Desde los primeros comicios democráticos celebrados en nuestro país, tras la restauración de la democracia, —los del 15 de junio de 1977— hasta los últimos —los del 26 de junio de 2016—, se han llevado a cabo en España un total de 13 elecciones generales. Tomando en consideración los niveles de apoyos electorales de las principales fuerzas políticas, el sistema de partidos resultante tras cada elección, las pautas de competición y algunas dimensiones de voto (fragmentación partidista, volatilidad electoral, polarización partidista…) se puede establecer una clasificación de siete ciclos electorales:

1. Elecciones de 1977 y 1979: Pluripartidismo limitado

El sistema de partidos surgido de estas dos elecciones se basaba en cuatro formaciones políticas nacionales (UCD, PSOE, AP, y PCE) y en dos nacionalistas (CDC y PNV).

Los dos principales partidos —el de centro y el socialista— sumaban algo más del 80% de los escaños del Congreso y algo más de dos tercios de los votos. El sistema de partidos emergido tras ambas elecciones ha sido definido bien como un pluripartidismo limitado y moderadamente polarizado y fragmentado (por la presencia tanto de otros dos partidos de ámbito nacional como de diferentes minorías nacionalistas) bien como bipartidista (por la presencia de dos grandes partidos con posibilidades de alternancia en el poder). En todo caso, en ambas definiciones la competición electoral quedaba circunscrita a solo dos partidos con capacidad de formar gobierno: UCD (Unión de Centro Democrático) y PSOE (Partido Socialista Obrero Español).

En ambas elecciones, la distancia electoral entre el resultado logrado por los dos principales partidos en porcentajes sobre voto válido osciló en el entorno de los cinco puntos: 5.3 en 1977 y 4.6 en 1979, favorable (en ambos casos) a UCD que gobernó en minoría con el apoyo de los nacionalistas vascos del PNV y los catalanes del PDPC.

En las segundas elecciones la participación cayó más de 10 puntos: fue del 78.8 % en 1977 y del 68.0 % en 1979.

2. Elecciones de 1982, 1986 y 1989: Partido hegemónico

El resultado de las elecciones de 1982 supuso un auténtico cataclismo electoral.

La volatilidad —ausente en las segundas elecciones del nuevo período democrático— fue altísima. Se calcula que al menos un 40% de los electores (más de 10 millones) cambió su comportamiento electoral con respecto a los comicios de 1979.

Estas elecciones mantenienen hasta la fecha el récord de participación electoral: votó el 80%. El PSOE obtuvo el 48.1% de los votos válidos emitidos y logró 202 diputados (el 57.5% del total del Congreso). Su distancia fue de 21.7 puntos y 95 diputados con respecto al segundo partido más votado: AP-PDP que obtuvo un 26.4% de los votos y 107 escaños.

El ganador de los dos comicios que inauguraron este nuevo periodo democrático (UCD) y el partido que mayor resistencia había opuesto al franquismo desde la clandestinidad durante la dictadura dentro de nuestro país (PCE), colapsaron en estos terceros comicios. Los ucedistas pasaban de 168 diputados a 11 y los comunistas de 23 a 4. Las elecciones de 1982 dieron inicio a este segundo ciclo en el que el sistema de partidos español pasó a ser —siguiendo con la clasificación de Sartori— de partido hegemónico.

Los resultados de 1986 y 1989 no fueron sustancialmente diferentes a los de 1982 —aunque la participación decreció en torno a 10 puntos— y confirmaron al PSOE como partido predominante en el sistema de partidos español con una distancia con respecto al segundo —AP/PP— de 18.1 y 13.8 puntos, respectivamente.

3. Elecciones de 1993 y 1996: Bipartidismo imperfecto

En las elecciones del 6 de junio de 1993, celebradas seis meses antes de que acabara oficialmente la legislatura, el PSOE pierde la mayoría absoluta que había detentado durante 12 años consecutivos, finalizando el modelo de partido hegemónico iniciado en las legislativas de 1982. Se vuelve a las mayorías minoritarias de las dos elecciones de finales de los setenta pero esta vez de la mano de un pacto de legislatura entre el PSOE y CiU.

En las elecciones de junio de 1993 participó un 76.9% del CER —siete puntos más que en las elecciones precedentes—. La distancia electoral entre el primer partido (PSOE) y el segundo (PP) fue la menor registrada tanto en porcentaje de votos como de escaños de las seis elecciones generales celebradas hasta ese momento tras el fin de la dictadura.

En las elecciones de 1996 volvió la alternancia en el poder a la política española con el triunfo del PP que, por primera vez, ganó unas elecciones generales. Con la tercera mayor participación electoral en unos comicios legislativos hasta ese momento —78.1% del censo de españoles residentes; 77.4% considerando también el voto de los residentes ausentes— el PP obtuvo su mejor resultado histórico con un 38.8% de los votos válidos y 156 diputados (15 más que en 1993). El PSOE, por su parte, logró aumentar su número de votos absolutos con respecto a tres años antes pero con el 37.6% perdió su condición de primera fuerza política tras 14 años y 18 escaños quedándose con 141. Izquierda Unida se consolidó como tercera fuerza política de ámbito nacional y los principales partidos nacionalistas apenas variaron sus resultados con respecto a las elecciones precedentes.

Desde el punto de vista del sistema de partidos, las elecciones de 1996 supusieron la consolidación del pluralismo moderado o del bipartidismo imperfecto (según diferentes autores) que ya había quedado restaurado en las elecciones de 1993. En las elecciones de 1996, la suma de porcentajes de voto y de escaños del tercer y el cuarto partido (Izquierda Unida y Convergencia i Unió, respectivamente) alcanzaron máximos históricos (15.1 % y 37 diputados) que no serían superados hasta las elecciones de 2015.

4. Elecciones de 2000: Partido dominante

En estas elecciones, el PP superó por primera vez en su historia los diez millones de votos. Con un 44.5% de los votos válidos emitidos logró una amplia —y su primera—mayoría absoluta: 183 diputados, siete más de los necesarios para poder gobernar en solitario y 27 más que los logrados en los comicios precedentes. El PSOE, por su parte, aunque por poco, bajó por primera vez de los ocho millones de votos: obtuvo el 34.2% de los votos y 125 diputados.

En estas elecciones participó un 68.7% del total del Censo electoral (el 70% de los españoles residentes), la segunda participación más baja tras la de 1979 de las ocho elecciones que se habían celebrado hasta ese momento tras la restauración de la Democracia. En estas elecciones, el cuarto partido (Convergencia i Unió) lograba mayor número de escaños que el tercero (Izquierda Unida) a pesar de contar con un porcentaje de votos inferior. Un hecho que se repitió en las elecciones de 2004 y 2008 y que es consecuencia de la proporcionalidad corregida que caracteriza al sistema electoral español.

Aunque que la suma de los porcentajes de voto válido de PP y PSOE alcanzaron máximos históricos hasta ese momento —78.7 %—  algunos autores sostienen que las elecciones de 2000 pusieron fin al período de sistema de partidos bipartidista del período anterior. El sistema de partidos mostraba trazas de convertirse en un sistema de partidos predominante. Una tendencia que se quebró en las elecciones generales celebradas cuatro años después.

5. Elecciones de 2004 y 2008: vuelve el Bipartidismo imperfecto

La alternancia en el poder y el sistema de partidos emanado de estas elecciones sigue encuadrado dentro del pluralismo moderado o bipartidismo imperfecto. El PSOE rompe el predominio del PP y regresa al poder tras ocho años consecutivos de gobiernos de los populares. Desde el punto de vista de la concentración del voto, la suma de los porcentajes de voto y la de escaños logrados por el PSOE y el PP alcanzó las cotas más altas de todas las elecciones generales celebradas hasta la fecha: el 80.3% de los votos y el 89.1% de los escaños en 2004; 83.8% y 92.3%, respectivamente, en 2008. En las dos elecciones, la suma de los porcentajes de voto y la de escaños de la tercera y cuarta fuerza política (Izquierda Unida y Convergencia i Unió) fueron —y siguen siendo hasta la fecha— las más bajas.  El bipartidismo se hacía menos imperfecto.

La participación electoral se sitúo, en ambos comicios, por encima de la media de las 13 elecciones generales celebradas hasta el momento (situada en 72.6%): 77.3% en 2004 y 75.4% en 2008.

6. Elecciones de 2011: Bipartidismo menos competitivo

Las elecciones de 2011 parecían abrir un nuevo ciclo electoral en el que la abultada victoria del PP dejaba entrever la posibilidad de un cambio en el sistema de partidos español hacia un sistema de Partido predominante similar al iniciado en la década de los años 80 (pero esta vez con los Populares como protagonistas). Un hecho que finalmente no se produjo.

Las elecciones de 2011 cabría definirlas como excepcionales. Se volvía a producir la alternancia en el gobierno: el PP lograba una amplia mayoría absoluta (su mejor resultado histórico) superando al PSOE (que obtuvo su peor resultado histórico hasta esa fecha) en 15.8 puntos porcentuales y 76 diputados (la tercera mayor diferencia en escaños de todas las elecciones celebradas hasta este momento tras las de 1982 y 1986). En esta ocasión, el bipartidismo se hacía menos competitivo. Participó un 68.9% del total del Censo, uno de los porcentajes históricos más bajos y por debajo de la participación media.

7. Elecciones de 2015 y 2016: Multipartidismo

En las elecciones de 2015 el sistema de partidos español colapsa —utilizando el término de Jana Morgan— y por primera vez en nuestra reciente historia democrática cuatro partidos políticos lograban superar el 10% de los votos válidos emitidos sin que ninguno de ellos consiguiera alcanzar el 30%. En esos comicios se produjo el paso de un sistema bipartidista a otro multipartidista.

La diferencia entre el primer partido (PP) y el cuarto (Ciudadanos) fue la más estrecha nunca antes registrada, tanto en porcentaje de voto (15.8 puntos) como en número de diputados (83). Al mismo tiempo, el número de escaños logrado por la formación política que consiguió más votos (el PP) fue el más bajo de todos los procesos electorales anteriores (123). Fue, a su vez, la primera vez que el segundo partido se quedaba por debajo de los 100 diputados (el PSOE logró 90). Nunca antes la suma de porcentajes de votos y la suma de escaños de los dos partidos principales habían sido tan reducidas: 50.7% y 213 diputados (un 60.9% del total de los 350 escaños que componen el Congreso de los Diputados).

Otras novedades que hicieron de estas unas elecciones excepcionales fueron, por un lado, el hecho de que dos partidos nuevos —Podemos y por Ciudadanos que por primera vez se presentaban a unas elecciones generales— lograran tantos votos y escaños como los conseguidos: entre los dos sumaron casi nueve millones de votos (5.189.333 votos los primeros y 3.500.446 los segundos) y casi un tercio de los diputados del Congreso (109: 69 y 40, respectivamente); una elevada volatilidad comparable a la que se produjo en las elecciones de 1982.

Por otro lado, fue la primera vez que los españoles se fueron a la cama la noche electoral sin saber quién iba a ser su próximo presidente del Gobierno. Por primera vez en la historia de España hubo que repetir las elecciones generales por la falta de acuerdo entre los diferentes partidos políticos con representación parlamentaria para elegir a un Presidente. Tras las elecciones de 2015, el 13 de enero de 2016 se iniciaba la XI Legislatura que finalizó el 3 de mayo de este mismo año pasando a ser —otra novedad— la más corta de la democracia española: solo duró 111 días.

A pesar de que los resultados arrojaron un ligero incremento del peso bipartidista en el sistema —la suma de los porcentajes de voto de PP y PSOE aumentó casi cinco puntos con respecto a 2015 y pasaron a repartirse entre los dos 222 escaños, nueve más— las elecciones del 26 de junio de 2016 reafirmaron el cambio del sistema de partidos acaecido en las elecciones precedentes: de nuevo, cuatro partidos lograban superar el 10 % de los votos (si bien en esta ocasión el PP alcanzó el tercio de los votos emitidos). Contando con el voto de los residentes en el extranjero, la participación electoral en estas últimas elecciones ha sido la menor de todos los comicios legislativos celebrados hasta la fecha: 66.5 %.