Unas elecciones autonómicas que los electores catalanes parecen haber enfocado más bien como unas elecciones generales: así cabría caracterizar las elecciones al Parlamento de Cataluña celebradas este pasado domingo. La tasa de participación registrada (69.6%) está mucho más cerca de la tasa media registrada en Cataluña en las once elecciones generales ya celebradas (que es un 72.4 %, es decir 2.8 puntos superior) que de la media de participación en las anteriores ocho elecciones autonómicas (que es un 60.5 %, es decir, 9.1 puntos inferior). En comparación exclusivamente con los procesos electorales catalanes más recientes (generales de 2011, autonómicas de 2010), esta participación del 69.6% supera en 2.8 puntos a la de las elecciones generales de 2011 y en 10.8 puntos a las de las autonómicas de 2010. O lo que es igual, estas recién celebradas elecciones autonómicas han logrado un nivel de movilización ciudadana que, generalmente, solo solía alcanzarse en las elecciones de ámbito nacional.Los 3.65 millones de catalanes (3.657.450, según los últimos datos disponibles; en adelante, usaremos cifras redondeadas en aras de una mayor sencillez expositiva) que acudieron a las urnas este pasado día 25, suponen casi 150.000 más que los que acudieron a votar en las elecciones generales de 2011, y unos 522.000 más que los que lo hicieron en 2010. El partido más beneficiado por este incremento en el número total de votantes en relación con las autonómicas de 2010 ha sido ERC, que ha logrado 277.119 votos más que entonces, seguido de Ciutadans (+168.771 votos), de ICV-EUiA (+128.033 votos), de CUP (+126.219 votos) y del PP (+84.131 votos). En cambio, en comparación con sus resultados de las anteriores autonómicas las principales pérdidas de votos, en números absolutos, corresponden a CiU (90.489 votos menos que en 2010), a SI (56.313 votos menos), al PSC (51.900 votos menos) y al conjunto de los otros partidos minoritarios (63.751 votos menos).

Estos datos reflejan las ganancias y pérdidas netas experimentadas de una elección autonómica a otra por los distintos partidos, pero no proporcionan ninguna pista fiable respecto del origen (o destino) de los votos ganados (o perdidos). Con los datos del amplio sondeo preelectoral (2.500 entrevistas) llevado a cabo por Metroscopia para EL PAÍS, y publicado en este diario el pasado domingo 18, cabe intentar el mismo ejercicio estimativo que ya llevamos a cabo tras las elecciones generales de 2011. Tomando como dato de partida las intenciones de voto declaradas por las personas entrevistadas y aplicándoles una serie de factores correctores, se puede intentar el cálculo —para cada partido— de la proporción de votos logrados en 2010 que han logrado ahora retener, adónde parece más probable que hayan podido ir los que puedan haber perdido y de dónde puedan proceder los que en cambio hayan ganado. Porque lo que la experiencia demos-cópica enseña es que, en toda elección, todos los partidos (aunque en volumen y con direcciones muy variables) experimentan trasvases de votos entre sí, incluso aquellos que en términos netos sufren una disminución de su caudal electoral. Usualmente este tipo de estimación se realiza a partir de encuestas post-electorales, utilizadas a modo de autopsias demoscópicas para desvelar los factores que confluyeron para producir el desenlace —electoral, se entiende— final. Pero ocurre que las encuestas postelectorales pueden adolecer de sesgos declarativos equivalentes (si bien por lo general en sentido inverso) a los que normalmente afectan a las encuestas preelectorales. Permite ello pensar que el intento de estimar, con datos preelectorales, adónde (o de dónde) parece más probable que puedan haber acabado yendo (o viniendo) los votos tenga una fiabilidad no muy distinta a la del equivalente ejercicio estimativo basado en datos de encuestas postelectorales. En todo caso, lo que aquí se ofrece debe entenderse simplemente como lo que es: un mero intento de urgencia y aproximado de seguirle la pista a los distintos flujos de votos en los comicios de este pasado domingo.

Como puede verse en el cuadro adjunto (en que, como ya hemos indicado, las cifras se han redondeado), en estas elecciones podría haberse producido un amplio número de trasvases de votos. Tomando como punto de partida el total de votos que cada partido había logrado en 2010, el cuadro recoge en su parte superior el probable destino de los mismos en estas elecciones y, en su parte inferior, la procedencia de los votos conseguidos en cambio ahora.

En todos los casos, una fracción importante (pero no idéntica) de votantes ha permanecido en el mismo partido: la fidelidad de voto más elevada (en torno al 90%) corresponde a Ciutadans, seguido del PP (en torno al 80%) y la más baja (descontando el caso de SI) se registra en el PSC (por debajo del 70%). CiU y PSC (sin contar a SI) son los dos partidos que pierden más votos de los que ganan y los únicos que parecen haber perdido votantes en todas las direcciones. Por otro lado, CiU sería el único partido que logra atraerse votantes de todas las demás formaciones (con la única excepción de Ciutadans), si bien en clara menor medida de los que a su vez pierde. En el caso de esta coalición merece la pena destacar que habría perdido a favor de ERC el doble de votantes de los que, a cambio, habría logrado atraerse de dicha formación. En cuanto al PSC, pierde a favor de CiU tantos votos como logra arrancarle al tiempo que araña al PP la mitad de votantes que este a cambio logra restarle. Además, su saldo de trasvase de votos con ICV le es claramente negativo: por cada votante que atrae de esa formación pierde cinco a favor de la misma.

En el extremo opuesto, Ciutadans es la formación que solo pierde votos (y pocos) en una sola dirección (a favor del PP), y a cambio logra atraerse a exvotantes de PP, CiU y PSC.

Resulta también destacable el destino final de la gran mayoría de quienes en 2010 votaron a SI (que solo habría retenido a menos del 20% de sus votantes): algo más de la mitad habría optado ahora por votar a ERC y apenas el 10% por darle su voto a CUP.

El País