Sostenerse o perder el equilibrio

Mar Toharia on Lunes, 27 Enero 2014. Posted in Análisis - Blog

27/01/2014

Sostenibilidad

El concepto de sostenibilidad se utiliza por primera vez, en 1987, en el Informe Brundtland de la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo (CMMAD) de Naciones Unidas, y se definió como "la satisfacción de las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades". El texto, cuyo objetivo fue el análisis de la situación del momento, demostró cómo el modelo de desarrollo elegido provocaba un creciente deterioro medioambiental y, además, pobreza y vulnerabilidad para un amplio porcentaje de la población mundial. Casi tres décadas después, la sostenibilidad del modo de vida humano y la satisfacción de las necesidades básicas siguen siendo un desafío planetario. Hoy, 85 personas acumulan tanta riqueza como los 3 570 millones de personas más pobres, y casi la mitad de la riqueza mundial está en manos del 1 % de la población.

El Club de Roma, en su informe Los límites del crecimiento (1972), ya había planteado la imposibilidad de un modelo económico global basado en el crecimiento ilimitado y en el consumo de unos recursos naturales que son finitos. A menudo, se ha concebido la naturaleza como un acompañante de capacidades prácticamente inagotables y se ha ligado la idea de desarrollo a los bienes materiales. De hecho, si todas las naciones vivieran al ritmo de Estados Unidos (que consume casi la cuarta parte de los recursos mundiales), se necesitarían al menos cinco planetas como la Tierra. Y más de tres si lo hiciéramos como en España.

Aproximadamente la mitad de los españoles (54 %), según un sondeo reciente de Metroscopia, no sabe explicar en líneas generales y con razonable precisión qué es eso de la sostenibilidad. Sin embargo, esto no impide que el 72 % esté a favor de dedicar más recursos para proteger el medio ambiente y que el 48 % diga que los problemas del medio ambiente le afectan directamente en su vida diaria. Pero los desafíos socioecológicos no podrán resolverse de forma espontánea, la sostenibilidad de nuestros territorios, economías y sociedades debe ser una elección. Por eso, desde los años noventa, toman fuerza en Francia propuestas favorables al decrecimiento que abogan por la disminución controlada de la producción económica con el objetivo de establecer una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza; iniciativas como los huertos urbanos se multiplican en las ciudades europeas en los últimos años; y surgen diversas propuestas encaminadas a satisfacer las necesidades humanas básicas (subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad) bajo un modelo de desarrollo redefinido a escala humana y centrado en las personas.

Mar Toharia Terán es geógrafa y analista de Metroscopia.
Ilustración: Mar Toharia

La reforma de la Ley del Aborto

José Juan Toharia on Miércoles, 15 Enero 2014. Posted in Análisis - Blog

15/01/2014

La reforma de la Ley del Aborto - Anteproyecto de LeyLa reacción de los españoles, ante la reforma de la vigente legislación del aborto propuesta por el Ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, es contundente.

Por un lado, se considera que:

No es necesaria: lo piensa el 78%. Esta es la opinión mayoritaria entre los propios votantes del PP (57%). Entre el concreto sector de españoles que se definen como católicos practicantes (y que representan el 17% de la población adulta total), las opiniones tienden a dividirse, pero con todo predominan (50% frente a 41%) quienes no consideran necesaria esta reforma; y

• no responde a demanda social alguna: lo afirma el 75%.Y esta idea es ampliamente mayoritaria tanto entre votantes del PP (62% frente a 23%) como entre católicos practicantes (51% frente a 28%).

Por otro lado, el desacuerdo con su contenido es masivo:

• Para empezar, el 86% de los españoles considera que toda mujer embarazada debe tener derecho a decidir libremente si quiere seguir o no con su embarazo. Y esta opinión es ampliamente mayoritaria tanto entre los votantes del PP (68% frente a 25%) como entre quienes se definen como católicos practicantes (60% frente a 34%).

• El 84% está en desacuerdo con que la malformación del feto deje de ser un supuesto legalmente aceptable para poder abortar. Y expresan también de forma ampliamente mayoritaria este desacuerdo los votantes del PP (70% frente a 22%) y los católicos practicantes (59% frente a 30%).

• El 82% considera que el personal médico que asista a una mujer que opte por abortar no debe ser objeto de sanción penal alguna (y lo afirma también el 68% de los votantes populares y el 63% de los católicos practicantes).

El 78% de los españoles piensa que, si esta reforma entra en vigor, dará lugar a un aumento de los abortos clandestinos llevados a cabo en condiciones de inseguridad y riesgo. Además,

un 75% cree que el Gobierno ha impulsado esta reforma exclusivamente para complacer a los sectores más conservadores de la Iglesia católica española (significativamente, esta idea es expresada también por la mayoría de los propios católicos practicantes: 49% frente a 38%).

Así las cosas, no puede extrañar que un espectacular 91% de la ciudadanía (lo que en la práctica equivale a la unanimidad) reclame libertad de voto para que los diputados puedan votar en conciencia cuando esta reforma llegue al Congreso. Reclama ese voto en conciencia el 86% de los católicos practicantes y el 90% de los votantes del PP.


La reforma de la Ley del Aborto
Aborto Gráficos I

Aborto Gráficos II
Ficha técnica

Barómetro electoral: enero 2014

Metroscopia on Miércoles, 15 Enero 2014. Posted in Análisis - Blog

15/01/2014

Barómetro Electoral enero 2014
El anteproyecto de reforma de la vigente ley del aborto da lugar a un vuelco electoral

El PSOE ganaría ahora unas hipotéticas nuevas elecciones que se celebrasen de manera inmediata en España con una ventaja sobre el PP de 1.5 puntos: 33.5 % frente a 32.0 %. Un auténtico vuelco electoral teniendo en cuenta que en los comicios de 2011 los populares superaron por 16 puntos a los socialistas (44.6 % frente a 28.7 %). El PSOE mejoraría, así, en casi 5 puntos su actual porcentaje de voto (es, además, su mejor dato estimado desde que tuvieron lugar aquellas elecciones) y el PP perdería casi 13 puntos. La participación estimada se sitúa en torno al 65 %, casi siete puntos inferior que la de 2011.

PP y PSOE cuentan con una fidelidad de voto muy baja e, incluso, la de los socialistas supera por tres puntos a la de los populares: 41 % frente a 44 %. Entre los votantes del PP prevalecen los abstencionistas (un 20 % dice que no votaría si hubiera ahora elecciones) y entre los del PSOE los indecisos (un 23 % duda de si votaría o a quién hacerlo).

Es la segunda vez desde las elecciones de 2011 que los socialistas logran adelantar a los populares en el Barómetro. En la oleada de septiembre del año pasado el PSOE se situó cuatro décimas por delante del PP como consecuencia, tras las actuaciones judiciales en el caso Bárcenas del mes de agosto. Ahora, la reforma de la vigente ley del aborto impulsada por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, parece ser la principal responsable del hundimiento del PP.

Leve mejoría de la todavía mayoritaria percepción negativa sobre la situación económica

El resultado ahora estimado resulta especialmente significativo, además, porque se produce en un contexto en el que la percepción negativa sobre la situación económica de nuestro país tiende a suavizarse. Con respecto a la oleada de diciembre:

• disminuye cuatro puntos el porcentaje de españoles que consideran mala la situación económica de nuestro país;
• aumenta ocho puntos el de quienes piensan que en los próximos meses la economía de España mejorará;
• aumenta seis puntos el de quienes definen como buena su economía familiar;
• aumenta ocho puntos el de quienes creen que ya está próximo el momento en el que el paro dejará de crecer,
• y se amplia la ya amplia mayoría (71 %, ocho puntos más que en octubre pasado) que opina que la economía española ya ha tocado fondo y que a partir de ahora empezará a mejorar.

En todo caso, siguen siendo abrumadores los porcentajes de españoles que:

• califican negativamente la situación de la economía nacional (89 %),
• que piensan que en los próximos meses esta situación seguirá igual o incluso empeorará (68 %),
• que creen que la recuperación va a ser lenta (64 %),
• y que opinan que el paro va a seguir igual de alto que hasta ahora o incluso algo más (65 %).

El Gobierno no mejora su imagen

Sigue predominando la crítica y el recelo frente al Gobierno:

• un 75% de los ciudadanos considera que el Gobierno no está sabiendo hacer frente a la situación económica de manera adecuada (también lo piensa un 44 % de los votantes del PP);
• un 71 % cree que el Gobierno improvisa sobre la marcha (49 % el electorado popular ).
• Además, el presidente Rajoy es desaprobado por tres de cada cuatro españoles (75 %) y por la de la mitad de su electorado (53 % frente a 43 %).

Todos los ministros del actual Gabinete siguen registrando un elevado saldo negativo en la evaluación de su gestión (es decir, son claramente más los españoles que desaprueban su gestión que quienes la aprueban). Tres ministros destacan por su importante caída de imagen con respecto a la oleada de diciembre: el de Industria, José Manuel Soria (de un saldo negativo de -33 puntos pasa a uno de -48), el del Interior, Jorge Fernández Díaz (de -46 puntos pasa a -58) y el de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón (de -57 a -66). Gallardón pasa a ser el ministro peor evaluado por los propios votantes populares: un 57 % desaprueba su gestión frente a un 36 % que la aprueba (lo que supone un saldo claramente negativo: -21 puntos).

La ministra de Fomento, Ana Pastor, logra mejorar su imagen —en comparación con los datos de diciembre— tanto entre el conjunto de la ciudadanía como entre el propio electorado popular.

INTENCIÓN DIRECTA DE VOTO

La intención directa de voto equivale a la voz de la calle. Es lo que los españoles responden de forma directa y espontánea cuando se les pregunta por su comportamiento electoral más probable. Es un dato clave para captar el estado de opinión predominante, pero debe ser interpretado con cautela pues no siempre refleja todo lo que los electores piensan, sino sólo lo que deciden revelar al ser preguntados. Distintos factores de coacción ambiental hacen que la verbalización de las distintas opciones ideológicas (su probabilidad de ser expresadas de forma espontánea y natural) no sea siempre la misma. La intención directa de voto (IDV) es, así, sometida a una serie de procesos de ajuste (a partir, fundamentalmente, del recuerdo de voto, de la fidelidad de voto, de la tasa de participación estimada, de la valoración por cada grupo de votantes de la gestión de cada partido y de sus líderes y de otros datos complementarios proporcionados por el sondeo sobre el estado de ánimo general de las personas entrevistadas) que permitan estimar cuál es, en esas circunstancias, el resultado más probablemente esperable. Obviamente, a partir de una misma IDV sería posible, utilizando otros criterios analíticos e interpretativos, obtener estimaciones de resultado electoral no necesariamente coincidentes con la que aquí se ofrece. La estimación de voto probable, por tanto, no es ya un dato directamente conseguido de la ciudadanía, sino una interpretación de sus declaraciones realizada a partir de unos supuestos determinados (lo que se conoce como “cocina electoral”). Aunque con frecuencia, por un uso descuidado, se confunda intención directa de voto y voto probable estimado, en realidad son cosas distintas. Una intención directa de voto muy elevada puede terminar, tras ser procesada, en una estimación de voto probable más reducida, o a la inversa. La IDV se compara con el resultado real que cada partido obtuvo sobre el Censo de españoles residentes (CER). Por su parte, los datos de voto estimado se comparan con el resultado real de cada partido sobre el total de votos válidos.

IDV y clima político enero 2014

Ministros enero 2014

En esta oleada del Clima Social correspondiente al mes de enero de 2014 la intención directa de voto es la siguiente:

Intención directa de voto enero 2014

En twitter @JPFerrandiz

Gráficos: Infografía EL PAÍS

Ciudades resilientes

Mar Toharia on Martes, 07 Enero 2014. Posted in Análisis - Blog

07/01/2014

Ciudades resilientes

Resiliencia, según el Diccionario de la R.A.E. tiene dos acepciones. En psicología se define como “la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”; en mecánica, “la capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación”. Pero ¿y aplicada al urbanismo? Habitamos un planeta cada vez más urbanizado, donde los desafíos que plantean la degradación ambiental, el cambio climático o la desigualdad socioeconómica ponen de manifiesto la vulnerabilidad urbana. Y la capacidad de las urbes para sobreponerse a las crisis, tanto de origen natural como humano, y de asegurar una calidad de vida adecuada a todos sus habitantes se convierte en un reto planetario. Surge así el concepto ciudades resilientes.

De hecho, casi mil millones de personas viven en asentamientos informales que carecen de acceso a servicios básicos. Y más de la mitad de las ciudades más grandes del mundo, con poblaciones entre 2 y 15 millones de habitantes, se encuentran en zonas de alto riesgo sísmico. En España, en un contexto global marcado por la crisis económica, la pobreza severa afecta  hoy a 3 millones de personas, y más de 23.000 viven sin hogar. El 88 % de la población española opina que la situación económica general es mala o muy mala. Además, el 40 % prevé que dentro de un año la situación será igual y el 30 % considera que será peor. Por otra parte, nuestro país necesitaría hoy multiplicar casi por 3,5 su superficie para satisfacer el nivel de desarrollo y consumo actual. Quizá por todo ello, la resiliencia urbana genera un creciente interés.

Desde 2010, la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR) impulsa la campaña Desarrollando Ciudades Resilientes, que serán aquellas que implementen políticas locales de prevención y reducción de riesgos y de respuesta ante las catástrofes. Por su parte, Triple Pundit publicó, en 2011, un ranking de las 10 ciudades más resilientes del mundo, cuyo sello común es “que trabajan en la transición hacia una economía baja en carbono y se preparan ante el cambio climático”. Encabezan esta lista Copenhague (Dinamarca), Curitiba (Brasil), que obtiene el 82 % de su electricidad de fuentes renovables, y Barcelona, por sus ordenanzas relativas al uso de energía solar térmica. En mayo de 2014, la ciudad de Bonn (Alemania) acogerá el 5º Foro Global sobre Resiliencia y Adaptación Urbana que organiza el ICLEI- Gobiernos Locales para la Sostenibilidad. El encuentro será de nuevo el marco para el debate sobre la adaptación urbana ante el cambio climático.

La resiliencia urbana implica, además de resistir ante las catástrofes o de recuperarse posteriormente, desarrollar la capacidad de las ciudades para cambiar, adaptarse y transformarse en respuesta a las diferentes situaciones de crisis. Es creciente el número de iniciativas ciudadanas surgidas ante los desafíos del pico del petróleo o la crisis económica que, basadas en la satisfacción de las necesidades humanas, la sostenibilidad o la cooperación social, modifican el modelo de ciudad existente. Ejemplo de ello son las comunidades de transición, los huertos urbanos compartidos, las redes de intercambio de bienes y servicios, el consumo colaborativo, etc. Las ciudades demuestran ser espacios en construcción y, por ello, puede ser posible su resiliencia.

Mar Toharia Terán es geógrafa y analista de Metroscopia.
Ilustración: Mar Toharia

Dos años de Gobierno: un balance de situación

José Pablo Ferrándiz on Viernes, 20 Diciembre 2013. Posted in Análisis - Blog

20/12/2013

Reloj

El 20 de noviembre de 2011 el PP obtuvo su mejor resultado histórico en unas elecciones generales tanto en número de votos —casi 11 millones— como en número de diputados —186—. Mariano Rajoy —aspirante por tercera vez a la presidencia del Gobierno de España— conseguía que su partido pasara de estar en la oposición a estar gobernando con una amplia mayoría absoluta, un hecho que antes solo había logrado Felipe González al frente del PSOE en los comicios de 1982. Si para González aquella victoria fue el inicio de casi 14 años ininterrumpidos en el poder en el caso de Rajoy aún está por ver. De momento, el Gobierno de Rajoy puede apuntarse otro hito sin parangón— en este caso negativo—: el mayor desgaste de imagen y apoyo ciudadanos sufrido por un Gobierno a mitad de su primera legislatura. El Barómetro de Clima Social que Metroscopia realiza mensualmente para EL PAÍS retrata perfectamente la evolución descendente del Gobierno en este período —se cumplen ahora dos años desde la investidura de Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno— en la que destacan, por encima de cualquier otras, tres fechas concretas.

19 de julio de 2012: aprobación por el Congreso de los Diputados del paquete de medidas anticrisis propuesto por el Gobierno (con los únicos votos a favor del PP)

El apoyo ciudadano logrado por el PP en las elecciones del 20-N se mantuvo e, incluso, se incrementó en los meses inmediatamente posteriores a los comicios: en las elecciones de noviembre logró el voto del 31.6% del Censo de Residentes y en la oleada del Barómetro de Clima Social de febrero de 2012, un 32.5 % de los electores manifestaba su intención de votar al PP en el caso de que tuvieran lugar unas nuevas elecciones generales. Pero tras la aprobación del paquete de medidas anticrisis propuesto por el Gobierno y aprobado por el Congreso solo con los votos del PP, la imagen del Presidente y del Gobierno y el apoyo electoral a su partido sufrían el primer varapalo. Si durante los primeros ocho meses desde su victoria electoral, el PP había logrado mantener fieles a la amplia mayoría de sus casi 11 millones de votantes, tras el 19 de julio solo uno de cada dos votantes populares (51 %) se mostraba dispuesto a repetir su voto. Una situación que recordaba a la que le sucedió al anterior presidente Rodríguez Zapatero en mayo de 2010 cuando tras aprobar su paquete de medidas para luchar contra la crisis económica perdió a más de la mitad de sus votantes.

En todo caso, la imagen del Gobierno de Rajoy ya había empezado a ser negativa entre el conjunto de la ciudadanía antes de ese 19 de julio: en la oleada de abril, apenas cuatro meses después de jurar sus cargos, 10 de los 13 Ministros obtenían un saldo negativo en la evaluación de su gestión (esto es, eran más los que les desaprobaban que los que les aprobaban). Pero fue tras la adopción de aquellas medidas cuando la imagen del Gobierno entre los propios votantes del PP sufrió el primer y profundo desgaste: el saldo evaluativo de los Ministros, en conjunto, cayó en promedio de 20 puntos entre el mes de julio y el mes de agosto de 2012; el de Rajoy descendió 23 puntos.

31 de enero de 2013: EL PAÍS publica los papeles secretos de Bárcenas

El segundo descenso en la imagen del Gobierno se produce en los dos primeros meses de 2013 coincidiendo con la publicación por EL PAÍS, a finales de enero de este año, de los denominados papeles de Bárcenas. En la oleada de febrero de este año ya solo un 12 % de los ciudadanos verbalizaba su intención de votar a los populares y la fidelidad de voto de este partido caía hasta situarse en un 42 % (nueve puntos menos que en la oleada de agosto de 2012, cuando sufrió el primer gran descenso). Más allá del perjuicio a la imagen del Gobierno de España, la publicación de los papeles del extesorero supuso un aldabonazo para el sistema político en su conjunto. El porcentaje de electores que según el sondeo acudiría a las urnas en el caso de que se celebrasen unas nuevas elecciones se situó entonces en el punto más bajo de la democracia española: apenas un 53 %, casi 20 puntos menos que quienes votaron tan solo un año antes (fue el 71.7 %).

En todo caso, el “Barcenasgate” impidió que el Gobierno capitalizase la leve mejora en la percepción ciudadana de la evolución de la situación económica: el porcentaje de quienes pensaban que la economía española iba a empeorar en el futuro inmediato descendía 15 puntos con respecto al mes anterior. Y entre los votantes del PP, los optimistas —quienes pensaban que la economía iba a mejorar en los próximos meses— superaban a los pesimistas por primera vez en siete meses. Parecía que el mensaje de que la crisis económica había tocado fondo, transmitido machaconamente por los dirigentes del PP, empezaba a calar entre la ciudadanía. Sin embargo, el Gobierno no lograba obtener rédito de ello: la corrupción ejercía de pesada losa de las aspiraciones de crecimiento electoral del PP.

2 de julio de 2013: Debate sobre el Consejo Europeo en el Congreso de los Diputados

La tercera gran caída —y última hasta el momento— se produce en el mes de julio de 2013. En la oleada del Barómetro de ese mes —llevada a cabo inmediatamente después de la comparecencia de Rajoy en el Congreso de los Diputados para explicar los resultados del Consejo Europeo celebrado a finales de junio— la intención directa de voto al PP alcanzó su mínimo histórico: tan solo un 10 %. La fidelidad del voto popular caía también a niveles nunca antes conocidos: solo un 35 % de quienes votaron al PP en noviembre de 2011 afirmaban que volverían a hacerlo en el caso de unas hipotéticas nuevas elecciones generales. La caída del apoyo electoral —inmediato y espontáneo—  de los populares detectado en esa oleada y el sustancial deterioro de la imagen del Gobierno se debieron, probablemente, a que los ciudadanos seguían dando más peso en sus evaluaciones a los casos de corrupción en el entorno del PP que estaban siendo investigados en ese momento —en especial, el “caso Bárcenas”— que a la relativa mejora de los datos de empleo que se había producido. A pesar de que Rajoy evitaba hablar públicamente del asunto del extesorero, la oposición aprovechó el Debate del Consejo Europeo para intentar —sin conseguirlo— que el Presidente se pronunciara al respecto. Este hecho fue suficiente para que la corrupción siguiera ocupando gran parte de la agenda política (e informativa) impidiendo que el Gobierno capitalizara la cada vez más extendida percepción ciudadana de que la crisis había tocado fondo: en ese mes, el porcentaje de quienes pensaban que la economía española iba a empeorar en los meses siguientes seguía en continuo descenso (31 %, 25 puntos menos que a comienzos de 2013).

El hecho de que en los últimos meses el debate público haya estado centrado más en torno a la cuestión catalana que en otros temas (como la corrupción o los recortes) parece haber dado algo de respiro al PP que ha visto como en la última oleada de este año del Barómetro de Clima Social mejoraban algo sus datos de intención directa de voto y de fidelidad. Con todo, la situación actual del PP en nada tiene que ver con la de hace dos años: en estos momentos un 14.4 % de los electores dicen que votarían a los populares en el caso de unas inmediatas elecciones generales —17.2 puntos menos de quienes lo hicieron en 2011— y solo un 43 % de quienes confiaron en el PP volverían a hacerlo ahora.


Intención directa de voto diciembre 2013

Fidelidad de voto diciembre 2013

Situación económica diciembre 2013

 Foto Fran Lineros

Hambre en España

Violeta Assiego on Miércoles, 18 Diciembre 2013. Posted in Análisis - Blog

18/12/2013

Una de cada ocho personas sigue pasando hambre en el mundo a pesar de que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) afirma que hay alimentos suficientes para todos los habitantes del planeta. El hambre es un problema global que no afecta por igual a todos los países. La situación en España no es comparable con la de Asia Pacífico, donde el hambre crónica afecta a 552 millones de personas, pero las causas sí son comunes y están estrechamente relacionadas con las crisis económicas, sociales y medioambientales.

En nuestro país, ha sido la crisis económica la que ha traído el tema del hambre —la desnutrición y malnutrición, no solo infantil— a la actualidad. En estos últimos años, se ha producido un incremento significativo de personas que —por motivos económicos— no pueden acceder a una alimentación adecuada y suficiente. Según datos de Metroscopia, el 7% de los ciudadanos —el 12 % en el caso de los parados— conoce a algún adulto en su entorno familiar, o él mismo, que ha dejado de tomar alguna de las tres comidas diarias en este último mes por falta de dinero. Cuando ocho de cada diez españoles dice que el hambre en el mundo ha aumentado —y en realidad se ha reducido un 17 % en las últimas dos décadas— es más que probable que estén proyectando su visión de la situación nacional respecto a este tema.

La solución al problema del hambre —dicen Naciones Unidas, el Banco Mundial y las ONG— pasa por medidas económicas y políticas más eficaces que afecten a los sistemas de producción, al uso de las tierras, a la regulación de los precios y a los hábitos de consumo de los ciudadanos. Oxfam Intermon acaba de publicar el informe “Acabar con el hambre está al alcance de todos” en el que recuerda la importancia precisamente de este tipo de medidas y el riesgo de que los pequeños avances conseguidos a nivel mundial se pierdan si no existe una implicación por parte de todos —gobiernos, empresas y ciudadanos— en hacerlas efectivas. Pero los españoles no ven que las medidas y las actuaciones políticas de los ayuntamientos y del Estado estén ayudando a los que tienen problemas para tomar las tres comidas diarias básicas en España. A los ojos de los ciudadanos son las respuestas de corte más asistencialista que provienen de las familias, la red de amigos, los bancos de alimentos y las ONG las que están aliviando a las familias que pasan por esta situación de necesidad.

Dar alimento a aquellos que no tienen para comer es una ayuda humanitaria y de una solidaridad incuestionable aunque no es suficiente para erradicar el problema del hambre. Los Estados lo saben y los ciudadanos también. Pero cuando uno tiene hambre lo que quiere es comer. No es suficiente.

Los datos aquí expuestos son parte del sondeo realizado para Oxfam Intermón y su informe "Acabar con el hambre está en nuestras manos"  presentado el 11 de diciembre de 2013.
Metroscopia - ¿Algún adulto que por falta de dinero haya dejado de tomar alguna de las tres comidas diarias?

Metroscopia - Hambre

Metroscopia - ¿Hasta qué punto están actuando eficazmente para ayudar a las familias necesitadas?

Violeta Assiego es abogada y coordina los estudios de Vulnerabilidad Social, Pobreza y Derechos Humanos en Metroscopia. En twitter @Vissibles



Consulta en Cataluña: “Y el ganador es…”

José Juan Toharia on Domingo, 15 Diciembre 2013. Posted in Artículos

15/12/2013

Supongamos que por arte de magia (tal y como están las cosas no parece que pudiera ser de otra manera) se celebrara legalmente en Cataluña, el 9  de noviembre de 2014, el referéndum que hasta ahora pareció referido al derecho a decidir y que ha resultado finalmente enfocado a una posible independencia.  ¿Qué pasaría?

En primer lugar, y con seguridad, que en los meses previos cambiaría sustancialmente el actual debate público catalán, haciéndose más plural. Hay ahora casi media Cataluña que guarda silencio (según los datos disponibles de Metroscopia), pero que ante una inmediata cita en las urnas empezaría sin duda a hacerse oír. La componen ciudadanos que  se sienten tan catalanes como españoles; que están incómodos —muy incómodos— con Madrid (pero también muy desagradados con el gobierno de Mas); que ya saben que la independencia implicaría la salida inmediata de la Unión Europea (por más que se les diga, de forma infundadamente voluntarista, que “eso está por ver”); que piensan que lo único que bordea el fascismo es el nacionalismo extremo, excluyente y radical (ya sea español, catalán,  francés o estonio), y no el sentirse o ser español o compaginar, en una u otra medida, sentimientos identitarios catalanes y españoles; y que al memorial de agravios —reales, exagerados o imaginarios— que condensa el eslogan “España nos roba” sabe añadir también la amplia relación de ventajas que para Cataluña ha supuesto formar parte de España y que tanto han contribuido a su larga prosperidad. Es, sin duda, este clima renovado de opinión, más ventilado y polifónico, el que  prevalecería antes del día de la votación.

Ahora bien, antes de abrir los colegios electorales habría sido preciso decidir la forma de interpretar el resultado que las urnas arrojen: ¿qué cantidad de votos favorables a la independencia podrían ser considerados como expresión veraz y suficiente de la voluntad real, presumiblemente estable y duradera, de la ciudadanía catalana? No será fácil establecerlo, por dos razones. Por un lado, no hay reglas establecidas, con validez universal, para el caso de un referéndum de secesión. Y, por otro, el peculiar sistema adoptado, con dos preguntas ambiguas y secuenciadas (la primera actuando, además, de filtro sobre la segunda) puede complicar aún más las cosas. Para lo primero, quizá podría aceptarse como suficiente que el “sí” logre entre la mitad más uno y el 60%, como mínimo, de los votos emitidos, como pareció considerar adecuado el Tribunal Supremo canadiense para el caso de Québec. O que quienes opten por la secesión representen al menos el 40% del total de electores, es decir del total de personas con edad de votar (con independencia de cuantas sean las que efectivamente voten), como ha sugerido —pero no impuesto— el Parlamento británico en el caso escocés. Son, sin duda, planteamientos razonables para dilucidar un asunto de tanta trascendencia.

La dificultad añadida por la doble pregunta tiene más difícil solución pues se presta a múltiples interpretaciones. Veamos con algún detalle el posible itinerario que, en el momento actual y en base a los datos disponibles, cabe estimar que seguirían los votos emitidos. Para empezar, ¿cuántos catalanes acudirían a las urnas el próximo 9 de noviembre? Con fluctuaciones, algo más del 70% se ha venido mostrando en estos meses pasados partidario del llamado derecho a decidir. Aunque el referéndum convocado ha adquirido ahora un sentido algo distinto (ahora va ya claramente de independencia), cabe  aceptar que el porcentaje de participación pudiera situarse efectivamente en torno a esa cifra del 70%. Ello supondría un grado de participación muy elevado, similar al 69,6% registrado en las elecciones autonómicas de 2012 (y que fue la cifra históricamente más elevada).

En el caso de la primera pregunta (“¿Quiere que Cataluña sea un Estado?”), —pregunta ambigua, que lo que sugiere de forma más inmediata es la independencia, pero sin cerrar la puerta a otras interpretaciones menos tajantes, presumiblemente de corte federalista—, el resultado que parece hoy por hoy más probable sería un 70% para el “sí” y un 30% para el “no”. Ese 70% de votantes afirmativos serían los admitidos a responder la segunda pregunta (“¿Quiere que este  Estado sea independiente?”). El 30% eliminado pasaría a la casilla del “no”.

En cuanto a la segunda pregunta,  los diversos sondeos de Metroscopia indican que el 50% aproximado de aquellos catalanes que, en principio, se muestran partidarios de la independencia se reduce al 40% si se menciona que esta supondría salir de la Unión Europea —algo que sin duda se recordaría con creces durante la campaña previa—, y al 30% en cuanto se les sugiere una fórmula intermedia entre la independencia y la situación actual (algo que tampoco parece impensable que se planteara explícitamente durante la campaña). Así las cosas, en esta pregunta final, la estimación más probable es que los votos a favor del “sí” podrían estar cerca del 58%, inclinándose el 42% por el “no”. Pero —¡cuidado!— este 58% puede ser engañoso si no se recuerda que está calculado exclusivamente sobre los votantes que pudieron pasar a responder esta pregunta por haber contestado “sí” a la primera, no sobre el total de votos emitidos ni, menos aún, sobre el total de catalanes con derecho a voto. Sobre los primeros (es decir, sobre todos los que acudieron a las urnas y contestaron a la primera pregunta) este 58% de “sí” vendría a representar en realidad —redondeando las cifras— un 41%; y sobre los segundos (es decir, sobre todos los catalanes con derecho a voto) significaría tan solo el 29%. O lo que es igual, se obtendría un resultado final a favor de la independencia que quedaría lejos tanto del 51% del total de votos emitidos —es decir, de la mayoría absoluta—, como del 40% del censo electoral total.

En realidad, el voto mayoritario sería el negativo, resultante de sumar a quienes niegan tanto la primera propuesta (“un Estado”) como la segunda (“que sea independiente”): en total, el “no” representaría el 59% de los votos emitidos y el 42% del censo electoral. Pero parece obvio que, salvo que las reglas interpretativas hubieran quedado nítida y taxativamente pactadas de antemano, la polémica posterior sin duda sería inevitable.

Autopista hacia el "sí"

José Juan Toharia on Viernes, 13 Diciembre 2013. Posted in Artículos

EL PAÍS 13/12/2013

Desde el punto de vista exclusivamente técnico, las dos preguntas que ha consensuado Artur Mas con las formaciones que respaldan su proceso soberanista son malas: pretendiendo ser rotundas y precisas, resultan, en realidad, ambiguas y equívocas. Y, por lo tanto, si finalmente se usaran, no permitirían saber con indiscutible claridad lo que quienes las respondan habrían querido decir.

Por ejemplo, en su actual formulación, estas preguntas no serían de recibo en un estudio demoscópico que aspirase a ser razonablemente honesto y veraz. En la primera pregunta (“¿Quiere usted que Cataluña sea un Estado?”), la opción de ser un Estado se contrapone a la opción de ser... algo que no se dice y que se da por sobrentendido o que se deja a la imaginación de cada cual. La pregunta resulta así desequilibrada y, por tanto, sesgada: propone una opción entre algo que sí se explicita y algo que, en cambio, no se menciona y que queda en nebulosa. Es decir, incurre precisamente en lo que los manuales sobre el arte de preguntar advierten que no debe hacerse nunca —salvo que lo que se pretenda sea un mero ejercicio de ventriloquía—: que a los preguntados no se les presenten, en estricta igualdad de condiciones, las opciones que se contraponen.

La segunda pregunta (para la que la primera actúa de filtro) incurre exactamente en el mismo defecto (potenciado por la redundancia en el mismo, como con frecuencia ocurre cuando se secuencian errores). Aquellos que en la primera pregunta hubieran optado por que Cataluña sea un Estado en vez de no-se-sabe-muy-bien-qué, se encontrarían con una segunda disyuntiva asimismo incompleta y, por tanto, igualmente pseudodisyuntiva: “¿Quiere que sea un Estado independiente?”. Lo que connota la opción afirmativa a esta nueva pregunta queda razonablemente claro; pero ¿a qué es a lo que exactamente se estaría contraponiendo esta opción? ¿En qué cabría entender que estarían pensando quienes decidiesen responder “no”? Una vez más, la claridad frente a la nebulosa, una oferta concreta frente a otra innominada. Por otra parte, los manuales (y sobre todo, la experiencia demoscópica, que es tan amplia como rotunda) enseñan que las preguntas con respuesta tipo si/no deben ser redactadas con sumo tacto y cuidado, pues resulta menos oneroso, psicológicamente, para el ciudadano medio conceder que negar, aceptar que rechazar, admitir que condenar, afirmar que negar. Quizá sea por azar, pero no deja de ser llamativo que las dos respuestas que van en el sentido que los sectores soberanistas desearían ver apoyado sean, ambas, un sí. Sin por ello prejuzgar una intención consciente en los redactores de estas preguntas, sí cabe al menos pensar que les ha traicionado su subconsciente: no parecen haber sabido controlar sus sentimientos del modo en que, profesionalmente, deben tratar de hacerlo quienes pretendan averiguar, honestamente y de buena fe, lo que piensan los demás, y no solo inducirles a contestar lo que se desea oírles decir. Así, el resultado es que las dos preguntas constituyen una autopista para quienes, desde ya, tienen clara su opción independentista, pero suponen un dificultoso y desmotivador camino de cabras para quienes dudan o tienen otras preferencias.

Dicho esto, conviene recordar que el actual malestar de gran parte de la ciudadanía catalana no parece algo pasajero: refleja un sentimiento real y profundo cuya gestión requiere con creciente urgencia, allí y en el resto de España, liderazgos serenos y conciliadores. Tensar la cuerda puede acabar rompiéndola, pero ello no supondrá el final del problema, sino un paso más en su envenenamiento. Por otro lado, serenidad y espíritu conciliador no son sinónimos de entreguismo o de dejación de los propios ideales. Reconocer la singularidad de Cataluña no equivale a agraviar al resto de España, como algunos vociferan desde Madrid con trasnochado patrioterismo. Aceptar que una parte sustancial de su ciudadanía sueña con la independencia, aunque dos de cada tres catalanes piensen que en la práctica es imposible, resulta ineludible: hay que entenderlo, aunque no se comparta. Pero al mismo tiempo, presentar a España como la fuente irrefutablemente única de todos los males de Cataluña desde hace siglos no puede sino producir sonrojo intelectual a quien no acepte unas anteojeras ideológicas que rozan lo pueril. En el momento actual, la sociedad catalana —según todos los datos disponibles— solo coincide en el deseo de un encaje político en España distinto del actual; pero, a la vez, dista mucho de coincidir en cómo habría de articularse ese nuevo esquema. Tratar unos de llevar la situación a un límite extremo (en la desesperada creencia de que cuanto peor, mejor) y optar otros por el inmovilismo o el legalismo ramplón, nos condena a todos a una situación que, sinceramente, no nos merecemos y, además, en modo alguno es necesaria.

Autopista hacia el "sí" addthis:title=" Autopista hacia el "sí" ">

Desarrollo urbano sostenible: el compás de Brasil

Mar Toharia on Lunes, 09 Diciembre 2013. Posted in Análisis - Blog

09/12/2013

Metroscopia Desarrollo urbano por Mar Toharia

Las previsiones dicen que el 60% de la humanidad habitará en ciudades en 2030 y que, además, el 80% lo hará en países empobrecidos. Allí tendrá lugar el 95% del crecimiento urbano de los próximos años. Este ritmo de urbanización supone grandes desafíos para la gestión del impacto medioambiental y la calidad de vida humana. De hecho, 828 millones de personas viven en favelas. Y, a pesar de que las ciudades ocupan el 2% de la superficie terrestre, consumen el 60-80% de la energía y son responsables del 75% de las emisiones de carbono. Estos datos convierten el desarrollo urbano sostenible en un tema ineludible en los foros internacionales.

Sin embargo, no se trata de algo nuevo. La sostenibilidad se plantea como un reto planetario desde hace ya varias décadas. En 1972 se publicó el informe Los límites al crecimiento, encargado al MIT por el Club de Roma (y dirigido por Dana Meadows). Y en 1987, el informe Nuestro Futuro Común, elaborado por distintas naciones para la ONU (y encabezado por Gro H. Brundtland), incorporó por primera vez el término desarrollo sostenible, definido como “aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones”. Como consecuencia, se creó la Agenda 21, un detallado plan de acciones que deberían ser acometidas a escala mundial, nacional y local. Además, se han sucedido las conferencias internacionales de Naciones Unidas, conocidas como Cumbres de la Tierra: en Estocolmo, 1972; Río de Janeiro, 1992 y 2012 (Río+20); y Johannesburgo, 2002.

Fruto de la Cumbre de 2012 nace el Centro Mundial para el Desarrollo Sostenible (Rio+), con sede en Rio de Janeiro, y el objetivo de promover el debate internacional y generar medidas innovadoras. Y es que Brasil comienza a considerarse uno de los referentes en sostenibilidad. Un país poliédrico, con doscientos millones de habitantes y rico en materias primas y biodiversidad. Donde, a pesar de ser la sexta potencia económica del mundo, y a los esfuerzos realizados para combatir la pobreza, la desigualdad social persiste: el 10% de la población más rica concentra el 42% del ingreso nacional. Es también un país pionero en muchos aspectos. Su sistema de salud es uno de los más avanzados del mundo, gratuito y sin restricciones.

Y Brasil acelera el ritmo en el ámbito de la sostenibilidad urbana. Curitiba es buena muestra de ello ya que, junto con Copenhague, es la ciudad con menores emisiones per cápita del mundo, y la segunda (detrás de Vancouver) en el uso de energías renovables (el 82% de la electricidad generada). Este año, además, la organización C40 (Cities Climate Leadership Group) ha escogido Rio de Janeiro como una de las diez ciudades líderes del mundo en sostenibilidad por su proyecto de comunidades sostenibles. Para el 2020 se prevé proporcionar un desarrollo integrado al 22% de la población de la ciudad que vive en favelas, sin saneamiento ni servicios adecuados, con la mejora de más de 232.000 viviendas. Por otro lado, Brasil es uno de los países donde la población manifiesta sufrir menos. El 13% de los adultos del mundo considera que vive con sufrimiento, en Bulgaria esta cantidad alcanza el 45% y en países como Canadá, Luxemburgo o Brasil apenas llega al 1%. Parece, por tanto, que para la construcción de ciudades más sostenibles, en un planeta cada vez más poblado y urbanizado, Brasil ya marca un compás.

Mar Toharia Terán es geógrafa y analista de Metroscopia.

Ilustración: Mar Toharia

¿Hacia un autonomismo asimétrico?

José Juan Toharia on Domingo, 08 Diciembre 2013. Posted in Artículos

08/12/2013

La mayoría absoluta de los españoles (53%) cree que la Constitución necesita ya reformas profundas. Este porcentaje llega al 75% en Cataluña. Es la primera vez que la ciudadanía expresa un diagnóstico tan rotundo: hasta ahora había predominado siempre, de forma clara, la idea de que solo eran precisos retoques parciales; hace cinco años, por ejemplo, quienes creían necesaria una reforma a fondo eran la mitad que ahora: el 29%.

Esta negativa evaluación ciudadana del grado de lozanía de nuestro sistema constitucional es especialmente intensa respecto de la organización territorial del Estado: para un 82%, debe ser reformada con urgencia. En esto coinciden jóvenes y mayores, votantes de PP, PSOE, IU o UPyD, catalanes, vascos y el resto de españoles. Pero solo en esto, pues al mismo tiempo existe en nuestra sociedad una profunda divergencia en cuanto al sentido de esta masivamente requerida reforma. Lo que el 45% espera es freno y marcha atrás: es decir, recuperación por el Estado de muchas de las competencias transferidas o, incluso, la vuelta a un estado centralista, sin autonomías. En el polo opuesto, un porcentaje algo menor pero sustancial (35%) considera que la reforma debe consistir en pisar el acelerador autonomista, ampliando las transferencias al máximo posible. Tan solo el 13% de los españoles cree que el Estado de las autonomías deba permanecer tal y como ahora está estructurado.

Durante casi 30 años la historia del sistema autonómico español ha sido, desde la óptica ciudadana, la historia de un claro éxito. En gran medida su consolidación se ha asociado con el generalizado avance socioeconómico del país. La prescripción orteguiana para desperezar y dinamizar España (“imponer la autonomía comarcana o regional”) parecía haber quedado inequívocamente avalada por los resultados conseguidos. Hasta que, con la crisis, ha ido quedando al descubierto gradualmente la otra cara, hasta entonces oculta (o ignorada), del modelo: endeudamiento tan profundo como innecesario, incompetencia, ineficiencia, clientelismo, corrupción... Y de ahí el pujante cuestionamiento en gran parte de España, en el momento presente, del camino autonomista recorrido. En comunidades como Madrid, Castilla y León, Aragón o Asturias, y según datos del CIS, han pasado a constituir mayoría relativa (43%) los ciudadanos que anhelan —para sus regiones— menos autonomía, sin descartar el retorno a un Estado centralizado. En otras 11 Comunidades (entre ellas dos “históricas”: Andalucía y Galicia) predomina, en cambio, de forma clara, el deseo de que se mantenga el modelo autonómico tal y como ahora funciona. Finalmente, en el País Vasco y sobre todo en Cataluña, una amplia mayoría absoluta ciudadana apuesta por la potenciación, al máximo posible, del autonomismo.

Metroscopia 35 años de la Constitución

De algún modo, tras estos datos cabe vislumbrar la emergencia —incipiente pero ya apreciable— entre la ciudadanía de un nuevo enfoque de la cuestión, que vendría a superar tanto aquel inicial “café para todos” como el acomplejado e infantilmente envidioso planteamiento de “lo que consiga Cataluña lo tendrá inmediatamente también mi región” (conocido también en algunos círculos como “doctrina Camps”). En efecto, cuatro de cada diez españoles —y sin que nadie, hasta ahora, haya hecho la menor pedagogía política en esta dirección, fuera de Cataluña o del País Vasco— piensan que cada comunidad debe poder tener las competencias que desee o que se vea en condiciones de asumir, independientemente de lo que hagan las demás. Nuestra sociedad parece así estar, gradual y espontáneamente, visualizando la posibilidad de un autonomismo “a la carta”, o lo que es igual, de un autonomismo asimétrico. Que, a la postre, resulte factible y, sobre todo, asumible sin generar sentimientos de agravio comparativo más o menos sinceros o fundados, dependerá ciertamente de cómo sepan, en adelante, gestionar esta incipiente situación los actores políticos. Es decir, dependerá de la calidad (tan puesta en entredicho) del liderazgo político en este tiempo inmediato. Porque, en definitiva, si una parte de España quiere para sí más autonomía y otra quiere menos, ¿por qué ha de ser absolutamente imposible complacer a ambas?

José Juan Toharia es presidente de Metroscopia.

Barómetro electoral: el posible regreso a la política

José Pablo Ferrándiz José Juan Toharia on Lunes, 02 Diciembre 2013. Posted in Análisis - Blog

02/12/2013

Metroscopia Foto Barómetro electoral

Si hubiese elecciones generales ahora y si, como estimamos, la disposición efectiva a participar en las mismas acabase siendo del orden del 65% (casi siete puntos menos de lo que fue en noviembre de 2011, pero casi 10 puntos más de la que llevan meses declarando los electores), el resultado global que parece más probable sería una ajustada victoria—no muy alejada del empate— del PP sobre el PSOE: 146 escaños frente a 131. Cono ese nivel de participación, los otros dos partidos de ámbito nacional, IU y UPyD, pese a su llamativa y sostenida subida en los sondeos no lograrían capitalizar en escaños, de forma proporcional, el caudal de apoyo social que en principio suscitan.

Nuestro sistema electoral (en el que 35 de las 52 circunscripciones existentes —incluidas Ceuta y Melilla— cuentan, como máximo, con seis escaños) impone, en la práctica, un severo correctivo  a las aspiraciones de potenciales terceros o cuartos partidos. Con todo, IU y UPyD incrementarían apreciablemente su presencia en el Congreso de los Diputados: IU alcanzaría su, hasta ahora, cifra récord (25 escaños) y UPyD pasaría de 5 a 11. Por su parte CiU, tradicional formación bisagra en el tablero nacional, bajaría de 16 a 11 escaños y vería así seriamente cercenadas sus probabilidades, llegado el caso, de completar mayorías con alguno de los dos grandes partidos nacionales.

Con los datos de esta estimación, que reflejan la llamativa estabilidad de nuestro sistema político —por ahora inmune a posibles sarpullidos populistas o derivas antisistema—, no resulta fácil conjeturar alianzas que pudieran permitir a PP o PSOE tomar las riendas de un nuevo gobierno. La alternativa matemáticamente más obvia sería, sin duda, una gran coalición PP-PSOE que remara al unísono por un tiempo, al menos hasta dejar atrás la actual crisis, y que llevara a cabo las reformas estructurales que el país precisa y que solo con su esfuerzo conjunto parecen posibles. Pero esto, evidentemente, pertenece hoy por hoy al reino de las ensoñaciones, pues esto no es Alemania.

Un resultado similar al de esta estimación propiciaría, por otra parte, algo que la ciudadanía añora, según expresa sondeo tras sondeo: el retorno de la política. Es decir, la vuelta a la negociación y al pacto como modo  permanente y buscado (y no resignadamente soportado) de resolución de problemas y desacuerdos; y el predominio del diálogo y del respeto mutuo, como estilo propio de la vida pública. Con tanta información demoscópica como ahora existe, resulta inexplicable que los partidos propendan a escuchar casi únicamente a sus cuadros y militantes y apenas se esfuercen en oír la voz de quienes les votan. De ahí sin duda ese desafecto que todos lamentan, pero al que no ponen remedio. En el caso del PP, por ejemplo, sus votantes llevan ya años viéndole, ideológicamente, más escorado a la derecha de lo que ellos mismos se consideran. Hasta ahora sin mayores consecuencias, pero quizá en el panorama actual, con un claro aleteo, en su seno, de una especie de tea party no precisamente sintonizado con el sentir del votante medio, esa discordancia puede empezar a pasar factura. En el caso del PSOE, o más concretamente, en el de su partido hermano, el PSC, llama la atención su prolongada sordera (que ahora parece querer corregir) ante el doble sentimiento identitario (“tan catalán como español”) que de forma masiva, y sondeo tras sondeo, le expresan sus votantes y que les hace escasamente proclives a aventurerismos soberanistas de carácter excluyente que, en cambio, agradan a parte de sus dirigentes.  Uniendo a esto (y a más aspectos que cabría resaltar) el impacto de la crisis (que unos no supieron evitar y otros está por ver que logren resolver) ¿como puede sorprender que PP y PSOE, pese a mantener un apoyo social importante, no logren hacerse con un liderazgo claro sobre una sociedad, confundida, que tanto lo necesita?

Metroscopia Estimación diciembre 2013

Metroscopia Estimación por CCAA 1

Metroscopia Estimación por CCAA 2Fdo: José Juan Toharia y José Pablo Ferrándiz, presidente y vicepresidente de Metroscopia respectivamente

El posible regreso a la política

José Juan Toharia José Pablo Ferrándiz on Domingo, 01 Diciembre 2013. Posted in Artículos

El País 01/12/2013

Si hubiese elecciones generales ahora y si, como estimamos, la disposición efectiva a participar en las mismas acabase siendo del orden del 65% (casi siete puntos menos de lo que fue en noviembre de 2011, pero casi 10 puntos más de la que llevan meses declarando los electores), el resultado global que parece más probable sería una ajustada victoria —no muy alejada del empate— del PP sobre el PSOE: 146 escaños frente a 131. Con ese nivel de participación, los otros dos partidos de ámbito nacional, IU y UPyD, pese a su llamativa y sostenida subida en los sondeos, no lograrían capitalizar en escaños, de forma proporcional, el caudal de apoyo social que en principio suscitan. Nuestro sistema electoral —en el que 35 de las 52 circunscripciones existentes (incluidas Ceuta y Melilla) cuentan, como máximo, con seis escaños— impone, en la práctica, un severo correctivo a las aspiraciones de potenciales terceros o cuartos partidos. Con todo, IU y UPyD incrementarían apreciablemente su presencia en el Congreso de los Diputados: IU alcanzaría su, hasta ahora, cifra récord (25 escaños) y UPyD pasaría de cinco a 11. Por su parte, CiU, tradicional formación bisagra en el tablero nacional, bajaría de 16 a 11 escaños y vería así seriamente cercenadas sus probabilidades, llegado el caso, de completar mayorías con alguno de los dos grandes partidos nacionales.

Con los datos de esta estimación, que reflejan la llamativa estabilidad de nuestro sistema político —por ahora inmune a posibles sarpullidos populistas o derivas antisistema—, no resulta fácil conjeturar alianzas que pudieran permitir a PP o PSOE tomar las riendas de un nuevo Gobierno. La alternativa matemáticamente más obvia sería, sin duda, una gran coalición PP-PSOE que remara al unísono por un tiempo, al menos hasta dejar atrás la actual crisis, y que llevara a cabo las reformas estructurales que el país precisa y que solo con su esfuerzo conjunto parecen posibles. Pero esto, evidentemente, pertenece hoy por hoy al reino de las ensoñaciones, pues esto no es Alemania.

Un resultado similar al de esta estimación propiciaría, por otra parte, algo que la ciudadanía añora, según expresa sondeo tras sondeo: el retorno de la política. Es decir, la vuelta a la negociación y al pacto como modo permanente y buscado (y no resignadamente soportado) de resolución de problemas y desacuerdos; y el predominio del diálogo y del respeto mutuo como estilo propio de la vida pública. Con tanta información demoscópica como ahora existe, resulta inexplicable que los partidos propendan a escuchar casi únicamente a sus cuadros y militantes y apenas se esfuercen en oír la voz de quienes les votan. De ahí sin duda ese desafecto que todos lamentan, pero al que no ponen remedio. En el caso del PP, por ejemplo, sus votantes llevan ya años viéndolo, ideológicamente, más escorado a la derecha de lo que ellos mismos se consideran. Hasta ahora sin mayores consecuencias, pero quizá en el panorama actual, con un claro aleteo, en su seno, de una especie de tea party no precisamente sintonizado con el sentir del votante medio, esa discordancia puede empezar a pasar factura.

En el caso del PSOE, o más concretamente en el de su partido hermano, el PSC, llama la atención su prolongada sordera (que ahora parece querer corregir) ante el doble sentimiento identitario (“tan catalán como español”) que de forma masiva, y sondeo tras sondeo, le expresan sus votantes en Cataluña. Unos votantes escasamente proclives a aventurerismos soberanistas de carácter excluyente que, en cambio, agradan a parte de sus dirigentes. Uniendo a esto (y a más aspectos que cabría resaltar) el impacto de la crisis (que unos no supieron evitar y otros está por ver que logren resolver), ¿cómo puede sorprender que PP y PSOE, pese a mantener un apoyo social importante, no logren hacerse con un liderazgo claro sobre una sociedad confundida que tanto lo necesita?

José J. Toharia y José P. Ferrándiz son presidente y vicepresidente de Metroscopia.

Ciudades inteligentes, ¿oportunidad o mercadotecnia?

Mar Toharia on Martes, 26 Noviembre 2013. Posted in Análisis - Blog

26/11/2013

Metroscopia Ciudades inteligentes
Las ciudades son espacios en transformación. A lo largo de la historia, las necesidades humanas se han intentado satisfacer de maneras diversas, las prioridades en el diseño urbano han ido cambiando y así lo han hecho también las formas de vida. Y de la mano de esta evolución se han sucedido numerosos calificativos para estos espacios: ciudad de la información, ciudad global, postmetrópolis o, desde hace pocos años, ciudad inteligente. Este último goza de una creciente aceptación en los foros institucionales y empresariales, a pesar de no estar exento de incertidumbres.

Parece existir un cierto acuerdo teórico en que una ciudad inteligente es aquella que hace uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) para responder adecuadamente a las necesidades básicas de instituciones, empresas y habitantes, tanto en el ámbito económico como en el social y medioambiental. Esto supone la promoción de criterios como la sostenibilidad de los sistemas urbanos o la gobernanza participativa. Las grandes empresas de tecnología, como Siemens, IBM, Intel o Cisco, consideran, además, que el estar conectadas a la red será lo que defina básicamente a estas urbes, e IBM cuenta ya con 2000 proyectos en curso en diversos países del mundo.

Para la puesta en práctica de todo ello, la Red Española de Ciudades Inteligentes (RECI) presentó, en junio de 2011, el Manifiesto por las Ciudades Inteligentes. Innovación para el progreso. Su objetivo es “intercambiar experiencias y trabajar conjuntamente para desarrollar un modelo de gestión sostenible y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, incidiendo en aspectos como el ahorro energético, la movilidad sostenible, la Administración electrónica, la atención a las personas o la seguridad”. Actualmente, la RECI está formada por 41 ciudades y una de ellas, Barcelona, ha acogido este mes de noviembre el Smart City Expo World Congress.

El reto es indudable. Nuestro país necesitaría hoy casi 3,5 superficies como la de España para satisfacer su ritmo de desarrollo actual (huella ecológica); el 63,8 % de la población opina que se está haciendo demasiado poco para proteger el medio ambiente; el índice de pobreza humana, que combina factores económicos (renta y desempleo) y sociales (salud y educación), aumentó un 8 % entre los años 2008 y 2011. Y en la ciudad de Madrid, el 52 % de los habitantes considera que no se fomenta la participación urbana.

Por otro lado, el 49 % de los españoles afirma que el progreso científico y tecnológico entraña más ventajas que inconvenientes para el medioambiente, frente al 28 % que mantiene lo contrario. Para que esto sea así, comienzan a surgir iniciativas locales que conciben la tecnología, que definirá a las ciudades inteligentes, como un instrumento al servicio de las necesidades humanas básicas, capaz de ofrecer a los ciudadanos nuevas maneras de conexión, de información y de participación activa en el desarrollo urbano. De modo que la mercadotecnia, más allá del ámbito empresarial, debería suponer una oportunidad real para la construcción colectiva de ciudades más sostenibles.

Mar Toharia Terán es geógrafa y analista de Metroscopia.

Ilustración: Mar Toharia

Nada lo justifica

Violeta Assiego on Viernes, 22 Noviembre 2013. Posted in Análisis - Blog

22/11/2013

Metroscopia Laostia

Tres de cada cuatro hombres denunciados por violencia de género en 2011 tenía entre 14 y 44 años según datos de la Estadística de Violencia Doméstica y Violencia de Género publicados por el INE en mayo de este año. No deja de ser llamativo que los hombres más jóvenes escenifiquen lo peor de los valores, creencias y actitudes que un hombre puede tener hacia una mujer. En las relaciones afectivas entre la población más joven —también entre los menores de edad— se están reproduciendo roles de machismo y maltrato que deberían estar ya superados y que no hacen prever un cambio de tendencia en la eliminación de la violencia doméstica.  

En el último año aumentaron hasta un 33 % los casos de violencia de género protagonizados por chicos de entre 14 y 18 años, señala la Fiscalía General del Estado en su Memoria de 2012. Según las conclusiones del estudio “La Evolución de la Adolescencia Española sobre la Igualdad y la Prevención de la Violencia de Género”, entre las conductas de maltrato que los chicos adolescentes reconocen haber tenido con más frecuencia destacan el control abusivo del chico sobre la chica y la presión e intimidación que ejerce sobre esta para satisfacer sus deseos. Los jóvenes que afirman haber pegado a su pareja son los menos (3 %), pero es posible que exista una bolsa oculta de las conductas más graves que los adolescentes o bien no perciban como de tal gravedad, o bien no quieren reconocerlo públicamente.

Que las estadísticas reflejen una disminución en el número de denuncias por parte de las mujeres parece deberse más a la dependencia económica que estas tienen de sus parejas a causa de la crisis que a un cambio positivo de tendencia en la violencia machista. La responsabilidad de la sociedad ante este tipo de conductas es no justificar en ningún caso al agresor, sea cual sea su edad o su estatus social. No cabe la permisividad. La violencia de género es una de las más graves formas de violación de los derechos humanos de la mujer y refleja un problema cultural en aquellos lugares donde se da. 

Violeta Assiego es abogada y coordina los estudios de Discriminación, Pobreza y Exclusión Social en Metroscopia.En twitter @Vissibles.

Fotografia: Cartel de la Campaña de Prevención de Malos Tratos entre los Jóvenes 2001. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales y la Asociación de Mujeres Progresistas.

El clima político de cara a las Europeas de 2014: un reflejo del nacional

José Pablo Ferrándiz on Martes, 19 Noviembre 2013. Posted in Análisis - Blog

19/11/2013

Metroscopia Parlamento Europeo

Lo más destacado de la estimación de resultado electoral que Metroscopia ha realizado para EL PAÍS para el caso de que las elecciones al Parlamento Europeo convocadas para mayo del año que viene tuvieran lugar mañana mismo es el pronunciado descenso de los porcentajes de voto y del número de escaños que obtendrían el PP y el PSOE con respecto a los anteriores comicios europeos. Los populares volverían a ganar estas elecciones situándose por delante de los socialistas por una distancia de 1.1 puntos (en 2009 fue de 3.7 puntos) y un solo escaño (al igual que entonces). Ahora bien, el PP conseguiría en estos momentos, un porcentaje de voto inferior en algo más de 13 puntos al logrado en 2009  (de 42.3 % pasaría a 29.0 %) y 6 diputados menos (de 24 pasaría a 18); y los socialistas, por su parte, sufrirían un castigo similar: perderían casi 11 puntos con respecto a hace cuatro años (de 38.6 % pasarían a 27.9 %) y 6 diputados (pasando de 23 a 17).

PP y PSOE pasarían, así, de contar con el 81 % de los votos y el 87 % de los escaños en disputa al 57 % y el 65 % respectivamente. A tan solo seis meses de las elecciones, el PP solo mantiene abierta y declaradamente fieles a la mitad de sus votantes de 2009 (50 %), un porcentaje que, con todo, supera en 10 puntos al de votantes socialistas fieles al PSOE (40 %). Por el momento, la Conferencia política del pasado fin de semana no parece tener efecto detectable alguno sobre el potencial electoral socialista.

Los grandes beneficiados serían, sobre todo, IU que multiplicaría por cuatro su actual porcentaje de voto (pasaría de 3.7 % a 14.3)  y casi por cinco su representación actual en el Parlamento europeo (de 2 a 9 diputados). Un éxito que se debería, en gran medida, a su capacidad para retener a la amplia mayoría de su electorado (78 %) además de atraer a una parte sustancial de votantes socialistas (en torno al 15 %). El otro partido favorecido sería UPyD, que casi triplicaría su actual porcentaje de voto (pasaría de 2.9 % a 8.2 %) y obtendría cuatro diputados más, pasando de 1 a 5. La formación magenta es capaz de retener a dos de cada tres de sus actuales votantes (66 %) y lograría atraer entre un 5 % y un 6 % de votantes del PP y del PSOE, respectivamente.

Las dos grandes coaliciones que se presentaron en 2009 obtendrían ahora unos resultados dispares. De repetirse la Coalición por Europa (CEU) —conformada, entre otros partidos, por Convergencia i Unió, Partido Nacionalista Vasco y Coalición Canaria— perdería casi un punto (pasaría de 5.1% a 4.3%) y un diputado (de 3 a 2). Al contrario de lo ocurrido en 2009, y de configurarse igual que entonces, la otra gran coalición: Europa de los Pueblos (EdP-V) —formada, entre otros partidos, por Esquerra Republicana de Catalunya, el Bloque Nacionalista Galego y Aralar—, superaría a CEU:  duplicaría su porcentaje actual de voto (pasando de 2.5 % a 5.5 %) y lograría 3 diputados (dos más que ahora).

Estos resultados dejan entrever cierto paralelismo con la política nacional que reflejan los sondeos: un desgaste de los dos grandes partidos que favorece a las otras dos formaciones de ámbito nacional y un crecimiento de los partidos nacionalistas ideológicamente más de izquierdas frente al retroceso de los más conservadores. Esta analogía tiene que ver, probablemente, con que el 72 % de los españoles dice enfocar estas próximas elecciones al Parlamento Europeo más en clave española que europea —esto es, pensando más en la situación y los problemas de España que en los del conjunto de la Unión Europea—. No obstante, la estimación de resultado electoral que se ofrece en este sondeo —que se sustenta en una participación estimada similar a la que hubo en los anteriores comicios: 46.0 %— se sustenta en algunos puntos que por el momento están en duda: no se sabe aún los nombres de los distintos candidatos, ni las coaliciones finales que puedan concretarse, ni si, quizá, surgirá alguna de nuevo cuño y de estilo más alternativo y rompedor. En lo que respecta a los candidatos, los datos del sondeo indican que, a día de hoy, la mayoría de los votantes tanto del PSOE como del PP que ya han decidido que repetirán su voto, han tomado esa decisión teniendo algo más en cuenta las siglas del partido que el candidato. Ahora bien, entre los votantes por ahora indecisos de estos dos partidos, predominan en cambio ligeramente quienes dicen que su decisión final dependerá en gran medida de quién sea el candidato.

En lo que respecta a las coaliciones, la distribución de escaños estimada en este sondeo podría variar si, por ejemplo, ERC y CiU presentaran una candidatura conjunta. Y lo mismo podría suceder si Ciutadans decidiera concurrir a estas elecciones —idea que parece estar sopesando— bien en solitario o bien en coalición. En este último caso, su presencia podría restar apoyos electorales al PP y, de manera más indirecta, a UPyD: esta última formación se constituye, hoy por hoy, como el refugio de votantes tanto populares como socialistas desencantados con sus respectivas formaciones. Hay que tener en cuenta que —sin que exista aún una decisión al respecto de Ciutadans— el Clima Social de Cataluña llevado a cabo por Metroscopia para EL PAÍS y publicado el domingo 3 de noviembre, arrojaba para C´s una intención directa de voto en esta Comunidad en el caso de las elecciones europeas del 2.7 % (la de UPyD era de solo un 0.8 %). Y uno de cada cinco votantes (20 %) del PP en Cataluña en 2009 mostraba su intención de hacerlo en las próximas europeas por Ciutadans.

Con todo, si comparamos la actual estimación con la que Metroscopia llevó a cabo para EL PAÍS el pasado mes de junio se puede apreciar cierta recuperación de populares y de socialistas: casi dos puntos y un diputado más ahora en cada caso, a costa de un menor crecimiento de IU y UPyD del entonces estimado. También se percibe una mayor tendencia a votar a ERC (Y, por tanto, presumiblemente, a la coalición en que pudiera integrarse) que a CiU (y, por extensión, a la Coalición de que entonces formó parte).

Lo que anticipan las europeas

En los comicios al Parlamento Europeo de 2009 se produjo la primera derrota electoral del PSOE en nueve años: hasta ese momento, desde que José Luis Rodríguez Zapatero fue elegido secretario general de los socialistas en el año 2000, el PSOE había superado al PP en todas las grandes citas electorales. Como posteriormente se pudo comprobar, aquellas elecciones supusieron para los socialistas la primera señal de alarma del tsunami que les venía encima: primero en las municipales y autonómicos de mayo de 2011 —en las que los socialistas perdieron casi todo el poder territorial en juego— y, posteriormente, en las generales de noviembre de ese mismo año —en las que obtuvieron su peor resultado histórico—. Aquellos comicios europeos significaron, en cambio, el primer paso del PP en su camino hacia la cumbre que culminó el 20-N cuando logró una abrumadora victoria por mayoría absoluta y el mejor resultado electoral de toda su historia.

Cinco años después y al igual que ocurrió entonces, el desenlace de las próximas elecciones europeas que se celebrarán en mayo de 2014 podría ser el botón de muestra de lo que podría suceder en la política española en los próximos dos años. Al fin y al cabo los españoles suelen enfocar las elecciones al Parlamento Europeo más en clave española que europea y las del año próximo no parecen ser una excepción: la amplia mayoría (72 %) dice que decidirá su voto —o su abstención— pensando más en la situación y los problemas de España que en los del conjunto de la Unión Europea. Así, si llegara a confirmase la estimación electoral de Metroscopia que hoy se publica en este diario, las próximas citas electorales de ámbito nacional —las municipales y autonómicas de mayo de 2015 y, previsiblemente, las generales a finales de ese mismo año— se caracterizarían por un desgaste de los dos grandes partidos nacionales (PP y PSOE) y un sustancial crecimiento de las otras dos formaciones de ámbito nacional: IU y UPyD. Pero también —en lo que puede considerarse un aviso a navegantes para algunos partidos de ámbito autonómico— por el aumento del caudal electoral de los partidos nacionalistas y regionalistas ideológicamente más tendentes hacia la izquierda frente al retroceso de los más conservadores. En todo caso, la estimación de resultado electoral se ha llevado a cabo sobre una participación electoral similar a la de 2009 y, dado que no se conocen aún los candidatos de cada formación política, en el (dudoso) supuesto de que los partidos y coaliciones que van a concurrir en 2014 sean los mismos que en 2009.

Cualquier variación o novedad en alguna de estas premisas afectaría, obviamente, a los resultados ahora estimados: desde una candidatura unitaria de Esquerra y Convergencia i Unió —que podría obtener más escaños que cualquiera de las coaliciones con las que concurrieron hace cuatro años— hasta la participación de Ciutadans —que restaría apoyos sobre todo al PP y a UPyD—. En todo caso, no parece esperable que los rasgos generales que perfila la estimación actual vayan a variar en los apenas seis meses que restan para las próximas elecciones europeas.


Metroscopia Estimación Europeas noviembre 2013

INTENCIÓN DIRECTA DE VOTO

La intención directa de voto equivale a la voz de la calle. Es lo que los españoles responden de forma directa y espontánea cuando se les pregunta por su comportamiento electoral más probable. Es un dato clave para captar el estado de opinión predominante, pero debe ser interpretado con cautela pues no siempre refleja todo lo que los electores piensan, sino sólo lo que deciden revelar al ser preguntados. Distintos factores de coacción ambiental hacen que la verbalización de las distintas opciones ideológicas (su probabilidad de ser expresadas de forma espontánea y natural) no sea siempre la misma. La intención directa de voto (IDV) es, así, sometida a una serie de procesos de ajuste (a partir, fundamentalmente, del recuerdo de voto, de la fidelidad de voto, de la tasa de participación estimada, de la valoración  por cada grupo de votantes de la gestión de cada partido y de sus líderes y de otros datos complementarios proporcionados por el sondeo sobre el estado de ánimo general de las personas entrevistadas) que permitan estimar cuál es, en esas circunstancias, el resultado más probablemente esperable. Obviamente, a partir de una misma IDV sería posible, utilizando otros criterios analíticos e interpretativos, obtener estimaciones de resultado electoral no necesariamente coincidentes con la que aquí se ofrece. La estimación de voto probable, por tanto, no es ya un dato directamente conseguido de la ciudadanía, sino una interpretación de sus declaraciones realizada a partir de unos supuestos determinados (lo que se conoce como “cocina electoral”). Aunque con frecuencia, por un uso descuidado, se confunda intención directa de voto y voto probable estimado, en realidad son cosas distintas. Una intención directa de voto muy elevada puede terminar, tras ser procesada, en una estimación de voto probable más reducida, o a la inversa. La IDV se compara con el resultado real que cada partido obtuvo sobre el Censo de españoles residentes (CER). Por su parte, los datos de voto estiestimado se comparan con el resultado real de cada partido sobre el total de votos válidos.

Metroscopia IDV Europeas Noviembre 2013

En twitter @JPFerrandiz

Foto freshwater2006