Queda tan solo un mes para las elecciones al Parlamente Europeo y los datos que arroja el sondeo de Metroscopia siguen reflejando, como en oleadas anteriores, un futuro electoral incierto. Si los comicios tuvieran lugar ahora se produciría un práctico empate entre PP y PSOE con una ligera ventaja, de tan solo cuatro décimas, de los populares sobre los socialistas: 32.6 % frente a 32.2 %.

Es la primera vez que el PP adelanta al PSOE en la estimación de resultado electoral en las cuatro oleadas de este Barómetro que se llevan realizadas desde que comenzara el año. La proximidad de las elecciones parece haber movilizado a los electorados de estos dos partidos —en alguna mayor medida al popular que al socialista, de ahí su ventaja— en perjuicio de IU y UPyD que hasta ahora venían siendo receptores de los votantes del PP y del PSOE descontentos con sus formaciones. En el caso de UPyD, el descenso con respecto a oleadas anteriores es más pronunciado que en el de IU, probablemente porque se nutre casi en la misma proporción de votantes infieles tanto del PP como del PSOE: cuando los dos grandes partidos logran retener a sus votantes el crecimiento de aquellos se ve limitado. El descenso de IU en comparación con las cinco oleadas anteriores tiene que ver, por un lado, con el repunte socialista (votantes que finalmente volverían a confiar en la lista del PSOE) y, por otro lado, con la fuga de votantes —de momento menor— hacia el nuevo partido Podemos: el lento pero paulatino crecimiento de la formación encabezada por Pablo Iglesias se debe en parte a la llegada de votantes que en 2009 apoyaron a la coalición rojiverde.

En todo caso, tanto PP como PSOE obtendrían un claro peor resultado que en los comicios de 2009: casi 10 puntos porcentuales y cuatro diputados menos en el caso de los populares y  seis puntos largos y cuatro diputados menos en el de los socialistas. Y, al contrario, tanto IU como UPyD mejorarían sustancialmente sus resultados con respecto a hace cinco años. La formación encabezada por Willy Meyer triplicaría el porcentaje de hace cinco años y lograría ahora un 12.0 % de los votos y 7 diputados (en 2009 obtuvo un 3.7 % y dos escaños) y la lista liderada por Francisco Sosa Wagner lograría ahora un 4.6 % de los votos y dos diputados (dos puntos y un escaño más que en los anteriores comicios).

El resto de los 54 escaños que le vuelven a corresponder a España en el Parlamento Europeo se distribuirían de la siguiente manera:

La Coalición por Europa, conformada por CiU, PNV y Coalición Canaria, lograrían dos escaños con el 4.7 % de los votos. Hace cinco años la coalición de la que formaban parte estos tres partidos obtuvo el 5.1 % de los votos y tres diputados.

La coalición liderada por ERC (L’Esquerra pel Dret a Decidir) obtendría el 4.2 % de los votos y dos escaños. En las elecciones de 2009, Esquerra se presentó junto con, entre otros, el BNG, Aralar, la Chunta y Eusko Alkartasuna logrando un 2.5 % de los votos y 1 diputado.

En el posible duelo particular que mantengan CiU y ERC cabe decir que, por separado, los republicanos superan a los convergentes: 4.1 % frente a 2.8 % en estimación de voto.

La primera vez que Ciutadans se presenta a unas elecciones europeas lograría obtener representación: un diputado con el 2.1 % de los votos. En Cataluña parece haber consolidado gran parte de su base electoral lograda en las elecciones autonómicas de 2012 (logró experimentar un sustancial crecimiento) y en el resto de España lograría atraer sobre todo a anteriores votantes del PP.

Finalmente Primavera Europea, coalición formada por EQUO y Compromís (ninguna de las dos presentes en los comicios de 2009), lograría un diputado con el 1.8 % de los votos.

Por tercera vez consecutiva la participación electoral se situaría por debajo del 50 %: ahora se estima que rondaría el 43 % (en 2009 fue del 46 % y en 2004), con lo que la abstención alcanzaría un porcentaje record en nuestro país.

El conocimiento ciudadano de los líderes de los principales partidos y coaliciones que concurren a estas elecciones es muy dispar. Solo el candidato del PP, Miguel Árias Cañete, y la candidata del PSOE, Elena Valenciano, son ampliamente conocidos: 80 % y 64 % respectivamente. Ambos obtienen una puntuación media similar entre el conjunto de la ciudadanía (4.5 Cañete y 4.6 Valenciano) si bien el exministro de Agricultura está mejor evaluado entre el electorado popular (6.7) que cabeza de lista del PSOE entre el socialista (5.7).

Estimación de europeas de abril 2014

Gráficos de europeas abril 2014

Partido al que no votaría Abril 2014

INTENCIÓN DIRECTA DE VOTO

La intención directa de voto equivale a la voz de la calle. Es lo que los españoles responden de forma directa y espontánea cuando se les pregunta por su comportamiento electoral más probable. Es un dato clave para captar el estado de opinión predominante, pero debe ser interpretado con cautela pues no siempre refleja todo lo que los electores piensan, sino sólo lo que deciden revelar al ser preguntados. Distintos factores de coacción ambiental hacen que la verbalización de las distintas opciones ideológicas (su probabilidad de ser expresadas de forma espontánea y natural) no sea siempre la misma. La intención directa de voto (IDV) es, así, sometida a una serie de procesos de ajuste (a partir, fundamentalmente, del recuerdo de voto, de la fidelidad de voto, de la tasa de participación estimada, de la valoración  por cada grupo de votantes de la gestión de cada partido y de sus líderes y de otros datos complementarios proporcionados por el sondeo sobre el estado de ánimo general de las personas entrevistadas) que permitan estimar cuál es, en esas circunstancias, el resultado más probablemente esperable. Obviamente, a partir de una misma IDV sería posible, utilizando otros criterios analíticos e interpretativos, obtener estimaciones de resultado electoral no necesariamente coincidentes con la que aquí se ofrece. La estimación de voto probable, por tanto, no es ya un dato directamente conseguido de la ciudadanía, sino una interpretación de sus declaraciones realizada a partir de unos supuestos determinados (lo que se conoce como “cocina electoral”). Aunque con frecuencia, por un uso descuidado, se confunda intención directa de voto y voto probable estimado, en realidad son cosas distintas. Una intención directa de voto muy elevada puede terminar, tras ser procesada, en una estimación de voto probable más reducida, o a la inversa. La IDV se compara con el resultado real que cada partido obtuvo sobre el Censo de españoles residentes (CER).

Por su parte, los datos de voto estimado se comparan con el resultado real de cada partido sobre el total de votos válidosIDV Europeas Abril 2014

En twitter @JPFerrandiz

Foto freshwater2006

El País