Aunque siete de cada diez españoles creen que lo peor de la crisis ya ha pasado, los altos niveles de paro siguen siendo el muro que impide ver el inicio de la recuperación. Es verdad que el índice de pesimismo sobre la situación de nuestra economía ha bajado 14 puntos porcentuales (el 90% opinaba que era mala a finales de 2014 y ahora es el 76%), pero al mismo tiempo el 57% piensa que el desempleo mantendrá sus altísimas cifras durante mucho tiempo. Estos datos provienen del Barómetro de Confianza en la Economía que Metroscopia elabora cada mes y que en sus últimos resultados refleja también la percepción de que esta salida de la crisis nos conduce a una España más pobre y más desigual.

Percepción de la situación económica

Percepción de la situación económica/Barómetro de Confianza en la Economía que Metroscopia

El balance de la situación continúa siendo, por tanto, abrumadoramente negativo. La ciudadanía no percibe de manera clara la anunciada mejora económica (el 50% cree que va a seguir igual en los próximos meses, frente al 58% de finales de 2014), lo que contrasta con las previsiones del Gobierno y de los organismos económicos internacionales, que auguran una recuperación de nuestros indicadores macroeconómicos (se espera un crecimiento aproximado del 3% anual hasta 2018).

Y es que esos siete de cada diez que opinan que lo peor de la crisis ya pasó, también piensan que aún queda mucho tiempo para que la economía empiece a mejorar definitivamente. Y son el paro y el crecimiento de la desigualdad los dos factores que impiden el optimismo.

La evolución del desempleo es el reflejo más claro de que la crisis sigue presente. La mayoría (57%) piensa que va a seguir todavía igual de alto durante mucho tiempo. En cualquier caso, la tasa de paro tendría que reducirse en una gran medida para que la percepción ciudadana sobre la economía mejorara. Incluso en los años de mayor bonanza económica, en plena fase expansiva de la burbuja inmobiliaria —cuando la tasa de paro se aproximaba al 10%—, los ciudadanos lo mencionaban como uno de los principales problemas de nuestra sociedad.

Aunque el mercado laboral comenzó a remontar en 2014 y la máquina creadora de nuevos empleos volvió a funcionar, la peor crisis económica en décadas ha destruido 3.8 millones de empleos y la tasa de paro ha alcanzado niveles nunca vistos (casi el 27%). Volver a las tasas de ocupación y desempleo anteriores a 2008 no va a ser tarea sencilla ni rápida. El indicador Job in/Job out del Barómetro de Confianza en la economía que elabora Metroscopia, refleja que sigue predominando la sensación de que en los entornos cotidianos de la población son más las personas que pierden su trabajo que quienes, estando en paro, lo encuentran.

Una consecuencia directa de todo lo anterior es la percepción de que la situación económica de un gran número de personas ha empeorado radicalmente durante los últimos siete años y que la pobreza y las desigualdades se han incrementado. Los españoles se muestran masivamente convencidos de que como consecuencia de las medidas adoptadas para hacer frente a la crisis, cuando esta se supere, España será más pobre y más desigual. La amplia mayoría percibe que el coste de la vida sigue subiendo (73%), y el 58% afirma tener dificultades para llegar a fin de mes. Quizá esto pueda explicarse porque, según datos de la Agencia Tributaria, en 2013 se registró el salario medio más bajo (en euros constantes) de los últimos 22 años.

Por último, solo un tercio de la población atribuye la mejora de la economía a las medidas puestas en práctica por el Gobierno. La mayoría (60%) cree que, por el contrario, nada tiene que ver con las políticas gubernamentales, dado que la mejora económica también se está produciendo en otros países que aplicaron medidas muy distintas a las nuestras. El profundo descontento ciudadano justifica la desaprobación de la gestión del ejecutivo y la desafección generalizada hacia la clase política y sus líderes, posicionamientos ideológicos al margen.

Lo más relevante de estos datos, sin embargo, es que aunque podríamos estar asistiendo a un cierre de ciclo que supondría el fin de la crisis —o el preludio de la recuperación—, esa sensación aún no se ha trasladado al ciudadano medio de una manera efectiva y tangible.

 

El País