Cambio, volatilidad e incertidumbre son las tres palabras que mejor describen el curso político que ahora acaba en España. Cambio en el sistema de partidos español —aunque, de momento, solo demoscópicamente— y cambio también de liderazgos políticos. La emergencia de dos nuevos actores, Podemos y Ciudadanos, y la continuidad de PP y PSOE han dado paso a un pluralismo moderado de cuatro fuerzas con capacidad real de formar coaliciones de gobierno. Además, PSOE, Podemos, Ciudadanos, IU e UPyD estrenan candidatos a la presidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales.

La volatilidad es otra faceta de este tiempo. La presencia en el tablero político de dos nuevas formaciones con una elevada capacidad de atracción de votantes ha desgastado las fidelidades arraigadas a los dos grandes partidos. La creciente inestabilidad de los electorados de las principales formaciones políticas ha permitido que en el último año tres partidos diferentes —PP, PSOE y Podemos— hayan ocupado alternativamente la posición de primera fuerza política en las estimaciones de voto para las próximas generales. Un hecho inédito en la historia electoral española.

Mayoría alternativa

El cambio y la volatilidad generan una gran incertidumbre: no solo por saber qué fuerza política acabará siendo la primera en las próximas generales, sino también porque quedar primero y formar gobierno podrían dejar de ser sinónimos. De hecho, es probable que, por primera vez, la segunda fuerza política en votos esté en condiciones de liderar un gobierno con el apoyo de otra/s formación/es. Y, por último, incertidumbre en relación con la capacidad de los partidos emergentes para disputar o condicionar el nuevo escenario político resultante. Todo parece indicar, según los sondeos de Metroscopia, que ninguna de las cuatro principales formaciones políticas obtendrá en el conjunto de España más del 30 % de los votos válidos, pero tampoco menos del 10 %.

¿Qué balance de los dos grandes partidos podría hacerse en curso político?

Si las elecciones generales de 2011 tuvieron carácter excepcional, se debe en parte a la mayoría absoluta obtenida por el PP: con el 44.6% de los votos, consiguió su mejor resultado histórico. Sin embargo, tras alcanzar su cúspide, las estimaciones electorales de Metroscopia han ido registrando un drástico descenso que puede anticipar su probable resultado en las próximas generales en la dura legislatura que han atravesado los populares y en la que se distinguen con claridad dos etapas.

La primera comprende los tres primeros años, período en el que el resultado estimado del PP se situaba en un intervalo que iba del 30% al 35%, es decir, entre 10 y 15 puntos menos que en 2011. La segunda etapa, de finales de 2014 hasta julio de 2015, se caracteriza por otra pronunciada bajada que deja a los populares entre el 19 % y el 23 %, 21 puntos menos —en el mejor de los casos— que hace 4 años. Así, pese a que en los últimos meses da muestras de cierta recuperación, la línea de tendencia del PP dibuja un notorio desplome: 44.6 % en las generales de 2011, 27.1 % en las municipales de 2015 y 23.1 % según la última estimación para las próximas generales.

Este escenario no es inamovible, por supuesto, pero el contraste con otros indicadores invita a pensar que las variaciones que puedan producirse, en el caso del PP, no serán muy grandes. En el nuevo tablero político, el potencial electorado popular ha quedado ceñido a un núcleo con un perfil muy marcado: ideológicamente más a la derecha (pasa del 6.0 6.5 en la escala de 0-10), más envejecido (el 52% tiene más de 55 años) y sin actividad laboral remunerada (el 62 % está jubilado, parado, trabaja en el hogar o es estudiante).

Estimación socialista

Ha seguido un camino paralelo al del PP en cuanto a su evolución demoscópica, aunque, eso sí, partiendo de un punto diametralmente distinto: obtuvo el 28.7 % de los votos en las generales de 2011. Este dato, tan importante como excepcional, no difiere demasiado en comparación con la estimación actual, a sabiendas de que se trató del peor resultado de la historia electoral socialista. Metroscopia estimó a finales del pasado julio que el PSOE sería la primera fuerza política con el 23.5 % de los votos, cinco puntos menos que en 2011. Una estimación que prácticamente coincide con su resultado electoral en las municipales de mayo de 2015 (25.0%).

La alta volatilidad que se observa desde comienzos de año no permite fijar aún con seguridad las posiciones de los partidos. No obstante, la disputa por el electorado que se sitúa en los puntos 4 y 5 de la escala ideológica 0-10 es una de las claves para establecer los probables límites de crecimiento de ambos partidos. Mientras el 5 es el espacio más disputado, el 4 es cosa de dos: PSOE y Podemos. Según el último sondeo de julio, el PSOE es en la actualidad la primera fuerza política en ambos espacios ideológicos, algo que no sucedía desde antes de las elecciones europeas de mayo del año pasado. Esta recuperación por el centro izquierda del PSOE le ha colocado a la cabeza de voto estimado y ha incidido en que Podemos se aleje de la disputa por la primera plaza.

 

El País