De celebrarse ahora unas nuevas elecciones autonómicas en la Comunidad Valenciana el PP volvería a ganarlas pero sin una mayoría suficiente que le permitiera gobernar en solitario: obtendría un 34.2 % de los votos en el conjunto de la región y 42 diputados, es decir, 15.1 puntos y 13 escaños menos que en 2011 (la mayoría absoluta se sitúa en 50 diputados). Un pronunciado descenso que no va acompañado de un mejor resultado para los socialistas que —aunque en menor medida que los populares— también pierden gancho electoral con respecto a los últimos comicios: lograrían un 19.9 % de los votos y 25 diputados menos de los que ahora tiene (8.1 puntos y 8 diputados menos que en los últimos comicios).

La caída de los dos grandes partidos sería capitalizada por Compromís y Esquerra Unida: ambos aumentarían en 6.5 y 5.6 puntos respectivamente sus porcentajes de voto de 2011 (hasta un 13.6% y un 11.5% en cada caso) y empatarían a número de asientos en el Consell (13 cada uno). Pero la otra gran novedad —tras la pérdida de la mayoría absoluta de los populares— sería la superación de la barrera mínima electoral del 5 % en el conjunto de la Comunidad de UPyD, que podría así tener por vez primera representación en el Parlamento valenciano: con un 7.1 % de los votos en el conjunto de la Comunidad (4.6 puntos más sobre el porcentaje logrado en 2011) podría llegar a contar —siempre en función de cómo se distribuyeran sus votos entre las tres provincias, un dato que el tamaño muestral y la distribución de las entrevistas del actual sondeo no permite estimar— hasta con 6 diputados. Una menor participación electoral (65 %, más de cinco puntos inferior a la de hace un año y medio) y un incremento sustancial del voto en blanco (de hasta seis puntos) con respecto a las últimas elecciones serían otras dos rasgos distintivos de esas hipotéticas inminentes elecciones autonómicas.

Ahora bien, esta estimación electoral debe ser considerada a la luz de dos importantes matizaciones. La primera es que se basa en una encuesta realizada fuera de período electoral y según enseña la experiencia demoscópica, los datos de intención de voto obtenidos cuando ni hay convocadas elecciones ni éstas están próximas no tienen otro valor que el de expresar un determinado y coyuntural clima de opinión y en modo alguno reflejan predisposiciones de voto firmes y cristalizadas. Al responder, las personas entrevistadas no se están enfrentado con un evento realmente inminente, sino sólo con un supuesto virtual. Sus respuestas deben así tomarse más como síntoma de lo que la ciudadanía, en ese concreto momento, está más predispuesta a responder en voz alta que como indicación fiable de lo que, llegado el caso, estaría realmente dispuesta a hacer. La segunda, es que hay que tener en cuenta los contextos económico, político y social en los que se ha llevado a cabo este sondeo y que, sin duda, influyen sobre estas estimaciones. El contexto económico actual no podría ser más negativo: un 92 % de los valencianos califica negativamente la actual situación económica de la Comunidad; uno de cada dos (48 %) cree que la economía valenciana está peor que la del conjunto de España (un 46 % piensa que más o menos igual y solo un 3 % que mejor);  y un 85 % considera que esta ha empeorado en los últimos años. En el contexto político las cosas no están mejor: un 72 % cree que la situación política actual de la Comunidad es mala o muy mala; un porcentaje idéntico (72 %) califica negativamente la actuación del actual Gobierno de la Comunidad en el año y medio que lleva en el poder (significativamente, un 44 % de los propios votantes populares se muestra crítico con la gestión del Consell) y los tres partidos de la oposición obtienen un balance negativo —esto es, un porcentaje superior de calificaciones negativas que de positivas— en la evaluación ciudadana a su gestión: el PSPV de -55, EU de -25 y Compromís-EQUO de -14. Resulta destacable que en torno a un 30 % de los ciudadanos ha declinado emitir una evaluación de  la gestión de EU y de la de Compromís-EQUO, lo que cabe interpretar indicar desconocimiento por parte de un apreciable sector de la ciudadanía de la respectiva labor opositora. Por otro lado, entre los principales líderes políticos de la Comunidad solo el actual Presidente de la misma, Alberto Fabra, es conocido de forma masiva por sus conciudadanos (92 %): los demás lo son en cambio por menos de la mitad. El líder de los socialistas, Ximo Puig, es conocido por un 43 %; Mónica Oltra, de Compromís, por un 39 %; Enric Morera por un 32 % y la coordinadora general de EU, Marga Sanz, por tan solo un 19 %. En la evaluación ciudadana de su gestión, solo Oltra (6.0) y Sanz (5.2) obtienen puntuaciones medias que superan el punto medio de la escala. En el caso de la lider de EU, sin embargo, hay que tener presente al interpretar la puntuación que obtiene que esta se basa en un reducido conocimiento ciudadano. Cuando un político es conocido por un bajo número de electores suele ocurrir que estos sean votantes del partido al que representa y que, por tanto, su nota media sea más elevada que la de otros políticos con un conocimiento mucho más amplio entre la ciudadanía (y al que, por tanto, conocen y evalúan no solo sus votantes sino también los de los partidos rivales). En parte esto explica también que el actual Presidente valenciano (conocido y, por tanto, evaluado por casi toda la ciudadanía)  obtenga la peor puntuación de los cinco líderes sometidos a evaluación: con un 4.1 queda detrás de Morera (4.8) y Puig (4.4). Pero entre sus propios votantes Fabra logra un 5.9, puntuación superior al 5.2 que Puig logra entre los votantes socialistas. En este sentido, vuelve a destacar la portavoz de Compromís, Mónica Oltra, que logra un 8.3 entre los suyos, un 7.0 entre los de EU y un 6.2 entre los del PSOE, es decir, consigue ser calificada positivamente también por votantes de partidos que no son el suyo.

El contexto social viene condicionado, en gran medida, por la situación económica y política: una ciudadanía angustiada por la crisis y que desconfía de quienes tienen  por misión solucionar los problemas (es decir, los dirigentes políticos). De hecho, los valencianos consideran que el paro (el más claro y directo exponente del alcance de la crisis económica) y la corrupción (expresiva, a su vez, de la degradación de la vida política) son actualmente problemas que, en la región, tienen más gravedad que la situación de la educación, la situación de la sanidad o las drogas. Y en este amplio desafecto hacia la denominada clase política, son los dos grandes partidos, PP y PSPV, quienes salen peor parados—uno, probablemente, por gobernar mal y otro por no saber liderar la oposición—, en beneficio de otras alternativas minoritarias. Este desafecto se plasma, por ejemplo, en que el hecho de que sean ya mayoría simple (un 36 %, 9 puntos más que hace dos años) los ciudadanos que consideran que ninguno de los partidos existentes en su Comunidad defiende los intereses de los valencianos. Y, en este sentido, las menciones a los dos grandes partidos son precisamente las que descienden, al tiempo que aumentan las referidas a formaciones políticas minoritarias: en 2010 un 39 % señalaba al PP como el partido que mejor defendía los intereses de los valencianos y un 16% al PSPV y ahora esos porcentajes son, respectivamente, un 22 % y un 9 % (17 y 7 puntos porcentuales menos). Por el contrario el BLOC era mencionado hace dos años por solo un 2 % y ahora lo es por un 13 %. EU se mantiene prácticamente igual, pasando del 3 % al 5 %.

Las malas puntuaciones ciudadanas no afectan exclusivamente a los líderes políticos regionales: los porcentajes de desaprobación del Presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, y del principal líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, son igualmente elevados (65 % y 72 % respectivamente). Pero al igual que en el conjunto de España, también en la Comunidad Valenciana los votantes populares aprueban mayoritariamente (68 %) la labor de Rajoy mientras que, en cambio, los socialistas desaprueban, asimismo mayoritariamente (51 %), la de Rubalcaba.

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El País