Si ahora se celebrasen unas elecciones municipales en la ciudad de Madrid, el PP no solo perdería la mayoría absoluta que conserva de manera interrumpida desde hace 22 años (desde 1991, la primeras que ganó José María Álvarez del Manzano) sino que con el resultado ahora estimado se abriría la puerta a un posible —y probable, de ser factible— pacto de gobierno entre PSOE e IU: la izquierda podría volver a gobernar en la capital de España 26 años después del último Alcalde socialista.

Con un 30.2 % de los votos (19.5 puntos menos que en 2011) el PP obtendría 21 concejales, 10 menos que hace dos años —la mayoría absoluta se logra a partir de 29 concejales—. El PSOE por su parte obtendría ahora un resultado también inferior al conseguido en los últimos comicios locales: con un 22.1 % de los votos (1.8 menos que hace dos años) lograría 15 concejales (los mismos que ahora tiene). Al igual que ocurre tanto en la Comunidad de Madrid como en el conjunto de España, el desgaste de los dos grandes partidos en la capital sería aprovechado también por IU y UPyD para mejorar su representación municipal actual: los rojiverdes pasarían de un 10.8 % a un llamativo 20.5 % y de 6 concejales a 14 y la formación magenta de 7.9 % a 11.2 % y de 5 concejalías a 7.

Con todo, esta estimación se basa en diferencias tan reducidas que prácticamente con los mismos datos podría producirse un resultado con consecuencias totalmente distintas: UPyD podría hacerse con un escaño más a costa del PSOE que le colocaría en una posición privilegiada de cara a la formación de coaliciones mayoritarias de distinto signo.

Es muy importante resaltar que, en estos momentos, la participación electoral estimada —y sobre la que, por tanto, se ha llevado a cabo este intento de estimación de resultado electoral— es de un 55.2 %, el porcentaje históricamente más bajo y 12 puntos inferior a la realmente registrada en las elecciones de 2011. En este momento, en el ecuador de la legislatura y cuando no hay convocadas elecciones (hasta dentro de dos años no tendrán lugar las siguientes) ambas estimaciones —la de participación y la de resultado— hay que considerarlas como expresivas de la temperatura política del electorado en este concreto momento más que como  alineamientos electorales cristalizados susceptibles que prefiguren comportamientos electorales futuros. Es probable que en el caso de PP y PSOE sean ahora solo sus más fieles electores —los que más se identifican con el partido y no lo abandonan ni en los peores momentos— quienes manifiesten su intención de volver a votarlos (la fidelidad del PP es de un  53 % y de un 32 % la del PSOE). En un período preelectoral lo más probable es que la participación termine aumentando varios puntos con respecto la ahora estimada (aunque parece improbable que supere a la de 2011); un aumento que posiblemente beneficiará en alguna mayor medida a los actuales dos grandes partidos (socialistas y populares) que al resto de formaciones políticas de la capital (el porcentaje de quienes dicen en estos momentos no tener decidido el destino de su voto es más elevado entre los votantes populares y socialistas que entre los de IU o los de UPyD).

En este sentido, el posible crecimiento del PP de aquí a 2015 pasa, sobre todo por retener a su electorado. En este momento el desgaste de imagen que sufre el PP —en el conjunto de España pero que afecta también a la marca en otros ámbitos geográficos— frena la captura de votos en caladeros ajenos (ahora solo se aprecia cierta propensión de algunos, pocos, votantes de UPyD de votar al PP). Aunque el PSOE se encuentra en peor posición electoral que los populares, tiene, sin embargo, varias posibles vías para aumentar su actual caudal electoral de aquí a dos años: el primero, por supuesto, conseguir retener a esa gran parte de su electorado que ahora se encuentra desmovilizado (es decir, que tiene dudas o que optaría por la abstención). Pero cuenta también con la posibilidad de atraerse a una parte de votantes del PP, de IU y de UPyD. En este sentido es importante destacar que la actual Alcaldesa de Madrid, la popular Ana Botella, obtiene una peor evaluación entre el conjunto de los madrileños que la que registra el líder socialista, Jaime Lissavetzky: Botella obtiene un saldo entre quienes aprueban y desaprueban su gestión de -61 puntos (16 % aprueba su gestión frente a un 77 % que la desaprueba), y Lissavetzky un saldo de -32 puntos (25 % aprueban su labor opositora frente a un 57 % que la desaprueban). Las críticas al trabajo de Botella son prácticamente unánimes entre otros electorados distintos al suyo y entre sus respectivos electorados tanto la Alcaldesa como el líder socialista obtienen un saldo negativo similar (-6 y -9 puntos respectivamente). Hay que tener en cuenta que una mayoría de madrileños (53 %) y un sustancial porcentaje de votantes populares de la capital (38 %) piensa que la regidora madrileña lo está haciendo peor que el anterior Alcalde, el actual ministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón. Y también hay que considerar que entre el 62% de ciudadanos que dice que la calidad de los servicios de la ciudad se ha deteriorado predominan quienes culpan de ello más al actual gobierno municipal que a la crisis o al gobierno nacional.

Así, aunque la situación política global del municipio presenta rasgos muy similares a los de la Comunidad y a los del conjunto de España, tiene —al mismo tiempo— otro que la diferencia: el relacionado con los respectivos líderes de cada partido. Tanto Mariano Rajoy como, sobre todo, Ignacio González obtienen la aprobación mayoritaria de sus respectivos votantes (un 51 % de votantes nacionales del PP aprueba la labor del presidente del Gobierno frente a un 43 % que la desaprueba según el Clima Social de mayo; y un 58 % de votantes populares de la región aprueban la labor del presidente de la Asamblea madrileña frente a un 32 % que la desaprueba según el sondeo de Metroscopia publicado por EL PAÍS el pasado 2 de mayo). Sin embargo, prevalecen los votantes madrileños del PP que desaprueban la gestión de la Alcaldesa (48 % frente a 42 % que la aprueba). Por su parte también  Lissavetzky, como Botella, es más criticado que aprobado por los suyos, pero en mucha menor medida de lo que lo son Rubalcaba (al que desaprueba un 76% de los votantes españoles del PSOE) y Tomás Gómez (al que desaprueba un 59 % y aprueba un 28 % de los socialistas de la Comunidad).

Estimación de voto Madrid

Líderes municipales Madrid

 

Ficha Técnica

INTENCIÓN DIRECTA DE VOTO

La intención directa de voto equivale a la voz de la calle. Es lo que, en este caso, los madrileños responden de forma directa y espontánea cuando se les pregunta por su comportamiento electoral más probable. Es un dato clave para captar el estado de opinión predominante, pero debe ser interpretado con cautela pues no siempre refleja todo lo que los electores piensan, sino sólo lo que deciden revelar al ser preguntados. Distintos factores de coacción ambiental hacen que la verbalización de las distintas opciones ideológicas (su probabilidad de ser expresadas de forma espontánea y natural) no sea siempre la misma. La intención directa de voto (IDV) es, así, sometida a una serie de procesos de ajuste (a partir, fundamentalmente, del recuerdo de voto, de la fidelidad de voto, de la tasa de participación estimada, de la valoración  por cada grupo de votantes de la gestión de cada partido y de sus líderes y de otros datos complementarios proporcionados por el sondeo sobre el estado de ánimo general de las personas entrevistadas) que permitan estimar cuál es, en esas circunstancias, el resultado más probablemente esperable. Obviamente, a partir de una misma IDV sería posible, utilizando otros criterios analíticos e interpretativos, obtener estimaciones de resultado electoral no necesariamente coincidentes con la que aquí se ofrece. La estimación de voto probable, por tanto, no es ya un dato directamente conseguido de la ciudadanía, sino una interpretación de sus declaraciones realizada a partir de unos supuestos determinados (lo que se conoce como “cocina electoral”). Aunque con frecuencia, por un uso descuidado, se confunda intención directa de voto y voto probable estimado, en realidad son cosas distintas. Una intención directa de voto muy elevada puede terminar, tras ser procesada, en una estimación de voto probable más reducida, o a la inversa. La IDV se compara con el resultado real que cada partido obtuvo sobre el Censo de residentes (CER). Por su parte, los datos de voto estimado se comparan con el resultado real de cada partido sobre el total de votos válidos.

IDV CIUDAD DE MADRID MAYO 2013

El País