El 20 de noviembre de 2011 el PP obtuvo su mejor resultado histórico en unas elecciones generales tanto en número de votos —casi 11 millones— como en número de diputados —186—. Mariano Rajoy —aspirante por tercera vez a la presidencia del Gobierno de España— conseguía que su partido pasara de estar en la oposición a estar gobernando con una amplia mayoría absoluta, un hecho que antes solo había logrado Felipe González al frente del PSOE en los comicios de 1982. Si para González aquella victoria fue el inicio de casi 14 años ininterrumpidos en el poder en el caso de Rajoy aún está por ver. De momento, el Gobierno de Rajoy puede apuntarse otro hito sin parangón— en este caso negativo—: el mayor desgaste de imagen y apoyo ciudadanos sufrido por un Gobierno a mitad de su primera legislatura. El Barómetro de Clima Social que Metroscopia realiza mensualmente para EL PAÍS retrata perfectamente la evolución descendente del Gobierno en este período —se cumplen ahora dos años desde la investidura de Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno— en la que destacan, por encima de cualquier otras, tres fechas concretas.

19 de julio de 2012: aprobación por el Congreso de los Diputados del paquete de medidas anticrisis propuesto por el Gobierno (con los únicos votos a favor del PP)

El apoyo ciudadano logrado por el PP en las elecciones del 20-N se mantuvo e, incluso, se incrementó en los meses inmediatamente posteriores a los comicios: en las elecciones de noviembre logró el voto del 31.6% del Censo de Residentes y en la oleada del Barómetro de Clima Social de febrero de 2012, un 32.5 % de los electores manifestaba su intención de votar al PP en el caso de que tuvieran lugar unas nuevas elecciones generales. Pero tras la aprobación del paquete de medidas anticrisis propuesto por el Gobierno y aprobado por el Congreso solo con los votos del PP, la imagen del Presidente y del Gobierno y el apoyo electoral a su partido sufrían el primer varapalo. Si durante los primeros ocho meses desde su victoria electoral, el PP había logrado mantener fieles a la amplia mayoría de sus casi 11 millones de votantes, tras el 19 de julio solo uno de cada dos votantes populares (51 %) se mostraba dispuesto a repetir su voto. Una situación que recordaba a la que le sucedió al anterior presidente Rodríguez Zapatero en mayo de 2010 cuando tras aprobar su paquete de medidas para luchar contra la crisis económica perdió a más de la mitad de sus votantes.

En todo caso, la imagen del Gobierno de Rajoy ya había empezado a ser negativa entre el conjunto de la ciudadanía antes de ese 19 de julio: en la oleada de abril, apenas cuatro meses después de jurar sus cargos, 10 de los 13 Ministros obtenían un saldo negativo en la evaluación de su gestión (esto es, eran más los que les desaprobaban que los que les aprobaban). Pero fue tras la adopción de aquellas medidas cuando la imagen del Gobierno entre los propios votantes del PP sufrió el primer y profundo desgaste: el saldo evaluativo de los Ministros, en conjunto, cayó en promedio de 20 puntos entre el mes de julio y el mes de agosto de 2012; el de Rajoy descendió 23 puntos.

31 de enero de 2013: EL PAÍS publica los papeles secretos de Bárcenas

El segundo descenso en la imagen del Gobierno se produce en los dos primeros meses de 2013 coincidiendo con la publicación por EL PAÍS, a finales de enero de este año, de los denominados papeles de Bárcenas. En la oleada de febrero de este año ya solo un 12 % de los ciudadanos verbalizaba su intención de votar a los populares y la fidelidad de voto de este partido caía hasta situarse en un 42 % (nueve puntos menos que en la oleada de agosto de 2012, cuando sufrió el primer gran descenso). Más allá del perjuicio a la imagen del Gobierno de España, la publicación de los papeles del extesorero supuso un aldabonazo para el sistema político en su conjunto. El porcentaje de electores que según el sondeo acudiría a las urnas en el caso de que se celebrasen unas nuevas elecciones se situó entonces en el punto más bajo de la democracia española: apenas un 53 %, casi 20 puntos menos que quienes votaron tan solo un año antes (fue el 71.7 %).

En todo caso, el “Barcenasgate” impidió que el Gobierno capitalizase la leve mejora en la percepción ciudadana de la evolución de la situación económica: el porcentaje de quienes pensaban que la economía española iba a empeorar en el futuro inmediato descendía 15 puntos con respecto al mes anterior. Y entre los votantes del PP, los optimistas —quienes pensaban que la economía iba a mejorar en los próximos meses— superaban a los pesimistas por primera vez en siete meses. Parecía que el mensaje de que la crisis económica había tocado fondo, transmitido machaconamente por los dirigentes del PP, empezaba a calar entre la ciudadanía. Sin embargo, el Gobierno no lograba obtener rédito de ello: la corrupción ejercía de pesada losa de las aspiraciones de crecimiento electoral del PP.

2 de julio de 2013: Debate sobre el Consejo Europeo en el Congreso de los Diputados

La tercera gran caída —y última hasta el momento— se produce en el mes de julio de 2013. En la oleada del Barómetro de ese mes —llevada a cabo inmediatamente después de la comparecencia de Rajoy en el Congreso de los Diputados para explicar los resultados del Consejo Europeo celebrado a finales de junio— la intención directa de voto al PP alcanzó su mínimo histórico: tan solo un 10 %. La fidelidad del voto popular caía también a niveles nunca antes conocidos: solo un 35 % de quienes votaron al PP en noviembre de 2011 afirmaban que volverían a hacerlo en el caso de unas hipotéticas nuevas elecciones generales. La caída del apoyo electoral —inmediato y espontáneo—  de los populares detectado en esa oleada y el sustancial deterioro de la imagen del Gobierno se debieron, probablemente, a que los ciudadanos seguían dando más peso en sus evaluaciones a los casos de corrupción en el entorno del PP que estaban siendo investigados en ese momento —en especial, el “caso Bárcenas”— que a la relativa mejora de los datos de empleo que se había producido. A pesar de que Rajoy evitaba hablar públicamente del asunto del extesorero, la oposición aprovechó el Debate del Consejo Europeo para intentar —sin conseguirlo— que el Presidente se pronunciara al respecto. Este hecho fue suficiente para que la corrupción siguiera ocupando gran parte de la agenda política (e informativa) impidiendo que el Gobierno capitalizara la cada vez más extendida percepción ciudadana de que la crisis había tocado fondo: en ese mes, el porcentaje de quienes pensaban que la economía española iba a empeorar en los meses siguientes seguía en continuo descenso (31 %, 25 puntos menos que a comienzos de 2013).

El hecho de que en los últimos meses el debate público haya estado centrado más en torno a la cuestión catalana que en otros temas (como la corrupción o los recortes) parece haber dado algo de respiro al PP que ha visto como en la última oleada de este año del Barómetro de Clima Social mejoraban algo sus datos de intención directa de voto y de fidelidad. Con todo, la situación actual del PP en nada tiene que ver con la de hace dos años: en estos momentos un 14.4 % de los electores dicen que votarían a los populares en el caso de unas inmediatas elecciones generales —17.2 puntos menos de quienes lo hicieron en 2011— y solo un 43 % de quienes confiaron en el PP volverían a hacerlo ahora.

Intención directa de voto diciembre 2013

Fidelidad de voto diciembre 2013

Situación económica diciembre 2013

Foto Fran Lineros

El País