El “posmalestar” es un tiempo caracterizado por niveles moderados, y decrecientes, de insatisfacción con la situación económica y por altos —y crecientes—  niveles de insatisfacción con la situación política. El inicio de este proceso —“el tiempo del posmalestar”— puede situarse en enero de 2016, tras la celebración de elecciones las generales del 20 de diciembre de 2015. Desde entonces, el posmalestar no ha hecho sino agudizarse.

La clave esencial del posmalestar es que el descontento respecto al estado la economía española ha disminuido 38 puntos porcentuales en los últimos cinco años (del 96% de 2012 hasta el 58% actual según datos de Metroscopia) y, al mismo tiempo, el descontento político no solo ha experimentado la tendencia opuesta en el mismo periodo (ha aumentado del 79% al 83%) sino que, como consecuencia de esto, actualmente es superior al económico.

Así, mientras que el porcentaje de españoles que ahora evalúa negativamente la situación política se sitúa en la media de los últimos cinco años (el promedio es del 84%), el porcentaje que en estos momentos evalúa negativamente la situación económica se sitúa 27 puntos por debajo de la media de este último lustro (58% ahora, frente a un promedio del 85% en todo este período).

Con respecto al dato de hace cuatro meses —es decir, el referido a un momento anterior al de los acontecimientos en Cataluña del 1 de octubre y de los días subsiguientes— el porcentaje de españoles que ahora evalúa negativamente la situación política ha aumentado tres puntos mientras que se ha reducido 10 puntos el de quienes califican negativamente la situación económica nacional.

Habría que remontarse a mediados de los años noventa —coincidiendo con la crisis económica que afectó a España en esa década— para detectar un fenómeno de direcciones cruzadas similar al actual. Ese sería el precedente más cercano del posmalestar, en un contexto, similar al de ahora, de crisis económica y desafección ciudadana hacia la política. Sin embargo, fue mucho menos voluminoso y, además, momentáneo: el malestar político se mantuvo por debajo del 70% y estuvo por encima del malestar económico únicamente en los meses precedentes a la victoria de José María Aznar entre finales de 1995 y marzo de 1996. Desde entonces España vivió un período dulce durante el que, no solo las percepciones negativas sobre ambas situaciones —económica y política— se situaron por debajo del 50%, sino que, además, eran superadas por las positivas… hasta que llegó la Gran Recesión. Y con ella, el malestar.

Porque si cabe hablar de un posmalestar es porque, con anterioridad, ha existido un malestar. Un tiempo, el del malestar, que se inicia con la crisis económica mundial y finaliza con las elecciones generales de 2015 y que estuvo caracterizado por evaluaciones negativas de la situación política y de la situación económica (con porcentajes, ambos, por encima del 90%) pero durante el cual — al contrario que en el posmalestar—las primeras siempre se situaron por encima de las segundas.

La Gran Recesión instauró, por tanto, un periodo extraordinario en la dinámica económica, política y social de España. La pregunta que ahora cabe hacerse es si la particularidad del nuevo periodo —el tiempo del posmalestar— va camino de devenir en la nueva normalidad.