Si las elecciones europeas que tendrán lugar dentro de tres meses se celebraran mañana mismo, el PSOE las ganaría con una ventaja sobre el PP de 1.8 puntos (28.1 % frente a 26.3 %) y 2 diputados (18 frente a 16). Una estrecha diferencia, se trata en realidad de un práctico empate, que en todo caso confirma la tendencia ascendente de los socialistas y la descendente de los populares desde la estimación del pasado mes de enero. Este resultado confirmaría también la caída de los dos grandes partidos con respecto a su resultado de 2009 que vienen constatando los sondeos en los últimos meses (hace cinco años los populares se impusieron a los socialistas por una distancia de 3.7 puntos: 42.2 % frente a 38.5 %).

En estos momentos, la fidelidad de ambos electorados está muy mermada: menos de la mitad de quienes votaron al PP o al PSOE en las anteriores elecciones europeas volverían a hacerlo ahora (41 % en el caso de los populares y 37 % en el de los socialistas). No obstante, los socialistas logran atraer en mayor medida que los populares a electores de otros partidos. El resultado final va a depender en gran medida de la capacidad que demuestren ambos partidos para movilizar al electorado en el tiempo que queda hasta los comicios. En este sentido, lo primordial para ambos partidos debería ser intentar retener a sus actuales votantes desmovilizados (la mayoría de los cuales dice estar indeciso o manifiesta su intención de abstenerse). Y en segundo lugar, intentar atraer al electorado que se autoposiciona en el centro ideológico (en el 5 dentro de una escala de 0 a 10, en la que el 0 corresponde a una posición de extrema izquierda y el 10 a una de extrema derecha). En ese punto se ubica la mayor parte del conjunto del electorado español y un sustancial porcentaje de sus propios votantes: el 42 % de los del PP y el 29 % de los del PSOE.

En el momento actual este electorado de centro puro se inclina por votar a los populares en mayor medida que a los socialistas, pero la mitad de ellos (50 %) dice estar indeciso (no sabe si abstenerse o votar o a qué partido hacerlo). Los datos del sondeo indican que de salir de su actual estado de duda –en el caso de los indecisos- o si finalmente deciden ir a votar –quienes se declaran ahora abstencionistas- serían más los que acabaran votando al PSOE que quienes lo hicieran al PP. De cara a estas elecciones europeas –y como también le ocurre para el caso de unas elecciones generales según se observa en los datos del Barómetro de Clima Social de febrero– el PP está sufriendo en los últimos meses una importante pérdida de apoyos electorales entre el electorado de centro de la que puede sacar partido el PSOE.

Por otro lado, en la medida en que los candidatos de uno y otro partido puedan tener capacidad de movilización, tanto la socialista Elena Valenciano como el popular Miguel Arias Cañete (si finalmente es el elegido para encabezar la lista del PP) cuentan con una buena imagen entre la mayoría de sus respectivos electorados. No obstante, la socialista genera un menor rechazo que el popular tanto entre el conjunto del electorado como entre quienes, en concreto, se autoposicionan en el centro ideológico.

En el momento actual, la participación estimada por Metroscopia para estas próximas elecciones al Parlamento Europeo se sitúa en torno al 46 %, es decir, similar a la de las elecciones de 2009. La mayoría de quienes ahora se inclinan por la abstención mencionan como principal motivo para no acudir a votar la ausencia de un partido que sea de su agrado o en el que pueda confiar. Una gran paradoja teniendo en cuenta que en estas elecciones europeas la oferta partidista —a falta de alguna confirmación— es más amplia que en ocasiones anteriores.

De la pérdida de apoyos electorales y de diputados del PP y del PSOE (los populares perderían 8 escaños y los socialistas 5 con respecto a los logrados en 2009) se beneficiarían, sobre todo, IU y UPyD. La coalición rojiverde obtendría 9 diputados (7 más que ahora) y el partido magenta 5 (4 más). El resto de escaños que están en juego en estas elecciones —a España le vuelven a corresponder 54 diputados en el Parlamento Europeo— se repartirían en estos momentos, cuando todavía no están cerradas algunas coaliciones y no se conoce el nombre de los candidatos de algunos partidos— entre:

–    La coalición formada por CiU, PNV y Coalición Canaria, que lograría 3 diputados (los mismos que en 2009 logró la coalición CEU de la que los tres formaban parte);

–    ERC, que si finalmente acude en solitario a estas elecciones conseguiría 2 (es decir, un escaño más que el logrado por la coalición EdP-V en la que los republicanos estaban integrados hace cinco años);

–    y Ciutadans que entraría por primera vez en el Parlamento europeo logrando 1 diputado.

Estimación Europeas Febrero 2014Ficha técnica

INTENCIÓN DIRECTA DE VOTO

La intención directa de voto equivale a la voz de la calle. Es lo que los españoles responden de forma directa y espontánea cuando se les pregunta por su comportamiento electoral más probable. Es un dato clave para captar el estado de opinión predominante, pero debe ser interpretado con cautela pues no siempre refleja todo lo que los electores piensan, sino sólo lo que deciden revelar al ser preguntados. Distintos factores de coacción ambiental hacen que la verbalización de las distintas opciones ideológicas (su probabilidad de ser expresadas de forma espontánea y natural) no sea siempre la misma. La intención directa de voto (IDV) es, así, sometida a una serie de procesos de ajuste (a partir, fundamentalmente, del recuerdo de voto, de la fidelidad de voto, de la tasa de participación estimada, de la valoración  por cada grupo de votantes de la gestión de cada partido y de sus líderes y de otros datos complementarios proporcionados por el sondeo sobre el estado de ánimo general de las personas entrevistadas) que permitan estimar cuál es, en esas circunstancias, el resultado más probablemente esperable. Obviamente, a partir de una misma IDV sería posible, utilizando otros criterios analíticos e interpretativos, obtener estimaciones de resultado electoral no necesariamente coincidentes con la que aquí se ofrece. La estimación de voto probable, por tanto, no es ya un dato directamente conseguido de la ciudadanía, sino una interpretación de sus declaraciones realizada a partir de unos supuestos determinados (lo que se conoce como “cocina electoral”). Aunque con frecuencia, por un uso descuidado, se confunda intención directa de voto y voto probable estimado, en realidad son cosas distintas. Una intención directa de voto muy elevada puede terminar, tras ser procesada, en una estimación de voto probable más reducida, o a la inversa. La IDV se compara con el resultado real que cada partido obtuvo sobre el Censo de españoles residentes (CER). Por su parte, los datos de voto estimado se comparan con el resultado real de cada partido sobre el total de votos válidos.

IDV Autoposicionamiento

En twitter @JPFerrandiz

Foto freshwater2006

El País