Dos palabras, reflejo cada una de ellas de climas mentales y sociales diferentes, pueden explicar el cambio del mapa político español: indignación y oxigenación. Heredera de la indignación e imposible de ser explicada sino es desde ella, la oxigenación es, también, su sucesora. Pero si la indignación se situaba fuera del sistema y pretendía su asalto, la oxigenación juega sus bazas dentro del sistema cuya renovación radical persigue. Una es, pues, una fuerza centrífuga, la otra, una fuerza centrípeta. Porque oxigenar es, tal como el Diccionario de la Real Academia Española define el término, “vigorizar una situación deteriorada mediante la introducción de algún aparto innovador.

Como antes la indignación – Podemos y Pablo Iglesias – ahora la oxigenación tiene detrás marca (Ciudadanos) y rostro (Albert Rivera). Y en ambos momentos, aunque con distinto acento, el espacio político central coincide: los electores de menos de 55 años, activos en términos laborales, que viven en las grandes ciudades del país.

Contemplados, pues, como fenómenos sucesivos, ¿ha conseguido la oxigenación que desaparezca la indignación contra el sistema? No del todo. El profundo malestar ciudadano se ha ido transformando en demanda de oxigenación dentro del sistema y esa misma demanda incluye la necesidad de que la indignación tenga su sitio en él. El cambio, es fundamental.

La indignación se oponía radicalmente al viejo bipartidismo: “ni cara A ni cara B: queremos cambiar de disco”, proclamaba uno de los lemas del 15 M en Madrid. La oxigenación quiere abrir un tiempo nuevo fundamentado, desde la fatiga bipartidista, en el multipartidismo.

Podemos alcanza su máxima energía social y electoral, entre noviembre de 2014 y febrero de 2015. Pero la irrupción de Ciudadanos redefine los espacios políticos desde una lógica distinta. La fiebre de la indignación se va suavizando décima a décima y en los sondeos, termómetro de la temperatura electoral, Podemos va descendiendo punto a punto hasta reducir el caudal de sus votos: del 28% al 17%. En sentido contrario, Ciudadanos, impulsada por sus resultados en las elecciones catalanas, supera el 22%, acercándose a la cabeza. Todo parece indicar que el tiempo de la oxigenación se abre paso. Dos indicios significativos ayudan a explicar el cambio.

El último Clima Social de Metroscopia incluye una escala de 0 a 10 que intenta medir el grado de satisfacción de los españoles con el funcionamiento de la democracia: 0, completamente insatisfechos, 10 completamente satisfechos. La media se sitúa en el 5,7. Entre los electores de las formaciones políticas sólo los potenciales votantes de Podemos se colocan (4,3) por debajo del 5, pero ni siquiera entre ellos el porcentaje de los insatisfechos supera el 50%.

Y, segundo indicio, preguntados los españoles si sería bueno que tras las elecciones generales gobernase en nuestro país otro partido que no fuese ni el PP ni el PSOE, el 69% responde afirmativamente. En resumen, la moderada satisfacción de los españoles con el funcionamiento de la democracia coincide con la necesidad de una entrada de oxígeno que haga respirable el aire en el interior del sistema. Las próximas elecciones generales despejarán la incógnita de cuanto respaldo aritmético obtiene en escaños y votos la demanda de oxigenación. Sabremos entonces la densidad y la intensidad de los aportes innovadores y en qué medida y cómo logran vigorizar la deteriorada,  situación del sistema político español.