Resiliencia, según el Diccionario de la R.A.E. tiene dos acepciones. En psicología se define como “la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”; en mecánica, “la capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación”. Pero ¿y aplicada al urbanismo? Habitamos un planeta cada vez más urbanizado, donde los desafíos que plantean la degradación ambiental, el cambio climático o la desigualdad socioeconómica ponen de manifiesto la vulnerabilidad urbana. Y la capacidad de las urbes para sobreponerse a las crisis, tanto de origen natural como humano, y de asegurar una calidad de vida adecuada a todos sus habitantes se convierte en un reto planetario. Surge así el concepto ciudades resilientes.

De hecho, casi mil millones de personas viven en asentamientos informales que carecen de acceso a servicios básicos. Y más de la mitad de las ciudades más grandes del mundo, con poblaciones entre 2 y 15 millones de habitantes, se encuentran en zonas de alto riesgo sísmico. En España, en un contexto global marcado por la crisis económica, la pobreza severa afecta  hoy a 3 millones de personas, y más de 23.000 viven sin hogar. El 88 % de la población española opina que la situación económica general es mala o muy mala. Además, el 40 % prevé que dentro de un año la situación será igual y el 30 % considera que será peor. Por otra parte, nuestro país necesitaría hoy multiplicar casi por 3,5 su superficie para satisfacer el nivel de desarrollo y consumo actual. Quizá por todo ello, la resiliencia urbana genera un creciente interés.

Desde 2010, la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR) impulsa la campaña Desarrollando Ciudades Resilientes, que serán aquellas que implementen políticas locales de prevención y reducción de riesgos y de respuesta ante las catástrofes. Por su parte, Triple Pundit publicó, en 2011, un ranking de las 10 ciudades más resilientes del mundo, cuyo sello común es “que trabajan en la transición hacia una economía baja en carbono y se preparan ante el cambio climático”. Encabezan esta lista Copenhague (Dinamarca), Curitiba (Brasil), que obtiene el 82 % de su electricidad de fuentes renovables, y Barcelona, por sus ordenanzas relativas al uso de energía solar térmica. En mayo de 2014, la ciudad de Bonn (Alemania) acogerá el 5º Foro Global sobre Resiliencia y Adaptación Urbana que organiza el ICLEI- Gobiernos Locales para la Sostenibilidad. El encuentro será de nuevo el marco para el debate sobre la adaptación urbana ante el cambio climático.

La resiliencia urbana implica, además de resistir ante las catástrofes o de recuperarse posteriormente, desarrollar la capacidad de las ciudades para cambiar, adaptarse y transformarse en respuesta a las diferentes situaciones de crisis. Es creciente el número de iniciativas ciudadanas surgidas ante los desafíos del pico del petróleo o la crisis económica que, basadas en la satisfacción de las necesidades humanas, la sostenibilidad o la cooperación social, modifican el modelo de ciudad existente. Ejemplo de ello son las comunidades de transición, los huertos urbanos compartidos, las redes de intercambio de bienes y servicios, el consumo colaborativo, etc. Las ciudades demuestran ser espacios en construcción y, por ello, puede ser posible su resiliencia.

El País