Si Podemos dio la sorpresa en el 2014, Ciudadanos la da ahora en el 2015. En el Clima Social y Político elaborado por Metroscopia este mes de marzo, la estimación de voto del partido liderado por Albert Rivera lo situaría en cuarta posición, prácticamente empatado con el PP, a menos de dos puntos del PSOE y a cuatro de Podemos. Lejos de ser un fenómeno febril, Ciudadanos ha llegado para quedarse y existen, al menos, dos razones para pensarlo: el reequilibrio en términos ideológicos del escenario electoral y la confirmación del ocaso del bipartidismo PP-PSOE.

Desde su irrupción con un 3 % en el mes de diciembre de 2014, la formación naranja ha ido creciendo casi un punto y medio por semana hasta alcanzar el 18.4 % a principios de marzo (15.4 puntos más). Su perfil de centro, reformista y sensato en las formas —tal y como se autodefinen— parece haberle otorgado un espacio político de alguna forma subestimado por el PP y desaprovechado por UPyD. No obstante, más allá de posibles logros estratégicos, resultaba difícil explicar el desplazamiento a la izquierda que se había producido en el mapa electoral desde la aparición de Podemos. El centro-derecha parecía haber quedado desatendido y a expensas de que alguna fuerza política en algún momento equilibrara la balanza.

Como se observa en los sondeos de Metroscopia a finales de 2014, la distancia ideológica entre el centro-izquierda y el centro-derecha alcanzaba los 30,5 puntos porcentuales: por un lado, PP, UPyD y Ciudadanos sumaban exactamente un 27,8 % de los votos estimados; y, por otro, Podemos, PSOE e IU, el 58,3 %. Un esquema tan desequilibrado era poco creíble de cara a las Generales. Algo más tenía que pasar y ese algo fue Ciudadanos.

Por tanto, el veloz crecimiento de este partido vendría a significar dos cosas. Primero, tiene una función de reequilibrio del tablero electoral, al reducir la distancia ideológica entre el centro-izquierda y el centro-derecha a 7.7 puntos porcentuales (frente a los 30.5 hace menos de tres meses). Esto permite visualizar una relación de fuerzas y un alineamiento ideológico más verosímiles en el interior del sistema.

Y segundo, el alcance de Ciudadanos hace más patente que el bipartidismo tiene las horas contadas. En este momento, los potenciales electores en conjunto de PP y PSOE (38.8 %) son menos que los de Podemos y Ciudadanos (40.9 %). Los viejos partidos parecen estar perdiendo la batalla frente a los nuevos, y en eso la formación naranja tiene mucho que decir. Un cuádruple empate que, más allá de lo simbólico, proyecta una transformación del sistema de partidos en España. Simplemente, a la vista queda un panorama diferente: más equilibrio y menos bipartidismo.

El País