La Comunidad de Extremadura es un claro ejemplo de cómo el bipartidismo PP-PSOE está tocado pero no hundido. El cuádruple empate en voto estimado por Metroscopia entre PSOE, Podemos, PP y Ciudadanos de cara a las generales dibujaba una realidad que, a tenor de los datos autonómicos, resulta incompleta dadas la peculiaridades de la sociedad española y del sistema electora vigente. Para un diagnóstico válido de la salud del tradicional bipartidismo, sería necesario tener en cuenta al menos tres factores; la geografía del voto, el régimen electoral y las estimaciones de participación del electorado. El peso de la dualidad entre el ámbito rural y urbano varía según las distintas regiones. Si se toma como referencia los 50.000 habitantes, las zonas rurales (que no llegan a esa cifra) pesan el 41 % y las urbanas (que la superan) el 59 %. No obstante, en algunas comunidades como Extremadura, la proporción cambia radicalmente: la población rural supera con creces a la urbana (72 % frente a 28 %) y esta es una de las razones que explican la primacía del bipartidismo.

Estas dos Españas caminan a velocidades distintas. Las ciudades grandes permiten mayor competencia electoral y una cristalización más rápida de los partidos emergentes, mientras que en las ciudades pequeñas su consolidación se produce con más lentitud. En Extremadura, se puede ver con nitidez: el bipartidismo PP-PSOE resiste con un 73 % del voto en las zonas rurales y baja al 58 % en las urbanas (15 puntos menos).

Este condicionante geográfico se acentuaría por un segundo factor: la distribución de escaños en 52 circunscripciones electorales tiende a favorecer a los partidos mayoritarios. Sin embargo, la aplicación del método D’Hondt al caso concreto de la circunscripción de Cáceres, en el supuesto de unas elecciones generales que se celebraran ahora, beneficiaría más a la tercera fuerza (Ciudadanos) que a la segunda (PSOE) y perjudicaría a la cuarta (Podemos), es decir: el PSOE con el 30 % de los votos obtendría el mismo número de escaños (uno) que Ciudadanos con un 17 %; y Podemos se quedaría fuera del reparto a pesar de conseguir el 13 %.

El tercer factor es la participación: la entrada de Podemos y Ciudadanos ha supuesto un crecimiento de 13 puntos porcentuales entre los que manifiestan su intención de votar a un partido político en las próximas elecciones generales. De esta mayor participación se derivaría una mayor fragmentación y, por ello, un desgaste del bipartidismo. Una hipótesis que sugiere el análisis del sondeo de Extremadura es que el tándem PP-PSOE llegaría afectado a las generales pero, debido a su fuerte anclaje en las zonas rurales, podría resistir bien. La irrupción de Podemos y Ciudadanos solo amenazaría en tierra extremeña a tres de los diez escaños en juego, quedando siete en manos de los dos grandes partidos.

El País