El 51% de los españoles dice saber explicar, en líneas generales, qué es la sostenibilidad. Y, según el Barómetro de Cultura Ecológica de Metroscopia, la definición con la que existe más acuerdo tiene que ver con lograr el equilibrio en el desarrollo de los ámbitos social, económico y ambiental. Este concepto, que aparece por primera vez en el informe Nuestro Futuro Común, elaborado en 1987 y encabezado por Gro H. Brundtland, hace referencia a un modelo de desarrollo que permita satisfacer las necesidades de las generaciones actuales sin afectar la capacidad de las futuras. Y efectivamente, requiere que las condiciones en estos tres ámbitos permitan un funcionamiento armónico a lo largo del tiempo y del espacio. Considerando entonces una ciudad sostenible como “aquella que logra combinar el mínimo impacto negativo sobre su entorno y la garantía de un amplio equilibrio social económico y ambiental”, el 82% de la población española opina que las ciudades del mundo no son sostenibles. Y es que, a pesar de que las urbes ocupan apenas el 2% de la superficie terrestre, representan entre un 60 y 80% del consumo de energía y el 75% de las emisiones de carbono.

En Europa, el 80% de la población ya habita en ciudades, donde hasta el 20% de los habitantes están expuestos a niveles de contaminación superiores a los que marca la legislación comunitaria. Según las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) -mucho más exigentes- este porcentaje supera el 90%. La contaminación del aire, de hecho, provoca actualmente en Europa 400.000 muertes al año. Sin duda, el objetivo de urbanizar de manera más sostenible se ha convertido en un reto ineludible. Y la redacción de la Carta Europea de Ciudades Sostenibles, o Carta de Aalborg, que en 1994 firmaron más de 400 ciudades comprometiéndose a adoptar medidas de fomento de la sostenibilidad, puede considerarse una declaración de intenciones en esta dirección. En su texto se afirma: “las ciudades comprendemos que nuestro actual modo de vida, y particularmente nuestras pautas de división del trabajo y de las funciones, la ocupación del suelo, el transporte, la producción industrial, la agricultura, el consumo y las actividades de ocio y, por tanto, nuestro nivel de vida, nos hace especialmente responsables de muchos problemas ambientales a los que se enfrenta la humanidad. Estamos convencidas de que la vida humana en este planeta no se puede sostener sin unas comunidades locales sostenibles”. Para ello, plantea, “el concepto de desarrollo sostenible nos ayuda a basar nuestro nivel de vida en la capacidad de carga de la naturaleza. Pretendemos conseguir la justicia social, unas economías sostenibles y un medio ambiente duradero. La justicia social requiere necesariamente la sostenibilidad económica y la equidad, las cuales necesitan a la vez de la sostenibilidad ambiental”.

Desarrollar espacios urbanos cuyo equilibrio esté basado en la atención a las necesidades básicas de todos sus habitantes y el respeto al medio natural en el que se inscriben, sigue siendo hoy un desafío. Pero ya son diversas las ciudades europeas con iniciativas en marcha, posiblemente lideradas por Copenhague que, considerada una de las capitales verdes del mundo, para el 2025 pretende reducir a cero sus emisiones de CO2.

En España, la amplia mayoría de la población opina que es necesario dedicar más recursos públicos a la protección de la naturaleza para mejorar nuestra situación medioambiental. El 87% de los españoles considera necesario, además, crear más espacios verdes y huertos ecológicos en las ciudades, y el 95% de la población introduciría estrictos controles y fuertes sanciones para aquellos sectores que más dañan la naturaleza. Y es que, hay un claro consenso social en que la ciencia no resolverá los problemas del medioambiente sin que tengamos que cambiar nuestro modo de vida. Pero también en que, si los gobiernos se lo propusieran, sería posible erradicar la pobreza y el hambre. Para los españoles, crear hábitats sostenibles es una cuestión de voluntad.