La “mayoría excepcional” en las elecciones del próximo domingo que pidió el President Mas a los catalanes al comienzo de la campaña electoral para liderar la senda soberanista no se va a producir. La victoria de CiU parece indiscutible —incluso un 75 % de los catalanes la da ya por hecha—, pero va camino de convertirse en un triunfo pírrico para los convergentes. El partido de Mas obtendría en el conjunto de la Comunidad un ligero menor porcentaje de voto que hace dos años -pasaría de 38.5 % a 37.3 %— y mantendría los mismos 62 diputados con los que cuenta en la actualidad.

El PP, aunque a gran distancia, pasaría a ser el principal partido de la oposición: aumentaría de 12.3 % a 13.2 % su porcentaje de voto en el conjunto de la Comunidad y sumaría uno a sus actuales 18 diputados (lograría 19). El PSC —en línea con lo que les ha ocurrido a los socialistas en las recientes elecciones vascas y gallegas— perdería un sustancial apoyo electoral con respecto a los anteriores comicios y, con un 12.3 % de los votos (seis puntos menos que hace dos años), obtendría 18 diputados (10 menos que en 2010).

Con un porcentaje similar de voto —12.2 %— y el mismo número de diputados —18— que los socialistas se situaría ERC, el partido que, a tenor de las circunstancias, parece que va a ser el mayor beneficiado de los que se manifiestan favorables a la independencia de Cataluña. En el polo opuesto, de entre los partidos que defienden la permanencia en España, Ciutadans es el que recoge mayores frutos: con un 5.7 % de los votos (2.3 puntos más que en 2010) duplicaría su actual número de escaños en el Parlament: de 3 pasaría a 6. Los resultados de ICV apenas van a variar con respecto a los últimos comicios: con un 7.9 % de los votos (medio punto más) obtendría los mismos 10 diputados que ahora. La novedad en estas elecciones sería la entrada de la Candidatura d´Únitat Popular (CUP), que atraería votos de la izquierda y del independentismo, situándose por encima de la candidatura de Solidaritat Catalana per la Independencia (SI), que hace dos años, con Joan Laporta como candidato, consiguió cuatro diputados y ahora quedaría fuera del Parlament. Estos resultados permitirían hablar en Cataluña, por un lado, de un Parlamento con la presencia de un partido predominante pero sin mayoría absoluta para gobernar en solitario —CiU— y una oposición fragmentada numérica e ideológicamente que haría prácticamente inviable una coalición que hiciera frente a la hegemonía de los convergentes. La distancia entre el vencedor y el partido que se situaría a continuación sería de 43 diputados. Además, tras el ganador habría tres partidos —PP, ERC y PSC— que contarían, cada uno, con un número similar de escaños en el Parlamento, una situación que difumina a la oposición al no haber un partido referente que claramente pueda liderarla.

Por otro lado, si los resultados se leen en clave nacionalista/soberanista, los partidos que cabe encuadrar en el ámbito ideológico soberanista contarían ahora con más asientos en el Parlament que hace dos años: de 76 en 2010 (con la suma de los conseguidos por CiU, ERC y SI) a los 82 que lograrían ahora. Por el contrario, el bloque no soberanista compuesto por PSC, PP y Ciutadans pasaría de 50 a 43. No se incluye a ICV en ninguno de los dos bloques porque a pesar de apoyar la celebración de un referéndum de autodeterminación ha manifestado su propósito de no centrar su estrategia en el independentismo, sino en la crisis económica y en la gestión gubernamental de CiU a lo largo de esta reducida legislatura.

En todo caso, estos resultados permitirían hablar de un gran fracaso de Artur Mas y de la resurrección política de ERC, un partido que de estar denostado por su participación en el tripartito (PSC-ICV-ERC) que gobernó el Parlament de 2003 a 2010 (primero con pascual Maragall como presidente y luego con José Motilla) pasaría a jugar un papel fundamental y a ser el apoyo necesario de CiU en esta legislatura en la senda hacia la independencia.

Estimación de voto por provincia

Preguntas y ficha técnica

El País