Ciudades sin boina. Ilustración: Mar Toharia

Ilustración: Mar Toharia

El 84% de los españoles respira un aire por debajo de los índices de protección a la salud recomendados por la Organización Mundial de la Salud. Además, la contaminación atmosférica provoca actualmente unas 370.000 muertes prematuras en la Unión Europea, 16.000 en España, según datos de la Comisión Europea. Y la causa de esta contaminación, fundamentalmente urbana, es, en un 80%, el tráfico rodado y el uso de combustibles fósiles. Por eso, de vez en cuando, nuestras ciudades se cubren con una “boina” de smog.

Como reacción, cada vez más ciudades se suman a la iniciativa ciudades de bajo carbono. Londres, Phoenix o Vancouver se proponen reducir las emisiones de CO2, apoyar las energías renovables, las tecnologías ecológicas y el urbanismo sostenible. Copenhague ha anunciado su objetivo de convertirse en la primera capital del mundo con cero emisiones de CO2 para 2025. Las medidas que plantean para lograr su objetivo son diversas: vehículos eléctricos, aislamiento térmico de las viviendas y construcción de edificios de energía cero; favorecer la agricultura ecológica, sin uso de químicos ni pesticidas, y el consumo de productos de cercanía, menos contaminantes y que fortalecen la economía local. Defienden que así, además de luchar contra el cambio climático, aumentarán el empleo “verde” y el protagonismo de las comunidades locales, además de modificar el modo de producción y de consumo energético para reducir la dependencia de los combustibles fósiles.

La emisión de gases contaminantes a la atmósfera y el cambio climático constituye hoy uno de los mayores desafíos. Ya en el año 2007, el Cuarto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) señalaba numerosas evidencias de sus impactos sociales y medioambientales. El “efecto invernadero”, que supone la retención del calor del Sol en la atmósfera de la Tierra a causa de una capa de gases —como dióxido de carbono, óxido nitroso o metano—, crece debido fundamentalmente a las emisiones provocadas por la industria, la agricultura y la combustión de combustibles fósiles. De hecho, según Greenpeace, unas 90 empresas son hoy responsables de casi las dos terceras partes de las emisiones mundiales. Y se calcula que su concentración ha aumentado un 30% desde el siglo pasado, cuando, sin la actuación humana, la naturaleza era más capaz de equilibrar las emisiones.

Los ciudadanos son conscientes de ello. En nuestro país, el aumento de la temperatura de la Tierra es uno de los problemas ambientales más preocupantes para el 58% de la población. El pasado 21 de septiembre, diferentes ciudades convocaron marchas contra el cambio climático, dos días antes de la Cumbre del Clima, que reunió a un centenar de gobernantes y empresarios en la ONU. Allí, más de doscientas ciudades se interesaron en un pacto para evitar la emisión de dos mil millones de toneladas de CO2, y empresas y organizaciones agrícolas prometieron fomentar prácticas sostenibles. La siguiente cita internacional, la Convención Marco que se celebrará en París, en 2015, pretenderá lograr un acuerdo para frenar las emisiones contaminantes. Sin duda, la construcción de formas de vida humana en equilibrio con el medio y, así, sostenibles en el tiempo, es hoy un reto global. Y solo de esta forma, las grandes urbes podrán retirarse la boina.

El País