El PSOE se escuda en los territorios bipartidistas para evitar el sorpasso de Podemos y las confluencias. La fractura territorial del voto de izquierda separa al centro peninsular, en el que socialistas resisten mejor, de una España periférica, donde la formación morada y sus coaliciones sobrepasan al PSOE. Al mismo tiempo, las regiones más ricas y con menor tasa de paro sustentan a podemistas, mientras que las más pobres y con más desempleo hacen lo propio con socialistas.

El mapa de la competición electoral que se dibuja es complejo: coinciden culturas políticas territoriales y factores socioeconómicos distintos.

Un imaginario de siete grandes regiones en España*


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En un intento de reducir el voto socialista y morado a siete grandes regiones, se observa que en aquellas zonas de gran arraigo bipartidista, como las grandes mesetas del Norte y del Sur, el desgaste de los socialistas es menor que en la cornisa Cantábrica y el Ebro.

Los lugares en los que el PSOE compite mejor coinciden con aquellos que, desde las elecciones autonómicas, mejor han resistido la irrupción de los nuevos partidos. En cambio, aquellos en los que Podemos y las confluencias han alcanzado mejores éxitos electorales amplían la grieta del bipartidismo.

El sorpasso se produjo en las comunidades más ricas

El fenómeno trae consigo una pregunta política fundamental: ¿Por qué el territorio tiene una incidencia tan determinante en el voto? Qué factores socioeconómicos subyacen para que el PSOE sea prácticamente el partido del Sur y Podemos el del Norte o que Madrid aparezca como un oasis morado en tierra socialista.

Los datos que ayudarían a responder la pregunta pueden sorprender porque contrastan con la idea previa sobre el perfil de cada votante: cuanto más rica sea la comunidad, mejor resultado de Podemos y cuanto más alta la tasa de desempleo mejor resultado del PSOE.

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La correlación entre nivel de desempleo y renta per cápita es evidente: País Vasco, Navarra y Madrid son las comunidades con mayor renta por habitante (16mil-19mil €/hab.) y están entre las que más baja tasa de paro registran (14%-16%), justamente en las que Podemos supera destacadamente al PSOE; mientras que en Andalucía y Extremadura, líderes en tasa de paro (29%-32%) y en rentas bajas (10mil €/hab.), el PSOE obtuvo sus mejores resultados el 20D.

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Centro-periferia, bipartidismo-multipartidismo

El mapa de la distribución territorial del voto tras las elecciones generales del 20 de diciembre constata también que España no goza aún de un modelo extendido de multipartidismo. La mitad del territorio —que aglutina a un tercio de la población española— mantiene todavía una clara cultura bipartidista, pues PP y PSOE obtienen de media más del 60% de los votos. Ese gran centro peninsular —a excepción del oasis de la Comunidad de Madrid— continua siendo fiel a populares y socialistas, mientras que la periferia y la España insular son total o prácticamente multipartidistas.

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Ciertamente, este mapeado es de trazo grueso pues incorpora varias excepciones: Madrid es el estudiante adelantado en términos multipartidistas del gran centro peninsular, mientras que Andalucía, Murcia y Cantabria se resisten a la ola periférica del multipartidismo. Además se registra una destacada disparidad de los votos bipartidistas: en comunidades como Cataluña y País Vasco acabó por debajo del 30% y, en cambio, en Extremadura y Castilla-La Mancha populares y socialistas rondan el 70%.

No obstante, estos datos confirman la existencia de una pauta que se inició en mayo de 2015. El multipartidismo ha llegado para quedarse pero, por ahora, se despliega a distintas velocidades.

* El mapa del imaginario de las siete grandes regiones en España ha sido actualizado tras corregir un error de cálculo en las cifras.