El 28 de abril se celebran unas nuevas elecciones generales, las terceras en menos de cuatro años. La volatilidad e incertidumbre son características patentes en este momento. Sin embargo, respecto a las elecciones del 26-J, la actual arena electoral cuenta con un nuevo contendiente: Vox. Su irrupción en el Parlamento andaluz (y todo indica que acabará ocurriendo algo similar en el ámbito nacional) dibuja un nuevo mapa electoral, en el que la fragmentación, principalmente en el voto de la derecha, ha aumentado significativamente y el reparto de escaños se concentrará en un juego de alta competitividad. Las aritméticas necesarias para formar gobierno, previsiblemente, se decidirán en márgenes muy estrechos por lo que será clave el último escaño en liza. Las diferencias entre partidos se reducirán equilibrando los apoyos a cada una de las formaciones por lo que el último asiento se decantará a cualquiera de ellas por un número reducido de votos. Conocer cómo fue esa disputa en 2016 nos da una aproximación de lo que puede ocurrir el próximo 28 de abril.

La lucha por el último escaño en las elecciones de 2016

En los últimos comicios, catorce escaños se decidieron por un margen de menos de un punto porcentual: Ciudadanos se quedó a las puertas de conseguir cinco asientos más en Albacete, A Coruña, Madrid, Salamanca y Toledo; Podemos dejó de alcanzar cuatro escaños más, PSOE tres mientras que PP y PNV uno. Esta escasa diferencia se registra tanto en circunscripciones grandes, como Madrid y Barcelona, en las cuales se repartían 36 y 31 escaños respectivamente, y en circunscripciones más pequeñas como Albacete o Salamanca donde se reparten 4 escaños.

Cabe remarcar que existen otras tantas provincias en las que la diferencia entre el último partido y el siguiente en la consecución de escaños es amplia y en cinco circunscripciones (Palencia, Cuenca, Asturias, Ceuta y Melilla) el siguiente asiento lo habría obtenido el mismo partido que obtuvo el escaño final (el Partido Popular).

¿Cuánto pudo ganar y cuánto pudo perder cada partido?

Ciudadanos fue el partido que se quedó a las puertas de obtener un número mayor de últimos escaños, con un total de cinco, lo que hubiese significado aumento de asientos en el Congreso de los Diputados. No obstante, de la misma forma que se situó a décimas de obtener nuevos escaños para su representación nacional, fue el partido que más obtuvo esos últimos escaños por lo que el saldo en general entre ganancias y pérdidas de escaños es nulo.

Dentro de las catorce circunscripciones en disputa alta, el PP obtuvo cuatro de los últimos escaños (Madrid, Ourense, A Coruña y Salamanca) y estuvo a menos de un punto porcentual de obtener uno más (Murcia). En Ourense, la diferencia fue de menos de doscientos votos (183 para ser exactos) la que decantó la balanza hacia el lado de los populares frente a Unidos Podemos.  Sin embargo, el partido liderado entonces por Mariano Rajoy pudo haber perdido cuatro de los últimos escaños obtenidos por una diferencia de menos de un punto porcentual. Por tanto, el balance para el Partido Popular es de un saldo de -3 escaños.

El PSOE fue el partido que menos últimos asientos obtuvo dentro de esta categoría de alta disputa con un total de dos (Toledo y Álava) y, pudo haber conseguido tres (Santa Cruz de Tenerife, Alicante y Barcelona) consiguiendo un saldo positivo de un escaño.

Unidos Podemos logró tres escaños en última disputa (Alicante, Albacete y Bizkaia) y tuvo la posibilidad de haber conseguido cuatro más (Ourense, Almería, Álava y Tarragona). Traducido en número de votos significa que, casi cinco mil votos más le hubieran otorgado a la formación morada cuatro escaños más.

Si aplicamos el saldo de los posibles últimos escaños conseguidos, la disposición de diputados en el Congreso habría variado. Sin embargo, la suma de Partido Popular y Ciudadanos seguiría siendo superior al de una posible alianza entre PSOE y Podemos. Además, tras la moción de censura, este saldo tampoco hubiera permitido una mayoría para aprobar los Presupuestos Generales del Estado y permitir la continuidad de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno aun manteniendo la negativa de Esquerra Republicana de Cataluña y Convergencia Democrática de Cataluña.

¿Qué pasaría si…?

El Real Decreto 129/2019, del 4 de marzo, disolvió las Cortes Generales y, además, anunció la distribución de escaños correspondiente a cada circunscripción. En dicho reparto hay diferencias respecto a las elecciones de hace casi tres años: Madrid y Barcelona repartirán 37 y 32 escaños respectivamente, uno más en cada circunscripción, en detrimento de Valencia y Asturias que repartirán 15 y 7, asientos en ese orden. Con esa nueva configuración, ¿cómo se repartirían los escaños si se repitieran los resultados del 26J?

El escaño que gana Madrid iría a parar a Ciudadanos, dejando al PSOE a 0,7 puntos porcentuales de conseguirlo. En el caso de la ciudad condal, ERC se quedaría a 0,2 puntos porcentuales de conseguir el escaño ganado por el PSOE. Por el lado de las circunscripciones que reparten un escaño menos, Podemos sería el partido que conseguiría el séptimo escaños en Asturias relegando al Partido Popular. En Valencia, el PP sería el último partido en conseguir el escaño por una diferencia de 0,5 respecto a Podemos.

Sea como fuere, cualquier parecido con la realidad será pura coincidencia. En menos de treinta y seis meses el escenario político y electoral en España ha bajado el telón y ha cambiado de protagonistas. La obra ya ha comenzado. El papel protagonista es el voto útil, solo queda ver qué actor será el encargado de representarlo y si el número de aplausos será bastante para repetir, o no, la función.

 

*Gemma Benito Diego Acedo son analistas en prácticas en Metroscopia.