El año 2016 se recordará, entre otras cosas, por un curso político electoral largo e intenso que consolidó, por primera vez en la historia, un modelo multipartidista competitivo en España. El generalizado descontento con el PP y el PSOE dio entrada en el juego a Podemos y Ciudadanos. Ahora cuatro siglas se disputan el espacio tradicionalmente ocupado por dos.

La clave no está tanto en cuántas papeletas rojas se cambiaron por moradas o cuántas azules por naranjas, sino en la arquitectura que sostiene y da sentido a los giros y pasajes que se han producido. ¿Qué vínculos existen entre millones de personas de distintas partes de España que el día de las elecciones deciden votar por uno u otro partido? ¿Cómo son estos electores? ¿Qué actitudes políticas expresan? Las encuestas realizadas por Metroscopia a lo largo de todo el año 2016 nos permiten definir con cierta precisión la estructura subyacente al comportamiento electoral, es decir, un delineamiento de los perfiles de los votantes para destacar cuáles son sus similitudes y cuáles sus diferencias.

Tres contra uno: temas que unen a votantes de PSOE, Unidos Podemos* y Ciudadanos frente a los del PP

El actual sistema multipartidista, revalidado con el resultado de dos elecciones generales en menos de un año, cuenta con el respaldo mayoritario de los electorados de Ciudadanos (68%), PSOE (71%) y, muy especialmente, de Unidos Podemos –UP– (96%). Para estos tres grupos de votantes lo mejor es que existan varios partidos de tamaño similar porque, aunque pueda hacer más difícil la formación de gobierno, se consigue aumentar el pluralismo en el Parlamento. Sin embargo, este modelo solo encuentra el apoyo del 29% de votantes del PP, ya que al resto le sigue pareciendo mejor un modelo dos grandes partidos. En coherencia con esta añoranza bipartidista, los votantes del PP son justamente los únicos que preferirían seguir obteniendo mayorías absolutas en las elecciones. Tanto es así que el reclamo de más poder para el Parlamento, que expresan dos de cada tres votantes de PSOE, UP y Ciudadanos, no llega a uno de cada dos entre los del PP.

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El bloque de los tres (PSOE, UP y C’s) no solo muestra una actitud positiva ante el nuevo escenario político sino que comparte también una posición común ante otros temas como es el de la corrupción, uno de los que más preocupa al conjunto de la ciudadanía española. ¿Es la corrupción sistémica, o un problema que atañe solo al comportamiento de algunas personas? La mayoría de votantes socialistas (59%), de Ciudadanos (65%) y, sobre todo, de UP (77%), señala al sistema, algo que solo hace una minoría de votantes del PP (26%). La percepción más extendida entre el electorado popular es que se trata de un problema individualizable.

 PP y UP polarizan, PSOE y C’s sin habitación propia

Uno de los cambios más significativos de la escena política del 2016 es que la polarización ha abandonado la modalidad PP-PSOE para dar paso a la de PP-UP. Esto ha dejado al PSOE dividido internamente y a Ciudadanos sin un espacio distintivo que le permita diferenciarse suficientemente del PP.

Sabemos que, ideológicamente, el votante de Mariano Rajoy es, de media, el que se ubica más a la derecha (6.2 en la escala 0-10 –0, extrema izquierda, y 10, extrema derecha–) y el de Pablo Iglesias, el que lo hace más a la izquierda (3.3, en la misma escala). Y, en efecto, esto tiene resonancia en las actitudes políticas que se observan en los dos grandes espacios ideológicos, aunque de manera especial en el de la izquierda. El electorado del PP sigue siendo el que expresa opiniones más conservadoras, pero ya no es el del PSOE sino el de UP el que representa con mayor consistencia los postulados tradicionalmente progresistas. Hay cuatro cuestiones que pueden revelar esto de forma nítida: el modelo de Estado, el problema Cataluña-España, las relaciones Iglesia-Estado y la política de inmigración.

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  • ¿Monarquía o República? La preferencia por el modelo actual de una monarquía presidida por Felipe VI, obtiene el apoyo casi universal de los votantes del PP (93%), dos de cada tres de Ciudadanos (63%), la mitad de los del PSOE (50%) y solo uno de cada diez de los de UP (12%). La amplia mayoría de votantes podemistas (86%) y la otra mitad de los socialistas (49%) optarían por un cambio de modelo: una República presidida por una figura pública relevante.
  • ¿Referéndum en Cataluña? Los votantes de Unidos Podemos son los que más claramente se posicionan a favor (83%) de un referéndum en Cataluña como la mejor forma de resolver el conflicto de la articulación territorial en España. Entre los socialistas, una consulta de este tipo contaría con el beneplácito del 56%, mientras que entre los de Ciudadanos y PP los apoyos son bastante minoritarios (23% y 18%, en uno y otro)
  • ¿Suficiente o insuficiente la separación actual entre Iglesia y Estado? El 80% del electorado de UP la considera insuficiente, el del PSOE se vuelve a dividir (al 53% le parece insuficiente) y el de PP y Ciudadanos se queda en el 25% y el 26%, respectivamente. Para el resto de electores socialistas, naranjas y populares la separación Iglesia-Estado es adecuada e, incluso en algunos casos, excesiva.
  • ¿Deben reforzarse las fronteras para frenar la entrada de irregular de personas? El esquema se repite: los votantes socialistas se reparten en dos mitades entre los que piensan que sí (53%) y los que no (47%), los de Ciudadanos son los que más se parecen a los del PP (responden afirmativamente el 70% y el 77%, respectivamente) y los de UP quienes se muestran más reacios (el 30% lo vería bien, frente al 68% que lo vería mal).

El antagonismo entre Rajoy e Iglesias puede ser útil en la búsqueda de réditos electorales para ambos, pero lo cierto es que no solo puede ser un exitoso producto de comunicación política sino que demuestra tener raíces en las mentalidades de sus respectivos votantes.

Pero no todo son diferencias irreconciliables entre PP y UP. Se detecta al menos una cuestión en la que los votantes de los dos partidos se parecen, y mucho: su predisposición a votar. Además, esta similitud se presenta de dos formas. En primer lugar, son quienes más movilización electoral registran, incluso cuando no hay elecciones convocadas: por encima del 80% afirma que iría a votar con toda seguridad en unas nuevas elecciones generales. Y, en segundo lugar, su fidelidad hacia sus respectivas candidaturas es la más alta: también alrededor del 80% asegura que, hoy por hoy, volvería a votar por el mismo partido si se repitieran los comicios. Estos datos cobran relevancia, sobre todo, cuando se comparan con los de PSOE y Ciudadanos, cuya movilización electoral es del 70% y el 69% y cuya fidelidad actual es del 57%y el 71%, en ambos casos respectivamente.

Pericia, inercia y credibilidad: atributos que motivan el voto

Los datos de la encuesta poselectoral de 2016 realizada por el CIS resultan un buen complemento a los aquí presentados en lo que respecta a la razón principal que inspira el voto:

  • Los votantes del PP señalan sobre todo la pericia, es decir, “la capacidad de gobernar España” en términos de habilidad, experiencia y práctica en la gestión y la solución de los problemas políticos.
  • La razón principal del voto al PSOE es una arraigada inercia, resumida en la afirmación “siempre voto a este partido”. Se trataría de un electorado con una identidad firme, poco susceptible a la alteración y, mucho menos, a la sustitución por otra.
  • El estímulo más destacado de quien se inclina por Unidos Podemos es la credibilidad, porque se trata del partido o coalición que “mejor representa mis ideas”. Algo aplicable también al votante de En Comú Podem, Compromís y En Marea.
  • En Ciudadanos también destaca la credibilidad, como razón principal detrás del voto naranja. No obstante, es el partido que más dependencia tiene –con diferencia al resto- del líder y de la actuación política en el día a día. Contiene, probablemente, a los electores más vigilantes y menos entregados.

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El voto no puede venir motivado por un único atributo, aspecto o idea sino, más bien, por un compendio más o menos amplio de ellos que el elector es probablemente capaz de jerarquizar y, de ahí, priorizar en el momento de decantarse por una u otra opción el día de las elecciones. De hecho, todas las razones señaladas hasta ahora son declaradas en mayor o menor medida por los cuatro electorados. Sin embargo, aquellas que destacan, las mayoritarias, son bien diferentes según el color político y, en cierta medida, también lo son a través del “prisma nuevo-viejo”. Los vínculos entre electores y partidos son más firmes en PP y PSOE, mientras que en Unidos Podemos y Ciudadanos, más precarios.

Para buena parte de votantes populares y socialistas el vínculo es casi un nudo de cuerda gruesa y bien atado y, por ello, más estable. Según los datos de Metroscopia, esta solidez se ajusta a un perfil de votante de mayor edad, personas en el último periodo de su actividad laboral o en la bolsa de inactivos, cuya socialización política se sitúa entre mediados de los 70 y los 90 y con una configuración de actitudes y referencias políticas tan robusta que, en definitiva, no hace otra cosa más que intensificar la labor de los mecanismos de autoafirmación, resistencia y reproducción y aminorar los de refutación, transformación y ruptura. De ahí que, por ejemplo, el suelo del PSOE se mantenga en torno al 18% de los votos, pero con una tasa de reposición escasa: votante que pierde, votante que le cuesta mucho recuperar.

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En este esquema, la correlación entre la edad, el nivel de estudios, la ocupación y determinadas actitudes políticas de una parte significativa de votantes del PP y del PSOE delimita una zona de acceso restringido a partidos como Unidos Podemos y Ciudadanos. La dificultad radica en que las nuevas formaciones cuentan solo con algoritmos sofisticados para tratar de abrir cerraduras de toda la vida. Las claves y códigos de entrada a dicho territorio están obsoletos, de ahí que los flujos de entrada y de salida sean tan lentos y reducidos.

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Y algo parecido ocurre en el lado contrario, cuando los partidos tradicionales tratan de reconquistar los territorios perdidos. Sucede que la acumulación de bagaje está contraindicado y elementos como el lenguaje, los contenidos y los cauces de transmisión han cambiado. Cualquier mensaje o comportamiento inadaptado a la nueva realidad es captado a la legua por cualquier nativo. Se refuerzan así las fronteras de la otra zona restringida: votantes más jóvenes, con mayor nivel de estudios y laboralmente activos (ya estudien, tengan o busquen empleo). Sus identidades políticas son de más baja intensidad y, por tanto, más porosas, fragmentadas y contingentes. Conseguir el voto de una persona que reúna estas características es un logro precario, en el sentido de que sus motivaciones y actitudes son más susceptibles al cambio. La tasa de reposición también es baja, sobre todo en el caso de Podemos.

Menos inestabilidad no tendría por qué suponer menos intensidad o firmeza en las convicciones, sino más bien reflejaría el abandono de modelos de comportamiento político tradicionales. Los datos indican que esta transformación tiene mucho de generacional, pero tampoco puede entenderse sino imbricada con los cambios profundos experimentados por la sociedad española sobre todo a partir de la crisis económica del 2007.

 

* En este trabajo la etiqueta Unidos Podemos hará referencia tanto a Podemos como a En Común Podem, Compromís, En Marea y EQUO.