El elevado nivel de desempleo en nuestro país es una de las principales preocupaciones de la ciudadanía española, una amplia mayoría –el 67 % – cree que, lejos de solucionarse, el problema del paro se mantendrá igual o incluso empeorará en un futuro cercano. El mercado laboral español es, desde hace tiempo, el talón de Aquiles de la economía española: destruye empleo con facilidad cuando las cosas van mal, pero tarda mucho en recuperarlo cuando la economía mejora. Este fenómeno económico conocido como histéresis o permanencia en el tiempo de los efectos adversos de shocks económicos negativos, se ha convertido en una característica estructural  del  mercado de trabajo español.

Trabajadores y parados coinciden en el diagnóstico sobre la incapacidad de generación de empleo de nuestra economía tras la crisis, es decir, la histéresis se percibe. El Barómetro acumulado de Metroscopia de diciembre del 2016 nos muestra esta realidad de forma clara. Por un lado, aquellos fuera del mercado de trabajo (parados) son muy conscientes de la falta de oportunidades laborales en España durante la Gran Recesión: ocho de cada diez están convencidos de que el escenario actual de escasez de demanda de trabajo va a persistir durante un largo período; por otra parte,  los que tienen la fortuna de trabajar también son conscientes de la esclerosis del mercado laboral español, hasta un 73% manifiesta que les resultaría difícil o casi imposible  encontrar un trabajo equivalente si perdieran el suyo. Estas opiniones sugieren la existencia de un pernicioso pero estable equilibrio en nuestra economía, en el cual el mercado de trabajo, lejos de ajustarse para corregir el enorme desfase entre la oferta y la demanda, se perpetúa en la producción de elevadísimas tasas de desempleo.

Los datos del Banco de España en su informe de noviembre confirman las perspectivas negativas del mercado laboral del ciudadano medio. El paro estructural –aquel que resulta eliminando el componente cíclico- se ha incrementado sustancialmente. Esto significa que aquellos colectivos más desfavorecidos por la disfuncionalidad de nuestro mercado laboral –jóvenes y parados de larga duración– no lo van a tener fácil en un futuro. Incluso si el ciclo económico mundial cambiase, la economía española seguiría infrautilizando sus recursos humanos y generando un nivel de empleo en el entorno del 15-17 %. Estas tasas de desempleo estructural son una auténtica anomalía, sólo superada en la UE por Grecia. Además, durante los años de bonanza económica muchos jóvenes abandonaron sus estudios para incorporarse al sector de la construcción, mientras que en el resto de los países de la UE la tasa de abandono escolar se reducía en los primeros años del siglo XXI, en España se incrementaba hasta el 20% y duplicaba el promedio de la UE. Esta dinámica impulsada por el sector de la construcción, se rompe abruptamente con el estallido de la crisis, dejando detrás un capital humano con bajo nivel de estudios perfiles profesionales poco adaptados a la nueva realidad. Tan sólo un 30% de los jóvenes entre 18-34 años manifiesta tener estudios de segundo o tercer grado en el último Bárometro de Metroscopia.

Aquellos que disfrutaban de una inmediata incorporación al mercado laboral sin la necesidad de formación previa en el año 2007, se encuentran (10 años después) con un mercado laboral muy poco dinámico, todavía jóvenes pero muy pesimistas frente al futuro. Casi la mitad del colectivo de parados (en algunas zonas geográficas como Andalucía, incluso más) son jóvenes, con una impresión muy negra del mercado laboral español. El contraste entre este grupo y los que ven la realidad del mercado laboral desde lejos, ofrece una lectura clara: los parados son mucho más pesimistas que los jubilados. Un 90 % cree que la economía española va mal o muy mal frente a un 65 % entre los jubilados y tan sólo un 22% de piensa que el punto de inflexión en el crecimiento del paro está a punto de llegar –cifra que alcanza el 40 % entre los jubilados- Tanta desesperanza entre aquellos que más necesitan el empleo no augura nada optimista en un entorno en el que las expectativas de crecimiento para la economía española en al año 2016 son muy inferiores a las del 2017. Los desempleados así lo perciben.