevar implícito la exigencia de un recambio de los actuales líderes: su relevo por otra generación. ¿Cuentan nuestros partidos, actualmente, con banquillo y cantera suficientes para esa renovación? ¿Percibe la ciudadanía la existencia de una nueva hornada de políticos que puedan devolverle la confianza en la actividad política como instrumento de convivencia y solución de conflictos? Metroscopia ha sometido a evaluación ciudadana a 12 políticos de diferentes partidos mencionados como potenciales protagonistas de nuestra vida política. El porcentaje de ciudadanos que conoce a cada uno de ellos es moderado, pero lograr un mayor grado de conocimiento suele tener fácil arreglo, más complicado es convencer, y, en este sentido, resulta esperanzador el potencial entusiasmo que en esta imaginaria línea de salida de su hipotético despegue hacia el estrellato parecen despertar entre la ciudadanía.

En primer lugar, porque en la comparación con sus respectivos líderes nacionales salen mejor parados —cuentan con una mejor imagen— tanto entre el conjunto de ciudadanos como entre sus respectivos electorados. Y, en segundo lugar, porque no provocan un rechazo exacerbado entre otros electorados ajenos —lo contrario que los líderes nacionales, que solo obtienen la aprobación de los suyos— y, por ello, podrían ejercer de posibles vertebradores de la vida política y social, facilitando el entendimiento que la sociedad española no ha dejado de reclamar —frente a la confrontación—, y más en momentos de crisis como el actual.

Y entre estas raíces destacan dos brotes verdes de la política: Alberto Garzón y Eduardo Madina. En el caso del diputado de IU, predominan quienes le atribuyen la capacidad de regenerar la vida política tanto entre los votantes de su partido como entre los del PSOE, los de UPyD e incluso entre los del PP. Madina logra también convencer, además de a la mayoría de sus votantes, a un porcentaje más elevado de electores de IU y de UPyD. Lo que parece quedar patente es la existencia de una acuciante necesidad por parte de la ciudadanía de cambios en la vida política: en cuanto a las ideas y propuestas pero también en cuanto a los líderes. De hecho, es probable que unas nuevas ideas y propuestas que surgieran serían creíbles solo si fueran planteadas por políticos diferentes. La regeneración política requiere otra generación de políticos: una que ya está y se la espera.

El País