El cuadro resume los datos del sondeo que con periodicidad semestral Metroscopia realiza para El País sobre la evaluación ciudadana de los principales grupos sociales e instituciones españoles. En esta oleada, la cuarta hasta el momento, destacan, en primer lugar, dos aspectos. Por un lado, la estabilidad en el ranking: las instituciones y grupos sociales que solían estar destacados en cabeza siguen estándolo, y lo mismo ocurre con quienes ocupan los últimos lugares. Los “buenos” y los “malos” siguen siendo los mismos.

Por otro lado, y junto a este mantenimiento de las posiciones relativas, una generalizada tendencia a evaluaciones algo más positivas (o algo menos negativas, según los casos) que en la oleada anterior. De entrada esto puede resultar chocante teniendo en cuenta que con el final del 2012 se cierra el 5º “año triunfal” de la actual crisis. Caben dos explicaciones no necesariamente incompatibles: por un lado, la experiencia demoscópica enseña que en determinadas épocas del año (cercanía del verano, cercanía de Navidades) los individuos muestran alguna mayor propensión al “buenismo”, a la indulgencia o al optimismo que en el resto del año; por otro lado, cabría también pensar que, pese a la dureza de la situación, la ciudadanía tienda a reaccionar ahora no tanto hacia la decepción y el desenganche indiscriminado respecto de las principales instituciones cuanto a un cierto repliegue y reagrupamiento  en torno a las que, por su modo actuar en las actuales circunstancias, estarían haciéndose acreedoras de esa confianza. Esta reacción respondería a la generalizada sensación ciudadana de desprotección y carencia de liderazgo reiteradamente recogida en los Barómetros mensuales de Metroscopia para El País.

Si bien la tónica general en el actual ranking es la estabilidad, el espectacular ascenso de las profesiones jurídicas merece, también, ser destacado. En primer lugar, la fulgurante subida en la evaluación ciudadana de la Abogacía: en julio era aprobada y desaprobada por la misma proporción de ciudadanos, lo que arrojaba un saldo neto aprobación-desaprobación de cero. Ahora (y sin duda como consecuencia de su movilización en casos como los desahucios y la nueva ley de tasas judiciales) la Abogacía pasa a presentar un saldo evaluativo favorable de + 33.

Lo mismo ocurre con el mundo judicial (en todos sus niveles), que logra situarse por primera vez  en la parte baja de la lista de quienes aprueban. Difuminada ya por el transcurso del tiempo la tacha que supusieron para el Tribunal Supremo los casos Garzón y Dívar (como en su momento reflejaron los sondeos de Metroscopia), nuestro más alto tribunal logra ahora un saldo evaluativo de +2, lo que supone, con respecto al pasado mes de julio, una subida de, ni más ni menos, 43 puntos.

Por otro lado, los que están en cabeza siguen siendo los mismos, y su evaluación no varía (solo podría hacerlo ya a la baja). Los científicos (un sector tan socialmente admirado como presupuestariamente castigado) lideran con rotundidad la tabla, seguidos de los médicos. Las pymes ocupan un llamativo tercer lugar, que habrá que dejar ya de tildar de sorprendente y que sin duda refleja el reconocimiento social a su importancia dentro del tejido económico y laboral español así como a sus esfuerzos por sobrevivir —literalmente, día a día— a la actual crisis.

La policía sigue estando, de forma clara, en el grupo de cabeza, pero es la única institución que registra una merma apreciable (11 puntos menos) en su saldo de evaluación ciudadana. Sin duda, algunas controvertidas actuaciones recientes pueden haber originado esta por ahora leve erosión en su amplio crédito social. Por el contrario las Fuerzas Armadas consolidan su presencia en el grupo de cabeza con un sustancial aumento de 17 puntos en su saldo aprobatorio.

Debe resaltarse el amplio reconocimiento social a la labor que desempeñan, en las actuales difíciles circunstancias para tantas familias, los servicios sociales de los municipios y, sobre todo, Cáritas, la única institución vinculada a la Iglesia Católica española que se mantiene, oleada tras oleada, destacada en el grupo de cabeza.

El ámbito político. Si las instituciones y grupos sociales que cabe etiquetar, genéricamente, como “altruistas” o “protectores” copan, una vez más, los lugares de cabeza del ranking, los vinculados al ámbito político siguen apareciendo en los últimos lugares con saldos evaluativos fuertemente negativos. La única excepción es la Corona, cuyos dos representantes (el Rey y el Príncipe de Asturias) presentan un saldo evaluativo claramente positivo (+ 21 y + 37, respectivamente) y, además, al alza. El desgaste de imagen que la figura del Jefe del Estado sufrió a partir de la pasada primavera parece así en clara remisión, al tiempo que la figura del Príncipe (que ha mantenido un perfil institucional más bajo y no ha originado motivo alguno de controversia social) se consolida cada vez más. De hecho, según un sondeo reciente de Metroscopia para EL PAÍS, el 75% de los españoles cree que cuando llegue el momento de la sucesión el acceso del hoy Príncipe Felipe a la Jefatura del Estado se hará con toda normalidad y sin problema alguno.

El ámbito económico-laboral. Junto al indiscutible estrellato de las pymes, cabe destacar la no satanización por nuestra ciudadanía de las grandes empresas. En este sentido, tanto las multinacionales, como la patronal o los sindicatos tienen en estos momentos (cuando la crisis no da señal alguna de remisión) alguna menor mala imagen que hace seis meses. De algún modo cabe entender que no es fundamentalmente a ellos a quienes la ciudadanía inculpa por lo que está pasando: ese dedo acusatorio sigue dirigiéndose casi en exclusiva a quienes son percibidos como culpables principales de la crisis que no son otros que las instituciones financieras (que la originaron) y lo que en conjunto cabe designar como “la clase política” (que no supo ponerle remedio). Parece justo matizar que esta inculpación rotunda y genérica a los bancos no impide que, al mismo tiempo (y según datos también de un sondeo —de próxima publicación— sobre imagen y confianza en empresas) entre las diez empresas que más confianza y respeto inspiran a nuestra ciudadanía figuren tres entidades bancarias.

 

Sobre la metodología

El sondeo consta de una única y sencilla pregunta: “En conjunto y en líneas generales ¿aprueba o desaprueba usted la forma en que las siguientes instituciones y grupos sociales están desempeñando sus funciones?”. Las instituciones y grupos sometidos a evaluación ciudadana son leídos de forma rotatoria en las entrevistas. Son varias las maneras en que, en los estudios demoscópicos se ha enfocado la evaluación por parte de la ciudadanía de sus instituciones. Finalmente, la que tiende a imponerse es la aquí utilizada por dos razones básicas: a) la facilidad de respuesta (la persona entrevistada debe sencillamente decidir si aprueba o no, en conjunto, su funcionamiento, sin mayores disquisiciones ni matices, que serían contraproducentes con una lista tan larga); y b) porque la experiencia acumulada en este tipo de estudios demuestra que la dualidad “aprobación-desaprobación” resume y suscita de forma razonablemente fiel todo un conglomerado de evaluaciones y percepciones: confianza, eficiencia, calidad… Es decir, todo el cúmulo difuso y disperso de factores que terminan cristalizando en un dictamen final de aprobación o desaprobación. Con todo, no deja de ser un artificio metodológico simplificador y por ello conviene interpretar los datos que produce con la debida cautela. Pero lo cierto es que en la investigación demoscópica internacional “funciona” y es crecientemente utilizado.

Científicos y políticos los polos extremos de la confianza ciudadana

El País