La ruptura, por parte de Ciudadanos, del pacto de estabilidad que esta formación política mantenía con el PSOE de Susana Díaz parece abocar a Andalucía a un adelanto electoral. Las desavenencias surgen por la negativa de los socialistas a apoyar iniciativas relacionadas con la eliminación de los aforamientos de altos cargos o la reforma de la ley electoral andaluza, cuestiones que estaban incluidas en el acuerdo de investidura que permitió a Díaz alcanzar la Presidencia de la Comunidad en 2015. Ante estos hechos, Ciudadanos se negaría a apoyar los Presupuestos de la Junta para 2019 lo que, para los socialistas, introduciría cierta inestabilidad en la región.

En realidad, la ruptura del pacto no tiene por qué implicar necesariamente un adelanto electoral. Díaz pudiera prorrogar los Presupuestos teniendo en cuenta, además, que las elecciones se celebrarían, por la vía ordinaria, dentro de seis meses, en marzo del año que viene. Con todo, y aunque apenas sea por unos pocos meses, las ventajas que, tanto para PSOE-A como para Ciudadanos, pudiera tener una disolución anticipada del Parlamento regional hace más que probable que los comicios vayan a celebrarse antes de que acabe este año.

Ventajas para el PSOE-A

Las motivaciones de la presidenta andaluza pasarían, de un lado, por pensar que le beneficia la buena imagen de conjunto que actualmente tiene el Gobierno de Sánchez entre la opinión pública (también la andaluza). Habría, así, que aprovechar el viento de cola favorable proveniente desde Moncloa antes de que este amaine o, peor, se transforme en ventisca desfavorable.

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Por otro lado, con la disolución anticipada del Parlamento las elecciones andaluzas se celebrarían, muy probablemente, con anterioridad a la sentencia judicial del ‘caso ERE’ (con 22 ex altos cargos de la Junta en el banquillo, incluidos dos ex presidentes andaluces, Manuel Chaves y José Antonio Griñán). Según parece todo indicar, el final de la vista está previsto para finales de este año y la sentencia para febrero o marzo, coincidiendo, pues, con la campaña electoral en el caso de que los comicios no se adelantaran. Algo catastrófico, probablemente, para el PSOE.

Ventajas para Ciudadanos

La principal tiene que ver con el PP, su rival en el espacio ideológico de la derecha. Celebrar ahora las elecciones dificultaría a los ‘populares’ la posibilidad de elegir a un nuevo candidato. No es que los populares hayan manifestado su voluntad de cambiar de líder, pero el apoyo de Juan Manuel Moreno a la derrotada (y retirada de la política) Soraya Sáenz de Santamaría en las primarias que celebró el PP para elegir al nuevo presidente nacional del partido hace que, a sus modestos resultados (electorales y demoscópicos) sume su condición de no ser hombre de confianza de Pablo Casado.

Por otro lado, unas elecciones andaluzas celebradas antes de fin de año podrían resituar a Ciudadanos en la competición electoral nacional. Desde que este partido consiguió ser la fuerza más votada en las elecciones catalanas de diciembre de 2017, la formación naranja no había dejado de crecer en las estimaciones de voto para el caso de unas elecciones generales hasta llegar a ser, durante varios meses consecutivos, según los sondeos de Metroscopia, la opción preferida por una mayoría de españoles. La exitosa moción de censura de Sánchez de junio pasado, junto con la elección de un nuevo líder del PP tras la dimisión de Rajoy, desubicó al partido de Albert Rivera. En este escenario, un buen resultado en Andalucía volvería a impulsar a Ciudadanos en el conjunto de España.

Nuevo ciclo electoral

En todo caso, sean ahora o sean en marzo del año que viene, las elecciones andaluzas vuelven a iniciar, como ya sucedió en 2015, un nuevo ciclo electoral en España. En aquel año, Díaz también disolvió anticipadamente el Parlamento (tras romper el pacto de Gobierno que mantenía con Izquierda Unida) y los comicios andaluces inauguraron un calendario electoral inédito (por la cantidad de elecciones a celebrar en tan corto periodo y por lo que estaba en juego en cada una de ellas). Tras las andaluzas, llegaron las municipales y autonómicas en mayo de 2015 (importantes porque en España los cambios en la política nacional han solido venir precedidos de terremotos, de mayor o menor intensidad, en los ámbitos locales y regionales). Posteriormente, en septiembre de ese año, las elecciones al Parlamento de Cataluña (con los partidos nacionalistas llevando en sus programas, por primera vez, una ruta independentista). Y, como colofón, elecciones generales en diciembre de 2015 (donde se iba a confirmar hasta qué punto cambiaba el sistema de partidos español).

Ahora, el calendario electoral no va a ser muy diferente. Tras las andaluzas (sean en otoño de este año o a comienzos de la primavera de 20199 se celebrarán, a finales de mayo del próximo año, las municipales y autonómicas (en las comunidades que accedieron a la autonomía acogiéndose a los artículos 144 y 146 de la Constitución), las elecciones al Parlamento Europeo y, si no hay ningún sobresalto, el ciclo lo finalizarán las elecciones generales en junio del 2020. No hay que descartar que entremedias se cuelen unos comicios al Parlamento de Cataluña que, en principio, debieran celebrarse en junio de 2021. La coincidencia o cercanía de unas elecciones andaluzas con unas catalanas (que en estos momentos no parece probable) favorecería, en todo caso, a Ciudadanos: su discurso antinacionalista en Cataluña agrada por igual al electorado de centro-derecha tanto del norte como del sur del país.

En todo caso, la cuestión es que en un clima de elevada volatilidad electoral (según ponían de manifiesto los sondeos de Metroscopia), de una gran indecisión y, por tanto, de una fuerte incertidumbre política, las elecciones andaluzas de marzo de 2015 se convirtieron en el laboratorio que iba a permitir despejar, si no todas, sí gran parte de las incógnitas que planeaban entonces sobre la vida política de nuestro país.

Y, en efecto, aquellos comicios anticiparon, en gran medida, las tendencias electorales que iban a presentarse en las elecciones posteriores. A saber: el desgaste de los dos partidos tradicionales representantes del bipartidismo imperfecto español (PP y PSOE, y más del primero que del segundo); el empuje electoral de las dos formaciones emergentes (lejos de producirse el voto del vértigo que algunos analistas auguraban, los electores acabaron apoyando a los dos nuevos partidos tal y como venían manifestando en los sondeos); la desaparición de UPyD (Ciudadanos absorbió a la práctica totalidad de los votantes de la formación de Rosa Díez); la resistencia de Izquierda Unida (la formación rojiverde quedó por debajo de Podemos, pero logró aguantar el embate de la formación morada); y una mayor fragmentación política (con la entrada de las dos nuevas formaciones políticas, el número de partidos con representación aumentó en la mayoría de parlamentos y ayuntamientos).

Posibles escenarios

La pregunta pertinente es, si ahora las elecciones andaluzas anticipan otra vez, las principales tendencias de este nuevo ciclo electoral. En ese caso, ¿qué posibles escenarios podrían proporcionarnos pistas sobre el devenir político del próximo año?

  • El PSOE-A, volverá a ser la primera fuerza política. Todo parece indicar que los socialistas volverán a ser la que logrará mayor número de votos en el conjunto de la Comunidad. Siendo, hoy por hoy, una misión prácticamente imposible recuperar la mayoría absoluta que perdió en las elecciones de 2012, la principal duda en el caso de los socialistas estriba en saber si lograrán un resultado mejor o peor que el del 2015 y cuánto logran distanciarse del segundo partido.
  • Quién será el principal partido de la oposición. El PP ha sido el rival tradicional de los socialistas en Andalucía, pero, en esta ocasión la segunda plaza estará más disputada que nunca: tanto el PP, como Ciudadanos y Adelante Andalucía -la nueva confluencia electoral que agrupa, entre otros, a Podemos y a  IULV-CA- están en estos momentos en disposición de pelear por esa plaza.
  • Qué partido será el referente del centroderecha. En 2015, el PP aventajó en 24 diputados a Ciudadanos (33 frente a nueve). Ahora, parece que la competencia dentro del bloque es mucho mayor y resulta probable que los naranjas, conscientes de que se juega mucho, logren en estas elecciones su primer ‘sorpasso’ al PP (fuera de Cataluña) y sitúen a esta formación política como referente del espacio del centroderecha. Parece difícil que encuentren un momento más propicio que el actual, con un PP andaluz internamente dividido y cuando al nuevo líder nacional todavía no le ha dado tiempo para asentar su liderazgo (sin olvidar que Casado aún tiene pendiente judicialmente el asunto de su máster). La importancia de cuál de los dos partidos quede segundo es importante para la futura gobernabilidad de la Comunidad -siempre considerando que el PSOE no va a recuperar la mayoría absoluta. Veamos por qué.

Si Ciudadanos quedara segundo, lo más probable es que querría ejercer realmente de partido de oposición y que, por tanto, no llegaría a facilitar un Gobierno en minoría de los socialistas como hizo en 2015, cuando fue cuarta fuerza política en la Comunidad. Si optara por esta vía, no dejaría otra salida a los socialistas que la de intentar pactar con la coalición Adelante Andalucía. Una negociación que, sin duda, no sería fácil (Díaz y la líder de Podemos, Teresa Rodríguez, siempre han tenido dificultades para llegar a acuerdos conjuntos), podría dilatarse durante meses (incluso extenderse hasta después de las elecciones municipales y autonómicas, como ya ocurrió en 2015) e incluso, finalmente, podría derivar en una repetición de las elecciones.

Es indudable que resultará tentador para Ciudadanos, si queda segundo, intentar arrebatar al PSOE el Gobierno de Andalucía que los socialistas sustentan desde las primeras elecciones autonómicas, en 1982. Pero, para que esto ocurriera, y el candidato de Ciudadanos acabara presidiendo la Junta, tendrían que concurrir, probablemente, dos circunstancias: una, que la suma de escaños de Ciudadanos y el PP fuera superior al número de escaños logrados por el PSOE; y dos, que los diputados de Adelante Andalucía se abstuvieran en la votación de investidura. Si la primera condición parece difícil (en 2015 sumaron 42, frente a 47 del PSOE); la segunda parece imposible.

Si, por el contrario, Ciudadanos no logra liderar la oposición, la opción más probable es que, de nuevo, permita que Díaz repita como presidenta de Andalucía; no se sabe si, esta vez, con Ciudadanos entrando en un Gobierno de coalición. Esto no impide que, también en este caso, las negociaciones se alarguen hasta pasadas las elecciones municipales, autonómicas o europeas de mayo de 2019: ningún partido querrá mostrar sus cartas hasta después de esos comicios.

Habrá que estar atentos, por tanto, a las elecciones andaluzas porque la experiencia parece indicar que está en juego mucho más que la Presidencia de la Junta.

 

Artículo publicado en: “Agenda Pública