De la sorpresa a la satisfacción.- La sorpresa (quizá con un punto de alivio) que, inicialmente, pudo producir a los españoles un resultado electoral que difería en detalles importantes (aunque no en el dibujo de conjunto) de lo esperado, ha cedido claramente el paso, apenas diez días después, a una amplia satisfacción.
El 88% de toda la ciudadanía (18 puntos más de la que acudió a las urnas) indica que ahora que ya conoce el resultado de estas elecciones, volvería a actuar —votando o absteniéndose— del mismo modo en que lo hizo el pasado día 26.
Por otro lado, el cuatripartidismo que ha vuelto a arrojar el recuento final de los votos, viene a coincidir plenamente con los deseos expresados dos semanas antes de la cita electoral —y reafirmados ahora, siete días después— por casi dos tercios de toda la población: un estable 61% cree preferible para nuestro país la existencia de varios partidos de tamaño similar (aunque eso complique la formación de gobiernos) al anterior bipartidismo.
Todo parece indicar que en esta ocasión, factores de muy última hora han podido incidir no en la participación (que coincidió plenamente con la estimada) sino en la reorientación, en sentido distinto al previsto, del comportamiento final de una fracción significativa de votantes. Un sondeo de Metroscopia cerrado en la tarde del viernes 24, indicaba que tan solo el 1% de los españoles se decía afectado por el resultado del referéndum británico; un 3% adicional indicaba que este podría quizá influir en su voto. Finalmente, el 10% de cuantos han votado dice haber decidido su voto en el último momento, y un 14% (que sube hasta el 16% entre quienes han votado por el PP, y al 20% entre quienes lo han hecho por Ciudadanos) reconocen que en su decisión final de voto acabaron influyendo las informaciones (masivas, a todo lo largo de la jornada de reflexión) sobre las consecuencias (generalizadamente definidas como negativas) de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. El Brexit no explica sin duda, por sí solo, el resultado electoral final, pero con la dosis adicional de incertidumbre que aportó en el último momento pudo actuar de catalizador sobre los varios y difusos desasosiegos —no detectables quizá por los sondeos— que, de forma latente, pudo haber propiciado la indeseada repetición electoral y, sobre todo, la parte del resultado anticipado referida al sorpasso de Unidos Podemos al PSOE. El 9% de todos los españoles (y significativamente, el 20% de los que finalmente votaron al PSOE) indican que la anticipación de ese concreto hecho terminó influyendo en su comportamiento electoral. SondeoElPaís3

Reafirmación, con matices, del multipartidismo.- Aunque su apuesta por el nuevo esquema multipartidista ya instaurado en diciembre sigue siendo inequívoca, los españoles han introducido ahora en el mismo algunos matices significativos, quizá solo transitorios.
Por un lado, se incrementa apreciablemente (3.7 puntos y 19 escaños más que hace seis meses) la distancia entre el segundo y el primer partido, si bien este último (el PP) sigue quedando muy lejos de la mayoría absoluta.
Se estira el rombo que conforman los cuatro principales partidos pues se incrementa también (en 5 puntos y 28 escaños) la distancia entre el primero y el cuarto. Es decir, el modelo se hace menos compacto y menos inmediatamente competitivo.
Se mantienen básicamente igualados en voto (y ahora en mayor medida que antes en escaños) los dos partidos (PSOE y UP) que conforman la parte central del rombo.
El espacio ideológico de centro/derecha (PP y C´s) se amplía en 3.5 puntos y en 6 escaños, al tiempo que se contrae en similar medida el espacio de izquierda (PSOE y Podemos). Lo que cabe definir como centro/izquierda (PSOE y C´s) se mantiene estable en votos, pero pierde 13 escaños.

Mínimo efecto catártico de las elecciones sobre el clima político nacional.- Usualmente, los procesos electorales tienden a producir, en los días inmediatamente posteriores a su celebración, un efecto catártico sobre el clima político de la sociedad.
No ha ocurrido así ahora, como tampoco ocurrió en diciembre: solo el 8% define, diez días después del 26J, la actual situación política como buena mientras que el 83% sigue calificándola de mala. Tras las elecciones de 2011 estos porcentajes eran, respectivamente, el 29% y el 51%. Es decir, el clima de tensionamiento y crispación imperante en la escena pública no parece —a ojos de la ciudadanía— presentar síntomas significativos de reconducción y alivio tras la confrontación en las urnas. La intensa, y extendida, convicción ciudadana de que el sistema político se encuentra en una situación de bloqueo que, por lo que manifiestan los llamados a pilotarlo, parece difícilmente reconducible puede probablemente explicar la práctica inexistencia de esa sensación de “borrón y cuenta nueva” que tienden a generar —al menos en un primer momento— los procesos electorales.SodeoElPaís2

La hora del PP.- El 58% de los españoles cree que, visto el resultado de estas elecciones, es al PP a quien le corresponde gobernar, aunque siga lejos de la mayoría absoluta. Lo afirma, como cabía esperar, el 97% de quienes le votaron, pero también el 73% de los votantes de Ciudadanos, la mitad exacta de quienes dieron su voto al PSOE (49%) y la cuarta parte (25%) de los votantes de UP. De hecho, en estas elecciones el PP ha logrado matizar ligeramente —a mejor— su situación en la arena política nacional. Por ejemplo, y significativamente, ahora (y a diferencia de diciembre) es el segundo partido más votado entre los más jóvenes (18-35 años) y el más votado en todos los demás tramos de edad. Sin variar significativamente en tamaño, su electorado parece sin embargo haber experimentado algunas recomposiciones internas que no cabe ignorar.
La ciudadanía es consciente de las dificultades que presenta la investidura de un gobierno del PP con Rajoy al frente. La displicente arrogancia que le echan en cara las otras formaciones, y la coincidencia de estas en tratar —al partido y a su líder— como el “hombre enfermo” de la política nacional (ante el que no cabe otra actitud que circunvalarlo) no contribuye precisamente a facilitar una salida al ya persistente bloqueo. La ciudadanía se muestra dispuesta a aceptar prácticamente cualquier arreglo que evite unas nuevas elecciones y así: El 70% de todos los españoles piensa que Mariano Rajoy debería renunciar a ser presidente si eso facilitara la formación de un gobierno (entre los votantes del PP queda en un 36% quienes comparten esta opinión, que rechaza el 61%: un porcentaje sin duda amplio pero no masivo).
El 89% opta por que los partidos pacten y acuerden todo cuanto sea preciso con tal de poder formar un gobierno que evite unas nuevas elecciones: lo dice el 96% de los votantes del PP, el 94% de los del PSOE, el 79% de los de UP y el 98% de los de C´s. Con estos datos, resulta difícil pensar que sea de la ciudadanía de donde puedan emanar infranqueables vetos o líneas rojas que mantengan el actual bloqueo institucional.
El 84% de los votantes de Ciudadanos, y el 55% de los del PSOE piensan que sus respectivos partidos deben facilitar, con su apoyo o abstención, y a cambio de un pacto sobre reformas y medidas urgentes, la investidura de un gobierno del PP. E incluso entre los votantes de UP un apreciable 17% llega a pedir eso mismo a su partido.
La perspectiva de unas nuevas elecciones resulta inasumible para la ciudadanía. Así, en el supuesto extremo e irremediable de que para evitarlas no hubiera otra solución que la abstención del PSOE (obviamente, mediante las correspondientes, y previsiblemente severas, contrapartidas) un llamativo 74% de los votantes de esta formación se muestra dispuesta a prestar su aquiescencia (que es, por cierto, asimismo mayoritaria en los otros tres electorados, incluyendo al de UP).

A dónde han ido y de dónde han venido los votos.- Los datos de un sondeo postelectoral proporcionan pistas, pero no respuestas absolutamente precisas e incontestables sobre los trasvases de voto entre las distintas formaciones que hayan podido producirse. Incluso en situaciones de máxima estabilidad política, siempre existe un cierto intercambio de votantes entre las distintas opciones en competición: ningún electorado está nunca fijado de forma permanente. La situación española actual, con dos partidos emergentes que mantienen importantes disputas fronterizas con los dos ya establecidos, parece en principio especialmente propicia para que se produzcan, y en magnitudes y direcciones variable, traspasos de fronteras ideológicas. La información disponible debe ser utilizada con cautela pues procede de lo que los propios votantes declaran haber hecho, sin que quepa excluir una sustancial confusión, en ocasiones, de los deseos o intenciones con la actuación real. Carece por ello de sentido tratar de cuadrar las cifras al milímetro, como si de una contabilidad actuarial se tratara. Solo cabe tratar de percibir el trazo grueso de los principales trasvases.
Con todas estas inevitables cautelas, lo cierto es que en estas elecciones parecen haberse producido significativos movimientos de votos que ayudan a entender el resultado final. El PP habría logrado conservar el 86% de sus votos de diciembre, perdiendo un 9% hacia la abstención y un 3% hacia Ciudadanos pero recibiendo a cambio un 20% de los anteriores votos de Ciudadanos a los que se añadiría un 3% de los del PSOE y una moderada fracción adicional proveniente de la abstención.
El PSOE habría retenido el 76% de sus anteriores votantes (perdiendo un 12% hacia la abstención, un 5% hacia UP, un 3% hacia C´s y otro 3% hacia el PP) pero recibiendo al mismo tiempo un 19% de IU/Unidad Popular, un 6% de Podemos y un 4% de C´s.
Unidos Podemos, la formación que se ha visto más afectada en cuanto al número de votos (aunque no de escaños, que no ha variado) obtenidos en esta ocasión, ha conservado el 74% de sus votantes de diciembre y ha experimentado pérdidas especialmente hacia la abstención (15%) y hacia el PSOE (6%). Lo recibido del PSOE (5%) y de IU/Unidad Popular (60%: poco más de la mitad de este voto) no ha bastado para compensar lo perdido.
En cuanto a Ciudadanos, ha mantenido tan solo el 57% de los votantes captados hace seis meses, perdiendo un 20% en favor del PP y enviando un 16% a la abstención, recibiendo fracciones mínimas (entre el 2% y el 3%) de anteriores votantes de todas las demás formaciones

Evaluación de líderes.- Cuando apenas ha terminado de asentarse la polvareda electoral, los cuatro principales líderes tienen a volver a la evaluación ciudadana que tenían antes de la recién concluida contienda. Así, Albert Rivera (que no ha tenido precisamente un resultado brillante) vuelve a aparecer en cabeza en cuanto a aprecio popular, siendo el único líder que consigue un saldo evaluativo positivo (+15) entre el conjunto de la ciudadanía y, además, en dos electorados distintos del suyo propio (en el del PSOE consigue un llamativo +43, y en el del PP un +29. E incluso en el de UP su saldo resulta moderadamente negativo: —20).
Iglesias y Rajoy siguen siendo los peor evaluados por la ciudadanía (con saldos de —31 y —32 puntos, respectivamente), siendo de destacar que Iglesias es, con Pedro Sánchez, el que obtiene un más bajo saldo positivo entre sus propios votantes (+61 y +50 puntos, respectivamente). La sustitución de Rajoy al frente del PP, como condición para un posible gobierno de este partido, es rechazada, como ha quedado ya señalado, por un 61% de sus votantes. En el caso de los restantes tres líderes (cuyo hipotético paso a un lado no parece revestir, por el momento, una comparable trascendencia para desbloquear la situación política), Sánchez ve apoyada su continuidad por el 73% de sus votantes, Iglesias por el 76% de los suyos y Rivera por un espectacular 94% de quienes le votaron.

Ficha técnica.- El sondeo se ha efectuado mediante entrevistas telefónicas a una muestra nacional de personas residentes en España, mayores de 18 años y con derecho a votar en elecciones generales. Se han completado 1.678 entrevistas a través de llamadas a teléfonos móviles seleccionados de forma aleatoria a partir de un generador automático de números telefónicos. Posteriormente se han calibrado los datos a partir de una ponderación múltiple por las variables sexo, edad, hábitat y región (Comunidad Autónoma).
La eficiencia de la ponderación es del 64.3%, de modo que la muestra efectiva equivale a 1.079 entrevistas. El error de muestreo, para un nivel de confianza del 95.5% (que es el habitualmente adoptado) y asumiendo los principios del muestreo aleatorio simple, en la hipótesis más desfavorable de máxima indeterminación (p=q=50%), es de ± 2.4 puntos (tras la ponderación es de ±3.0). La recogida de información y el tratamiento de la misma han sido llevados a cabo íntegramente en Metroscopia.
Fecha de realización del trabajo de campo: los días 5 y 6 de julio de 2016.