Con el objetivo explícito –que es, a su vez, un buen pretexto -de responder a la pregunta actual sobre si hay “sitio” para un nuevo ocupante (Ciudadanos) en el espacio más centrado del sistema, especula Ignacio Urquizu (“El disputado voto de centro“, El País, 6/1/2015) en torno a la evolución de este voto a lo largo de la legislatura. Para ello articula un sencillo dispositivo analítico fijando su mirada en la intención directa de voto de los que se autoubican en el 5 de la escala ideológica de 0 a 10 y localizando la mirada en dos “momentos”: noviembre del 2011 y diciembre del 2014. El análisis permite, por tanto, proporcionar una cierta respuesta no sólo a las características del presente sino también a lo que ha sucedido en el, como se verá, complicado viaje del voto hipercentrado a lo largo de los tres últimos años.

Dando por eficiente el sencillo dispositivo analítico de Urquizu –conocer cómo ha evolucionado la intención directa de voto entre los que se autoubican en el 5 entre finales de 2011 y diciembre de 2014- propongo dos líneas de trabajo complementarias que pretenden ir algo más lejos en términos de diagnóstico y ensanchan la dificultad para emitir un pronóstico:

a)    El análisis de la posición de los actores políticos –los partidos- entre ambas fechas en ese tramo decisivo del espacio políticoideologíco.

b)    Los modelos que, interrelacionados, dibujan en cada uno de los momentos elegidos, las posiciones de los partidos.

Comencemos por los diferentes actores presentes en el escenario.

1)   El Partido Popular experimenta una disminución cuantitativa (del 25.1% al 7.8%, más de 17 puntos porcentuales) tan relevante que posee rasgos más cercanos a la hecatombe que al declive y modifica, por completo, su lugar en el tablero: de aparecer como un partido hiper centrado en 2011 ocupando la intención de voto de 6 de cada 10 electores autoubicados en el 5 de la escala, pasa a ser un partido casi excéntrico pues su 7.8% de diciembre de 2014 representa a menos de 2 de cada 10 electores autoubicados en el 5 de la escala.

Ese sesgo tendencialmente excéntrico del PP marca la diferencia sustancial habida entre 2011 y 2014. Dónde han ido a parar los más de 17 puntos porcentuales perdidos por el PP entre una y otra fecha y qué posibilidades y/o capacidades tiene para recuperarlas serían las preguntas claves para entender el presente y prever el futuro. La primera define el territorio del diagnóstico y la segunda el del pronóstico.

En lo relativo al diagnóstico los datos nos proporcionan algunas pistas notables. UPyD, que asciende del 1.5% al 4.5% ha podido adquirir tres puntos porcentuales de los 17. ¿Qué significa ese crecimiento?. Políticamente significa una escasa capacidad por parte de UPyD para reclutar el antiguo voto “centrado” del PP y señala su dificultad para crecer significativamente y convertirse en un actor decisivo dentro del sistema. El otro depositario posible entre los presentes en el campo de juego del 2011, el PSOE, merece ser tratado con mayor detenimiento.

Pero cabría antes de adentrarse en el PSOE dejar en el aire la pregunta de si resulta plausible, en virtud de la relativa capacidad de UPyD, imaginar la inclusión de otra fuerza –Ciudadanos- en el espacio propiamente centrista que, además de competir con UPyD para repartirse su 4.5% actual pudiera –hipótesis más optimista pero no menos verosimil- disputar a otros actores (el propio PSOE o Podemos) parte de los electores situados en el centro-centro. Exploración que nos sitúa a caballo entre el diagnóstico y el pronóstico.

2)    El PSOE disminuye en algo más de dos puntos porcentuales su voto entre los autoubicados en el 5 entre 2011 y 2014. Cifra, en efecto, muy inferior a la pérdida experimentada por el PP. En términos estrictamente aritméticos pueden sostenerse dos aseveraciones que Urquizu no deja pasar por alto: el PSOE es, en diciembre de 2014 aunque por muy poco, “la formación políticamente preferida de este grupo ideológico” y “el PSOE se mantiene en el centro mientras el PP se hunde”. Ambas cosas son, en el plano aritmético, ciertas.

Pero es preciso ojear los datos bajo una perspectiva que vaya más allá de esta elemental aritmética. Y lo que los datos expresan e indican es la incapacidad del Partido Socialista para “hacerse cargo” del declive del PP en el espacio centrado. Su estancamiento (menos de 4 de cada 10 de los electores situados en el 5 para ambos casos, 2011 y 2014) conlleva dos consecuencias políticas extraordinariamente relevantes: hace imposible mantener viva la lógica del bipartidismo (en virtud de la cual lo que uno de los grandes partidos pierde lo gana, de manera simétrica, el otro) y lastra de forma evidente su rango de “alternativa” para asegurar la alternancia.

El papel decisivo de un nuevo actor político –Podemos- que aparece en el 2014 con el 13.5%, a apenas décimas del PSOE, se entenderá mejor si pasamos al segundo de los niveles de análisis, el de los modelos que dibujan los dos escenarios, en 2011 y 2014.

Los datos del 2011 no dejan lugar a ningún tipo de duda en su rotundidad: muestra un centro netamente desplazado a la derecha (25.1% del PP frente al 16,4% del PSOE, es decir una diferencia de +8.7 puntos porcentuales), con una UPyD muy débil, casi testimonial dentro de una elocuente lógica bipartidista (41.5% para ambos partidos, que significa la práctica totalidad de la cobertura y ocupación del espacio.

Por el contrario, el de 2014 ofrece el dibujo de un centro, esta vez, desplazado hacia la izquierda (Podemos + PSOE suman juntos el 27.5%, algo más que el PP en 2011) con un PP más debilitado y alejado por completo de la lógica bipartidista (PP + PSOE sólo suman el 21.9%) para, fragmentado, ofrecer una imagen multipartidista.

Tiene razón Urquizu cuando señala el incremento de “huérfanos políticos” a medida que ha ido avanzando la legislatura, especialmente entre el electorado autoubicado más en el centro referenciado al PP cuando éste se convirtió en la salida posible dentro del sistema a la crisis del PSOE cumpliendo así la regla que servía como sostén al bipartidismo hegemónico durante todo el periodo constitucional.

El problema hoy es que, a la vista de los datos, parte significativa de la solución electoral a la orfandad del grupo ideológico más centrado empieza a hacerse posible alejándose de la lógica bipartidista anterior. Más pues que el cambio en y dentro del sistema (lo que hemos calificado como alternancia) la evolución del voto-centro puro conduce a pensar en un cambio que reclama una lógica de distribución nueva. Hemos de pensar que frente a la casi totalidad de los electores de centro puro insertados o en el PP o en el PSOE –escenario de 2011- nos situamos en uno nuevo en el que PSOE y PP juntos suman poco más que UPyD y Podemos también juntos. Es decir: de un paradigma bipartidista de reparto en el centro hemos pasado a otro pluripartidista que podrá hacerse aún más complicado y complejo si Ciudadanos se une al reparto. Nos hallamos en presencia de un centro-centro pluriocupado y sin dueño sólido. Y el problema se agrava porque el bipartidismo no es sólo hoy un bipartidismo menguado, disminuido cuantitativamente sino también –por utilizar la expresión de Ignacio Camacho (ABC, 26/12/2014), “encogido”, esto es, sin convicción y sin defensores creíbles.

Afirmar, como viene siendo frecuente, que el partido que gana entre los moderados gana las elecciones no parece un pronóstico adecuado en un contexto como el que los datos del 2014 reflejan. En una disputa entre tantos actores la idea misma de victoria resulta de difícil manejo. La vieja regla de oro de Sartori obliga a plantear las cosas en otros términos porque, en efecto, “cuantos más sean los partidos más debemos preguntarnos acerca de las posibilidades de coalición de cada partido”.

Lo cual es otra historia o, tal vez, en el tiempo presente, la verdadera historia: empezar a interrogarnos sine ira et studio sobre lo que denomina Sartori coaliciones viables. Esa, antes que ninguna otra, es hoy por hoy, la cuestión.

Metroscopia- Cuadro IDV en el 5 en la escala ideológica 0-10

· Marcos Sanz Agüero es miembro del seminario de análisis político de Metroscopia.

*Foto superior: Procsilas Moscas

El País