Más de la mitad de la población mundial habita actualmente en ciudades, algunas de las cuales alcanzan dimensiones sin precedentes. 502 aglomeraciones urbanas superan el millón de habitantes y 74, los cinco millones (entre ellas, Madrid); hay 29 por encima de 10 millones (como Moscú o Londres), 12 superan los 20 millones y existe 1 megaciudad de más de 30 millones de personas (Tokio). La forma en que obtienen y usan energías y bienes es crucial para su posible sostenibilidad social, ecológica y económica.

De hecho, se estima que el consumo mundial de energía se incrementará en un 57 % entre 2004 y 2030, a pesar del posible aumento de precios. Aunque la fecha del pico del petróleo no está fijada con precisión, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) estableció que en 2006 la producción de petróleo crudo llegó a su máximo. A pesar de ello, la principal fuente de energía sigue siendo hoy el combustible fósil.

España depende del exterior para la adquisición de estos recursos en aproximadamente un 85 %. Casi la mitad de su energía proviene del petróleo, que se ha convertido en uno de los sostenes de la forma de vida actual (para combustible, calefacción, plásticos, productos químicos, carreteras, etc.). Sin embargo, el 30.2 % de los españoles afirma que cada vez que utilizamos carbón, gasóleo o gas estamos contribuyendo al cambio climático y otro 47.7 % opina que probablemente eso sea así. El 55 % de la población de Madrid considera que la ciudad no hace un uso razonable de la energía. Quizá por eso, y a pesar de que la nueva ley de reforma energética incluye la suspensión de subvenciones a las renovables, el 69.3 % de los españoles considera que la energía solar, eólica o hidráulica tendría que ser la fuente de energía a la que se debería dar prioridad para satisfacer futuras necesidades energéticas. Y según informes de Greenpeace, la energía solar podría abastecer siete veces la demanda eléctrica de la península en 2050.

Por otro lado, el 91.5 % de la población está de acuerdo con que se deberían establecer acuerdos internacionales sobre los problemas del medio ambiente, de forma que los países estuvieran obligados a cumplirlos. Hace un par de semanas, 13 países de la Unión Europea, entre ellos España, han formado el “Grupo del Crecimiento Verde” con el objetivo de establecer un programa de medidas ante el cambio climático para el 2030 que prevé la paulatina independencia de los combustibles fósiles.

Muchos ciudadanos ya caminan en este rumbo y abogan por ritmos de vida y territorios urbanos más sostenibles, equitativos y reconocedores de los límites biológicos del planeta. El 73 % de la población considera que solo cambiando de forma de vida se podrá resolver el problema del cambio climático. Quizá por ello, aumentan las iniciativas de consumo local, agricultura ecológica y el movimiento lento (slow food), movilidad sostenible, empleo verde, economía social o economía del cuidado. Las ciudades son espacios cambiantes y hoy parecen reclamar esta transición socioecológica.

El País