Lo más destacado de la estimación de resultado electoral que Metroscopia ha realizado para EL PAÍS para el caso de que las elecciones al Parlamento Europeo convocadas para mayo del año que viene tuvieran lugar mañana mismo es el pronunciado descenso de los porcentajes de voto y del número de escaños que obtendrían el PP y el PSOE con respecto a los anteriores comicios europeos. Los populares volverían a ganar estas elecciones situándose por delante de los socialistas por una distancia de 1.1 puntos (en 2009 fue de 3.7 puntos) y un solo escaño (al igual que entonces). Ahora bien, el PP conseguiría en estos momentos, un porcentaje de voto inferior en algo más de 13 puntos al logrado en 2009  (de 42.3 % pasaría a 29.0 %) y 6 diputados menos (de 24 pasaría a 18); y los socialistas, por su parte, sufrirían un castigo similar: perderían casi 11 puntos con respecto a hace cuatro años (de 38.6 % pasarían a 27.9 %) y 6 diputados (pasando de 23 a 17).

PP y PSOE pasarían, así, de contar con el 81 % de los votos y el 87 % de los escaños en disputa al 57 % y el 65 % respectivamente. A tan solo seis meses de las elecciones, el PP solo mantiene abierta y declaradamente fieles a la mitad de sus votantes de 2009 (50 %), un porcentaje que, con todo, supera en 10 puntos al de votantes socialistas fieles al PSOE (40 %). Por el momento, la Conferencia política del pasado fin de semana no parece tener efecto detectable alguno sobre el potencial electoral socialista.

Los grandes beneficiados serían, sobre todo, IU que multiplicaría por cuatro su actual porcentaje de voto (pasaría de 3.7 % a 14.3)  y casi por cinco su representación actual en el Parlamento europeo (de 2 a 9 diputados). Un éxito que se debería, en gran medida, a su capacidad para retener a la amplia mayoría de su electorado (78 %) además de atraer a una parte sustancial de votantes socialistas (en torno al 15 %). El otro partido favorecido sería UPyD, que casi triplicaría su actual porcentaje de voto (pasaría de 2.9 % a 8.2 %) y obtendría cuatro diputados más, pasando de 1 a 5. La formación magenta es capaz de retener a dos de cada tres de sus actuales votantes (66 %) y lograría atraer entre un 5 % y un 6 % de votantes del PP y del PSOE, respectivamente.

Las dos grandes coaliciones que se presentaron en 2009 obtendrían ahora unos resultados dispares. De repetirse la Coalición por Europa (CEU) —conformada, entre otros partidos, por Convergencia i Unió, Partido Nacionalista Vasco y Coalición Canaria— perdería casi un punto (pasaría de 5.1% a 4.3%) y un diputado (de 3 a 2). Al contrario de lo ocurrido en 2009, y de configurarse igual que entonces, la otra gran coalición: Europa de los Pueblos (EdP-V) —formada, entre otros partidos, por Esquerra Republicana de Catalunya, el Bloque Nacionalista Galego y Aralar—, superaría a CEU:  duplicaría su porcentaje actual de voto (pasando de 2.5 % a 5.5 %) y lograría 3 diputados (dos más que ahora).

Estos resultados dejan entrever cierto paralelismo con la política nacional que reflejan los sondeos: un desgaste de los dos grandes partidos que favorece a las otras dos formaciones de ámbito nacional y un crecimiento de los partidos nacionalistas ideológicamente más de izquierdas frente al retroceso de los más conservadores. Esta analogía tiene que ver, probablemente, con que el 72 % de los españoles dice enfocar estas próximas elecciones al Parlamento Europeo más en clave española que europea —esto es, pensando más en la situación y los problemas de España que en los del conjunto de la Unión Europea—. No obstante, la estimación de resultado electoral que se ofrece en este sondeo —que se sustenta en una participación estimada similar a la que hubo en los anteriores comicios: 46.0 %— se sustenta en algunos puntos que por el momento están en duda: no se sabe aún los nombres de los distintos candidatos, ni las coaliciones finales que puedan concretarse, ni si, quizá, surgirá alguna de nuevo cuño y de estilo más alternativo y rompedor. En lo que respecta a los candidatos, los datos del sondeo indican que, a día de hoy, la mayoría de los votantes tanto del PSOE como del PP que ya han decidido que repetirán su voto, han tomado esa decisión teniendo algo más en cuenta las siglas del partido que el candidato. Ahora bien, entre los votantes por ahora indecisos de estos dos partidos, predominan en cambio ligeramente quienes dicen que su decisión final dependerá en gran medida de quién sea el candidato.

En lo que respecta a las coaliciones, la distribución de escaños estimada en este sondeo podría variar si, por ejemplo, ERC y CiU presentaran una candidatura conjunta. Y lo mismo podría suceder si Ciutadans decidiera concurrir a estas elecciones —idea que parece estar sopesando— bien en solitario o bien en coalición. En este último caso, su presencia podría restar apoyos electorales al PP y, de manera más indirecta, a UPyD: esta última formación se constituye, hoy por hoy, como el refugio de votantes tanto populares como socialistas desencantados con sus respectivas formaciones. Hay que tener en cuenta que —sin que exista aún una decisión al respecto de Ciutadans— el Clima Social de Cataluña llevado a cabo por Metroscopia para EL PAÍS y publicado el domingo 3 de noviembre, arrojaba para C´s una intención directa de voto en esta Comunidad en el caso de las elecciones europeas del 2.7 % (la de UPyD era de solo un 0.8 %). Y uno de cada cinco votantes (20 %) del PP en Cataluña en 2009 mostraba su intención de hacerlo en las próximas europeas por Ciutadans.

Con todo, si comparamos la actual estimación con la que Metroscopia llevó a cabo para EL PAÍS el pasado mes de junio se puede apreciar cierta recuperación de populares y de socialistas: casi dos puntos y un diputado más ahora en cada caso, a costa de un menor crecimiento de IU y UPyD del entonces estimado. También se percibe una mayor tendencia a votar a ERC (Y, por tanto, presumiblemente, a la coalición en que pudiera integrarse) que a CiU (y, por extensión, a la Coalición de que entonces formó parte).

Lo que anticipan las europeas

En los comicios al Parlamento Europeo de 2009 se produjo la primera derrota electoral del PSOE en nueve años: hasta ese momento, desde que José Luis Rodríguez Zapatero fue elegido secretario general de los socialistas en el año 2000, el PSOE había superado al PP en todas las grandes citas electorales. Como posteriormente se pudo comprobar, aquellas elecciones supusieron para los socialistas la primera señal de alarma del tsunami que les venía encima: primero en las municipales y autonómicos de mayo de 2011 —en las que los socialistas perdieron casi todo el poder territorial en juego— y, posteriormente, en las generales de noviembre de ese mismo año —en las que obtuvieron su peor resultado histórico—. Aquellos comicios europeos significaron, en cambio, el primer paso del PP en su camino hacia la cumbre que culminó el 20-N cuando logró una abrumadora victoria por mayoría absoluta y el mejor resultado electoral de toda su historia.

Cinco años después y al igual que ocurrió entonces, el desenlace de las próximas elecciones europeas que se celebrarán en mayo de 2014 podría ser el botón de muestra de lo que podría suceder en la política española en los próximos dos años. Al fin y al cabo los españoles suelen enfocar las elecciones al Parlamento Europeo más en clave española que europea y las del año próximo no parecen ser una excepción: la amplia mayoría (72 %) dice que decidirá su voto —o su abstención— pensando más en la situación y los problemas de España que en los del conjunto de la Unión Europea. Así, si llegara a confirmase la estimación electoral de Metroscopia que hoy se publica en este diario, las próximas citas electorales de ámbito nacional —las municipales y autonómicas de mayo de 2015 y, previsiblemente, las generales a finales de ese mismo año— se caracterizarían por un desgaste de los dos grandes partidos nacionales (PP y PSOE) y un sustancial crecimiento de las otras dos formaciones de ámbito nacional: IU y UPyD. Pero también —en lo que puede considerarse un aviso a navegantes para algunos partidos de ámbito autonómico— por el aumento del caudal electoral de los partidos nacionalistas y regionalistas ideológicamente más tendentes hacia la izquierda frente al retroceso de los más conservadores. En todo caso, la estimación de resultado electoral se ha llevado a cabo sobre una participación electoral similar a la de 2009 y, dado que no se conocen aún los candidatos de cada formación política, en el (dudoso) supuesto de que los partidos y coaliciones que van a concurrir en 2014 sean los mismos que en 2009.

Cualquier variación o novedad en alguna de estas premisas afectaría, obviamente, a los resultados ahora estimados: desde una candidatura unitaria de Esquerra y Convergencia i Unió —que podría obtener más escaños que cualquiera de las coaliciones con las que concurrieron hace cuatro años— hasta la participación de Ciutadans —que restaría apoyos sobre todo al PP y a UPyD—. En todo caso, no parece esperable que los rasgos generales que perfila la estimación actual vayan a variar en los apenas seis meses que restan para las próximas elecciones europeas.

Metroscopia Estimación Europeas noviembre 2013

INTENCIÓN DIRECTA DE VOTO

La intención directa de voto equivale a la voz de la calle. Es lo que los españoles responden de forma directa y espontánea cuando se les pregunta por su comportamiento electoral más probable. Es un dato clave para captar el estado de opinión predominante, pero debe ser interpretado con cautela pues no siempre refleja todo lo que los electores piensan, sino sólo lo que deciden revelar al ser preguntados. Distintos factores de coacción ambiental hacen que la verbalización de las distintas opciones ideológicas (su probabilidad de ser expresadas de forma espontánea y natural) no sea siempre la misma. La intención directa de voto (IDV) es, así, sometida a una serie de procesos de ajuste (a partir, fundamentalmente, del recuerdo de voto, de la fidelidad de voto, de la tasa de participación estimada, de la valoración  por cada grupo de votantes de la gestión de cada partido y de sus líderes y de otros datos complementarios proporcionados por el sondeo sobre el estado de ánimo general de las personas entrevistadas) que permitan estimar cuál es, en esas circunstancias, el resultado más probablemente esperable. Obviamente, a partir de una misma IDV sería posible, utilizando otros criterios analíticos e interpretativos, obtener estimaciones de resultado electoral no necesariamente coincidentes con la que aquí se ofrece. La estimación de voto probable, por tanto, no es ya un dato directamente conseguido de la ciudadanía, sino una interpretación de sus declaraciones realizada a partir de unos supuestos determinados (lo que se conoce como “cocina electoral”). Aunque con frecuencia, por un uso descuidado, se confunda intención directa de voto y voto probable estimado, en realidad son cosas distintas. Una intención directa de voto muy elevada puede terminar, tras ser procesada, en una estimación de voto probable más reducida, o a la inversa. La IDV se compara con el resultado real que cada partido obtuvo sobre el Censo de españoles residentes (CER). Por su parte, los datos de voto estiestimado se comparan con el resultado real de cada partido sobre el total de votos válidos.

Metroscopia IDV Europeas Noviembre 2013

 

El País