La percepción de mejora económica comienza a permear en España. Aunque el balance de conjunto sobre la situación continúa siendo negativo, el índice de pesimismo sobre la misma ha bajado 21 puntos en los últimos dos años: el 90% opinaba que era mala a finales de 2014 (cuando la crisis aún no presentaba síntomas claros de remisión) y ahora, a comienzos de 2017, lo dice el 69%.

Los indicadores económicos reflejan de manera cada vez más inequívoca el inicio de la recuperación y, aunque muy lentamente, la ciudadanía ha comenzado a percibirlo. El reflejo más claro es el repunte del consumo —en 2015, por primera vez desde 2008, el gasto medio por hogar en términos constantes, eliminando el efecto de los precios, se incrementó un 2.2% (variación interanual)—. El estado de ánimo de los ciudadanos tiene un efecto muy directo sobre este dato. En términos de inversión, influye en la forma de percibir el riesgo: cuanto más optimista se siente un individuo, mayor es su predisposición y su tendencia a consumir y a invertir. Por el contrario,  en un estado de ánimo más bajo, el temor al gasto y la percepción de riesgo aumentan y se consume e invierte menos. Los datos del Barómetro de Clima económico que Metroscopia elabora cada mes también indican el incremento de la confianza de los españoles. El porcentaje de quienes perciben que la situación económica les obliga a posponer compras necesarias se ha reducido también en 21 puntos en los dos últimos años (del 64% en junio de 2014 a un 43% ahora).

Sin embargo, a pesar de las señales positivas de la economía, un segmento importante de la población sigue sin sentir en sus bolsillos la llegada de la recuperación. Las consecuencias económicas derivadas de la crisis y del elevado desempleo asociado van a tardar todavía tiempo en recuperarse: el 65% sigue teniendo serias dificultades para llegar a fin de mes y el 85% considera que el coste de la vida sigue subiendo.

Frenazo en el crecimiento. Aunque la economía española esté inmersa en una recuperación evidente, es todavía muy vulnerable y probablemente el factor más importante es su dependencia de factores externos. Los indicadores sitúan el crecimiento esperado para este año algo por encima del 2% (3,2 en 2016). Para 2018, se estima un avance también en ese entorno. La razón es que la recuperación económica se ha debido fundamentalmente a factores externos que tienen fecha de caducidad: las medidas de expansión monetaria del Banco Central Europeo (BCE) están aprobadas solo hasta 2018 y su importe se va a ir reduciendo progresivamente, el precio del petróleo ya no volverá a caer y la política económica española no podrá seguir retrasando el ajuste necesario para cumplir los compromisos de la eurozona.

En cualquier caso, los gestores económicos conocen la importancia de mantener vivo el discurso positivo. El motor de la actividad económica son las expectativas, si éstas son negativas o están cargadas de incertidumbre, ralentizan la maquinaria: se detiene la inversión, se frena el consumo y con ello, aumentan el desempleo y las malas perspectivas. Por eso, en cuanto el contexto se torna más estable, el cambio de perspectiva genera un ambiente de tranquilidad y optimismo que hace incrementar el consumo, la inversión y el empleo. En otras palabras: optimismo genera más optimismo.

2017 se presenta con muchas incógnitas e incertidumbres y podría haber repercusiones en la confianza de los consumidores, sobre todo en caso de que el crecimiento económico sea, como todo apunta, más débil. En economía, la Teoría de las expectativas racionales dice que las expectativas de los agentes económicos pueden ser individualmente erróneas, pero correctas en promedio. Aunque el futuro no es totalmente predecible, se supone que las expectativas de los agentes no están sistemáticamente sesgadas y que éstos usan toda la información relevante para formar sus opiniones sobre variables económicas. La evaluación ciudadana sobre la situación de nuestra economía puede tomar a partir de ahora dos direcciones, mantener la tendencia hacia la reconstrucción definitiva del optimismo económico o retornar al pesimismo, todo dependerá de si la mejora económica se canaliza de manera efectiva a las economías familiares. Y no parece sencillo.