Encarar un nuevo año con optimismo parece buena receta para tiempos difíciles. Y los españoles la están adoptando de forma mayoritaria. El 64% dice comenzar 2016 con buen ánimo y el 45% cree que le irá mejor que el año anterior. Los pesimistas, los que ven el vaso medio vacío y el presente negro, son el 24%, pero se han reducido notablemente, ya que en 2013, en estas mismas fechas, eran el 43%.

La demoscopia nos dice que los arranques de año, con las fiestas y vacaciones recién disfrutadas, tienden a llevarnos al optimismo. Se podría pensar que en un país como el nuestro, después de ocho años de dura crisis y en el que el paro sigue por encima del 20% y el juvenil roza el 50%, esa “enajenación” positiva transitoria debería disminuir. Sin embargo, al menos desde 2013, sucede todo lo contrario. Los optimistas crecen, los pesimistas se reducen y las expectativas de futuro mejoran notablemente (la suma de los que piensan que les irá igual o mejor llega ya al 88% y los que creen que les irá peor se queda en el 8%).

Quizá -ojalá sea así- lo que demuestran estos datos es que la materia prima ciudadana -la masa madre- es de buena calidad y solo espera a que los políticos -nuestros representantes en el Olimpo del poder-, que estrenan cargos y escaños, sepan trabajarla con suficiente habilidad como par generar los pactos necesarios para que la nueva pluralidad salida de las urnas se convierta en soluciones -buen pan- y no en incertidumbres.

Así, mientras esperamos la llegada de un nuevo Gobierno o de unas nuevas elecciones, sería deseable que el ánimo positivo reine en nuestra vida cotidiana y no se quede solo en un mero optimismo demoscópico.

*Avance del Clima Social de enero que se publicará el próximo domingo en el País