Cuando Metroscopia preguntó por primera vez a los españoles sobre qué estarían dispuestos a hacer ante la crisis de los refugiados, la imagen del ‘pequeño Aylan’ muerto en la arena estaba muy reciente en la memoria de los ciudadanos. La posibilidad de que ese terrible suceso hubiera podido sesgar aquella respuesta predominantemente solidaria, llevó a repetir las mismas preguntas dos meses después. El resultado apenas sufrió variación: la sociedad española ante la llegada de los refugiados a las fronteras europeas se mostraba solidaria, abierta y con ánimo de implicarse personal y económicamente.

Algo más de un año después, otro niño que huía de la guerra ha aparecido muerto en una playa, esta vez en España, en Barbate. La imagen de Samuel, a diferencia de la de Aylan, ha tenido escasa repercusión mediática y, sin embargo, los españoles, en su conjunto, vuelven a reafirmar mayoritariamente su disposición a que España sea país de acogida a los refugiados.

En esta ocasión, un elemento que podría llamar la atención respecto a los sondeos realizados en el último trimestre del 2015 es que, mientras que en el resto de cuestiones apenas se observa variación de opinión alguna, parece que los españoles están menos dispuestos a dar una pequeña donación personal a este tema (15 puntos menos) que hace 14 meses. Sin embargo, no es así.

En este tiempo se ha duplicado la proporción de ciudadanos que ya han hecho efectivo ese donativo personal y así si en noviembre de 2015 el 6% afirmaba haber realizado ya donaciones personales, en este momento lo afirma el 11% del total de la población. Pero son los mayores de 65 años los más implicados en esos pequeños donativos. El 18% afirma haberlos realizado en contraste con el 5% de la población de entre 18 a 34 años que lo dice a pesar de ser los que en mayor número estarían dispuesto a hacerlos.

Esta mayor predisposición a acciones personales por parte de las franjas de más edad también se refleja en su colaboración en las tareas de voluntariado. El 4% afirma haberlas realizado frente al 1% de los que lo dicen entre quienes tienen 18 y 34 años, a pesar de que el 76% se ofrecería como voluntario. Por las respuestas, los mayores de 65 años parecen ser más realistas con su voluntad de colaboración, el 52% estaría dispuesto a ser voluntario y… el 41% no.

Una hipótesis que arrojan los datos de este último sondeo es que a la hora de materializar las buenas intenciones frente a la grave crisis de las personas refugiadas son los más mayores de nuestra sociedad quienes pasan, en mayor medida, de las palabras a la acción. El papel que están jugando,en esta y otras crisis está siendo clave. Por su parte, los jóvenes no terminan de reaccionar, o como decía Antón Costas, parecen resignados. En este y otros temas saben lo qué les gustaría hacer pero no pueden, no quieren o no saben. Mientras lo averiguan (ellos y nosotros), los refugiados siguen agolpándose en las fronteras europeas como tantos otros problemas que para ser afrontados y resueltos necesitan que se vaya más allá de las buenas intenciones y las donaciones. Necesitan políticas que cumplan lo firmado.