Respuestas del equipo de analistas de Metroscopia a las cinco preguntas más frecuentes que, sobre las elecciones del pasado día 26, nos han hecho llegar quienes siguen esta Newsletter

P.1.- Pero, finalmente, ¿ha votado más o menos gente ahora que en diciembre?

R.- El domingo votó el 69.8% de los españoles residentes en España (los que integran el CER: Censo de Españoles Residentes). El 20 de diciembre pasado (según los datos oficiales finales) lo hizo el 73% de quienes entonces componían el CER. Es decir, si nos atenemos exclusivamente a los votos depositados en las urnas al cierre de las mismas, en estas últimas elecciones han votado menos electores (3.2 puntos menos).

El posible malentendido lo propicia el hecho de que la página web del Ministerio del Interior mantiene desde hace tiempo una forma inadecuada de comparar resultados que inducen fácilmente a error. El porcentaje de participación del día 26 (69.8%) aparece incorrectamente comparado en dicha página con el resultado oficial final de las elecciones de diciembre (69.7%) y no con el 73% de las 20h de aquella fecha, que es el que correspondería ofrecer como referente. Se propicia así la idea de que el porcentaje de participación en ambas consultas ha sido prácticamente el mismo.

Junto con el voto de los españoles residentes en España, el resultado oficial final de las elecciones incluye el voto emitido por quienes conforman el CERA (Censo de Electores Residentes Ausentes: los españoles residentes en el exterior). Estos, en diciembre, representaron un total de 1.789.038 electores, de los que tan solo 88.889 (es decir, el 5%) ejercieron su derecho al voto. La suma de estas cifras con las correspondientes al cierre de las urnas del 20 de diciembre produce el resultado oficial final: la participación queda rebajada al 69.7% (pues se incrementa el numerador en 1.8 millones y, el denominador, en menos de 100.000). Por ahora, no disponemos del resultado oficial final de las elecciones del pasado domingo, y no se puede saber con total precisión en qué quedará realmente el porcentaje de participación cuando se incluyan los datos del CERA. Hasta no disponer de este dato oficial, lo correcto es comparar la participación registrada al cierre de las urnas en cada día electoral.

P.2.- ¿Por qué el Censo electoral ha perdido casi dos millones de electores en apenas seis meses?

R.- No es cierto que haya ocurrido esto. En realidad, el Censo electoral total (sumando CER y CERA) del pasado domingo es ligeramente superior al del 20 de diciembre: concretamente, cuenta con 9.202 personas más (36.521.050 frente a 36.511.848). Esta errónea idea surge de una equivocada comparación de cifras: los 36.5 millones que en total comprendía el censo electoral de diciembre con los 34.6 millones de electores del Censo de españoles residentes en junio. A esta cifra habría que sumar el actual CERA (que totaliza 1.924.012 electores: casi 135.000 más que hace seis meses) para que la comparación sea totalmente correcta y no incompleta.

P.3.- ¿Es posible el fraude en el recuento de votos?

El actual sistema electoral español es considerado por expertos internacionales como uno de los más fiables y mejor blindados del mundo frente a posibles manipulaciones. En cada mesa electoral hay interventores de todos los partidos que deseen formar parte de ella; los miembros de la mesa son ciudadanos elegidos por sorteo; el recuento es público; a los representantes de los partidos se les facilita, en el momento mismo de dar por finalizado el recuento, una copia del acta oficial en la que queda recogido el resultado final. Por tanto, cualquier partido puede comprobar la exactitud y veracidad del recuento oficial, pues cuenta con las actas en que este se basa. El fraude solo parece pensable si todos los partidos resultaran cómplices del mismo: altamente improbable. En todo caso, la administración de todo el proceso electoral en España está judicializado: es decir, en los distintos órganos electorales (Junta Electoral Central, Juntas Electorales Provinciales y Juntas Electorales de Zona) son mayoría los miembros de la Magistratura (magistrados del Tribunal Supremo, de la Audiencia Provincial que corresponda y Jueces de Primera Instancia o de Instrucción, respectivamente) elegidos por sorteo. Las Juntas se completan con expertos (Catedráticos de Derecho, Ciencia Política o Sociología, o licenciados en esas materias en el caso de las Juntas de zona) a propuesta de los representantes de las distintas candidaturas.

P.4.- Si ahora ha votado menos gente que en diciembre, ¿cómo puede haber aumentado el voto a favor del PP?

Sencillamente, porque al mismo tiempo ha descendido el voto a favor de todas las demás opciones. El siguiente cuadro, en que se comparan los porcentajes de diciembre y de junio sobre el total de españoles en edad de votar (es decir, sobre el total de electores potenciales, no de votantes efectivos) puede resultar clarificador:

Cuadro Pieza 5 preguntas y 5 respuestas
Mientras no dispongamos de sondeos pos-electorales (Metroscopia publicará el suyo el domingo 10 de julio en El País), resulta imposible saber de dónde ha recibido los votos adicionales el PP y adonde han ido los que pierden todas las demás opciones. Pero a grandes rasgos, y comparando magnitudes (sin por ello presuponer que ese haya sido efectivamente el itinerario recorrido por los votos), lo que gana el PP se corresponde con lo que pierden C’s  y otros partidos, y el voto perdido en conjunto por PSOE y UP equivale, en esencia, al que ha optado por la abstención.

P.5.- ¿Por qué fallan tanto los sondeos prelectorales?

A los sondeos de opinión se les juzga no por lo que son, sino por lo que —de forma tan generalizada como inadecuada— se entiende que deberían ser. Son solamente instrumentos para captar y medir estados de ánimo colectivos, pero lo que se tiende a exigirles es lo que en modo alguno pueden hacer: predecir —y de manera milimétrica— en qué comportamientos concretos pueden acabar cristalizando esos estados de ánimo.  Un espejo refleja la imagen circunstancial y pasajera de quien pasa ante él; el fragmento de una narración (por ejemplo, el minuto 20 de un partido de fútbol) describe cómo andan las cosas en ese concreto punto de algo que está aún en proceso. Ni el espejo predice como terminará siendo el rostro que refleja ni el resultado momentáneo del minuto 20 prefigura infaliblemente el resultado final del encuentro. Y los sondeos son solo eso: espejos en el camino, fragmentos de un relato sin concluir. “Los sondeos se equivocan siempre”: no es verdad. Su expediente histórico de descripciones acertadas del pulso ciudadano es abrumadoramente positivo. Puede ocurrir que la interpretación de los datos haga decir a estos lo que en realidad no revelan: pero eso es ya responsabilidad del intérprete. Y puede ocurrir también que la realidad que el sondeo captaba cambie súbitamente y la imagen que proporcionaba quede desfasada: eso ocurrió ciertamente en 2004, tras los atentados de Atocha, y algo similar (si bien en medida mucho menor, y en modo alguno comparable en cuanto a la magnitud y trascendencia de los hechos) puede haber ocurrido el pasado sábado 25, cuando los españoles pudieron captar en toda su dimensión lo que el Brexit podría llegar a suponerles, algo sobre lo apenas se habló en la campaña y que, por tanto, les encontró desprovistos de argumentos que pudieran cotrarrestar la lógica primera reacción de inquietud, con el consiguiente repliegue de parte del electorado hacia “lo seguro”.