Las elecciones del 27S han otorgado a Ciudadanos en Cataluña dos funciones políticas claras: ser el partido refugio del voto no soberanista y ser el sustituto del Partido Popular como referencia del centro-derecha catalán.

Los recientes comicios han sido al mismo tiempo elecciones autonómicas para elegir nuevo parlamento y gobierno, y un plebiscito sobre el marco futuro de las relaciones entre Cataluña y España. De ahí que los resultados tengan una doble lectura: la lógica binaria del “sí” y el “no” a seguir perteneciendo al estado español y la configuración del mapa político actual de Cataluña.

El 27S como plebiscito. La complejidad de estas elecciones autonómicas se manifiesta en el muy distinto esfuerzo para expresar la posición del “sí” y el “no” a la independencia. El “sí” tuvo una clara representación en la coalición Junts pel Sí y en la CUP, cuya lectura plebiscitaria de las elecciones era evidente. Sin embargo, el votante con inclinaciones no soberanistas se veía empujado a optar por el “no” a través del voto a una de las marcas convencionales. Teniendo en cuenta las diferentes posiciones de cada una de estas marcas, cabía preguntarse cuál de ellas acogería mejor a estos votantes. El comportamiento electoral de la ciudadanía catalana ha puesto de manifiesto que Ciudadanos se convirtió en el voto-refugio del “no”. La explicación más adecuada a esta cuestión quizá se encuentre en cómo la formación naranja ha sabido conjugar trayectoria, liderazgo y discurso.

porcentaje_C's_2006-2015

El 27S como proceso electoral. Se observan dos fases en el rápido crecimiento político y electoral de Ciudadanos desde su fundación en 2006. Hasta el año 2012 su fuerza en Cataluña fue en aumento y sus resultados se duplicaron, pasando del 3.0% en 2006 al 7.6% de 2012. En esta primera etapa su subida se produce en gran medida a expensas del Partido Socialista de Cataluña, cuya pérdida entre 2010 y 2012 es equivalente a la ganancia de Ciudadanos (4 puntos porcentuales).

A partir de aquí, en menos de tres años, la situación es radicalmente distinta: el PSC deja de ser su proveedor de votos y pasan a serlo el PPC y antiguos abstencionistas. Ciudadanos inaugura ahora una segunda fase en la que es dos veces y medio más fuerte tanto en votos como en escaños: del 7.6% de los votos y 9 escaños al 17.9% y 25 entre 2012 y 2015. En definitiva, en sus nueve años de vida el partido liderado por Albert Rivera ha conseguido multiplicar por 8 su caudal de votos (de 90 mil a 735 mil) y  de representantes (de 3 a 25) en el parlamento catalán.

Este sorpasso al PSC y al PPC por parte de Ciudadanos le convierte en la segunda fuerza política del Parlament y en la referencia de la oposición al soberanismo. Esta situación se debe no solo a la atracción de votos no soberanistas sino también a la sustitución de los populares como eje aglutinador del electorado de centro-derecha en Cataluña. El análisis comparativo del voto en los diez distritos de la ciudad de Barcelona entre 2012 y 2015 puede ser el mejor ejemplo de este reemplazo.

C's-PP_distritos_BCN

El porcentaje de voto perdido por el PPC en cada uno de los distritos barceloneses actúa como un espejo que refleja prácticamente lo que ha ganado Ciudadanos entre las elecciones de 2012 y las de 2015. La formación de Inés Arrimadas no solo ha superado holgadamente al PPC sino que se ha situado como segunda fuerza política en casi todos los distritos, llegando incluso a alcanzar la primera posición en Nou Barris —el distrito histórico del socialismo barcelonés—. Con ganancias entre 6 y 12 puntos a lo largo y ancho de la gran urbe, Ciudadanos logra un resultado nunca alcanzado por el PP. El impulso catalán y el pulso al PP son ya una realidad de cara a las próximas generales.