Bosques de alimentos en la ciudad

Mar Toharia on Lunes, 02 Junio 2014. Posted in Análisis - Blog

02/06/2014

Metroscopia - Bosques de alimentos

Imaginas un parque urbano que produce frutas y verduras, que es cuidado por los vecinos y cuya cosecha pertenece a quien quiera disfrutarla? Conocidos como bosques de alimentos (edible food forests), estos espacios comienzan a proliferar en diversos lugares del mundo, en ocasiones, también en espacios públicos urbanos. Este es el caso del proyecto del Beacon Food Forest de la ciudad de Seattle (Washington), que, con una extensión de casi 3 hectáreas, está siendo construido y gestionado por grupos de voluntarios y sus frutos son gratuitos para aquel que los recoja. En la actualidad, se imparten talleres de trabajo comunitario para aprender a sembrar y mantener este parque comestible, y se prevé la realización de cursos sobre alimentación sana y tecnologías alternativas. En nuestro país, existen también experiencias incipientes en ciudades como Barcelona, Valencia o Avilés.

Bajo los principios de la permacultura, los bosques de alimentos se diseñan como ecosistemas autosuficientes y perennes, donde plantas y árboles cooperan entre sí. Unas especies dan fruta, hojas o raíces comestibles o medicinales, otras suministran leña, atraen fauna beneficiosa y aumentan la biodiversidad de la zona, otras fijan nitrógeno o enriquecen el suelo. Se genera así un sistema sostenible de producción de alimentos que supone un esfuerzo de mantenimiento mínimo. Estos espacios, además de favorecer el acceso a alimentos de calidad y cercanía y fortalecer las relaciones humanas en las ciudades en que se establecen, combaten el efecto invernadero de la atmósfera y contribuyen a frenar el cambio climático.

La Asociación de Colaboración en materia de Bosques (ACB), de la que es miembro la FAO, declara que los bosques deberían “desempeñar un papel aún mayor en la alimentación del mundo y en la ayuda a los agricultores para hacer frente al cambio climático”. Sin embargo, la superficie de bosques primarios del planeta ha disminuido, desde el año 2000, en más de 40 millones de hectáreas (una extensión similar a la de Alemania y Dinamarca juntas), según la ONU; esta organización advierte de que sería necesario poner fin a la deforestación mundial antes de 2020 para luchar contra el cambio climático. Y parece que la población española lo respalda: el 88 % opina que la pérdida y extinción de especies, flora y fauna, en España, es un problema serio. Considera, además, que las causas principales son la explotación intensiva de las tierras, la deforestación, la caza ilegal y la sobrepesca (opina así el 25 %), seguido por la contaminación del aire y del agua (22%).

Ante esto, los bosques de alimentos son una propuesta más para el diseño de lugares más sostenibles, tanto en su dimensión social (más alimentos saludables, educación ambiental, emprendedores sociales, convivencia vecinal) como en la económica (favorecen la productividad sostenible, el aprovechamiento de recursos locales) y medioambiental (filtran el aire, absorben ruidos, moderan el clima, regeneran el suelo, etc.). Unos espacios verdes, públicos y comestibles que comienzan a introducirse en las ciudades para hacerlas más habitables.

Texto e Ilustración: Mar Toharia Terán, geógrafa y analista de Metroscopia

Las señales estaban ahí

José Juan Toharia on Martes, 27 Mayo 2014. Posted in Artículos

27/05/2014

Metroscopia - Las señales estaban ahí

Los españoles llevan tiempo reclamando, con insistencia, cambios profundos en nuestra vida pública: no tanto en el sistema político en sí como en el modo en que se le hace funcionar. No está en cuestión la necesidad y utilidad de los partidos políticos. Lo que se critica es el autismo y anquilosamiento en que, prácticamente todos, han ido cayendo; su erróneo sentido de la lealtad, que les mueve a encubrir —en vez de denunciar— a corruptos y corruptores; su incapacidad para acordar, con prontitud y grandeza de espíritu, soluciones para los problemas que se acumulan y, gradualmente, agravan. De todas estas quejas hay prueba, abrumadora, en los sondeos de Metroscopia para este diario.

El movimiento 15-M fue, en este sentido, un aldabonazo que, en vez de alertar, desconcertó a la mayoría de representantes políticos. Se ninguneó la significación de unas movilizaciones que, en la primavera de 2011, merecieron, sin embargo, las simpatías del 71% de los más jóvenes, pero también del 58% de sus mayores. Y que ahora, tres años después, siguen siendo juzgadas de forma favorable por una clara mayoría, en todos los tramos de edad y en todo el arco ideológico. De hecho, un llamativo 36% de nuestra ciudadanía venía expresando el deseo de que el 15-M se convirtiera en un partido que oxigenara nuestra democracia. El anhelo regeneracionista estaba. Pero solo un partido con apenas cuatro meses de vida parece haber logrado convertirlo, de forma creíble, en su bandera. Y el tablero político se ha conmocionado.

Obviamente, no es lo mismo hacerse notar en unas elecciones europeas que en unas generales. No es, además, igual, en unas y otras, la disposición del electorado a darle un escarmiento a quien gobierna o a quien gobernó. Pero estamos ante un aviso que no cabe seguir ignorando: los españoles quieren cambios, profundos y ya. En realidad, los cuatro principales partidos de ámbito nacional han salido perjudicados de estas elecciones, aunque en obvia desigual medida: los dos más grandes porque han sufrido una grave merma de votos; y los dos menores porque, en realidad, no han conseguido capitalizar en toda la medida que habría parecido esperable el importante desgaste de aquellos. Un recién llegado, cuyo cabeza de lista ha logrado ser conocido en un tiempo récord por un 59% de la ciudadanía (el doble de los que dicen conocer a Willy Meyer, y cinco veces más de los que saben quién es Sosa Wagner), ha resultado el principal beneficiado.

Y por cierto, ¿por qué el fulgurante ascenso de Podemos pasó, por lo general, inadvertido en los sondeos? En el caso del de Metroscopia para este periódico, la intención explícita de voto expresada a su favor era muy baja pero entre quienes manifestaban una decidida intención de acudir a votar, algo más de la quinta parte (suponía casi 10 puntos) indicaba, al mismo tiempo, no haber decidido aún por quién hacerlo, sin ofrecer mayores pistas al respecto. Cabe pensar que, al final, resolvieron su duda más a favor de Podemos que de IU o UpyD, las dos formaciones tenidas por obvios destinatarios del posible voto de castigo a PP y PSOE.

Elecciones Europeas 2014: último sondeo preelectoral

José Juan Toharia on Martes, 20 Mayo 2014. Posted in Análisis - Blog

20/05/2014

Parlamento Europeo

Cuando apenas falta una semana para las elecciones europeas del domingo 25, la estimación del resultado más probable apunta a un práctico empate entre PP y PSOE, quizá con ligera ventaja final del primero en votos pero con idéntico número de escaños (19 cada uno). En comparación con 2009, la suma de los votos previstos ahora para PP y PSOE es inferior en 17.2 puntos al total que, en conjunto, ambos consiguieron entonces (63.7 frente a 80.9).

Se trata, ciertamente, de una pérdida de peso relativo sustancial (que cabe sin duda achacar, en buena medida, al amplio descontento ciudadano con la forma en que estas dos grandes formaciones han ido haciendo frente a la actual crisis), aunque difícilmente cabe interpretar en el sentido de crisis —o menos aún, de quiebra— del actual esquema bipartidista que articula la vida pública española. En realidad, el resultado de este desgaste del atractivo electoral de PP y PSOE no es tanto el ascenso de formaciones susceptibles, en un momento más o menos cercano, de tomarles el relevo cuanto una mayor dispersión del voto (y, por tanto, de los escaños en juego) entre un mayor número de formaciones. Tras la jornada electoral, podrían ser nueve las fuerzas políticas que logren al menos un escaño: en 2009 lo consiguieron seis.

La Izquierda Plural, articulada en torno a IU, triplicaría los votos y escaños logrados en 2009 (11% y 3, frente a 3.7% y 1), pese a perder algo de la pujanza que había venido mostrando en los sondeos de las semanas últimas.  Más clara es la pérdida de apoyos, en esta recta final, de UPyD en relación con los que parecía haber estado consolidando. Así y todo, pasaría de un 2.9% de los votos a un 4.5% y de uno a dos escaños.

La —relativa— sorpresa es el ascenso de la coalición articulada en torno a ERC, que duplicaría ampliamente los votos conseguidos por este partido hace cinco años y convertiría en tres su actual único escaño, quedando en cuarto lugar en estas elecciones. Por el contrario, la coalición de que forma parte CiU perdería uno de sus tres escaños.

En esta ocasión, la novedad es la presencia (con un escaño cada una) en el nuevo parlamento europeo de tres formaciones de nuevo cuño: Podemos, a la que el evidente tirón popular de su cabeza de lista, Pablo Iglesias, puede conseguir un 2.4% de los votos; Ciutadans, que conseguiría un 2.3% (cabe conjeturar que a costa fundamentalmente del PP, teniendo en cuenta la reducida participación); y Primavera Europea (formada por Compromís, EQUO y la Chunta Aragonesista).

El prevaleciente clima de desánimo y desinterés ciudadano respecto de la vida pública puede traducirse en una tasa de participación que quedaría entre el 40% y el 43%: es decir, de 2.4 a 5.4 puntos inferior a la de 2009, y que supondría el nivel más bajo de las siete (contando la actual) elecciones europeas celebradas en España. La primera (junio de 1987) y la cuarta (junio de 1999) coincidieron con elecciones municipales y registraron (gracias al “efecto arrastre” de estas) tasas de participación razonablemente elevadas (68.7% y 64.3%, respectivamente). En la segunda (junio de 1989), participó el 54.8% y, en la tercera (junio de 1994), un 59.6%. El desplome participativo se originó en la quinta elección (junio de 2004), con solo un 45.9% de votantes sobre el total de electores, y se consolidó en la de junio de 2009, en la que votó un 46%. En esta séptima elección se alcanzaría así, de confirmarse la estimación que a una semana parece más probable (40-43%), el nivel más bajo de interés ciudadano por unas elecciones que, paradójicamente, han menguado en interés popular cuando más importancia real, para el futuro de la Unión Europea, han conseguido.

Cataluña

Los resultados esperables en Cataluña resultan, sin duda, especialmente interesantes por su posible repercusión sobre la actual deriva soberanista del gobierno que preside Artur Mas. Ciertamente, los votos, en el Principado, de las dos principales fuerzas proindependentistas sumarían un apreciable 45.8%, es decir, 14.1 puntos más que en 2009. Pero con un cambio cuyo significado no cabe ignorar: ERC pasaría a ser ahora la fuerza más votada, superando en casi 5 puntos a CiU (25.3% frente a 20.5%). Es decir, la formación de Oriol Junqueras (que casi triplicaría su voto de 2009) resultaría ser la principal beneficiaria, electoralmente, del proceso independentista que pilota el actual Govern. CiU perdería dos puntos.

Este ascenso del voto soberanista (en unas elecciones condicionadas, en todo caso, por un nivel de participación muy bajo, si bien previsiblemente algo superior al mínimo 37.6% de 2009) es correlativo al voto del PSC-PSOE, que vería reducirse a la mitad sus porcentajes de votos de hace cinco años (del 35.9% pasaría al 18.1%). Con toda probabilidad, su electorado (ampliamente antindependentista y anticonsulta, según los datos de encuesta disponibles) les pasarían ahora factura por las vacilaciones, ambigüedades y divisiones internas que han caracterizado su andadura durante gran parte de los dos últimos años.

PP (10.9%) y Ciutadans (6.8), por su parte, consiguen, juntos, un porcentaje de votos prácticamente idéntico al 18% que lograra en solitario el PP en 2009. Hace 5 años Ciudadanos se presentó a los comicios europeos con la candidatura denominada Libertas-Ciudadanos de España liderada por Miguel Durán (obtuvo 22.805 votos)

Estimación 18 de mayo 2014Candidatos y CataluñaEuropeas ficha técnica 2014

INTENCIÓN DIRECTA DE VOTO

La intención directa de voto equivale a la voz de la calle. Es lo que los españoles responden de forma directa y espontánea cuando se les pregunta por su comportamiento electoral más probable. Es un dato clave para captar el estado de opinión predominante, pero debe ser interpretado con cautela pues no siempre refleja todo lo que los electores piensan, sino sólo lo que deciden revelar al ser preguntados. Distintos factores de coacción ambiental hacen que la verbalización de las distintas opciones ideológicas (su probabilidad de ser expresadas de forma espontánea y natural) no sea siempre la misma. La intención directa de voto (IDV) es, así, sometida a una serie de procesos de ajuste (a partir, fundamentalmente, del recuerdo de voto, de la fidelidad de voto, de la tasa de participación estimada, de la valoración  por cada grupo de votantes de la gestión de cada partido y de sus líderes y de otros datos complementarios proporcionados por el sondeo sobre el estado de ánimo general de las personas entrevistadas) que permitan estimar cuál es, en esas circunstancias, el resultado más probablemente esperable. Obviamente, a partir de una misma IDV sería posible, utilizando otros criterios analíticos e interpretativos, obtener estimaciones de resultado electoral no necesariamente coincidentes con la que aquí se ofrece. La estimación de voto probable, por tanto, no es ya un dato directamente conseguido de la ciudadanía, sino una interpretación de sus declaraciones realizada a partir de unos supuestos determinados (lo que se conoce como “cocina electoral”). Aunque con frecuencia, por un uso descuidado, se confunda intención directa de voto y voto probable estimado, en realidad son cosas distintas. Una intención directa de voto muy elevada puede terminar, tras ser procesada, en una estimación de voto probable más reducida, o a la inversa. La IDV se compara con el resultado real que cada partido obtuvo sobre el Censo de españoles residentes (CER). Por su parte, los datos de voto estimado se comparan con el resultado real de cada partido sobre el total de votos válidos.

IDV Europeas 2ª preelectoral 18 de mayo de 2014

Jóvenes pero no estúpidos

on Lunes, 19 Mayo 2014. Posted in Análisis - Blog

16/05/2014

Hace unos años, causó fortuna el acrónimo JASP —Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados—. El resultado del barómetro de Metroscopia publicado hace unos días parece incidir en esa idea, si bien refleja el monumental enfado de esos jóvenes españoles con la España oficial que, además de estar desvinculada de su mundo, no les ofrece las oportunidades que todo joven necesita para poder llevar a cabo su proyecto vital. En relación con la visión que tienen del papel que debe jugar la política y la clase política en la sociedad, resulta revelador el dato de que estos jóvenes, competentes y moderados, se declaren mayoritariamente católicos (58 %), pero no militantemente católicos, en el sentido de que estén dispuestos a hacer de su confesión religiosa un tema ideológico ni de batalla política (el 72 % está conforme con que la ley de interrupción del embarazo permanezca tal cual está). Es decir, refleja la idea de la política como un servicio hacia la ciudadanía, y de ahí su desafección con la clase política española, que no responde a ese servicio.

Es paradójico que el 85 % de los jóvenes se sientan satisfechos con su vida, a pesar de todas las dificultades que están encontrando en su camino, y que, para España, se corra el grave riesgo de perder a esta generación. Ahora, cuando se cumplen cien años del inicio del raciovitalismo orteguiano —la vida como realidad radical y en la que para alcanzar la plenitud vital ha de conjugarse vocación, circunstancia y azar—, es muy ilustrativo que los jóvenes consideren que controlan su destino (72 %) y que tienen más posibilidades de desarrollarse vitalmente fuera de España que dentro (54 %). Los jóvenes españoles no tienen miedo ni reservas a salir de su país porque confían en sus aptitudes. Este dato, conjugado con otros —como que se sienten tan españoles como europeos—, refleja, por un lado, su mayor cosmopolitismo frente a generaciones pretéritas —no tienen grandes dificultades para viajar, hablar idiomas y adaptarse a otras realidades— y, por otro, eso no conlleva que tengan desafección por lo español ni en lo emocional —se identifican con su nación el 83 % y con su comunidad autónoma el 82 %— ni, tampoco, en su confianza en el país —confían en los productos españoles tanto o más que en los alemanes —símbolo, como es bien sabido, de eficiencia técnica—.

En términos políticos, los jóvenes españoles se reconocen en el centrismo socioliberal. Frente a la identificación del liberalismo con lo estrictamente económico del ala más conservadora del Partido Popular, y que en términos porcentuales contaría con el apoyo del 17 % de los menores de 35 años, la mayoría de los  jóvenes españoles (41 %) se sitúa en posiciones centristas (13 %), socialdemócratas (12 %) y socialistas (16 %).  En todo caso, el 75 % se identifica con la sociedad libre meritocrática pero imbuida de una fuerte aspiración de mayor justicia social —la que heredó la mejor hora del liberalismo, el socialliberalismo de comienzos del siglo XX, que sería una de las corrientes fundamentales que nutriría la construcción del estado del bienestar en la segunda mitad de la centuria—. De esta manera, al 85 % de los jóvenes no le importaría pagar más impuestos a cambio de la protección social, educativa y sanitaria del Estado. Esa voluntad de una sociedad y sistema político solidario es lo que hace que, en este segmento de la población, el PSOE tenga una ventaja de seis puntos, aproximadamente, sobre el partido conservador español, que ha visto perjudicada su imagen por la política fundamentalmente economicista que ha desarrollado en los últimos años.

Antonio López Vega es prof. Hª Contemporánea (UCM)  y del IUI Ortega y Gasset y consultor de Metroscopia en análisis histórico-políticos. Ha sido galardonado con el Premio de Investigación Julián Marías para jóvenes investigadores.

¿Qué formas preferiría para organizar el Estado español?

Aborto e identificación religiosa

¿Con qué etiqueta política se definiría?

El apoyo ciudadano al 15M tres años después

José Pablo Ferrándiz on Jueves, 15 Mayo 2014. Posted in Análisis - Blog

15/05/2014

Movimiento 15M

En el tercer aniversario —que hoy se cumple— de la aparición pública del 15M la mayoría de los españoles sigue mostrando su simpatía hacia este movimiento y continúa compartiendo las principales demandas planteadas por él. A un 56 % de los ciudadanos el 15M le inspira una sensación más bien de simpatía y un 72 % cree que tienen razón en lo que dicen y por lo que protestan.

Estos porcentajes podrían parecer indicar un menor grado de apoyo que el suscitado en 2011, poco tiempo después de darse a conocer, pero hay que tener en cuenta que ni su presencia en las calles ni la atención que le prestan los medios de comunicación son las mismas ahora que entonces.

En estos tres años de vida, el 15M sigue generando actitudes distintas entre los ciudadanos. La mayoría de los votantes del PP (50%) rechaza a este movimiento (una oposición que se ha incrementado con el paso de los años). Y esto a pesar de que un porcentaje idéntico de este electorado (50 %) está de acuerdo con sus planteamientos. Esta ambivalencia se explica con un tercer dato: el 46 % de los votantes populares considere al 15M un movimiento radical y antisistema que lo que pretende es sustituir el actual sistema político por otro. Están de acuerdo con el mensaje pero no con quién lo porta.

Por su parte, la abrumadora mayoría de los votantes del PSOE y, sobre todo, de IU, no solo sigue mostrando—como ya lo hacía en años anteriores— su simpatía por el 15M y su grado de acuerdo con las demandas planteadas sino que, además, piensan que se trata de un movimiento pacífico que lo que pretende es regenerar la actual democracia.

Movimiento 15-M

Movimiento 15-M

Movimiento 15-M

FICHA TÉCNICA:
sondeo realizado por Metroscopia a una muestra nacional de 601 personas mayores de 18 años. Trabajo de campo: 7 y 8 de mayo de 2014. Margen de error para datos globales: +- 4.1

En transición

Mar Toharia on Miércoles, 07 Mayo 2014. Posted in Análisis - Blog

07/05/2014

Ilustración Mar Toharia

Nace en Kinsale, Irlanda, de estudiantes de Permacultura que lo bautizan como Transición. En 2006, de la mano del ambientalista Rob Hopkins, se pone en práctica en Totnes, Inglaterra, desde donde se populariza. A partir de entonces, se crean más de 1700 iniciativas similares en 44 países y surgen más de 30 redes nacionales. Se llama Transición porque alude al paso de una sociedad desigualitaria y dependiente de los recursos energéticos fósiles a una sociedad económica, social y ecológicamente más justa, resiliente y comunitaria. Su objetivo, preparar a los pueblos y comunidades para el desafío del cambio climático y el pico del petróleo. El reto, generar modos de vida humana más sostenibles. Y sus razones, entre otras, un modelo de consumo global que está agotando los recursos naturales del planeta, generando crecientes desigualdades sociales y una crisis ecológica y alimentaria mundial.

El 46 % de los españoles dice saber explicar qué es la sostenibilidad. Y de estos, el 31 % cree que tiene que ver con una buena gestión de la economía (están más de acuerdo con esta definición los votantes del PP que los del PSOE) y otro 30 % la define como un equilibrio de los ámbitos económico, social y ambiental (estando más de acuerdo con ello los votantes del PSOE). Y esta concepción multidimensional de lo sostenible es la que se refleja en el Plan de Acción de descenso de Energía que fue creado para Kinsale y proyecta la sostenibilidad de la ciudad a través de cambios en los ámbitos de la producción de energía, la salud, la educación, la economía y la agricultura.

En España, el primer encuentro de formación sobre Transición tuvo lugar en Barcelona en junio de 2009. Y desde entonces, han nacido una red estatal y diversos grupos de trabajo en al menos 16 localidades, como Barcelona, Madrid, Cádiz, Málaga, La Palma, Cáceres, Sevilla, Valencia, Vitoria o A Coruña. En sus planteamientos proponen sustituir la competitividad por la cooperación, el individualismo por la comunidad y lo lejano por lo local. Mediante iniciativas, adecuadas a cada lugar, que se autodefinen como prácticas, visibles, festivas y orientadas a despertar la creatividad y la construcción de vínculos sociales. En el ámbito agroecológico, los cada vez más numerosos huertos urbanos son hoy una de las propuestas más palpables posiblemente, pero también la creación de bancos de semillas, las ferias ecológicas, las guías de comida local o la plantación de árboles frutales y bosques comestibles. En el ámbito económico, se suman el consumo colaborativo, los sistemas de trueque o las monedas complementarias. Vemos cómo aumentan la oferta y demanda de talleres de reciclaje o de recuperación de saberes tradicionales. Y en paralelo, cómo nacen proyectos de bioconstrucción y de vivienda saludable, de permacultura, sobre energías renovables, investigaciones sobre indicadores de resiliencia y sostenibilidad, etc.

En definitiva, estos lugares en transición parecen constituir una propuesta concreta para la construcción de territorios y formas de vida más sostenibles, teniendo en cuenta tanto los límites biológicos del planeta como las necesidades básicas humanas. Un tránsito sin duda necesario.

Metroscopia Sostenibilidad

Mar Toharia Terán es geógrafa y analista de Metroscopia
(Ilustración: MTT)

Clima político en Madrid

José Pablo Ferrándiz on Lunes, 05 Mayo 2014. Posted in Análisis - Blog

05/05/2014

Foto km 0

Queda poco más de un año para las elecciones autonómicas y municipales en Madrid, pero si estas tuvieran lugar ahora el PP perdería la mayoría absoluta que le permite gobernar en solitario tanto en la Asamblea como en el Ayuntamiento madrileños. La victoria de los populares en ambas elecciones parece indudable pero ganaría sufriendo un fuerte desgaste electoral con respecto a los comicios de 2011 que abriría otras posibles alternativas de Gobierno.  En este sentido, existe una clara e importante diferencia entre los dos ámbitos electorales: mientras que en el Parlamento autonómico UPyD tendría la llave de la gobernabilidad –lo que no cierra del todo las puertas a un posible Gobierno del PP bien en minoría bien en coalición con el partido magenta-  en el Ayuntamiento sería suficiente con un pacto o coalición de gobierno entre el PSOE e IU para dejar a los populares en la oposición.


COMUNIDAD DE MADRID

Hoy por hoy, el PP corre el serio riesgo de perder la baronía política que ha venido conservando en la región durante los últimos 11 años: con una participación inferior a la de los comicios de 2011 —en torno a siete puntos menos: fue del 68.3 % en los últimos comicios y ahora rondaría el 61 % del electorado— el PP obtendría un 36,7 % de los votos válidos (15 puntos menos que en 2011) y 53 diputados; 19 menos de los que tiene actualmente y lejos de los 65 que otorgan la mayoría absoluta en la Asamblea madrileña. El PSOE, por su parte, sufriría también un retroceso importante aunque sustancialmente más moderado que el de los populares: obtendría un 21.3 % de los votos (4.9 puntos menos que en 2011) y 31 diputados (5 menos que ahora). Un desgaste evidente del bipartidismo en la región – la suma de los votos de PP y PSOE pasaría de casi el 80 % que tienen ahora a poco más del 57 % y la suma de diputados que ahora representa el 84 % del total de la Asamblea se quedaría en un 65 %- que tiene que ver con el fuerte crecimiento de las otras dos formaciones políticas presentes en el Parlamento madrileño. Tanto IU como UPyD duplicarían prácticamente su actual resultado: la coalición rojiverde pasaría de tener el 9.6 % de los votos y 13 diputados a contar con el 18.8 % y 27 escaños y el partido magenta, que cuenta ahora con el 6.3 % de los votos y 8 diputados, lograría el 12.7 % y 18 diputados.

La estimación corresponde a un parlamento autonómico constituido por 129 diputados como en la actualidad. No obstante, si se redujera el número de escaños en la Asamblea de cara a la próxima legislatura —como en algún momento se ha planteado—  el panorama no sería muy distinto al descrito: con un Parlamento autonómico reducido bien a 100 diputados bien a 99 bien a 65, el PP no obtendría mayoría absoluta y, en todas estas opciones, la llave del Gobierno autonómico recaería sobre UPyD dado que tampoco la suma de escaños de PSOE e IU sería suficiente para un gobierno mayoritario de coalición.

En todo caso, el resultado electoral estimado en este sondeo coincidiría con la opinión y la preferencia prevalecientes ahora entre la ciudadanía madrileña. Porque, en efecto, la amplia mayoría de los madrileños (63 %) piensa que el PP ganará las próximas elecciones autonómicas y uno de cada cuatro (25 %, una mayoría simple) manifiesta, además, su deseo de que así sea. Ahora bien, el 62 % de los electores prefiere que el partido que gane lo haga sin obtener una mayoría absoluta para que tenga que pactar con otros partidos a la hora de gobernar. Solo entre los votantes del PP -que es el electorado que muestra mayor confianza y mayor deseo de una victoria de los suyos- son mayoría quienes prefieren que quien gobierne lo pueda hacer en solitario (59 %).

Si finalmente ningún partido logra la mayoría absoluta la opción preferida por un porcentaje superior de ciudadanos (la expresa el 36 %) es que gobierne en minoría el partido más votado con apoyos puntuales de otros partidos según los temas. Esta es la opción preferida por uno de cada dos votantes de UPyD (50 %). Los votantes del PP muestran cierta mayor predilección por una coalición entre su partido y UPyD (40 %) mientras que los votantes del PSOE y de IU se decantan por una coalición de izquierdas conformada por estos dos partidos (35 % y 43 % respectivamente).

Los líderes de los cuatro partidos con representación en la Asamblea madrileña obtienen la desaprobación mayoritaria de sus conciudadanos, lo cual encaja con el hecho de que una amplia mayoría de madrileños tiene una opinión negativa sobre la situación política de la Comunidad (70%). Todos obtienen un saldo negativo a su gestión —esto es, son más los madrileños que desaprueban su gestión que quienes la aprueban—. El peor evaluado es el líder socialista, Tomás Gómez, con un saldo de -49 puntos, (le aprueba un 19 % frente a un 68 % que le desaprueba) seguido del actual Presidente de la Comunidad, Ignacio González, con -33 puntos (29 % frente a 62 %). Un dato importante que diferencia a ambos políticos es que mientras que González logra un holgado saldo positivo entre sus votantes (+ 36 puntos), Gómez obtiene uno negativo entre los suyos (-13 puntos). Con todo, los votantes populares se encuentran claramente divididos ante la posibilidad de que Ignacio González sea el candidato a presidir la Comunidad de Madrid en las elecciones autonómicas del año que viene: un 42 % cree debería serlo frente a un 41 % que piensa que se debería elegir a otra persona.

Tanto González como Gómez son conocidos por la amplia mayoría de los madrileños (88 % y 83 % respectivamente). No así los líderes de los otros dos partidos: Gregorio Gordo de IU y Luis de Velasco de UPyD son conocidos por tan solo un 29 % y un 18 % respectivamente de sus conciudadanos, a pesar de lo cual, obtienen también un balance negativo a su labor política (lo habitual es que los políticos poco conocidos lo sean, sobre todo, por sus electores lo que suele implicar una mejor evaluación de conjunto): -30 puntos y -6 puntos respectivamente.

La anterior Presidenta de la región, Esperanza Aguirre —incluida también en este sondeo—: cuenta, también, con la desaprobación de la mayoría de los madrileños (63 %) y obtiene un saldo negativo de -32 puntos (la aprueba un 31 %). Solo entre los votantes del PP Aguirre consigue un elevado grado de aprobación: 70 %.

Uno de cada dos votantes del PP —52 %— sigue fiel a su partido y volvería a votar por los populares si se celebrasen elecciones autonómicas de manera inminente. No obstante, la caída electoral que sufriría ahora mismo el PP se debe principalmente a la desmovilización de un tercio (31 %) de sus votantes que optaría ahora por la abstención o que se muestra indeciso. El porcentaje de infieles —esto es, quienes manifiestan que votarían ahora a otra opción política diferente— entre las filas populares se sitúa en el 14 %: la mitad de los cuales (en torno a un 8% de total de votantes del PP) optaría ahora por dar su voto a UPyD. En el caso del PSOE —que cuenta con una sustancial menor fidelidad que apenas alcanza el tercio de sus votantes (33 %)—, cuenta con dos vías de fuga de sus votos: un 25 % de infieles (cuyo destino principal es IU) y un 42 % de desmovilizados (17 % que no votaría y un 25 % que está indeciso). IU es el partido que cuenta en la actualidad con un porcentaje de fidelidad de voto más elevada (61%), y aunque un 5 % dice que votaría ahora al PSOE el saldo con los socialistas les beneficia de manera clara. En el caso de UPyD, el 41 % sigue fiel a las siglas. Su mayor fuga de votos se dirige hacia IU (8 %), si bien como receptor se ve beneficiado de la llegada de antiguos votantes del PP y, en mucha menor medida, del PSOE.

La amplia mayoría de los madrileños (71 %) considera mala la situación económica de la Comunidad de Madrid. También entre los votantes del PP prevalecen quienes evalúan negativamente la economía de la región (44 % frente a un 34 % que tiene una opinión positiva de la misma). No obstante, son cuatro veces más los madrileños que piensan que la situación económica de la Comunidad es mejor que la del conjunto de España que quienes piensan que es peor (39 % frente a 10 %). Entre los votantes del PP un 68 % piensa que la economía regional supera a la nacional.


Metroscopia Estimación CAM
Metroscopia Líderes CAM

INTENCIÓN DIRECTA DE VOTO EN LAS AUTONÓMICAS DE LA COMUNIDAD DE MADRID


La intención directa de voto equivale a la voz de la calle. Es lo que, en este caso, los madrileños responden de forma directa y espontánea cuando se les pregunta por su comportamiento electoral más probable. Es un dato clave para captar el estado de opinión predominante, pero debe ser interpretado con cautela pues no siempre refleja todo lo que los electores piensan, sino sólo lo que deciden revelar al ser preguntados. Distintos factores de coacción ambiental hacen que la verbalización de las distintas opciones ideológicas (su probabilidad de ser expresadas de forma espontánea y natural) no sea siempre la misma. La intención directa de voto (IDV) es, así, sometida a una serie de procesos de ajuste (a partir, fundamentalmente, del recuerdo de voto, de la fidelidad de voto, de la tasa de participación estimada, de la valoración  por cada grupo de votantes de la gestión de cada partido y de sus líderes y de otros datos complementarios proporcionados por el sondeo sobre el estado de ánimo general de las personas entrevistadas) que permitan estimar cuál es, en esas circunstancias, el resultado más probablemente esperable. Obviamente, a partir de una misma IDV sería posible, utilizando otros criterios analíticos e interpretativos, obtener estimaciones de resultado electoral no necesariamente coincidentes con la que aquí se ofrece. La estimación de voto probable, por tanto, no es ya un dato directamente conseguido de la ciudadanía, sino una interpretación de sus declaraciones realizada a partir de unos supuestos determinados (lo que se conoce como “cocina electoral”). Aunque con frecuencia, por un uso descuidado, se confunda intención directa de voto y voto probable estimado, en realidad son cosas distintas. Una intención directa de voto muy elevada puede terminar, tras ser procesada, en una estimación de voto probable más reducida, o a la inversa. La IDV se compara con el resultado real que cada partido obtuvo sobre el Censo de residentes (CER). Por su parte, los datos de voto estimado se comparan con el resultado real de cada partido sobre el total de votos válidos.

Metroscopia IDV CAM Mayo 2014

MUNICIPIO DE MADRID

Si ahora se celebrasen unas elecciones municipales en la ciudad de Madrid, el PP no solo perdería la mayoría absoluta que conserva de manera interrumpida desde hace 23 años (desde 1991, la primeras que ganó José María Álvarez del Manzano) sino que con el resultado ahora estimado se abriría la puerta a un posible —y probable, de ser factible— pacto de gobierno entre PSOE e IU: la izquierda podría volver a gobernar en la capital de España 26 años después del último Alcalde socialista.

Con un 32.5 % de los votos (17.2 puntos menos que en 2011) el PP obtendría 21 concejales, 10 menos que hace dos años —la mayoría absoluta se logra a partir de 29 concejales—. El PSOE por su parte obtendría ahora un resultado prácticamente similar al conseguido en los últimos comicios locales: con un 23.4 % de los votos (solo medio punto menos que hace dos años) lograría 15 concejales (los mismos que ahora tiene). Al igual que ocurre en la Comunidad de Madrid los otros dos partidos con representación municipal, IU y UPyD, lograrían una sustancial mejora de sus actuales resultados: los rojiverdes pasarían de un 10.8 % a un llamativo 20.8 % y de 6 concejales a 14 y la formación magenta de 7.9 % a 11.6 % y de 5 concejalías a 7.

También en este caso, como en el de la Comunidad, de producirse finalmente este resultado ahora estimado coincidiría con la opinión y las preferencias manifestadas por los ciudadanos de la capital:

- Un 62 % piensa que el PP es el que tiene más probabilidades de ganar las elecciones municipales.
- Un 23 % (la opción mayoritaria) desearía que así fuese.
- Un 64 % preferiría que quien gane lo haga sin mayoría absoluta para que tenga que pactar con otros partidos para Gobernar.

Y entre las opciones preferibles en caso de ausencia de una mayoría absoluta, prevalecen (35 %) los madrileños que están a favor de que gobierne en minoría el partido más votado y consensúe apoyos puntuales con otros partidos a lo largo de la legislatura.

Con todo, esta estimación se basa en diferencias tan reducidas que prácticamente con los mismos datos podría producirse un resultado con consecuencias totalmente distintas: el PP podría hacerse con un escaño más a costa de IU que colocaría a UPyD en una posición privilegiada de cara a la formación de coaliciones mayoritarias de distinto signo.

Es muy importante resaltar que, en estos momentos, la participación electoral estimada —y sobre la que, por tanto, se ha llevado a cabo este intento de estimación de resultado electoral— está en el entorno de un 60 %, 7.2 puntos inferior a la realmente registrada en las elecciones de 2011. En este momento, cuando no hay convocadas elecciones (hasta dentro de un año no tendrán lugar las siguientes) ambas estimaciones —la de participación y la de resultado— hay que considerarlas como expresivas de la temperatura política del electorado en este concreto momento más que como alineamientos electorales cristalizados susceptibles que prefiguren comportamientos electorales futuros. Es probable que en el caso de PP y PSOE sean ahora solo sus más fieles electores —los que más se identifican con el partido y no lo abandonan ni en los peores momentos— quienes manifiesten su intención de volver a votarlos (la fidelidad del PP es de un 54 % y de un 46 % la del PSOE). En un período preelectoral lo más probable es que la participación termine aumentando varios puntos con respecto a la estimada ahora; un aumento que posiblemente beneficiará en alguna mayor medida a los actuales dos grandes partidos (socialistas y populares) que al resto de formaciones políticas de la capital (el porcentaje de quienes dicen en estos momentos no tener decidido el destino de su voto es más elevado entre los votantes populares y socialistas que entre los de IU o los de UPyD).

En este sentido, el posible crecimiento del PP de aquí a 2015 pasa, sobre todo por retener a su electorado. En este momento el desgaste de imagen que sufre el PP —en el conjunto de España pero que afecta también a la marca en otros ámbitos geográficos— frena la captura de votos en caladeros ajenos (ahora solo se aprecia cierta propensión de algunos, pocos, votantes de UPyD de votar al PP). En este sentido es importante destacar el fuerte rechazo que genera la actual Alcaldesa de Madrid, la popular Ana Botella: obtiene un saldo entre quienes aprueban y desaprueban su gestión de -61 puntos (18 % aprueba su gestión frente a un 79 % que la desaprueba). Las críticas al trabajo de Botella son prácticamente unánimes entre otros electorados distintos al suyo, pero incluso entre los votantes populares la Alcaldesa obtiene un saldo negativo: -14 puntos (40 % la aprueba frente a un 54 %que la desaprueba). De hecho, un 77 % de los votantes populares piensa que el PP debería elegir para liderar la lista municipal del partido en 2015 a otra persona diferente a Botella (solo un 14 % de este electorado se inclina por la actual alcaldesa). Y esto a pesar de que la amplia mayoría de los votantes del PP piensa tanto que la situación general de la ciudad de Madrid es buena (58 %) como que está bien gestionada (60 %).

El PSOE por su parte aunque se encuentra en peor posición electoral que los populares, cuenta, sin embargo, con varias posibles vías para aumentar su actual caudal electoral de aquí a dos años: el primero, por supuesto, conseguir retener a esa gran parte de su electorado que ahora se encuentra desmovilizado (es decir, que tiene dudas o que optaría por la abstención). Pero cuenta también con la posibilidad de atraer a una parte de votantes del PP, de IU y de UPyD. Su líder, Jaime Lissavetzky cuenta también con un saldo negativo a su gestión entre el conjunto de los madrileños, pero inferior al que tiene Botella: -24 puntos (29 % aprueban su labor opositora frente a un 53 % que la desaprueban). No obstante, Lissavetzky ha conseguido en este último año pasar de tener un saldo negativo entre sus votantes (-6 en el sondeo de Metroscopia para EL PAÍS de 2013) a uno positivo de +9 puntos (47 % aprueban su gestión frente a un 38 % que la desaprueban). En este sentido se produce una situación contraria a la que se aprecia en la Comunidad de Madrid: los votantes del PP aprueban la gestión del Presidente de la Asamblea y desaprueban la de la Alcaldesa y los votantes del PSOE desaprueban la labor opositora de Gómez en el Gobierno regional pero aprueban la de Lissavetzky en el municipio. Frente al amplio conocimiento ciudadano de Botella y Lissavetzky el de los otros dos líderes municipales es sustancialmente inferior: Ángel Pérez de IU es conocido por un 35 % de sus conciudadanos y David Ortega de UPyD por tan solo un 12 %.

Metroscopia Estimación AyuntamientoMetroscopia Lideres Ayuntamiento

INTENCIÓN DIRECTA DE VOTO EN LAS MUNICIPALES DE MADRID

Metroscopia IDV Municipales Madrid Mayo 2014

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Foto de El Tabernero

Una generación que no se puede perder

José Juan Toharia on Lunes, 05 Mayo 2014. Posted in Artículos

El País 05/05/2014

Los jóvenes constituyen, sin duda, el sector de nuestra sociedad más duramente castigado por la actual crisis económica. En su caso, el destrozo sobrevenido no afecta solo a su presente sino —lo que es infinitamente más grave— a su futuro: son sus perspectivas profesionales y vitales colectivas las que han saltado por los aires.

Lo saben: son conscientes de que van a constituir, por primera vez en mucho tiempo, una generación que vivirá peor que la de sus padres y que tendrán muchas menos probabilidades que estos de conseguir, en su vida, las cosas que les gustaría lograr. Pero ello no les aboca a la amargura, al derrotismo o al cinismo. Tampoco a la rebeldía violenta. Mantienen la templanza y un entusiasta optimismo. Se trata, en conjunto, de una generación demasiado bien preparada para aceptar análisis de situación toscamente simplistas. Tienen sus diagnósticos y propuestas. Piensan que la economía funciona mal, pero creen saber por qué (ausencia de un adecuado control político sobre la misma y sobre las ingenierías financieras) y lo que exigen no es su voladura, sino su urgente reparación.

Están muy decepcionados con la forma en que funciona nuestro sistema político: pero creen en la democracia (es decir, en el pluralismo, en la discusión, en la negociación y en el pacto), en la necesidad de los partidos políticos. Y, sobre todo, añoran el “espíritu de la Transición”, algo que, sin haber conocido de primera mano, consideran un capital político esencial frívolamente despilfarrado por los actuales actores de la escena pública. Y lo que exigen a estos es que lo recuperen y que reformen nuestra vida política haciéndola más abierta, flexible y transparente.

Su objetivo no es, precisamente, la toma del Palacio de Invierno, sino una regeneración democrática profunda, en línea con lo que nuestra sociedad fue capaz de llevar a cabo en la segunda mitad de los setenta y en los primeros ochenta del pasado siglo. De ahí, sin duda, la llamativa buena evaluación que les merece la figura de Adolfo Suárez, que para ellos ha pasado a simbolizar lo mejor de aquel momento auroral de nuestra democracia.

Intelectualmente, son más republicanos que monárquicos; pero, preferencias teóricas aparte, prima en ellos un planteamiento pragmático de la cuestión, y agradecen y aceptan lo que perciben como el doble legado del rey Juan Carlos: haber hecho posible la actual democracia y haber consolidado la Corona de cara al futuro inmediato. A esto último contribuye además, de forma clara, la mayoritaria evaluación positiva que les merece el príncipe Felipe.

No son antirreligiosos (y, menos aún, anticlericales): consideran la religión —y concretamente, la Iglesia católica— como algo ajeno a sus vidas. Tan solo un 10% se define como católico practicante (si bien, al mismo tiempo, suponen un 48% adicional quienes dicen considerarse poco o no practicantes pero católicos al fin). Lo que parece no interesarles es la forma en la que se expresa, desde hace ya decenios, la jerarquía eclesiástica española: la prueba es que, cuando emerge una figura religiosa con nuevo lenguaje y modales, como es el caso del papa Francisco, inmediatamente obtiene entre ellos una clara evaluación positiva y un masivo apoyo a sus propuestas.

Por último —y para cerrar este retrato robot apresurado, basado en el amplio sondeo de Metroscopia para este periódico—, hay que destacar que nuestros actuales jóvenes constituyen una generación que sabe integrar y compatibilizar, con naturalidad, identidades nacionales y culturales múltiples: se sienten, a la vez, y con similar intensidad, localistas y cosmopolitas, de su pueblo o región y ciudadanos del mundo. Quizá por ello, la perspectiva de buscar salida en otros horizontes no se les aparece como un desgarro emocionalmente traumático: cuando ninguna tierra resulta realmente ajena no es esperable la sensación de desarraigo.

Es esta una generación que reúne todas las condiciones necesarias para revitalizar una sociedad —como es en estos momentos la española— desconcertada, sin liderazgos reconocidos y sin horizontes comunes claros, pero que anhela —y necesita con urgencia— un nuevo relanzamiento. Es una generación, en suma, que no podemos perder.

José Juan Toharia es presidente de Metroscopia.

Elecciones europeas. Barómetro preelectoral: abril 2014

Metroscopia on Lunes, 28 Abril 2014. Posted in Análisis - Blog

28/04/2014

Elecciones europeas

Queda tan solo un mes para las elecciones al Parlamente Europeo y los datos que arroja el sondeo de Metroscopia siguen reflejando, como en oleadas anteriores, un futuro electoral incierto. Si los comicios tuvieran lugar ahora se produciría un práctico empate entre PP y PSOE con una ligera ventaja, de tan solo cuatro décimas, de los populares sobre los socialistas: 32.6 % frente a 32.2 %.

Es la primera vez que el PP adelanta al PSOE en la estimación de resultado electoral en las cuatro oleadas de este Barómetro que se llevan realizadas desde que comenzara el año. La proximidad de las elecciones parece haber movilizado a los electorados de estos dos partidos —en alguna mayor medida al popular que al socialista, de ahí su ventaja— en perjuicio de IU y UPyD que hasta ahora venían siendo receptores de los votantes del PP y del PSOE descontentos con sus formaciones. En el caso de UPyD, el descenso con respecto a oleadas anteriores es más pronunciado que en el de IU, probablemente porque se nutre casi en la misma proporción de votantes infieles tanto del PP como del PSOE: cuando los dos grandes partidos logran retener a sus votantes el crecimiento de aquellos se ve limitado. El descenso de IU en comparación con las cinco oleadas anteriores tiene que ver, por un lado, con el repunte socialista (votantes que finalmente volverían a confiar en la lista del PSOE) y, por otro lado, con la fuga de votantes —de momento menor— hacia el nuevo partido Podemos: el lento pero paulatino crecimiento de la formación encabezada por Pablo Iglesias se debe en parte a la llegada de votantes que en 2009 apoyaron a la coalición rojiverde.

En todo caso, tanto PP como PSOE obtendrían un claro peor resultado que en los comicios de 2009: casi 10 puntos porcentuales y cuatro diputados menos en el caso de los populares y  seis puntos largos y cuatro diputados menos en el de los socialistas. Y, al contrario, tanto IU como UPyD mejorarían sustancialmente sus resultados con respecto a hace cinco años. La formación encabezada por Willy Meyer triplicaría el porcentaje de hace cinco años y lograría ahora un 12.0 % de los votos y 7 diputados (en 2009 obtuvo un 3.7 % y dos escaños) y la lista liderada por Francisco Sosa Wagner lograría ahora un 4.6 % de los votos y dos diputados (dos puntos y un escaño más que en los anteriores comicios).

El resto de los 54 escaños que le vuelven a corresponder a España en el Parlamento Europeo se distribuirían de la siguiente manera:

La Coalición por Europa, conformada por CiU, PNV y Coalición Canaria, lograrían dos escaños con el 4.7 % de los votos. Hace cinco años la coalición de la que formaban parte estos tres partidos obtuvo el 5.1 % de los votos y tres diputados.

La coalición liderada por ERC (L'Esquerra pel Dret a Decidir) obtendría el 4.2 % de los votos y dos escaños. En las elecciones de 2009, Esquerra se presentó junto con, entre otros, el BNG, Aralar, la Chunta y Eusko Alkartasuna logrando un 2.5 % de los votos y 1 diputado.

En el posible duelo particular que mantengan CiU y ERC cabe decir que, por separado, los republicanos superan a los convergentes: 4.1 % frente a 2.8 % en estimación de voto.

La primera vez que Ciutadans se presenta a unas elecciones europeas lograría obtener representación: un diputado con el 2.1 % de los votos. En Cataluña parece haber consolidado gran parte de su base electoral lograda en las elecciones autonómicas de 2012 (logró experimentar un sustancial crecimiento) y en el resto de España lograría atraer sobre todo a anteriores votantes del PP.

Finalmente Primavera Europea, coalición formada por EQUO y Compromís (ninguna de las dos presentes en los comicios de 2009), lograría un diputado con el 1.8 % de los votos.

Por tercera vez consecutiva la participación electoral se situaría por debajo del 50 %: ahora se estima que rondaría el 43 % (en 2009 fue del 46 % y en 2004), con lo que la abstención alcanzaría un porcentaje record en nuestro país.

El conocimiento ciudadano de los líderes de los principales partidos y coaliciones que concurren a estas elecciones es muy dispar. Solo el candidato del PP, Miguel Árias Cañete, y la candidata del PSOE, Elena Valenciano, son ampliamente conocidos: 80 % y 64 % respectivamente. Ambos obtienen una puntuación media similar entre el conjunto de la ciudadanía (4.5 Cañete y 4.6 Valenciano) si bien el exministro de Agricultura está mejor evaluado entre el electorado popular (6.7) que cabeza de lista del PSOE entre el socialista (5.7).

Estimación de europeas de abril 2014

Gráficos de europeas abril 2014

Partido al que no votaría Abril 2014

INTENCIÓN DIRECTA DE VOTO

La intención directa de voto equivale a la voz de la calle. Es lo que los españoles responden de forma directa y espontánea cuando se les pregunta por su comportamiento electoral más probable. Es un dato clave para captar el estado de opinión predominante, pero debe ser interpretado con cautela pues no siempre refleja todo lo que los electores piensan, sino sólo lo que deciden revelar al ser preguntados. Distintos factores de coacción ambiental hacen que la verbalización de las distintas opciones ideológicas (su probabilidad de ser expresadas de forma espontánea y natural) no sea siempre la misma. La intención directa de voto (IDV) es, así, sometida a una serie de procesos de ajuste (a partir, fundamentalmente, del recuerdo de voto, de la fidelidad de voto, de la tasa de participación estimada, de la valoración  por cada grupo de votantes de la gestión de cada partido y de sus líderes y de otros datos complementarios proporcionados por el sondeo sobre el estado de ánimo general de las personas entrevistadas) que permitan estimar cuál es, en esas circunstancias, el resultado más probablemente esperable. Obviamente, a partir de una misma IDV sería posible, utilizando otros criterios analíticos e interpretativos, obtener estimaciones de resultado electoral no necesariamente coincidentes con la que aquí se ofrece. La estimación de voto probable, por tanto, no es ya un dato directamente conseguido de la ciudadanía, sino una interpretación de sus declaraciones realizada a partir de unos supuestos determinados (lo que se conoce como “cocina electoral”). Aunque con frecuencia, por un uso descuidado, se confunda intención directa de voto y voto probable estimado, en realidad son cosas distintas. Una intención directa de voto muy elevada puede terminar, tras ser procesada, en una estimación de voto probable más reducida, o a la inversa. La IDV se compara con el resultado real que cada partido obtuvo sobre el Censo de españoles residentes (CER).

Por su parte, los datos de voto estimado se comparan con el resultado real de cada partido sobre el total de votos válidosIDV Europeas Abril 2014

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Foto freshwater2006

A pocos y poco

José Juan Toharia on Domingo, 27 Abril 2014. Posted in Artículos

El País 27/04/2014

La participación en las elecciones europeas del próximo 25 de mayo (en torno al 43%) puede ser la más baja de las seis hasta ahora celebradas en nuestro país, según la estimación de Metroscopia. Pero el dato quizá más destacable en la actualidad es que, entre quienes afirman de manera rotunda su firme decisión de acudir a votar, la mitad dice al mismo tiempo que todavía no tiene claro a quién lo hará. O dicho de otro modo, a un mes de la elección, apenas algo más del 20% de los españoles con derecho a voto tiene ya decidido a qué candidato entregarlo. Un porcentaje similar tiene decidido votar, pero no a quién. Es fácil comprender que, en estas condiciones, la estimación del voto probable – por cautelosa y prudente que sea—deviene especialmente azarosa y debe ser tomada con redoblada prudencia.

Esta es una elección que interesa a pocos, y a esos pocos –como se ve-, muy poco. Europa, lamentablemente, tiene poco que ver con el asunto. Tan voluminosa abstención, y tan abultado silencio entre quienes se declaran electoralmente movilizados, tienen una misma causa: los españoles siguen muy enfadados con los dos grandes partidos nacionales y, aunque hayan estado coqueteando –en los sondeos, se entiende- con otras dos formaciones de ámbito nacional, no parece probable que la irritación con aquellos o la atracción por estos vaya a traducirse ya en una recomposición sustancial del mapa electoral. Las formaciones de signo nacionalista mantendrán, básicamente, su peso anterior y algunas de las de nuevo cuño pueden hasta bordear la consecución de un escaño. El resultado de todo ello es que, el 26 de mayo, PP y PSOE amanecerán, sin duda, erosionados, pero a consecuencia de una elección cuyos resultados son sencillamente imposibles de trasladar, milimétricamente, a otra con 52 circunscripciones de muy dispar peso electoral: o sea, que sus rasguños (y los que quepa imputar al actual sistema de partidos) distarán mucho de ser profundos. Lo cual no causará mayor decepción: sondeo tras sondeo, los españoles han venido declarando con claridad que, en realidad, lo que desean no es un cambio de sistema; que lo que quieren no es que surjan nuevos partidos, sino que los actuales funciones de otra manera; y que lo que desean no es una vida pública dominada por actitudes “sin complejos”, sino alimentada por el espíritu de pacto, transacción y mutua lealtad que caracterizara –tal y como ha quedado fijada en la memoria colectiva- la tan añorada transición a la democracia.

Barómetro electoral: abril 2014

Metroscopia on Lunes, 07 Abril 2014. Posted in Análisis - Blog

07/04/2014

Barómetro electoral marzo 2014

La mejora de la economía española que últimamente vienen proclamando el Gobierno y algunos empresarios apoyándose para ello en datos macroeconómicos no es percibida, sin embargo, por la mayoría de los ciudadanos. Por un lado, el porcentaje de españoles que califica negativamente la situación económica de España sigue siendo abrumador (90 %). Por otro lado, en estos dos últimos años las familias españolas no han percibido cambio alguno en su economía familiar ni para bien ni para mal: un 42 % califica su economía doméstica positivamente y un 32 % negativamente, prácticamente los mismos porcentajes que en abril de 2012 (39 % y 33 % respectivamente). De hecho, el porcentaje de españoles que afirma que le cuesta llegar a fin de mes permanece invariable: 42 % ahora frente al 41 % de hace dos años.

Lo que sí ha cambiado en este período de tiempo son las expectativas de los ciudadanos con respecto a la evolución de la economía nacional: aunque la mayoría (50 %) cree que esta no va a variar, quienes consideran que mejorará en los próximos meses superan ahora a quienes creen que empeorará —29 % frente a 19 %— cuando hace dos años la mayoría se mostraba pesimista a este respecto (el 44 % creía entonces que la situación iba a empeorar y solo un 17 % que mejoraría). Y aunque sigue siendo minoritario, el porcentaje de ciudadanos que piensa que está ya próximo el momento en que el paro dejará de crecer para empezar a bajar de forma continuada ha aumentado 10 puntos a lo largo del último año: supone un 27 % ahora frente al 17 % de abril de 2013. No obstante, los españoles no parecen relacionar estas expectativas de leve, pero ya perceptible, mejoría con la gestión gubernamental: hace un año, cuando el diagnóstico del español medio sobre la economía era más pesimista, un 74 % pensaba que el Gobierno no estaba sabiendo hacer frente de forma adecuada a la crisis; ahora, cuando empieza a percibirse que las cosas están mejorando, lo sigue pensando un 76 %.

Por otro lado, las perspectivas de los ciudadanos sobre la evolución de su economía doméstica no son tan optimistas como las referidas al ámbito nacional y solo un 12 % piensa que su situación económica familiar va a mejorar en los próximos meses frente a un 16 % que cree que empeorará (la mayoría, 69 %, cree que no va a experimentar cambios).

Situación económica: abril 2014

Los ciudadanos corresponsabilizan por igual al anterior Gobierno socialista de Zapatero y al actual de Rajoy de la situación económica en la que ahora se encuentra nuestro país. En el momento actual, el mensaje de la mejoría de la economía nacional parece estar calando entre la ciudadanía, pero esta sigue sin percibir todavía que ello le suponga beneficio alguno personal y tampoco lo atisba en un futuro cercano. Si esta situación se mantuviera en el tiempo, puede acabar generando un sentimiento de frustración entre los ciudadanos (que concluirían que esa mejoría global que perciben no acaba de alcanzarles también a ellos), lo que más pronto que tarde afectaría negativamente a la imagen del Gobierno y a los apoyos electorales al PP.

Si se celebrasen ahora unas elecciones generales, el resultado más probable, a la luz de los datos de este sondeo, es que las ganaría el PSOE por una diferencia mínima sobre el PP: tan solo medio punto (32.3 % frente a 31. 8%). Es decir, se produciría realmente un práctico empate —esta diferencia de medio punto entra dentro de los límites del margen de error estimado del sondeo y cabe por tanto interpretarla solo como una tendencia latente— ; pero un resultado así supondría para los populares la pérdida de casi 13 puntos con respecto al resultado logrado en 2011 (consiguieron entonces el 44.6 % de los votos) mientras que para los socialistas representaría un aumento de más de tres puntos y medio (obtuvieron el 28. 7 %). El resultado estimado para IU y UPyD mejora los obtenidos por estos partidos en las elecciones de 2011 pero tienden a decrecer con respecto a los de oleadas anteriores del Barómetro de Clima Social. Aun es pronto para interpretar este leve descenso como inicio de una posible tendencia a la contracción del voto por estas dos formaciones a medida que se percibe más cercana la próxima cita electoral. La estimación de participación sigue estabilizada en el entorno del 65 %,  unos seis puntos inferior a la de 2011.

Un abrumador 84 % de los españoles evalúa negativamente la situación política de nuestro país si bien, con todo, este porcentaje es 12 puntos inferior al de abril de 2013. Una tenue mejora que no influye en la imagen ciudadana del Presidente Rajoy: tres de cada cuatro españoles desaprueba su gestión al frente del Gobierno (75 %; y casi uno de cada dos votantes del PP: el 45%), la misma proporción que en abril del año pasado. Por su parte, todos los ministros del Gobierno siguen obteniendo un saldo negativo a su gestión entre los ciudadanos—son más quienes les desaprueban que quienes les aprueban—, pero con respecto a hace exactamente un año destacan dos ministros por haber mejorado su imagen tanto entre el conjunto de la ciudadanía como entre los votantes del PP (el de Defensa, Pedro Morenés, y el de Economía, Luis de Guindos) y cinco por haberla empeorado (el de Industria, José Manuel Soria; el de Hacienda, Cristobal Montoro; el de Interior, Jorge Fernández Díaz; el de Educación José Ignacio Wert; y el de Justicia Alberto Ruiz Gallardón).

Estimación de voto: abril 2014

Ministros abril 2014

 INTENCIÓN DIRECTA DE VOTO

La intención directa de voto equivale a la voz de la calle. Es lo que los españoles responden de forma directa y espontánea cuando se les pregunta por su comportamiento electoral más probable. Es un dato clave para captar el estado de opinión predominante, pero debe ser interpretado con cautela pues no siempre refleja todo lo que los electores piensan, sino sólo lo que deciden revelar al ser preguntados. Distintos factores de coacción ambiental hacen que la verbalización de las distintas opciones ideológicas (su probabilidad de ser expresadas de forma espontánea y natural) no sea siempre la misma. La intención directa de voto (IDV) es, así, sometida a una serie de procesos de ajuste (a partir, fundamentalmente, del recuerdo de voto, de la fidelidad de voto, de la tasa de participación estimada, de la valoración  por cada grupo de votantes de la gestión de cada partido y de sus líderes y de otros datos complementarios proporcionados por el sondeo sobre el estado de ánimo general de las personas entrevistadas) que permitan estimar cuál es, en esas circunstancias, el resultado más probablemente esperable. Obviamente, a partir de una misma IDV sería posible, utilizando otros criterios analíticos e interpretativos, obtener estimaciones de resultado electoral no necesariamente coincidentes con la que aquí se ofrece. La estimación de voto probable, por tanto, no es ya un dato directamente conseguido de la ciudadanía, sino una interpretación de sus declaraciones realizada a partir de unos supuestos determinados (lo que se conoce como “cocina electoral”). Aunque con frecuencia, por un uso descuidado, se confunda intención directa de voto y voto probable estimado, en realidad son cosas distintas. Una intención directa de voto muy elevada puede terminar, tras ser procesada, en una estimación de voto probable más reducida, o a la inversa. La IDV se compara con el resultado real que cada partido obtuvo sobre el Censo de españoles residentes (CER). Por su parte, los datos de voto estimado se comparan con el resultado real de cada partido sobre el total de votos válidos.

En esta oleada del Clima Social correspondiente al mes de Abril de 2014 la intención directa de voto es la siguiente:

IDV Abril 2014 Generales

Fotografía: Election night crowd, Wellington, 1931. William Hall Raine. Photographic Archive, Alexander Turnbull Library

La necesidad de renovar las energías urbanas

Mar Toharia on Viernes, 28 Marzo 2014. Posted in Análisis - Blog

28/03/2014

La necesidad de renovar las energías urbanas

Coches y tráfico. En redes de transporte cada vez más complejas. Viajes en avión, ya sea por vacaciones o trabajo, que aumentan su número. Electrodomésticos, varios en cada vivienda. Calefacción, una necesidad. Alimentos que viajan kilómetros hasta llegar a nuestros platos. Plásticos, para envolver o producir objetos. Y de esos objetos, cientos. De esta forma, desde el siglo pasado, nuestro consumo de energía se ha ido multiplicando por 13. Tanto es así, que el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) asegura que la demanda mundial de recursos naturales supera en un 50 % lo que la tierra puede suministrar de forma sostenible. Las emisiones de gases de efecto invernadero, ligadas al consumo de fuentes de energía no renovable, nos han conducido al cambio climático y a un progresivo calentamiento de la atmósfera. Y así sigue siendo, a pesar del Protocolo de Kioto, cuyo objetivo es reducir estas emisiones y que ahora comienza un segundo período de vigencia hasta 2020, sin el respaldo de Estados Unidos, Rusia, Japón o Canadá.

El papel de las ciudades en este contexto global resulta fundamental. Hoy, más del 50 % de la población mundial reside en espacios urbanos y su consumo de energía se satisface mayoritariamente (88 %) con combustibles fósiles no renovables. Por eso, según la ONU, las ciudades son responsables de casi un 75 % de todas las emisiones de CO2 al ambiente, así como de muchos otros gases de efecto invernadero. Parece que parte de la sociedad española es consciente de ello: el 77 % considera que cada vez que utilizamos carbón, gasóleo o gas estamos contribuyendo probablemente al cambio climático. Opinan, además, que la contaminación atmosférica producida por los automóviles es muy peligrosa para el medio ambiente (67 %), igual que los pesticidas y los productos químicos utilizados en la agricultura (73 %) o el aumento de la temperatura de la Tierra (72 %). Por otro lado, el 69 % de los españoles mantiene que, para satisfacer sus futuras necesidades energéticas, España debería dar prioridad a la energía solar, eólica o hidráulica.

Así, van naciendo iniciativas que suponen una alternativa tanto a las fuentes de producción energética como a su nivel de consumo. Ejemplo de ello son las comunidades de transición. O casos como Wildpoldsried, un pueblo alemán de unos 5 000 habitantes cercano a Munich que genera 6 veces más energía renovable de la que consume. También la isla de El Hierro, que proyecta abastecerse al 100 % con energías renovables gracias a la Central Hidroeólica Gorona del Viento. O las ciudades de baja energía, asociación europea que reúne pueblos y ciudades de 30 países (como Barcelona, Málaga o San Sebastián) y propone abandonar el uso de energías fósiles y priorizar el protagonismo de los peatones en los espacios públicos.

El informe Cambio Global España 2020-2050, del Centro Complutense de Estudios e Información Medioambiental (CCEIM), afirma que, efectivamente, la solución no será conseguir más energía, sino “cubrir racionalmente las necesidades de todas las personas y el desarrollo económico con menos energía, y planificar un sistema energético compatible con el funcionamiento de los ecosistemas”. Considera que esto es posible, pero requerirá voluntad política. Y la sociedad española parece estar de acuerdo: el 63 % piensa que España hace aún demasiado poco para proteger el medio ambiente y un 73 % opina que solo si cambiamos nuestra forma de vida, se podrá resolver el problema del cambio climático. Parece que existe un cierto consenso social: es necesario renovar energías.

Mar Toharia Terán es geógrafa y analista de Metroscopia
(Ilustración: MTT)

Una nota final excepcional

José Juan Toharia on Lunes, 24 Marzo 2014. Posted in Artículos

EL PAÍS 24/03/2014

"Esta es Castilla —en nuestro caso, cabría decir España— que hace a los hombres y los gasta". Pero, al menos en el caso de Adolfo Suárez, se podría completar la amarga frase dejada para la historia, al pie del cadalso, por don Alfonso Fernández Coronel (allá por 1353) con un estrambote reconfortante: "…y que, pasado un tiempo, los rescata y realza". No hay en nuestros últimos cuarenta años de vida colectiva una figura política que haya sido, sucesivamente, tan jaleada, vilipendiada, ignorada y, por último, tan admirada y reconocida como Adolfo Suárez. No es mi opinión: es lo que indican los datos.

En los sondeos realizados en los años en que presidió el gobierno, Suárez obtuvo evaluaciones, entre la ciudadanía, que no bajaron del 5 y que, en ocasiones, superaron el 6 —notas medias, siempre en una escala evaluativa de 0 a 10, más que positivas para una figura pública—. En 1987, cuando aún aleteaba el CDS que creara, lograba mantener un 5,2. Pero en 1991, dimitido ya como presidente del partido, e inmediatamente relegada su figura al desván de los juguetes políticos rotos, el último sondeo en que su nombre fue incluido le otorgó un pobre 3,7.

Y vinieron poco después tiempos distintos, en que se consideró necesario pasar a una política "sin complejos" —en realidad, a una política sin modales, o, al menos, sin los modales de pacto, transacción y mutua lealtad de nuestros primeros años democráticos—. Y ello, no sin cierta paradoja, contribuyó a agigantar —en el recuerdo de quienes la vivieron y en el relato transmitido a quienes la conocieron solo de oídas— nuestra transición a la democracia: el modo en que fue afrontada por los distintos actores políticos y el logro histórico colectivo que supuso la generosidad y alturas de miras de todos ellos.

Y eso rescató de las sombras a quien —ciertamente con el amparo e impulso de la Corona— tuvo que llevar el timón en los primeros y más turbios momentos de la misma. Y se recuperó la memoria de su figura, quizá como involuntaria compensación del destino a la que él perdía. Así, en el último sondeo en que, en mi conocimiento, volvió a someterse a evaluación ciudadana a Adolfo Suárez —realizado por Metroscopia en noviembre de 2010, es decir, cuando ya era conocida la decadencia física del primer presidente de gobierno de la actual democracia— este apareció en un destacado, estelar, primer lugar con una puntuación media excepcional (7,9).

Cabe pensar que, en alguna medida, su estado de salud pudo haber propiciado en ese momento algún plus de conmiseración —y quien sabe si de mala conciencia— en algunos de sus conciudadanos. Pero parece impensable que eso, por sí solo, baste para explicar que votantes del PP, PSOE e IU, y que españoles jóvenes, de mediana edad o mayores, coincidan, tantos años después, en otorgar una nota final tan excepcional a quien, probablemente, se marcha sin tener conciencia de haberla obtenido.

José Juan Toharia es catedrático emérito de Sociología y presidente de Metroscopia.

Elecciones europeas. Barómetro preelectoral: marzo 2014

José Pablo Ferrándiz Metroscopia on Lunes, 24 Marzo 2014. Posted in Análisis - Blog

24/03/2014

Foto del Parlamento Europeo

Restañar las heridas

El PSOE aumenta su distancia con respecto al PP. Si las elecciones al Parlamento Europeo del próximo 25 de mayo tuvieran lugar ahora los socialistas superarían a los populares por 3.3 puntos: 29.0 % frente a 25.7 %. Es el tercer mes consecutivo en el que el PSOE se sitúa por delante del PP en la estimación de resultado electoral: desde la oleada de enero del Barómetro Europeo —en la que se produjo el vuelco— la distancia se ha ido ampliando debido a la tendencia ascendente que adquirió el PSOE  y la descendente del PP.

Al contrario de lo que suele ser habitual en los sondeos preelectorales —el incremento de la intención expresada por los electores de acudir a votar según se van acercando los comicios— en esta ocasión, cuando quedan tan solo dos meses para la celebración de las elecciones, la participación estimada cae seis puntos con respecto a oleadas anteriores (y con respecto a la registrada en los comicios de 2009): ahora se sitúa en el entorno del 40 %. Un descenso que perjudica en mayor medida al PP que al PSOE. En realidad, tanto los socialistas como, sobre todo, los populares sufren un sustancial descenso respecto a su resultado de 2009 (de casi 10 puntos en el caso del PSOE y de casi 17 en el del PP). Pero entre los ciudadanos actualmente movilizados —es decir, quienes ahora declaran con rotundidad su firme intención de acudir a votar el próximo 25 de mayo— predominan con claridad quienes indican que votarán al PSOE  en vez de al PP. La abstención —y no el voto a otra opción política, que es lo más habitual— parece ser la alternativa por ahora escogida por una parte del electorado para castigar al Gobierno del PP en estas elecciones europeas.

En estos comicios —los primeros de ámbito nacional que se van a celebrar en nuestro país desde las generales de 2011— el deseo de victoria está más extendido entre el electorado socialista que entre el popular (lo que puede entenderse también como un factor latente de movilización electoral): un 76 % de los votantes del PSOE dice que prefiere que el próximo 25 de mayo gane su partido frente a un 62 % de los votantes populares que desea el triunfo de los suyos. De producirse, sería la primera victoria del PSOE en unas elecciones desde su victoria en las generales de 2008. De momento, el PSOE es el partido del que un mayor porcentaje de electores piensa que defenderá mejor que otros los intereses de España en el futuro parlamento europeo (20 %, frente a un 15 % que menciona al PP), y el partido que tiene una idea más cercana a la de los ciudadanos sobre lo que debería ser la Unión Europea (19 % frente al 15 % que menciona al PP).

Aunque aumenta, en votos, la distancia entre PSOE y PP, la distribución de escaños no varía con respecto a la oleada anterior: los socialistas seguirían logrando 18 frente a los 16 que obtendrían los populares. Entre los dos sumarían 10 escaños menos que los logrados en 2009 (34 ahora, frente a los 44 de hace cinco años). Esta pérdida de representatividad beneficiaría fundamentalmente a IU y a UPyD. La coalición encabezada nuevamente por Willy Meyer casi cuadriplicaría su actual porcentaje de voto (de 3.7 % pasaría a 14.1 %) y lograría 9 diputados (siete más que ahora); el partido magenta, por su parte, —que también repite cabeza de lista con Francisco Sosa-Wagner— pasaría del 2.9 % logrado en 2009 a un 8.4 % ahora y de 1 a 5 diputados. El resto de escaños en liza se repartirían entre la coalición formada por, entre otros, CiU, PNV y CC (2); la candidatura de ERC (2); la coalición de Bildu y BNG (1) y Ciutadans (1).

En todo caso, hay que tener en cuenta dos importantes factores que podrían hacer variar los resultados estimados en este sondeo en las ocho semanas que quedan hasta las elecciones. Por un lado, el PP todavía no ha designado a su candidato —lo hará, según anunció Rajoy, el próximo 4 de abril— y, por otro lado, todavía es posible —por plazos— que se conformen nuevas coaliciones o que se presenten nuevas candidaturas alternativas a las actuales. Todo lo cual, en alguna medida, puede sin duda afectar a la estimación del resultado final que, hoy por hoy, sugieren los datos.

De cara a la posible movilización de los electores en la ya cercana campaña electoral, los partidos políticos habrían de tener en cuenta que una amplia mayoría de ciudadanos piensa que el nuevo Parlamento que salga elegido tras estas próximas elecciones debería dar más importancia al desarrollo de políticas sociales para las personas más desfavorecidas como consecuencia de la crisis (68 %) que a políticas destinadas fundamentalmente a fomentar el crecimiento económico de los países (29 %). Un giro social en las políticas europeas que reclama la amplia mayoría de votantes del PSOE (75 % frente a 22 %) pero, también, del PP (56% frente a 40 %). Parece considerarse, de forma ampliamente mayoritaria, que, además de consolidar la salida de la crisis, esta es ya la hora de empezar a restañar las profundas heridas dejadas por esta.

Estimación Europeas Marzo 2014

Preferencia sobre el ganador
La diferencia hasta 100 en la suma vertical de porcentajes corresponde a No sabe / No contesta
* Respuesta espontánea, esta alternativa no se ofrecía en la entrevista

Partido que defenderá mejor los intereses de España
La diferencia hasta 100 en la suma vertical de porcentajes corresponde a No sabe / No contesta

Idea más cercana sobre la UE

Dar más importancia a...
La diferencia hasta 100 en la suma vertical de porcentajes corresponde a No sabe / No contesta

INTENCIÓN DIRECTA DE VOTO

La intención directa de voto equivale a la voz de la calle. Es lo que los españoles responden de forma directa y espontánea cuando se les pregunta por su comportamiento electoral más probable. Es un dato clave para captar el estado de opinión predominante, pero debe ser interpretado con cautela pues no siempre refleja todo lo que los electores piensan, sino sólo lo que deciden revelar al ser preguntados. Distintos factores de coacción ambiental hacen que la verbalización de las distintas opciones ideológicas (su probabilidad de ser expresadas de forma espontánea y natural) no sea siempre la misma. La intención directa de voto (IDV) es, así, sometida a una serie de procesos de ajuste (a partir, fundamentalmente, del recuerdo de voto, de la fidelidad de voto, de la tasa de participación estimada, de la valoración  por cada grupo de votantes de la gestión de cada partido y de sus líderes y de otros datos complementarios proporcionados por el sondeo sobre el estado de ánimo general de las personas entrevistadas) que permitan estimar cuál es, en esas circunstancias, el resultado más probablemente esperable. Obviamente, a partir de una misma IDV sería posible, utilizando otros criterios analíticos e interpretativos, obtener estimaciones de resultado electoral no necesariamente coincidentes con la que aquí se ofrece. La estimación de voto probable, por tanto, no es ya un dato directamente conseguido de la ciudadanía, sino una interpretación de sus declaraciones realizada a partir de unos supuestos determinados (lo que se conoce como “cocina electoral”). Aunque con frecuencia, por un uso descuidado, se confunda intención directa de voto y voto probable estimado, en realidad son cosas distintas. Una intención directa de voto muy elevada puede terminar, tras ser procesada, en una estimación de voto probable más reducida, o a la inversa. La IDV se compara con el resultado real que cada partido obtuvo sobre el Censo de españoles residentes (CER). Por su parte, los datos de voto estimado se comparan con el resultado real de cada partido sobre el total de votos válidos.

IDV Europeas Marzo 2014

En twitter @JPFerrandiz

Foto freshwater2006

El español medio

Susana Arbas on Miércoles, 12 Marzo 2014. Posted in Análisis - Blog

12/03/2014

 El español medio

Soy María, así, simplemente. Tengo 42 años, uno más dentro de nada —esto va cada vez más rápido; un suspiro, que diría mi abuela—. Un hijo. Un divorcio. Trabajo en una pyme, y aunque lo que hago no me emociona, me compensa encontrarme cada día con mis compañeros, casi con todos. Reconozco que soy católica, más por una querencia de la infancia que por verdadero convencimiento. Me espeluzna la jerarquía de nuestra Iglesia, por eso espero que el nuevo papa los pastoree en otra dirección. Qué majete.

Ideológicamente no termino de casarme, ni siquiera arrejuntarme, con ningún partido. Creo que soy más bien de centro, con cabeceos a la izquierda. Lo que no me ha impedido votar al PP en las elecciones de 2011; era ya hora de cambiar, que no parecían salir de su estupor. Cosa de la que he empezado a arrepentirme. Que se tocara la Sanidad y la Educación hasta puedo comprenderlo; me cuesta, pero trago porque la crisis había que afrontarla. Van y se meten con la Justicia, no para hacerla más eficaz y, así, más justa, sino para que la paguemos dos veces: impuestos y tasas. Me aguanto. Ahora bien, ¿qué necesidad había de embestir con el aborto? Y no porque crea que el aborto sea un derecho, que no lo es, el derecho es la libertad para decidir si se quiere seguir adelante con el embarazo o no. La protección a lo que está por venir se coloca por encima de lo que ya existe y convierte a la mujer en rehén de la sociedad. Y muy agradecida quedo de que por lo menos no me metáis en la cárcel si finalmente, y a pesar de todo, aborto. Nunca extrañéis que un bruto se descuerne luchando por la idea, que bien podía haber dicho mi abuela, pero se le adelantó Machado.

Y, en la misma línea paternalista, seguimos con una constitución que dice que los futuros reyes de España serán siempre hombres. Soy monárquica como soy católica, por costumbre, y si funciona… Soy juancarlista y seré felipista —cuanto antes mejor, por cierto, que el niño está preparado y el papá, cada vez peor—, pero no podré ser leonorista, bueno quizá sí, si dos médicos me lo certifican.

Siempre he vivido en democracia. La doy por hecho. Pero no me siento a gusto tal y como ahora funciona. Quisiera que hubiera más acuerdo y menos ahora me toca a mí y hago lo que me da la gana porque puedo, o no hago nada, que también puedo. Que los políticos supieran lo que realmente la gente del montón, como yo, es. Parece que viven en una sociedad diferente a la mía. Como si el mundo se les hubiera reducido y solo cupieran los demás políticos, amigos, amiguetes y conocidos; y, cada cuatro años, se les llenara de pronto de una masa informe que tratan de moldear lo más rápidamente posible con el único objetivo de sacarle el voto para el propio partido. A partir de ese momento, vuelve a desaparecer de su horizonte. A veces, se les amontonan algunos frente al Congreso, pero se han encargado ya, con contundencia, de ponérselo muy difícil. Otra más.

Me preocupa el futuro, sobre todo por mi hijo. Estoy dispuesta a hacer sacrificios, a economizar en todo lo que esté a mi alcance, y aún así, creo que cuando salgamos de esta larga crisis, lenta y fatigosamente, nuestra calidad de vida será más pobre que antes. Siempre me he considerado de clase media, ahora me veo más bien como media-baja; si me apuras, media-baja-baja. A pesar de ello, encaro la vida con optimismo, más fruto de la esperanza que de la convicción. Así que continuaré ahorrando, si la escasez me lo permite, porque no voy a escatimar esfuerzos para que mi hijo tenga la mejor formación y llegue a la excelencia. Que la criatura apunta maneras y puede ser la que piense de esas diez cabezas de las que nueve embisten. Lo decía el mismo señor y no desmerece en nada a mi abuela.

Foto de brendan-c