El vuelco depende de la participación

José Juan Toharia José Pablo Ferrándiz on Domingo, 28 Julio 2013. Posted in Artículos

EL PAÍS 28/07/2013

Cuadro Metroscopia

La crisis, el caso Bárcenas y el de los ERE, y la sostenida incapacidad de los dos grandes partidos para alcanzar los pactos y acuerdos que reclama el 74% de la ciudadanía, ensombrecen seriamente el panorama político en este fin de curso. El estado de ánimo de los españoles, y especialmente el de los votantes populares y socialistas, se encuentra bajo mínimos. Su trasposición milimétrica a un hipotético resultado electoral arrojaría cifras del estilo de las recogidas en el cuadro y el gráfico que acompañan a estas líneas. Es decir, por un lado, y sobre todo, tendríamos hoy una masiva abstención (del orden del 48 %), cifra sin precedente en las elecciones generales hasta ahora celebradas; y por otro, y en paralelo a este hipotético voluminoso alejamiento ciudadano de las urnas, una formidable caída del PP que, con el 23% de los votos, quedaría prácticamente empatado con el PSOE (que obtendría el 22,8%) y a no mucha distancia de las otras dos formaciones de ámbito nacional, IU (con un 16,2%) y UPyD (con un 11,8%). El voto en blanco, además, podría alcanzar niveles espectaculares (en torno al 8%).

Evidentemente, esto no debe entenderse en modo alguno como una predicción más o menos fundada de lo que en su momento ocurrirá, sino solo como una forma de expresar el estado de ánimo que ahora predomina en nuestra sociedad y el modo en que podría electoralmente cristalizar si se celebraran ya mismo, de forma inmediata y sin mayor trámite, unas elecciones a las que efectivamente concurriese únicamente el 52% del cuerpo electoral (es decir, unos 18 millones de personas: en torno a 6,6 millones menos que en noviembre de 2011). Este es el específico y limitado sentido —conviene insistir en ello— en el que debe entenderse la estimación electoral que aquí se ofrece y que, forzosamente, representa tan solo un ejercicio de simulación. Y ello por la sencilla razón de que se basa en el supuesto irreal y meramente imaginario de unas súbitas e instantáneas elecciones que reflejasen milimétricamente, sin variación alguna, los hipotéticos alineamientos electorales que ahora, desde su estado de hondo enfado y desafección, expresan los españoles. Todo lo cual resulta altamente improbable.

De hecho, si realmente se convocasen ahora elecciones, cambiaría automáticamente, por fuerza y sustancialmente, el marco contextual de los datos que han quedado recogidos en el sondeo y, por tanto, la interpretación que procedería dar a los mismos. Una vez puesto efectivamente en marcha el proceso electoral, resulta difícilmente pensable que este no tuviera efecto tangible alguno ni sobre la predisposición a votar ni sobre la reactivación de lealtades partidistas ahora irritadas, distraídas o silentes. Sencillamente, la intención de participar pasaría a ser, con toda probabilidad, más alta que la que ahora se declara y, en consecuencia, el caudal electoral de los distintos partidos (y sobre todo, de los dos principales) no sería ya tan escuálido como ahora se presenta. No es, ciertamente, lo mismo que voten 18 millones de españoles que lo hagan, por ejemplo, 22 millones, que es lo que ocurriría con una participación en torno al 65%, algo no imposible incluso con un estado de ánimo ciudadano como el actual. Conviene recordar que los sondeos de Metroscopia han venido recurrentemente reflejando que los españoles están muy enfadados con el funcionamiento actual de los partidos (sobre todo de PP y PSOE), pero ni reniegan de ellos ni del sistema de partidos ni de la democracia, con la que se identifican más que nunca. No hay, en el horizonte, indicio alguno de posible movimiento antisistema o radical (de derecha o de izquierda) partidario de arramblar con todo el actual entramado institucional, al modo, por ejemplo, de aquel movimiento de l´Uomo Qualunque de la postguerra italiana cuya propuesta era —para qué andarse con sutilezas— “abajo todo”. Por el contrario, si algo caracteriza a la ciudadanía española actual es su elevado grado de conciencia cívica, de respeto institucional y de compromiso con las virtudes democráticas. Y por eso mismo está tan irritada: porque considera que quienes pilotan muchas de nuestras instituciones básicas no saben estar a la altura que las circunstancias exigen. Y por eso piden cambios en las personas o en su forma de actuar, no en las instituciones. Al menos por ahora.

En todo caso, esos posibles cuatro millones adicionales de votos que reportaría una participación algo mayor que la que ahora se atisba no se repartirían, verosímilmente, de modo lineal o estrictamente proporcional entre todos los partidos, sino que, con toda probabilidad, acrecerían en mayor medida el caudal electoral de PP y PSOE que el de los demás contendientes. Y ello, valga la insistencia, a pesar del estado de bronca en que ahora se encuentran sus respectivos electorados. A partir de la amplia información complementaria que proporciona este Barómetro de Clima Social, resulta posible aventurar, sin forzar excesivamente las cosas, que si la participación rondase finalmente el 65% (porcentaje que, con todo, seguiría siendo casi siete puntos inferior al registrado en noviembre de 2011), el PP podría conseguir casi el 35 % de los votos y el PSOE casi el 28%. IU y UPyD quedarían en un 11,4 % y un 7,7 %, respectivamente. Con esas cifras, no sería muy arriesgado pensar en una distribución de escaños que rondaría los 145 a 150 para el PP, los 125 a 130 para el PSOE, entre 25 y 30 para IU y entre 10 y 15 para UPyD. Es decir, el tan temido o esperado —según los casos— ocaso del bipartidismo podría quedar más bien en espejismo. Con este escenario seguirían existiendo dos grandes partidos nacionales, flanqueados por otros dos, de implantación asimismo nacional, que complementarían el actual abanico compuesto exclusivamente por partidos nacionalistas o regionalistas. Las posibilidades de combinaciones y pactos electorales se ampliarían así sustancialmente, y en direcciones más diversas y complejas que las hasta ahora posibles, y sin comprometer por ello, al mismo tiempo y de forma grave, la gobernabilidad y estabilidad del sistema. Pero lo cierto, hoy por hoy, es que existe un profundo derrumbamiento anímico entre los votantes del PP y del PSOE. Es, como se ha visto, muy probable que de sonar la corneta electoral se produjera un cierto rearme y reagrupamiento en ambos casos. Pero por probable que esto parezca no deja de ser algo que está por ver.

José Juan Toharia y José Pablo Ferrándiz son, respectivamente, presidente y vicepresidente de Metroscopia

Barómetro electoral: julio 2013

José Pablo Ferrándiz on Lunes, 15 Julio 2013. Posted in Análisis - Blog

08/07/2013

LA CORRUPCIÓN PESA MÁS QUE LA PERCEPCIÓN DE MEJORA DEL EMPLEO

Los datos que arroja la oleada de julio del Barómetro de Clima Social —llevada a cabo tras la comparecencia de Rajoy en el Congreso de los Diputados el pasado martes, la última antes de las vacaciones de verano— reafirman la estabilidad que ya se reflejaba en las oleadas precedentes en cuanto a la evaluación negativa de la actuación del Gobierno y de los líderes de los principales partidos de la oposición. El dato quizá más relevante es que ha aumentado 11 puntos el porcentaje de españoles que piensa que está ya próximo el momento en que el paro dejará de crecer para empezar a bajar de forma continuada: de un 18 % en junio a un 29 % ahora. Si bien una amplia mayoría (69%) sigue pensando que ese momento está aún lejos y que el desempleo va a continuar como hasta ahora o que incluso que va a crecer en un futuro cercano, lo cierto es que este porcentaje se ha reducido 10 puntos en solo un mes.

A pesar de lo cual, la evaluación de la situación económica de España —la presente y la futura— apenas ha variado y continúa siendo abrumadoramente negativa. Además el Gobierno tampoco ha logrado capitalizar esta mejora de las expectativas laborales percibida por los españoles. De hecho, en la estimación electoral de este mes —en el hipotético caso de que se celebrasen unas inmediatas elecciones generales— el PP pierde un punto y medio con respecto a primeros de junio —de 24.5 % de los votos válidos pasa al 23.0 %— reduciéndose la distancia que le separa del PSOE a tan solo 1.4 puntos. El resultado estimado en el caso de los socialistas se mantiene prácticamente idéntico al del mes pasado, e IU y UPyD retroceden apenas unas décimas. La participación estimada se mantiene en el entorno del 50 % (52 % en esta oleada, un punto menos que en junio) y crece ligeramente el voto en blanco.

Todos los ministros del actual Gabinete vuelven a tener, en esta oleada, un saldo negativo a su gestión (esto es, son más los españoles que la desaprueban que quienes la aprueban). Los peores evaluados son el ministro de Educación, José Ignacio Wert, con un saldo de -65 puntos (un 80 % desaprueba su labor al frente del Ministerio y solo un 15 % la aprueba);  la ministra de Sanidad, Ana Mato, con un saldo de -63 puntos (77 % la desaprueba frente a un 14% que la aprueba); el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, con un saldo de -61 puntos (77 % frente a 16 %) y el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, con un saldo de -60 puntos (76 % frente a 16%). Estos cuatro ministros también obtienen un saldo negativo entre los propios votantes populares al igual que la ministra de Trabajo, Fátima Báñez, y el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz.

Barómetro julio 2013

 La caída del apoyo electoral de los populares estimado en esta oleada y el deterioro de la imagen del Gobierno se deben, probablemente, a que los ciudadanos están dando más peso en sus evaluaciones a los casos de corrupción en el entorno del PP que están siendo actualmente investigados —en especial, el “caso Bárcenas”— que a la relativa mejora de los datos de empleo. Hay que tener en cuenta que la mayoría tanto de los ciudadanos (92%) como de los votantes populares (89%) piensa que el PP tiene responsabilidad en dicho asunto por no haber vigilado adecuadamente a su tesorero. Pero aún más: un 82 % de los españoles y un 63 % de los electores del PP consideran que este partido es responsable porque sabía lo que pasaba y aún así lo toleró. Es decir, la responsabilidad del PP no sería solo por falta de vigilancia, sino por inacción tras advertir lo que pasaba. Con estas opiniones mayoritarias no debe extrañar que ni la forma de actuar ni las explicaciones de los dirigentes populares en este tema terminen de convencer ni siquiera a sus propios votantes.

Corrupción 1

 En este sentido, prevalecen los electores del PP que ven más desacertadas que acertadas las declaraciones sobre el caso Bárcenas de Rajoy (47 % frente a 26 %), de Cospedal (45 % frente a 21 %) y de Floriano (32 % frente a 8 %, aunque en este último caso un 59 % no entra a evaluar sus declaraciones probablemente por desconocerlas). Sin embargo, los votantes populares se muestran claramente más satisfechos con la postura de Esperanza Aguirre (un 43 % ve acertadas sus manifestaciones frente a  un 25 % que las considera desacertadas) y de Núñez Feijóo (27 % frente a 24 %). Es decir, los votantes populares coinciden más con los dos líderes que más autocríticos se han mostrado con la corrupción que rodea al PP. Unos datos que podrían ser interpretados como un mensaje del electorado popular a sus dirigentes para que aborden el tema con claridad, firmeza y determinación. De no ser así, podría extenderse la opinión de que realmente Bárcenas tiene en su poder pruebas que pueden llegar a comprometer tanto al partido como a alguno de sus actuales máximos dirigentes —una idea que ya comparte un 62 % de los votantes populares— y que, en consecuencia, los líderes populares están realmente tratando de ocultar algo.Sin duda, este hecho está lastrando el apoyo electoral del PP, que en esta oleada obtiene su peor dato histórico de fidelidad entre su electorado: en estos momentos, solo un 35 % de quienes le dieron su voto en 2011 volvería a hacerlo.

Corrupción 2

 Algo similar ocurre con el PSOE y el caso de los ERE en Andalucía, aunque con algunos matices. La amplia mayoría, tanto de ciudadanos (77 %) como de votantes socialistas (78 %) no ve creíbles ni convincentes las explicaciones sobre este asunto dadas por los dirigentes del partido. No obstante, entre los ciudadanos existe una cierta mayor sensación de que en el caso de los ERE —en comparación con el caso Bárcenas— la concreta responsabilidad del partido es menor, en cambio, es mayor la de quienes se han aprovechado económicamente del asunto. Esto es, mientras que en el caso que afecta a los socialistas, un 55 % de españoles piensa que los principales responsables son unas cuantas personas que se han lucrado engañando a su partido, en el caso Bárcenas solo un 26 % cree que el principal responsable sea solo el extesorero. Por otro lado, y a diferencia de lo que ocurre con el caso Bárcenas, el de los socialistas es un asunto que afecta a los dirigentes de una región concreta —y no a la dirección nacional del partido— y a un Gobierno diferente al actual (a pesar de que el ahora presidente del partido nacional y del gobierno andaluz, José Antonio Griñán, ocupara cargos en el anterior Ejecutivo regional).

Corrupción 3

La mayoría de españoles (59 %) no cree que haya ahora más casos de corrupción que en otros momentos, sino que, en la actualidad, se lucha cada vez más y mejor contra la corrupción y por eso salen a la luz más casos. No obstante, las opiniones se dividen entre quienes, por un lado, consideran no solo que en España hay mucha gente corrupta, sino también que casi toda nuestra sociedad, de una forma u otra, participa y se aprovecha de ella (51 %); y, por otro, entre quienes creen que realmente son pocas las personas corruptas, pero manejan tal cantidad de dinero que causan un gran perjuicio y crean una mala imagen general (49%).

TRASVASES ELECTORALES

En esta oleada, el PSOE supera en cuatro décimas al PP en la intención directa de voto que manifiestan los españoles: 10.4 % frente a 10.0 %. En esta ocasión —y como viene ocurriendo desde comienzos de este año—, los porcentajes de intención directa de voto a populares y socialistas arrojados por el sondeo siguen siendo inusualmente bajos en comparación con los datos registrados en las oleadas anteriores a enero de 2013. En estos momentos, un 26 % de los electores dice que si ahora hubiera elecciones, no votaría, y un 16.9 % no sabe qué haría (si acudir o no a votar o, en el caso de acudir, duda entre alguna de las diferentes opciones políticas). Y si ahora hubiera elecciones, solo un tercio (35 %) de votantes populares y de votantes socialistas volvería a votar a PP y PSOE respectivamente. Entre los votantes del PP, un 29 % dice que no acudiría a votar, un 20 % votaría a otro partido (sobre todo a UPyD: 8 %) y un 15 % dice no saber qué haría. Entre los votantes del PSOE, un 15 % no acudiría a votar, un 33 % votaría a otro partido (sobre todo IU: 15 %) y un 16 % no lo tiene decidido. Tanto IU como UPyD mantienen una fidelidad de voto muy superior en comparación con la de populares y socialistas: la de la coalición rojiverde se sitúa en un 65 % y la del partido magenta en un 62 %.

 INTENCIÓN DIRECTA DE VOTO

La intención directa de voto equivale a la voz de la calle. Es lo que los españoles responden de forma directa y espontánea cuando se les pregunta por su comportamiento electoral más probable. Es un dato clave para captar el estado de opinión predominante, pero debe ser interpretado con cautela pues no siempre refleja todo lo que los electores piensan, sino sólo lo que deciden revelar al ser preguntados. Distintos factores de coacción ambiental hacen que la verbalización de las distintas opciones ideológicas (su probabilidad de ser expresadas de forma espontánea y natural) no sea siempre la misma. La intención directa de voto (UDV) es, así, sometida a una serie de procesos de ajuste (a partir, fundamentalmente, del recuerdo de voto, de la fidelidad de voto, de la tasa de participación estimada, de la valoración  por cada grupo de votantes de la gestión de cada partido y de sus líderes y de otros datos complementarios proporcionados por el sondeo sobre el estado de ánimo general de las personas entrevistadas) que permitan estimar cuál es, en esas circunstancias, el resultado más probablemente esperable. Obviamente, a partir de una misma IDV sería posible, utilizando otros criterios analíticos e interpretativos, obtener estimaciones de resultado electoral no necesariamente coincidentes con la que aquí se ofrece. La estimación de voto probable, por tanto, no es ya un dato directamente conseguido de la ciudadanía, sino una interpretación de sus declaraciones realizada a partir de unos supuestos determinados (lo que se conoce como “cocina electoral”). Aunque con frecuencia, por un uso descuidado, se confunda intención directa de voto y voto probable estimado, en realidad son cosas distintas. Una intención directa de voto muy elevada puede terminar, tras ser procesada, en una estimación de voto probable más reducida, o a la inversa. La IDV se compara con el resultado real que cada partido obtuvo sobre el Censo de españoles residentes (CER). Por su parte, los datos de voto estimado se comparan con el resultado real de cada partido sobre el total de votos válidos.

En esta oleada del Clima Social correspondiente al mes de julio de 2013 la intención directa de voto es la siguiente:

Intención directa de voto julio 2013

En twitter @JPFerrandiz

A paella coalition?

on Sábado, 06 Julio 2013. Posted in Artículos

06/07/2013 The Economist

Disillusion is leading to the rise of two alternative parties

DRAMATIC political change is sweeping Spain, or so polling suggests. For three decades Mariano Rajoy’s conservative Popular Party (PP) and the Socialists have taken turns to run the country. Now their support is crumbling (see chart) and a two-party system that guarantees stable governments is at risk.

Two recessions in five years and 27% unemployment have shaken faith in the status quo. And as bond markets are getting the jitters again, promises of a return to growth this year have failed to restore shattered confidence. Corruption, cronyism, entitlement and a lack of transparency have helped persuade voters that the system which served their fledging democracy so well has become a liability.

Backing for the PP has shrivelled from 45% to 24%. Yet under Alfredo Pérez Rubalcaba the Socialists have failed dismally to capitalise on the growing discontent. Instead, support has shrunk from 29% in the elections of November 2011 to around 21%. Elections are not due until late 2015, but Spain is on track for its weakest government since democracy was restored in 1977.

If Spaniards want to throw out the old order, what other choices do they have? Two parties are mopping up the discontent. The centrist Union for Progress and Democracy (UPyD), founded by Rosa Díez, a former Socialist, is settling in as the new third party, making her a potential kingmaker at the next general election. Ms Díez blames the two big parties for wrecking the economy by pumping up a property bubble through their joint control of planning laws, regulators, the central bank and reckless savings banks. She bashes nationalists in Catalonia and her native Basque country. She seeks radical internal reform, re-centralising control over health and education and taking privileges away from Basques, Catalans and Navarrans by putting all regions on an equal footing. And, like Britain’s Liberal Democrats, she wants electoral reform to favour her own party.

Ms Díez refuses to rule out future deals with any party except those with ties to ETA, the Basque terrorist group. But she insists on a constitutional overhaul and wants the next parliament to bring it about. “A self-confident democracy revises its laws on the basis of their consequences,” she says. Ms Díez claims UPyD, which has just five deputies, has already pushed political debate towards previously taboo topics such as constitutional reform or reversing devolution.

The other beneficiary of discontent is United Left (IU), a communist-led coalition that has shown surprising flexibility in regional governments. It helped a minority PP government snatch power from the Socialists in Extremadura. But it backed the Socialists in Asturias and is in a coalition with them in Andalusia, one of the largest regions. José Luis Centella, an IU deputy, says these regional deals cannot be extrapolated to national politics.

With future votes spread so widely, dealmaking will decide elections. The Socialists have the advantage. They can ally with IU, UpyD as well as Catalan or Basque nationalists. They could even bring several parties together. Perhaps, given the number of ingredients it may need, Spain’s next government will look like the popular national dish: a paella coalition.

From the print edition: Europe

Clima Social - julio 2013

El clima político

La situación económica y el posible rescate europeo

La corrupción pesa más que la percepción de mejora de empleo

Becas y notas

on Lunes, 01 Julio 2013. Posted in Análisis - Blog

Por Xavier Coller 01/07/2013

El debate político sobre el umbral para acceder a una beca universitaria bascula sobre dos posturas: la que dice perseguir la “excelencia”, que exige la elevación de la nota a un 6.5, y la que defiende que las becas son una “redistribución” de la riqueza para que la falta de recursos económicos no impida el acceso a (y permanencia en) la universidad. Este debate parece resuelto en la sociedad. Casi la mitad de los españoles (44%) se muestra partidario de que la nota de acceso a una beca sea de 5 puntos frente al 21% que prefiere que sea de un 6.5 y al 31% que opta por la vía intermedia del 5.5. Existen diferencias sensibles por edad: los ciudadanos de más de 55 años (que son los que tienen tasas de universitarios más bajas) se inclinan menos que el resto por la opción del 5 y más por la del 6.5. Pero las diferencias son más notables cuando se observan las preferencias políticas. Mientras que casi dos tercios (64%) de los votantes del PSOE se inclinan por exigir un 5 para optar a la beca, la mayor parte de los votantes del PP (38%) apoyan la opción del 6.5 o la vía intermedia del 5.5 (34%).

En realidad este debate oculta dos hechos relevantes. Primero, todos los estudiantes universitarios están subvencionados por los contribuyentes puesto que, según los datos del Observatorio del Sistema Universitario, el estudiante solamente paga de promedio un 20% del coste de su formación (aunque hay diferencias territoriales). Segundo, siguen existiendo limitaciones económicas de acceso a la universidad que se concentran en los grupos sociales más desfavorecidos. Con la crisis económica, estas limitaciones se amplían y pueden explicar la contestación que está teniendo la propuesta del ministerio.

 Metroscopia - Becas y notas

Xavier Coller es catedrático de Sociología en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y analista-consultor de Metroscopia.

Lo doblemente inaceptable

José Juan Toharia on Domingo, 23 Junio 2013. Posted in Artículos

EL PAÍS 23/06/2013

El error cometido por la Agencia Tributaria al atribuir a la infanta Cristina la venta no declarada de hasta 13 propiedades resulta a los españoles doblemente difícil de aceptar, según el sondeo de Metroscopia. En primer lugar, lo que resulta difícilmente aceptable es que un error así pueda producirse y nadie lo advierta. Un claro indicio de la conmoción pública causada (y sin duda también de la alarma social) es la instantánea y general atención que el asunto encontró: prácticamente todo el mundo (el 88%) se enteró y todo el mundo sigue al tanto. Como además ha ocurrido en plena campaña de la declaración de la renta, no puede sino haber causado un grave daño al claro prestigio y crédito social que ha venido gozando la ahora cuestionada institución: así lo cree el 74% de la sociedad española.

Nuestra ciudadanía se muestra ya escasamente propensa a creer en casualidades, errores o azares. Nos hemos hecho todos crecientemente escépticos y recelosos respecto de nuestras instituciones públicas. Algo sin duda tan lamentable como preocupante y que ayuda a entender que, en esta ocasión, solo una pequeña fracción ciudadana (el 29%) se muestre dispuesta a aceptar que estamos ante un simple error, casual e involuntario, de Hacienda. En cambio, son dos veces más numerosos (61%) quienes se inclinan por creer en la existencia de intenciones ocultas aún no descubiertas: un 25% cree que lo que se ha pretendido (¿quién?) ha sido desprestigiar a la Corona, y un 36% sospecha que alguien (¿quién?) ha utilizado el nombre de la Infanta para encubrir o camuflar a saber qué trapacerías o amaños.

Lo que, en segundo lugar, resulta difícil de aceptar al español medio es la asombrosa parsimonia y casi indolencia con que han reaccionado las instancias más directamente implicadas en el caso, como si este constituyera tan solo un incidente menor, banal y sin mayor trascendencia. Los españoles no lo ven así, y por ello el 76% reclama los ceses (o dimisiones) de los actuales responsables de Hacienda, y el 62% la salida del Gobierno del propio ministro Cristóbal Montoro. En uno y otro caso, quienes reclaman un gesto sancionador ejemplar son mayoría incluso entre los propios votantes del PP. Y es de resaltar que son algunos más los españoles (45% frente a 43%) que desaprueban que quienes aprueban la generosa decisión del abogado de la Infanta, Miquel Roca, de renunciar a ejercer acciones contra Hacienda.

Nuestra sociedad lleva ya largo tiempo expresando en los sondeos su hartazgo ante la aparente impunidad, en nuestra vida pública, de los errores, irregularidades o delitos que la salpican. No es el nuestro un país corrupto, pero sí hay corrupción, y como se la combate tarde y mal, acabamos dando la impresión de serlo. Los imputados gozan de increíbles facilidades procesales para marear, impunemente, a quienes los investigan; los partidos solo ven la paja en el ojo ajeno y ocultan y justifican la viga propia; y los ciudadanos masivamente (88%) anhelan que una y otra cosa dejen ya de ser posibles.

José Juan Toharia es catedrático de Sociología y Presidente de Metroscopia.

Manuel de Terán Troyano, pedagogo excepcional

José Juan Toharia on Jueves, 20 Junio 2013. Posted in Artículos

EL PAÍS "IN MEMORIAM" 20/06/2013

Abandonó su pasión por la naturaleza y por los estudios forestales por la que fue su otra gran pasión, la que acabó estructurando y dando sentido pleno a su vida: la docencia. Hijo del que fuera maestro de geógrafos Manuel de Terán, y de quien ejerciera como maestra en el Instituto Escuela, Fernanda Troyano de los Ríos, y sobrinonieto de Fernando de los Ríos, por las venas de Manuel Terán Troyano (Madrid, 1933), fallecido el pasado martes en su ciudad natal, circulaba sin duda lo mejor de nuestra mejor tradición pedagógica y liberal. Si su padre fue uno de los preceptores del actual Rey, a él le cupo la responsabilidad —y el honor— de dirigir el centro escolar (Santa María de los Rosales) en que cursó sus estudios el ahora Príncipe de Asturias. No deja de ser significativo que en años tan turbulentos y complejos como los de nuestra transición a la democracia la familia real escogiera para la educación del heredero de la Corona precisamente un centro con tan claras e inequívocas señas de identidad ideológico-educativas. Y, sin duda, en la elección debió pesar la propia personalidad de Manuel, que irradiaba una fe en su propuesta pedagógica y un entusiasmo en su propósito de llevarla a cabo que resultaban infaliblemente contagiosos.

Ideario educativo

Tan fiel a sus creencias como profundamente respetuoso con las ajenas, siempre generoso y gentil con su tiempo y sus ideas, supo hacerse respetar, admirar y, sobre todo, querer por cuantos le trataron. Jaime y Jesús de la Serna, dos de sus más fraternales amigos, lograron convencerle para que en el diario Informaciones, que dirigía el segundo, publicara una serie de artículos en los que fue exponiendo su ideario pedagógico. Eran los años posteriores a la famosa Ley de Educación de Díez-Hochleitner, otra gran figura de nuestra reciente historia pedagógica. Pero ni los de la Serna ni nadie lograron nunca convencerle de que reuniese esos escritos en un librito, a modo de testimonio o legado. No les concedía mayor importancia. Lo que para muchos supuso una auténtica puerta hacia una nueva forma más moderna y abierta, genuinamente liberal y enriquecedora, de entender la pedagogía, a él le parecía una obviedad, algo de sentido común.

Ha llevado su dura y muy dolorosa enfermedad final con la entereza, elegancia y alegría con que supo conducir su vida despidiéndose uno a uno de sus seres queridos, confortándoles y agradeciéndoles el haber podido compartir con ellos su vida.

La PAH premiada

Violeta Assiego on Miércoles, 19 Junio 2013. Posted in Análisis - Blog

El 69 % de los españoles está de acuerdo con que el Parlamento Europeo haya concedido a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) el Premio Ciudadano Europeo 2013, según un sondeo de Metroscopia para El País.

No es la primera vez que la sociedad civil aprueba la actuación de la PAH. Recientemente —y en medio de las turbulencias provocadas por los escraches y las reacciones que suscitaron—, el 81 % de los ciudadanos manifestó que confiaría en la PAH para defender sus intereses ante el riesgo de ser desahuciados; solo un 11 % dijo que lo haría en el Gobierno y el 10 % en el principal partido de la oposición. No deja de ser significativo que más de la mitad de los propios votantes del Partido Popular —el 54 %— considere acertado el galardón que ahora recibe la PAH, asimismo que no haya diferencias en función de la edad.

El Parlamento Europeo creó el Premio en el año 2008 para reconocer a las personas u organizaciones ejemplares que luchan por los valores europeos. Si lo que hace ejemplar a un movimiento social es lograr la puesta en marcha de cambios sociales importantes arraigándolos en pilares de solidaridad y de defensa de los derechos humanos de todos, parece claro que los ciudadanos también reconocen a la PAH ese mérito y ejemplaridad.

Seguridad, libertad, privacidad

José Pablo Ferrándiz on Lunes, 17 Junio 2013. Posted in Análisis - Blog

17/06/2013

Un 41 % de los españoles cree que el Gobierno debe intentar conseguir que todos los ciudadanos tengan el máximo de libertad, aunque eso pueda implicar perder algo de seguridad. Un 46% piensa, por el contrario, que nuestros gobernantes deben aspirar sobre todo a conseguir que todos los ciudadanos tengan el máximo de seguridad aunque suponga perder algo de libertad. En puridad puede hablarse de una división de opiniones en uno de los debates clásicos que se plantea toda sociedad —y en mayor medida las democráticas—, aunque se observa cierta inclinación hacia una mayor seguridad.

La opinión ciudadana suele ser reactiva al contexto económico, político y social en el que se realiza la pregunta: en momentos en que se siente amenazada por algún peligro o en los que la incertidumbre es la sensación predominante, suele decantarse por la seguridad antes que por la libertad. La triple crisis en la que según la mayoría de los ciudadanos se encuentra inmerso nuestro país —económica, política y social— es un generador evidente de incertidumbre que atrae a la ciudadanía más hacia el polo de la seguridad.

En los últimos Barómetros de confianza ciudadana en Instituciones llevados a cabo por Metroscopia destaca, precisamente, que en estos momentos la sociedad distribuye los primeros y los últimos puestos del ranking en función de la capacidad que cada Institución tiene o no de transmitir seguridad a los ciudadanos.

En este debate también juega un papel importante la ideología: la conservadora suele preferir la seguridad y la progresista la libertad. De hecho, mientras que la amplia mayoría de los votantes del PP (67 %) considera más importante la primera, los votantes tanto del PSOE (60 %) como de IU (68 %) valoran más la segunda.

En todo caso, el sondeo arroja otros datos que parecen corroborar esa mayor tendencia hacia la seguridad: la amplia mayoría considera adecuado o, incluso, escaso el número de cámaras de vigilancia que actualmente hay en lugares públicos, los controles en los aeropuertos y los controles en otros medios de transporte como el tren.

Ahora bien, también la amplia mayoría de los ciudadanos parece poner un límite a esa seguridad: la privacidad. Los españoles se muestran masivamente en desacuerdo con que por motivos de seguridad y para prevenir posibles ataques terroristas se permitiera a nuestro Gobierno controlar las llamadas telefónicas de los ciudadanos (81 %), controlar sus correos electrónicos (79 %) o controlar cualquiera de las actividades que realicen en Internet (68 %). También en este caso los votantes del PP se mostrarían más condescendientes con el Gobierno si planteara esas medidas que los de PSOE e IU. De hecho, uno de cada dos votantes populares (51 %) justifica que, como se ha conocido la semana pasada, el Gobierno de Estados Unidos accediera de manera directa y secreta a los servidores de compañías como Microsoft, Apple o Google para obtener datos de sus usuarios con la excusa de la prevención frente al terrorismo. Un programa de espionaje con el que el 60 % de los españoles se muestra, por el contrario, en desacuerdo (68 % entre los votantes del PSOE y 89 % entre los de UPyD).

Privacidad vs libertad 1

Privacidad vs libertad 2


La fidelidad electoral de los votantes: Europeas y Generales

José Pablo Ferrándiz on Viernes, 14 Junio 2013. Posted in Análisis - Blog

14/06/2013

La oleada de junio del Barómetro de Cima Social de Metroscopia arroja algunos datos destacables sobre la fidelidad de voto de los electores de los cuatro partidos españoles de ámbito nacional -PP, PSOE, IU y UPyD- en elecciones al Parlamento europeo y en elecciones al Parlamento español. Se trata de una fotografía que muestra cómo son las cosas hoy por hoy, cuando falta un año para la celebración de las próximas elecciones europeas y más de dos para las próximas generales, es decir, son datos que se basan en el clima de opinión predominante en este concreto momento y que no pueden, por tanto, ser entendido, sin más, como expresión de predisposiciones de voto ya claramente cristalizadas y decididas.

a)    Los cuatro partidos obtuvieron menor número de votos en las elecciones al Parlamento europeo de 2009 que en las elecciones generales españolas de 2011. Hay un dato fundamental que ayuda a explicar esta diferencia: la participación en las elecciones europeas de 2009 (y, en general, en todas las elecciones de este tipo celebradas en nuestro país) fue inferior a la que hubo en las últimas generales (46 % frente a 71.7 %, ambos porcentajes sobre el Censo de Residentes). Pero la diferencia de votos entre unas y otras elecciones no es la misma en todos los partidos.

En el caso del PP la diferencia es mayor porque mientras que en los comicios europeos obtuvo un resultado sustancialmente idéntico al que logró esta formación en las de 2004 (en torno a los 6.5 millones de votos), en 2011 consiguió el mayor número de votos nunca antes alcanzado por el partido conservador en unas elecciones de cualquier tipo que se hubieran celebrado en nuestro país. Algo parecido sucedió con UPyD, partido que desde su creación en el año 2007 ha ido incrementando apoyos en cada una de las elecciones a las que se ha ido presentando y que en 2011 obtuvo, también, su mejor resultado histórico. Por el contrario, en el caso del PSOE la diferencia es menor porque en los últimos comicios legislativos obtuvo su peor resultado en unas elecciones al Parlamento español.

b)    Los “votantes europeos” de estos cuatro partidos son más fieles que los “votantes nacionales”. Es decir, quienes votaron a uno de estos partidos en las últimas elecciones europeas de 2009 muestran ahora una mayor intención de votar por las mismas siglas -tanto en las próximas europeas como en las próximas generales- que quienes votaron por ellos en los comicios legislativos de 2011. Solo en el caso del PSOE apenas existen diferencias entre la fidelidad de sus “votantes europeos” y los “votantes nacionales”.

c)    La fidelidad de voto en elecciones europeas. El partido que manifiesta una mayor fidelidad de voto de cara a las próximas elecciones europeas es IU: un 74 % de electores que votaron a la coalición rojiverde en los comicios al Parlamento Europeo de 2009 volverían a votarla en las elecciones de 2014. El PSOE es, por el contrario, el partido con menor porcentaje de fieles: 46 %.

d)    La fidelidad de voto en elecciones generales. El partido con una mayor fidelidad de voto en elecciones generales es, en estos momentos, UPyD: un 57 % de los electores que votaron a la formación magenta en 2011 volvería ahora a elegir al partido presidido por Rosa Díez. Los socialistas son, también en este caso, quienes manifiestan una menor fidelidad de voto: 33 %.

e)    Fidelidad de voto entre elecciones de diferente naturaleza. En este aspecto destacan IU y UPYD. El primero porque cuenta con el porcentaje más elevado de electores que le votaron en las elecciones europeas de 2009 y votaría ahora por esta formación si hubiera elecciones generales: 51 %. En el caso de UPyD porque cuenta con el porcentaje más elevado de electores que le votaron en las elecciones generales de 2011 y muestra intención de votar por esta formación en las europeas del año que viene: 81 %.

Para el análisis e interpretación de estos datos cabría tener en cuenta el contexto en el que se celebraron unas y otras elecciones.

Gran parte de los electores (72 %) tiende a interpretar los comicios europeos en clave nacional, esto es, dando más importancia en su decisión de voto a la gestión de los problemas nacionales desarrollada por cada partido. En este sentido, las elecciones europeas acaban convirtiéndose en una especie de referéndum que premia o castiga, sobre todo, la gestión del Gobierno nacional de turno. En Junio de 2009, cuando se celebraron las últimas europeas, apenas había transcurrido un año desde la celebración de las elecciones generales en las que Rodríguez Zapatero consiguió renovar su mandato. Se cumplía, además, el primer año de la crisis económica en España, una crisis que había sido negada por el Presidente durante sus primeros meses de la legislatura y que acarreó un castigo electoral al PSOE: los populares se impusieron a los socialistas en la que fue la primera victoria del PP sobre el PSOE en cinco años.

Por otro lado, las elecciones generales de 2011 estuvieron marcadas en gran parte por las medidas propuestas a Congreso por el presidente Zapatero en mayo de 2010 para intentar combatir la persistente y cada vez más profunda crisis económica. Unas medidas que fueron interpretadas por una sustancial parte de su electorado como un giro ideológico que dejó mermada su base de apoyo electoral, precisamente, entre sus votantes más ideológicos —y, en principio, más fieles—. En esas elecciones el PP se benefició, además, tanto de la aureola que mantenía todavía en aquel momento de ser el partido más capacitado para gestionar la economía (el problema que más preocupaba a los españoles según datos del CIS), como de la necesidad imperiosa de cambio que la sociedad manifestaba encuesta tras encuesta: un cambio que le diera esperanza para salir de la angustiosa situación económica y que quien mejor la simbolizaba en aquellos momentos era el PP.

El contexto en que ahora se ha realizado esta encuesta es sustancialmente diferente al de los otros dos períodos especificados. Cuatro años después de las últimas elecciones europeas –y a falta de solo un año para la celebración de las próximas- el gobierno de España está en manos de los populares, por lo que los comicios del año que viene se convertirían, según la experiencia reciente, en un referéndum nacional, ahora, sobre la gestión del PP (son las primeras elecciones de ámbito nacional a las que se va a enfrentar desde que ganó por aplastante mayoría las generales de 2011). Los datos del sondeo de Metroscopia podría estimarse que, en efecto, en 2014 los españoles van a sancionar electoralmente al PP si bien, hoy por hoy, se trataría de un castigo atemperado porque no se van a ver superados por el PSOE. Los socialistas siguen su particular travesía del desierto y sufrirían un castigo similar (que quizá algunos lo vean como una derrota dulce debido a que se quedaría a poca distancia de los populares y no serían superados por IU, una opción verosímil en los últimos tiempos). Lo que también parece anticipar la encuesta de Metroscopia es el notable ascenso de IU y UPyD, sustentado en gran parte en la mayor fidelidad que, hoy por hoy, manifiestan sus respectivos votantes.

Fidelidad de voto en elecciones europeas y generales

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Cuando falta un año

José Juan Toharia on Miércoles, 12 Junio 2013. Posted in Análisis - Blog

12/06/2013

Si en vez de tener lugar dentro de exactamente un año, las elecciones europeas tuviesen lugar ahora, el PP volvería a ser con toda probabilidad el partido ganador, pero con una fuerte merma tanto en votos (15.1 puntos menos que en 2009) como en escaños (17 en vez de los 24 de entonces). El PSOE volvería a quedar en segundo lugar, pero con un 26 % del voto (frente al 38.6 % de hace cuatro años) y 16 escaños (en vez de 23). La sorpresa (quizá menor, hoy por hoy, de lo que se oye) sería el ascenso de la coalición liderada por IU que, con un formato electoral como el de 2009, pasaría de 2 a 9 escaños, así como el de UPyD, que multiplicaría por seis su actual único escaño. Las restantes formaciones (para este sondeo han sido agrupadas bajo las mismas etiquetas de las anteriores elecciones) aumentarían, en conjunto, en 2 sus actuales 4 escaños.

Esta estimación es, evidentemente, forzada en muchos puntos: no se sabe aún lo nombres de los distintos candidatos, ni las coaliciones finales que puedan concretarse, ni si, quizá, surgirá alguna de nuevo cuño y de estilo más alternativo y rompedor. Pero sí sabemos al menos que, por el momento, el 72 % de los españoles enfocan estas próximas elecciones más en clave española que europea y que, aunque las opiniones se dividan sobre si en el concreto momento actual nos va bien o mal dentro de la Unión, el claro sentimiento de identidad europea que tanto tiempo lleva caracterizando a nuestra sociedad no presenta deterioro alguno: el 69 % de los españoles declara ahora sentirse europeo con mayor o menor intensidad (en diciembre pasado este porcentaje era el 61 %). Todos los datos apuntan a que ciertamente hay enfado y malestar, profundos, con todo el entramado político tanto nacional como comunitario, pero sin que nada permita, al mismo tiempo, pensar que está próximo a cristalizar en actitudes o planteamientos de abierta y radical ruptura. El generalizado deseo que, para nuestra vida política nacional indican los sondeos, es otro funcionamiento de los actuales partidos (más que otros partidos) y si se reniega del actual funcionamiento de las instituciones europeas no es porque se pretenda su aniquilación o abandono, sino su regeneración: así (y sin diferencias significativas entre votantes de PP y PSOE), el 73 % de los españoles preferiría que las elecciones europeas se organizaran y celebraran exacta y específicamente en esa concreta clave, y no como una especie de elecciones nacionales de segunda clase; el 71 % querría que hubiera un presidente de la Unión, que la gobernara y representara, elegido por el Parlamento europeo; y un 67 %, que fuese el propio Parlamento europeo el que ejerciese en exclusiva las tareas legislativas dentro de la Unión.

En suma, seis de cada diez españoles son claros partidarios de un reforzamiento de la unión política europea (aunque ese proceso haya de ser a costa de la soberanía y competencias nacionales), de modo que se elimine la confusa sopa de letras en que, a ojos del ciudadano europeo medio, se aparecen las instituciones comunitarias (y sus funciones, y su forma de operar, y su absurdamente críptico lenguaje). Y, en todo caso, y mientras se produce esa clarificación y reforzamiento internos de la Unión, el 73 % de nuestra ciudadanía es partidaria de que los atribulados países del sur europeo establezcan una especie de alianza para tratar de equilibrar lo que percibe como un desnivel de las actuales capacidades decisorias europeas en claro favor de los socios del centro y norte de Europa.

Barómetro electoral: junio 2013

José Pablo Ferrándiz on Lunes, 10 Junio 2013. Posted in Análisis - Blog

10/06/2013

Los datos que arroja la oleada del Barómetro de Clima Social de este mes de junio no difieren sustancialmente, en general, con los de la oleada de mayo. Quizá, lo más relevante sea que los porcentajes de estimación de voto de los cuatro partidos de ámbito nacional —PP, PSOE, IU y UPyD— se incrementan levemente.

Es probable que el buen dato del paro del mes de mayo haya ayudado al PP a mejorar algo su resultado —a pesar de que la mayoría de los ciudadanos (79 %) y, también, la mayoría de los votantes del PP (61 %) piensan que es un dato aislado que no significa mucho y que lo más probable es que vuelva a subir dentro de unos meses—. También es probable que la oferta de pacto del PSOE al Gobierno para firmar un texto conjunto que defienda una posición española común ante la reunión del Consejo Europeo de finales de junio haya reportado a los socialistas algunos apoyos más que el mes pasado —de hecho, un 57 % de los ciudadanos cree que ese pacto frente a Europa es positivo porque fortalecerá la posición de España y ayudará a que la UE tenga más en cuenta las propuestas de nuestro país—. Así —aunque sigue bajo mínimos—, la fidelidad de populares y socialistas aumenta con respecto a la registrada hace un mes, situándose en 45 % y 33 %, respectivamente (cinco y ocho puntos más que en mayo).

Los porcentajes de ciudadanos que desaprueban la labor política desarrollada por los líderes de estos cuatro partidos siguen siendo abrumadores, y la sensación de desconfianza que transmite tanto el presidente del Gobierno como el líder del principal partido de la oposición se mantiene igual de extendida entre los ciudadanos que en recientes oleadas. No obstante, todos los ministros que componen el actual gabinete de Rajoy frenan su deterioro de imagen: los 13 siguen obteniendo un saldo negativo entre el conjunto de la ciudadanía, pero mejoran con respecto a mayo. Y entre los votantes del PP, son ahora solo tres (y no siete como hace un mes) los ministros con un saldo negativo: el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro (-4 puntos), el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón (-5 puntos) y la ministra de Sanidad, Ana Mato (-10 puntos).

El ministro peor evaluado entre el conjunto de los españoles es el de Educación, José Ignacio Wert, que obtiene un saldo de -62 puntos (entre los votantes del PP su saldo es positivo: +8 puntos); y los mejor evaluados son el ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, y el de Defensa, Pedro Morenés, ambos con un saldo de -28 puntos (si bien el primero es conocido por más ciudadanos que el segundo). Morenés es, además, el Ministro que mejor saldo consigue entre los votantes populares: +39 puntos.

Estimación de resultado electoral


Conocimiento ciudadano junio 2013

 

INTENCIÓN DIRECTA DE VOTO

La intención directa de voto equivale a la voz de la calle. Es lo que los españoles responden de forma directa y espontánea cuando se les pregunta por su comportamiento electoral más probable. Es un dato clave para captar el estado de opinión predominante, pero debe ser interpretado con cautela pues no siempre refleja todo lo que los electores piensan, sino sólo lo que deciden revelar al ser preguntados. Distintos factores de coacción ambiental hacen que la verbalización de las distintas opciones ideológicas (su probabilidad de ser expresadas de forma espontánea y natural) no sea siempre la misma. La intención directa de voto (UDV) es, así, sometida a una serie de procesos de ajuste (a partir, fundamentalmente, del recuerdo de voto, de la fidelidad de voto, de la tasa de participación estimada, de la valoración  por cada grupo de votantes de la gestión de cada partido y de sus líderes y de otros datos complementarios proporcionados por el sondeo sobre el estado de ánimo general de las personas entrevistadas) que permitan estimar cuál es, en esas circunstancias, el resultado más probablemente esperable. Obviamente, a partir de una misma IDV sería posible, utilizando otros criterios analíticos e interpretativos, obtener estimaciones de resultado electoral no necesariamente coincidentes con la que aquí se ofrece. La estimación de voto probable, por tanto, no es ya un dato directamente conseguido de la ciudadanía, sino una interpretación de sus declaraciones realizada a partir de unos supuestos determinados (lo que se conoce como “cocina electoral”). Aunque con frecuencia, por un uso descuidado, se confunda intención directa de voto y voto probable estimado, en realidad son cosas distintas. Una intención directa de voto muy elevada puede terminar, tras ser procesada, en una estimación de voto probable más reducida, o a la inversa. La IDV se compara con el resultado real que cada partido obtuvo sobre el Censo de españoles residentes (CER). Por su parte, los datos de voto estimado se comparan con el resultado real de cada partido sobre el total de votos válidos.

En esta oleada del Clima Social correspondiente al mes de junio de 2013 la intención directa de voto es la siguiente:

IDV junio 2013

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No son los partidos, sino estos partidos

José Juan Toharia on Domingo, 02 Junio 2013. Posted in Artículos

EL PAÍS 02/06/2013

Sabemos ya (el CIS lleva tiempo detectándolo) que para los españoles los políticos y los partidos representan, en el momento actual, uno de los principales problemas que pesan sobre nuestra sociedad. Sabemos también, y los datos de Metroscopia que acompañan a estas líneas así lo atestiguan,  que el profundo  descrédito en que han caído las actuales formaciones políticas parece guardar relación con el hecho de que a los defectos que desde hace tiempo se les vienen achacando (como su propensión a la bronca permanente, su incapacidad de pactar y su —al menos en apariencia— búsqueda del poder por el poder, aun a costa del propio ideario) ha venido a sumarse ahora la pérdida de anteriores virtudes (como el interés por las opiniones de la ciudadanía o su condición de cauce para la participación de esta en la vida pública). Pero, al mismo tiempo, y según los últimos datos disponibles, los españoles siguen teniendo claro que sin partidos no puede haber democracia y que estos son necesarios para articular y defender los intereses de los distintos grupos sociales: estas dos ideas básicas han perdido, ciertamente algo de fuerza —como no podía sin duda dejar de ocurrir— en estos últimos cinco años, pero siguen siendo claramente predominantes en nuestra sociedad. La crisis económica y el descrédito reciente de los partidos políticos no han mellado en nada la identificación de los españoles con la democracia ni su convicción de que es preferible a cualquier otra forma de gobierno (lo afirma ahora un 80%, seis puntos más que hace un año) y se mantiene intacta la mayoritaria creencia de que con todos sus defectos e insuficiencias la actual democracia constituye el período en que mejor ha estado España en toda su historia. Lo cual invita a concluir que en nuestro país no está realmente en crisis el sistema democrático: lo que la ciudadanía cuestiona es la forma en que  lo están haciendo funcionar las formaciones e instituciones a quienes corresponde pilotarlo. Esto puede explicar el sostenido y amplio respaldo ciudadano a movimientos como el 15-M que lo que básicamente plantean no es la reinvención del sistema político sino que la actual democracia funcione como debería.

Esta fidelidad ciudadana al sistema democrático de partidos encuentra reflejo en tres datos que mutuamente se complementan y refuerzan. Por un lado, una amplia mayoría (70%) anhela la aparición de nuevos partidos o formaciones políticas, perdida ya —al parecer— la esperanza de que los actuales logren regenerarse y funcionar de forma distinta a como lo están haciendo. Por otro lado, también siete de cada diez españoles (67%, porcentaje que sube hasta el 78% entre los menores de 35 años, y que alcanza incluso el 61% entre los votantes del PP y el 69% entre los del PSOE) creen que lo mejor que los distintos movimientos ciudadanos (como 15-M, PAH, "Mareas ciudadanas") pueden ahora hacer es constituirse en formaciones políticas y disputar los votos a los actuales partidos. Probablemente, lo más prudente es entender esta recomendación como un anhelo expresado en forma inversa: es decir, que el estilo que atrae de estos movimientos, y que tan amplio apoyo les ha granjeado (cercanía y conexión con el sentir ciudadano, búsqueda de una dinámica democrática más abierta, participativa y flexible) fuese lo que realmente caracterizara a nuestro sistema de partidos.  Y en tercer lugar, y de forma masiva, los españoles (sin diferencias significativas según la edad o la ideología) se declaran a favor de una reforma de la vigente ley electoral que permita, para el caso de los partidos minoritarios de ámbito nacional, un reparto de escaños  proporcional al total de votos obtenidos. Ello podría dar lugar a un importante cambio en nuestra escena política, que en realidad consistiría tan solo de un retorno a aquél "bipartidismo imperfecto"que ya la caracterizara: pasaría a contar con cuatro protagonistas principales (dos más grandes, dos más pequeños) con la consiguiente ampliación de las posibilidades de alianzas o acuerdos para formar mayorías, reducidas en los últimos años exclusivamente a los principales partidos nacionalistas. ¿Sería esto bueno o malo para nuestro sistema político? Los españoles —que llevan tiempo renegando de las mayorías absolutas aunque luego con su voto (y con la complicidad estructural de nuestro sistema electoral) las propicien— parecen tenerlo claro: tres de cada cuatro (74%) creen que sería positivo.

Cuadro Metroscopia