El consultor de la principal empresa demoscópica de España desconfía del porcentaje de éxito de la maniobra de Susana Díaz y advierte de la recomposición del mapa político nacional, que quedará definido por una terna de partidos con opciones de gobierno (PSOE, PP y Podemos) y otros tres grandes actores secundarios (Ciudadanos, IU y UPyD). Cree que Podemos afectará al debate soberanista.

A menos de dos meses para las autonómicas, la maquinaria predictiva de Metroscopia, una de las más acendradas del país, comienza a flamear en todas direcciones. La incidencia de la crisis y el fenómeno Podemos convierte los próximos comicios en los más inasibles y fascinantes a nivel científico de las últimas décadas en España. José Pablo Ferrándiz se prepara para la avalancha electoral de 2015, acaso el mayor laboratorio político desde los tiempos a tientas de la transición.

Muchos analistas atribuyen al gesto de Susana Díaz una intención marcadamente electoral. Sin embargo, la victoria del PSOE no está garantizada.
La mayoría de los consultores coincidimos en que el adelanto electoral está fuertemente condicionado por la presencia de Podemos. Hasta ahora, Susana Díaz no ha ganado nada. Y quiere demostrar que puede hacerlo. Y, además, contra el partido que más fuerte suena a nivel nacional en las encuestas. También, y esto tiene mucho de especulación, influyen sus intereses personales; gran parte de los andaluces que hemos consultado cree que la presidenta quiere dar el salto a la política nacional. Y, para eso, es imprescindible contar con el aval de una victoria en las autonómicas.

Susana Díaz ya ha anunciado su negativa a pactar con Podemos y con el PP. ¿Se dará la paradoja de una posible reconciliación con IU o volverán los tiempos de la pinza en la coalición?
Después del desaire y el desenlace de la legislatura veo muy difícil un nuevo pacto entre ambos partidos. En cualquier caso, IU podría ser superada por Podemos y Ciudadanos. Es muy probable que la alianza de Maíllo con los socialistas no sume siquiera el número suficiente de votos para gobernar en coalición.

¿El desencanto disparará esta vez la participación?
Ha habido una ondulación en las intenciones de voto. Especialmente, desde la aparición de Podemos. En Andalucía se espera un nivel de abstención análogo al de la última convocatoria. La movilización de los votantes del PP ha reculado respecto a 2012, pero será compensada con el electorado que se abstuvo y ahora regresa para apostar por Podemos.

La cuota de simpatía hacia Podemos se eleva en cada sondeo. ¿Su popularidad ha tocado techo o puede seguir creciendo?
Los datos de los que disponemos apuntan a que el apoyo a Podemos se ha estabilizado. Sobre todo, a raíz de la entrada en escena de Ciudadanos, que ha conquistado al votante de centroderecha que no acababa de sentirse cómodo con Podemos, pero que, a pesar de eso, estaba dispuesto a respaldarles para castigar al PP. Aun así, se mantienen como la fuerza de mejor pronóstico, con un porcentaje de votos que estará al final entre el 18 y el 20, lo que significa 6 y 8 puntos más que PP y PSOE. Obviamente se trata de una foto fija todavía sujeta a una posible evolución.

¿Estamos ante el cacareado fin del bipartidismo?
El sistema electoral no favorece la entrada de terceros y cuartos partidos. La circunscripción es la provincia y tanto la cuota territorial como la ley D’Hont dificultan que las fuerzas más modestas de aspiración nacional obtengan representantes. Los resultados de las encuestas, sin embargo, reflejan un cambio en el sistema de partidos, con tres organizaciones fuertes con opciones de gobierno (Podemos, PP y PSOE) y otras tres (UPyD, Ciudadanos e IU) en un segundo plano, pero también con cuota de protagonismo. Con este nuevo mapa se pude hablar, sin duda, de fin de bipartidismo. Y, sobre todo, de novedad muy a tener en cuenta.

El PSOE no acaba de remontar en los sondeos. ¿Existe realmente el efecto Pedro Sánchez?
La figura de Pedro Sánchez emergió con cierto empuje y repercutió inmediatamente después de su elección en la intención de voto hacia el PSOE. Pero el efecto, si es que lo hubo, se ha disipado. En los datos de evaluación ciudadana ya no alcanza el aprobado, como tampoco lo hacen ninguno de los líderes del resto de partidos, con la excepción de Albert Rivera -Ciudadanos-, a quien, por otra parte, sólo afirma conocer el 60 por ciento de los españoles. Pablo Iglesias, que arrancó bien, ya está también en números negativos. Las encuestas reflejan que Sánchez no suscita entusiasmo. Ni él ni Susana Díaz, que obtiene una valoración similar a nivel nacional por parte del electorado.

En Andalucía, sin embargo, parece contar con más apoyo.
La verdadera aceptación de Susana Díaz en Andalucía se comprobará durante las elecciones. Las encuestas indican que el PSOE se va a quedar con un cómputo de votos similar al que tiene ahora, lo cual no constituye, ni mucho menos, un buen resultado. Susana Díaz ha apostado por un movimiento arriesgado. Por muy bien que vendan el resultado, todo lo que no sea aplastar es un fracaso y dejará a los socialistas en una posición muy difícil para las generales.

El PP vuelve a perder fuelle en la región. ¿Hay desconfianza hacia su candidato?
Moreno Bonilla no es muy conocido y su valoración no resulta, ni mucho menos, espectacular, pero tampoco sería justo responsabilizarle en exclusiva de la caída del partido en las encuestas. En 2012 el aumento de votos se debió en gran parte a los electores que querían a toda costa penalizar al PSOE por la gestión de Zapatero. Pero las circunstancias son otras. Los recortes y la crisis han acabado con esa confianza supletoria hacia el PP. El fracaso, en cualquier caso, no sería en estas elecciones, sino en las pasadas, cuando no pudieron gobernar teniéndolo todo a favor. Ahora se ha vuelto a la normalidad electoral en Andalucía.

¿En qué medida afectará el despegue de Podemos a los nacionalismos? ¿Habrá una nueva hoja de ruta para Cataluña?
Podemos se nutre de un electorado en Cataluña de centroizquierda. Desde ese punto de vista, la influencia es clara, porque se trata de un perfil de votante no nacionalista y el partido tiene opciones de convertirse en la primera fuerza en la comunidad. Los partidos soberanistas lo saben y han empezado a atacarles. Entre otras cosas, porque Podemos, pese al apoyo al referéndum, no es un partido independentista y eso puede afectar al debate.

Entrevista publicada en La Opinión de Málaga