La movilización electoral y la variación demográfica en España serán factores claves en el resultado de las elecciones generales el próximo 20D. La población española con derecho a voto entre 2011 y 2015 ha aumentado en 340 mil personas y todos los datos registrados por Metroscopia en los últimos meses invitan a pensar que habrá una alta participación en las generales. Pero la interpretación esta situación parece estar sujeta a tres ejes: cambio—continuidad, jóvenes—mayores y abstención—movilización; es decir, cuantos más jóvenes y más movilizados, a priori mejor resultado para Podemos y Ciudadanos y cuantos más mayores y más movilizados, mejor resultado para PP y PSOE.

La clave está en identificar, por un lado, qué grupos de edad se movilizarán más y, por otro, qué peso tendrán cada uno de ellos respecto al total de la población en España. Así podremos saber si realmente la interpretación sobre esos tres ejes es más o menos certera.

Los datos actualizados del censo electoral de noviembre de 2015 permiten afirmar que la población española sigue envejeciéndose: hay 950 mil personas más entre quienes tienen más 55 años, casi la misma cifra (940 mil) en la que se reduce la población de 18 a 34 años. Esto supone una caída de jóvenes con derecho a voto de 3 puntos porcentuales, de los cuales el 0.7% serían no nacidos (INE, 2014) y el 2.3 % en su mayoría jóvenes que emigraron en los últimos años y que se encuentran censados en el exterior (700 mil aproximadamente). Por tanto, hoy por hoy el peso demográfico de la gente mayor que podrá votar (39.9%) es casi el doble que el de la gente joven (21.8%).

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Esto es un factor destacado sobre todo para los partidos cuyos potenciales votantes son mayoritariamente jóvenes, como Podemos. En el Clima Social de noviembre, la formación morada encuentra su fortaleza en las personas de menos de 35 años, fundamentalmente hombres y en ciudades grandes (las menos envejecidas). Si a esto se añade que este grupo de población es el menos movilizado de todos (dice que irá a votar el 63%, frente al 68 % de 35 y 54 años y 79% de los de más de 55 años), la dependencia de una alta participación electoral entre la gente joven podría no ser suficiente para competir por la primera posición.

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Algo similar podría pasarle a Ciudadanos, ya que es el segundo partido en intención de voto entre la gente joven, a gran distancia de PP y PSOE. No obstante, su principal fortaleza es el grupo de edades medias (35-54 años), el más activo laboralmente (el 62% posee un trabajo remunerado) y más masculinizado (el 53% son hombres y el 47 % mujeres —algo que se corresponde con la situación ocupacional a nivel nacional—). Su liderazgo entre las personas trabajadoras entre 35 y 54 años es el componente que le otorga por el momento esa ventaja tanto sobre Podemos como sobre el PSOE, ya que no solo están más movilizadas (68% dice que irá a votar) sino que su peso demográfico en el censo electoral es del 38%. En definitiva, son más y su participación será, probablemente, mayor, de ahí que la formación de Albert Rivera esté en condiciones por ahora de ser la segunda fuerza política.

Por tanto, existe una brecha generacional entre cohortes de población más inclinadas hacia los partidos emergentes (fundamentalmente la gente joven) y otras en donde el bipartidismo PP-PSOE se mantiene arraigado (gente mayor). Pero la asimetría  a nivel demográfico y participativo no solo permite describir cómo son los potenciales votantes de cada partido sino que da cuenta de cómo estos desequilibrios otorgan más posibilidades de competición a unos que a otros.

Tras recalcular el porcentaje de votos que obtendrían, según Metroscopia, los cuatro principales partidos (PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos) de acuerdo a la actualización del censo electoral por el INE, este escenario se dibuja con total claridad.

Los votos que obtendrían PP y PSOE si las elecciones se celebraran hoy se distribuiría entre la población española de forma casi idéntica: la mitad de sus votos provendrían de personas con 55 o más años, principalmente pensionistas, un tercio tendrían entre 35 y 54 años y algo más de un 10% serían jóvenes.

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Si se echa la vista atrás, la caída del PSOE entre votantes jóvenes y de edades medias viene de lejos: más concretamente perdió la mitad de este voto entre 2008 y 2011. De cara a las elecciones de 2015, este decrecimiento se vería igualmente acentuado, quedándose probablemente en un 25% de lo que fue en hace siete años. En el caso del PP, la fuga de votantes en estas edades se produciría el próximo 20D, ya que en las pasadas elecciones de 2011 mejoró incluso su resultado en estos estratos.

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Estos espacios perdidos por PP y PSOE son justamente en los que se asientan Ciudadanos y Podemos. Pero, si el bipartidismo resiste, lo hace fundamentalmente porque la presencia de las formaciones emergentes entre edades avanzadas es poca o muy poca.

El censo registra que 13,8 millones de personas tienen 55 o más años, es decir, son el 40% del total. La comparación entre los votos que obtendría el tándem PP—PSOE y el tándem C’s—Podemos en el grupo poblacional más numeroso y más movilizado, sería de más de 20 puntos porcentuales de diferencia a favor del bipartidismo.

Esta puede ser una barrera difícil de saltar para los nuevos partidos de cara al 20D. Pero al margen de los resultados, sería preciso reflexionar sobre el sustento demográfico del que pueda ser el próximo partido (o partidos) de gobierno de España.